agosto 17, 2012

¡Orgullo... toda la vida!

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
www.pazgutierrez.com.mx
Reforma

Cuando hace tres años me disponía a ser diputada federal, invitada por el Partido Acción Nacional, no faltó quien me recordara esa frase lapidaria que confirma el desprestigio del que gozan los legisladores en nuestro país, sin más alternativa que tener que aceptarla como parte del paquete: el puesto dura tres años y la vergüenza ¡toda la vida! Otros parafraseaban frases aún más amenazantes: vas a ver qué feo es cuando te empiecen a diputear. Transcurridos estos años con la velocidad del tiempo, mi visión ha cambiado por completo después de haber vivido una experiencia para nada vergonzante. No es lo mismo ver los toros desde la barrera que lanzarse a torear, nadar en un mar revuelto repleto de tiburones, debatiendo ideas y posiciones distintas, como distinto es cada individuo que conforma el mosaico pluricultural de nuestro país. Fue difícil luchar contracorriente, debatir posturas ideológicas y lidiar con visiones políticas distintas, sin alcanzar la mayoría a la hora de votar. Si no se aprobaron las grandes reformas que planteamos desde el primer día de la legislatura, como la laboral, la fiscal o la energética, y si la reforma política resultó de tan poco alcance, no fue por falta de voluntad política de nuestro partido, sino por falta de acuerdos con una oposición poco solidaria y en su momento irresponsable. Sin duda 500 diputados son muchos para ponerse de acuerdo y no estoy en contra de reducir el número de legisladores. Hace falta la profesionalización de quienes aspiren a cargos legislativos, sin embargo, no podemos esperar contar con una bancada conformada exclusivamente por expertos o intelectuales. Una de las cosas que aprendí es que solo quien ha experimentado las carencias y necesidades de cada comunidad es capaz de comprometerse por sus causas, y que México, no siendo un país de letrados en su inmensa mayoría, debe contar entre sus legisladores con líderes sociales que dignamente los representen. Conocí a personas muy valiosas, diputadas y diputados que alcanzaron su curul a fuerza de tenacidad y esfuerzo, algunos con experiencia legislativa cuya pericia se notaba de inmediato por sus intervenciones en tribuna, y otros que, como fue mi caso, sin previo conocimiento parlamentario aunque sí con una trayectoria social de compromiso y dedicación, tuvimos que aprender sobre la marcha todo lo referente al quehacer legislativo. Ya me había advertido un amigo ex legislador al participarle mi inquietud ante mi inexperiencia: "no te preocupes, Paz, esto es como la olla exprés, te cueces rápido como los frijoles". Y así fue, cada día propició un nuevo aprendizaje, desde saber moverse en este mundo a escala que se concentra en San Lázaro, hasta lograr subir iniciativas respondiendo a requerimientos de los grupos sociales. Como secretaria de la Comisión de Educación logramos acuerdos importantes con los distintos grupos parlamentarios, sin faltar resistencias y oposiciones de quienes se mueven por intereses sectarios, como la iniciativa que presenté proponiendo la Evaluación Universal de los Maestros que, por cuestiones políticas, no prosperó. Que no haya sido aprobada la reelección de diputados y senadores para un periodo más fue una lástima. Se evitaría el brincadero de una a otra Cámara de políticos que carecen de méritos propios. Al país le resulta muy caro el aprendizaje legislativo teniendo que empezar de cero cada tres años, pudiéndose capitalizar la experiencia de diputados y senadores si la sociedad decidiera premiar su buen desempeño.

La experiencia de haber sido diputada valió la pena, no porque todos mis intentos hayan sido exitosos, ni porque piense que no hubiera podido trabajar más y mejor. No salieron las grandes reformas pero sí avanzamos en temas significativos de trascendencia social. En educación dejamos listas para su aprobación reformas a la Ley General de Educación en materia de Educación Inclusiva, reconociendo el derecho a la educación a las personas que sufren discapacidad. Me voy contenta por haberse aprobado en ambas Cámaras y publicado en el Diario Oficial reformas a la Ley General de Salud en su capítulo de salud materno-infantil, con el objeto de reducir la mortandad materna y apoyar en todo momento a la mujer en su maternidad. Falta mucho por hacer, esto es lo que me motiva a seguir trabajando por mi país, ahora desde la sociedad civil, la trinchera que me corresponde.

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