agosto 08, 2012

¿PRD sin AMLO y PAN sin Calderón?

José Carreño Carlón (@josecarreno)
Académico
El Universal

A más de cinco semanas de ocurrida la elección presidencial, ni los perdedores han acertado a elaborar el duelo, a reparar averías y a trazar estrategias al futuro; ni los ganadores han podido afirmar y celebrar su triunfo, ni abrir sus márgenes de maniobra para establecer coaliciones que les permitan cumplir con el programa de gobierno.

Los perdedores más renuentes a reconectarse con la realidad son López Obrador y los integrantes de su círculo más estrecho. El problema es que al no reconocer que no obtuvieron el poder presidencial, tampoco parecen valorar los poderes obtenidos en algunas de las entidades más significativas, ni el poder de segunda fuerza parlamentaria que las urnas sí les dieron, y los personajes de perfil más moderno agrupados en el PRD no lo quieren echar de nuevo por la borda.

Aquí se inscribiría la entrevista que Reporte Índigo destacó en su portada con el titular: “Manuel Camacho toma distancia de AMLO”, así como el artículo “Bloque progresista” que publicó en EL UNIVERSAL este senador electo por el PRD. Camacho ha sostenido que acatará la declaratoria del Tribunal Electoral y que si éste decide validar la elección —completa en su artículo— la izquierda necesita conservar la autoridad política para convocar a un acuerdo nacional y ampliar la pluralidad de su movimiento para encabezar el reclamo por el cambio de régimen. Aquí encaja esa profecía de Ricardo Cayuela, jefe de redacción de Letras Libres, que si AMLO perdió la Presidencia en 2006 frente al PAN y en 2012 frente al PRI, en 2018 podría perder frente al PRD.

Los otros también lloran

Junto a estos reacomodos que podrían resolverse en un PRD sin AMLO, están los forcejeos que resolverán, en estos días, si el futuro del PAN se escribirá sin Calderón, o si el aún presidente logrará imponer su diseño del futuro panista antes de dejar el poder.

Y están también las tribulaciones de los ganadores, impedidos a afirmar y celebrar su triunfo por la actitud de un perdedor predispuesto a arrastrar indefinidamente su frustración y a arrastrar al país a un estado indefinido de anormalidad, con su resistencia a conceder el resultado como ocurre en cualquier democracia. Pero esas tribulaciones no terminarán con la resolución del Tribunal Electoral. Y no sólo por el anunciado hostigamiento externo tendiente a obstaculizar la declaratoria de presidente electo, la instalación del Congreso y la toma de posesión, sino por las previsibles fracturas internas que traerán las definiciones del grupo ganador. Y aquí se inscribirá el “fuego amigo” que dificultará el control de los daños de campaña y constreñirá los márgenes de maniobra para hacer coaliciones que permitan cumplir con el programa de gobierno.

Jesuitas en la UNAM

Hablando de fracturas, un emotivo goooya iniciado por los actores, y coreado por el público que llenó el Teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, culminó el domingo la puesta en escena de la obra La expulsión, producida por el ex rector de la Ibero Enrique González Torres, dirigida por Luis de Tavira y escrita por José Ramón Enríquez, sobre la fractura social, política y espiritual que significó la salida forzada de los jesuitas de México en 1767.

Esta corta temporada teatral en CU —termina el domingo— es una muestra del espíritu incluyente de la UNAM, habla de un proyecto de construcción de la nación mexicana, sobre bases de tolerancia y respeto, pero interrumpido por la acción excluyente del poder colonial y el papado, que generó décadas después una devastadora guerra insurgente, una tradición histórica que ensalza la violencia como vía privilegiada de cambio y una cultura política que tiende a la polarización entre, puros e inmundos… Más actual, ni el glorioso triunfo del futbol mexicano en Londres.

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