septiembre 26, 2012

FCH y reforma laboral: ¿gol al PAN?

Salvador Camarena (@SalCamarena)
salvador.camarena@razon.mx
La Razón

Fue interpretada como un buscapiés, como una jugada política que orillaría al presidente electo a demostrar desde prematura hora su compromiso con una agenda renovadora, con transformaciones urgentes.

Felipe Calderón envió su iniciativa de reforma laboral. La respuesta del PRI ha sido diluir el contenido reformista de la misma. Qué hará el PAN con la versión mocha, ¿votarla junto al PRI para aislar a la izquierda?, ¿rechazarla en un intento por evidenciar que los priistas no quieren grandes cambios? En medio de una nueva alternancia Acción Nacional no ha delineado los parámetros de negociación con Enrique Peña Nieto, y quizá con la reforma laboral haya tensado innecesariamente el inicio de una nueva relación.

En 1988, Carlos Salinas de Gortari necesitaba reconocimiento. El PAN de Luis H. Álvarez lo sabía. Los panistas formularon el documento Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia, dado a conocer el 16 de noviembre de aquel año. En él los panistas especificaban: “la mera formalidad en el traspaso del poder de ningún modo equivale a la legitimidad de origen del nuevo Ejecutivo federal”. A partir de eso formularon un listado de demandas que garantizaran “la modificación de las estructuras económicas, sociales y educativas del país, de manera que avancemos hacia una sociedad más justa, más libre, más participativa y en la que el pluralismo sea parte integrante de la estructura del Estado”.

En esa coyuntura, explican Alonso Lujambio y Germán Martínez en El porvenir posible (FCE, 2006), “el PAN no tenía la fuerza política para imponer un nuevo orden político. El cambio por lo tanto tenía que acordarse, pactarse, negociarse”. En ese volumen, que antologa textos de Carlos Castillo Peraza, los autores subrayan la labor de dirección del yucateco en el proceso que seguiría: “Castillo Peraza se convertirá entonces, y esto marca en definitiva su presencia en la historia de la democracia en México, en defensor agudo —y polémico— del modelo de transición que siguió el país a partir de 1988. Castillo se echará a cuestas la tarea de empujar políticamente y de defender públicamente la línea política estratégica del PAN”.

¿Quién está al frente de negociar la alternancia política? ¿Quién es el Castillo Peraza de hoy? ¿El presidente Calderón? ¿Alguien del PAN? Es muy difícil pensar que la reforma laboral forma parte de la transición “tersa” pactada por Calderón y Peña Nieto.

Quizá lo mejor sería que la iniciativa de Calderón fuera rechazada al tiempo que las fuerzas políticas anunciasen que han pactado hacer, en el menor tiempo posible, la más extensa reforma laboral de la que son capaces en consenso. Eso sería más sencillo si el PAN tuviera ya definido qué tipo de relación, protagonismo y agenda quiere en la nueva etapa del PRI en Los Pinos.

Mientras eso ocurre, seguiremos adivinando a qué quiso jugar el presidente Calderón con este pelotazo lanzado el 1 de septiembre, que por supuesto podría traer costos para los priistas, pero ¿cuáles serían los beneficios para los blanquiazules de una nueva y frustrante minirreforma?

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