octubre 11, 2012

Chávez y la izquierda mexicana

Armando Román Zozaya (@aromanzozaya)
armando.roman@anahuac.mx
Investigador de la Facultad de Economía y Negocios Universidad Anáhuac
Excélsior

Volvió a ganar Hugo Chávez. Si la salud se lo permite, presidirá Venezuela 20 años y, además, buscará un mandato extra cuando concluya el que acaba de obtener. No juzgaré al presidente de los venezolanos: eso le toca a ellos. De hecho, lo que acaban de hacer; su veredicto fue que quieren más Chávez por más años. Allá ellos, para bien y para mal.

Lo que quiero resaltar aquí es la actitud de la izquierda mexicana ante Chávez Frías. Para ello, recordemos que, antes de ser lo que es hoy, Chávez era militar y, como tal, intentó un golpe de Estado, motivo por el cual, inclusive, terminó en prisión. Un par de años después salió de la misma y, eventualmente, ganó la Presidencia de su país. Luego logró reformar la Constitución del mismo para, entre otras cosas, alargar el mandato presidencial, permitir la reelección indefinida del presidente y colocar al Poder Judicial a merced del poder político. De la mano de lo anterior, Chávez ha sido aliado y amigo de Fidel Castro, quien gobernó Cuba por décadas para, después, heredarle el control de la isla a su hermano Raúl.

La “izquierda” mexicana —bueno, eso que se hace llamar izquierda y que, lamentablemente, es mexicano— siempre ha apoyado a Hugo Chávez; nunca, jamás, lo critica. Incluso, por ejemplo, la escritora Elena Poniatowska, considerada por muchos como de izquierda (yo la verdad no comprendo por qué) y muy cercana a López Obrador (otro al que quién sabe por qué se le identifica con la izquierda), acompañó al presidente Chávez a votar durante los comicios venezolanos del domingo. Por cierto: nuestra “izquierda” tampoco emite juicios negativos respecto a los hermanos Castro, ni por accidente, cuestión que no creo que se deba a que no le gusta pronunciarse con relación a los mandatarios de otros países pues, una y otra vez, critican a quien quiera que ocupe la presidencia de Estados Unidos.

Pero, ¿qué diría la “izquierda” de nuestro país si un priista o un panista intentara —ya no digamos concretara— reformar la Constitución para que el mandato del titular del Ejecutivo no durara seis años sino más? ¿Qué alaridos estarían dando cierto periódico por todos conocido, los llamados intelectuales de “izquierda”, los perredistas, petistas, López Obrador y sus seguidores, etcétera, si, por ejemplo, Peña Nieto, una vez en el poder, impulsara un cambio constitucional que le permitiera reelegirse de manera indefinida? ¿De qué tamaño sería la inconformidad de los grupos de “izquierda” mexicanos si el presidente Peña quisiera reestructurar el Poder Judicial para tenerlo en un puño? Y ya que estamos en ronda de preguntas, ¿qué estarían diciendo y haciendo todos los aquí mencionados si, por citar un caso imaginario, el presidente Calderón hubiera intentado que en la Presidencia quedara un pariente suyo, como lo hizo Fidel Castro con su hermano Raúl?

Mínimo, amigo lector, toda la “izquierda” del país se rasgaría las vestiduras, hablaría de dictadura, de que los mexicanos estaríamos siendo aplastados, esclavizados. Igualmente, seguro iría ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la ONU y adonde fuera para ser escuchada y exigir que México se convierta en una democracia. Sí, eso, por lo menos, es lo que haría nuestra siempre coherente, inteligente y brillante “izquierda” —se lo garantizo, amable lector—, pues, por supuesto, es democrática, tolerante e incluyente: detesta que un solo individuo gobierne por siempre, que no haya un Poder Judicial autónomo, etcétera.

Pero si es en Venezuela o en Cuba, o en donde sea, que las fuerzas “progresistas” se perpetúan en el poder y hasta se pasan éste unas a otras no siguiendo los votos sino las ramas de sus árboles genealógicos, entonces la “izquierda” mexicana no emite un solo grito, un solo alarido, una sola crítica, sino que, al contrario, inclusive celebra que esto ocurra. Por eso, querido lector, así como por otras linduras, yo no me tomo en serio a nuestra “izquierda”: se trata de una farsa, cuestión que es una lástima: hace falta una izquierda seria. A ver, pues, para cuándo.

No hay comentarios.: