noviembre 30, 2012

Sin pacto por México

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

No se iniciará el sexenio de Enrique Peña Nieto con el Pacto por México firmado por los partidos y quien será desde mañana el jefe del Ejecutivo. Lo anunciaron así, de súbito, el miércoles por la tarde. Después de la cancelación del evento que habría de realizarse en Querétaro, vinieron las preguntas: ¿Pues qué no ya estaba todo listo y aceptado? ¿Qué fue lo que pasó?

Y es que en un mundo paralelo, tendría que haber sido firmado con el mayor de los entusiasmos por los partidos políticos y la nueva cabeza del Gobierno federal, pero se convirtió, en contraste, en ese hueco que ha dejado ver las condiciones que se respiran al interior de cada grupo, de cada partido. Los huecos de la oposición que, al parecer, no se ha terminado de asumir como tal.

El PRD es quien ha quedado más evidenciado. Las ya claras, clarísimas, pugnas que se observan, lo muestran como un partido sumamente dividido. Las declaraciones de Jesús Zambrano y las reacciones del grupo que dentro del perredismo lidera Dolores Padierna son algunas de las varias razones por las que se dio la cancelación del Pacto.

Que si se compromete o no la reforma energética, que si guiña el ojo a las concesiones que deberán otorgarse en los próximos años, en fin. La serie de compromisos que, según las buenas intenciones, abarcará dicho pacto, parecen no convencer a quienes dentro del PRD coinciden con la lectura que parece más venir del interior de Morena. O sea, quién sabe para quién estén maniobrando o por qué tanto lío.

Lo cierto es que el PRD, muy a pesar de que Zambrano como cabeza del partido se ha contenido en sus declaraciones y asegura que la firma se dará nada más que resuelvan las diferencias, pues es a sus militantes, aquellos que desean la firma del pacto, y no a aquellos que entorpecen la negociación a quienes deben escuchar. A ver quién gana.

Y el PAN tampoco queda mejor, y es que su división interna también queda evidenciada, aunque no del mismo tamaño que la de los amarillos. Lo cierto es que al partido parece no estarle cayendo el veinte de que desde mañana serán un partido opositor y no el del presidente. Madero, por un lado ocupándose de la firma del Pacto, y los panistas por otro, proponiendo quién debería escoger al titular de Seguridad Pública; cada uno por su lado.

Ha sido el PRI quien ha quedado mejor parado en este lío. Luis Videgaray, como cabeza del equipo para la transición, y Miguel Ángel Osorio Chong, anunciaron la cancelación de la firma, no por falta de compromiso del nuevo gobierno, sino para darle oportunidad a quienes serán su oposición de que terminen de ponerse de acuerdo entre ellos y a su interior. Incluso han dicho que mientras eso sucede, buscarán que más fuerzas políticas se sumen al llamado del Pacto. Han operado con mucha más sensatez política y eso dice, y dice mucho, de cómo es que cada grupo llega al 1 de diciembre. Y es que si la firma del Pacto por México no se dio antes de mañana (y sigue sin tener fecha) fue por falta de claridad dentro de una oposición que ya debería estar lista para el inicio del nuevo sexenio.

noviembre 28, 2012

La profundidad de la calabaza

Rafael Cardona (@cardonarafael)
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

Más allá del mérito en esta subdesarrollada hazaña de ponerles cemento a los pobres para transformarlos, como en los cuentos de hadas, en pobres con nueva escenografía, pero idénticas condiciones de miseria (la típica limosna de la caridad eclesiástica), Calderón se goza en recordar sus malas artes.

En los desesperados días de su extinción como Presidente de la República, Felipe Calderón nos ha llevado de la mano a un mundo de oratoria fantasiosa, desmesurada en cuyas intensidades intelectuales resultan sorprendentes, en verdad sorprendentes. Si en el arranque de su mandato nos estremeció con aquella disquisición moralina cuyo remate fue “la oruga imbécil”, cosa jamás explicada del todo en la fabulación de su discurso, ahora, con una bota en el estribo, sin nadie siquiera en su partido dispuesto a ofrecerle una despedida afectuosa, cálida o al menos educada, Calderón nos regala con una exhibición de intelectualidad profunda: ya se me está haciendo calabaza el carruaje.

Recordemos textualmente:

“Ya se me anda convirtiendo en calabaza la carroza, ya algunos de mis colaboradores se están convirtiendo también, no me acuerdo qué le pasó a ‘Cenicienta’ con los colaboradores: ¿Qué les pasó? en ¿qué se convirtieron?, no se acuerdan”.

Si quisiéramos meternos en las honduras de interpretar el sentido subyacente de esas palabras veríamos cómo en tan poco espacio el Presidente revela nuevamente algunas de sus constantes: la perturbación, la confusión entre el yo y el exterior.

Si la analogía comienza con una confesión de su propia desmemoria, cómo entonces en el soliloquio les pregunta a quienes lo escuchan (sin darles obviamente oportunidad de dialogar o responder) y les endilga sus propios olvidos.

¿Cómo pasa del no me acuerdo, al no se acuerdan? ¿Si no se acordara cómo lo citaría?

Pero quizá lo peor de ese malhadado día (el 24 en Mérida) fue la jactancia en torno de su más célebre expresión la cual, por propia vanidad, elevó a categoría del clasicismo:

“El Presidente cerró la política social de su gobierno con la entrega del piso firme 3 millones. Recordó que en 2006 prometió instalar 2.5 millones de pisos firmes y superó la meta”.

“La promesa de 2.5 millones, explicó, fue porque el INEGI indicó en aquél entonces que esa era la cifra de casas con pisos de tierra”. Pero se equivocó, agregó.

“Y mientras eran peras o manzanas, o como diría el clásico: haiga sido como haiga sido, entregamos 3 millones de pisos firmes”.

Más allá del mérito en esta subdesarrollada hazaña de ponerles cemento a los pobres para transformarlos, como en los cuentos de hadas, en pobres con nueva escenografía, pero idénticas condiciones de miseria (la típica limosna de la caridad eclesiástica), Calderón se goza en recordar sus malas artes.

Todos recordamos el contexto de aquella célebre declaración magnificada por sus críticos hasta convertirla en la divisa de su persona y su gobierno. Pero él mismo se califica como un clásico, ¿De qué? Del cinismo.

Pero estas divagaciones de Don Felipe, ya no escucharemos con la desesperante frecuencia de su sexenio de oratoria con fallas vocales y falsos tonos (el pueblo les llama gallitos) al final de cada frase, nos muestran piadosamente la solución de un problema urbano: si ya no sabemos cómo deshacernos de la estatua de Aliyev, sería prudente llamar a un escultor ducho en la transformación de los bronces y decirle, nada más cámbiale la cabecita.

La mampara con el mapa de Azerbaiyán puede ser modificada con los contornos de Michoacán y se le podría llamar la “Plaza del haiga sido” y de esa manera celebrar en el Paseo de la Reforma la vigencia de la desvergüenza. Y si tomamos en cuenta la cercanía con ese otro monumento a la corrupción y la impunidad, la Estela de Luz, pues tendremos ya el distrito completo de la farsa y el cinismo.

Resolveríamos el asunto de los azeríes y de paso lograríamos un espacio educativo y conmemorativo de los más altos momentos de la demagogia panista.

Pero como quizá eso no suceda quedémonos entonces con la sabiduría calderonista para utilizarla como justificación y orgullo de cualquier bien mal habido, de toda actitud indebida pero vigente, de todo logro inmerecido:

“Haiga sido como haiga sido”.

BICICLETAS

La información publicada recientemente en torno del aprovechamiento publicitario y por tanto mercantil de las bicicletas de Marcelo, nos lleva al fondo de partida: detrás de toda acción del gobierno del DF se oculta un trinquete.

Si usted no está al tanto, le comparto:

“Diputados de la Asamblea Legislativa del DF (ALDF) pidieron al Gobierno del DF transparencia en los contratos o concesiones a la empresa Clear Channel Outdoor México (CCOM), para saber los términos en los que está operando, así como los beneficios económicos que genera, tanto para ella, como para el gobierno de la ciudad”.

“Excélsior informó que el gobierno capitalino le adjudicó a Clear Channel el contrato de Ecobici, pero ésta es una agencia de manejo de publicidad que desde hace más de tres años se ha beneficiado con la autorización privilegiada de espacios para colocar mobiliario con anuncios incluidos en la capital”.

Así ha sido el cuento chino de la “movilidad” renovada por la modernidad bicicletera de Ebrard. Puro rollo.

Un aplauso

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
El Universal

Si bien apenas se encuentra en etapa de buenas intenciones —porque las pláticas para un gran acuerdo nacional apenas empiezan—, ya es digna de un sonoro aplauso la posibilidad de que las tres fuerzas políticas más relevantes del país —PRI, PAN y PRD— pacten, acuerden y negocien lo necesario, en favor de los mandantes, de sus patrones, que son —somos— los ciudadanos.

Y es que precisamente esa, la de negociar, pactar, acordar, convenir y ver por el bien de las mayorías es la diferencia entre una clase política de buenos para nada —como han sido la mayoría de los políticos en la última década—, y una clase política eficaz, de profesionales capaces de empujar las grandes transformaciones y que se asuman como parte del Estado mexicano, antes que pertenecer a las groseras mafias de las tribus, los partidistas y los caudillos que vemos todos los días.

Y parece que luego de 12 años de divorcio entre los partidos y la política, luego de años de odio y fractura irracional entre el bien común y la política, existen nuevas condiciones para utilizar las armas de la política en la lucha contra los grandes problemas nacionales. Y las armas son todas ésas, el diálogo, la negociación, el acuerdo, el consenso, el pacto entre todas o las más importantes fuerzas políticas para empujar al país fuera del alcance de los grandes flagelos.

Pero también es tiempo de acabar con esa tara dialéctica que pregona un sector de la mal llamada izquierda mexicana, que supone que dialogar, negociar, pactar y/o acordar con el PRI o con el PAN es un pecado capital; una supuesta traición a quién sabe qué timoratas creencias que en la práctica han demostrado, una y otra vez, que son un fracaso.

Lo cierto es que —en México y en el mundo— los grandes cambios y las verdaderas transformaciones se han conseguido gracias al consenso, el acuerdo, la negociación y el pacto entre los adversarios políticos. Y no es casual que en México las últimas grandes reformas se hayan conseguido cuando sumaron fuerzas los tres grandes partidos políticos mexicanos: PRI, PAN y PRD.

Y tampoco es coincidencia que uno de los últimos pactos nacionales de gran aliento fueran posibles, en México, gracias al consenso, al acuerdo, el pacto y la negociación, nada menos que entre Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador y el PRI de Ernesto Zedillo. Y la gran reforma lograda en esa ocasión fue nada menos que la reforma electoral de 1996-1997, que desencadenó la democracia electoral, la alternancia en el poder y la pluralidad políticas.

Y en efecto, por increíble que hoy parezca a los fanáticos que a ciegas y sordas siguen a AMLO y a Morena, lo cierto es que López Obrador fue el primero de los jefes del PRD que pactó con el PRI; con el de Ernesto Zedillo, quien de esa manera abrió la puerta para que las llamadas izquierdas partidistas accedieran al poder y cerraran el círculo de la alternancia y la transición democrática. Sin embargo, cuando cayó el PRI del poder presidencial, en el año 2000, también se acabó el tiempo de los grandes cambios, las grandes reformas y la grandeza de algunos políticos mexicanos.

¿Qué pasó en los últimos 15 años? ¿Por qué la política cedió su lugar al odio, el chantaje, el chanchullo y la chabacanería? ¿En qué momento los partidos y los políticos se divorciaron de la política y olvidaron sus herramientas esenciales?

Lo cierto es que desde la emblemática elección presidencial de 1988, cuando el PAN pactó con el PRI las grandes reformas que requería el país, las llamadas izquierdas se marginaron y fue el PAN el gran ganador de las circunstancias, al privilegiar la alianza con el PRI y los grandes cambios. Esa política de alianzas y acuerdos políticos le permitió al PAN acceder al poder, en tanto que las izquierdas se alejaron de esa posibilidad al apostarle a la mezquindad, el odio y el chantaje.

Hoy, curiosamente semanas después que el PRD tiró el lastre de López Obrador y de Morena, los amarillos parecen dispuestos a un golpe de timón que los lleve de nueva cuenta a la corriente de cambio, junto con el PAN y el PRI. Y claro, en el PRD de inmediato saltaron de las catacumbas las fuerzas más atrasadas —como la mafia Bejarano y Padierna—, que insisten en vivir en el pasado.

¿Hasta dónde llegará el gran acuerdo nacional que planean PRI, PAN y PRD? Hoy nadie lo sabe, y no se debe descartar que no llegue lejos. Pero sí sabemos que el esfuerzo ya merece un aplauso. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Por cierto, dicen los que saben que El Chucho Carlos Navarrete pronto dará una sorpresa que marcará aún más el divorcio entre los descocados de Morena y el PRD.

¿Quién es EPN?

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

Para entender a Enrique Peña Nieto hay que recordar al Grupo Sonora y al Grupo Atlacomulco.

Mi hilo conductor es la forma como Peña Nieto conceptualiza el poder. Su tesis para obtener el grado de licenciado en derecho, El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón (1991), ofrece claves útiles. En México, dice, "el presidente [...] es pilar del sistema político". Esa descripción la transforma en prescripción cuando expresa, una y otra vez, su profunda admiración por Álvaro Obregón a quien concede el mérito de ser el "gestor del presidencialismo moderno", de ser uno de los "estadistas más audaces e inteligentes" y de quien admira la eficacia: "Su solo nombre -concluye EPN- es garantía de [...] éxito". Entonces resulta lógico que EPN tenga tanta admiración por Carlos Salinas de Gortari, otro Presidente exitoso en su momento.

Que EPN forme parte del Grupo Atlacomulco también explica por qué toma como modelo a Obregón, el artífice del Grupo Sonora que dominó la política nacional hasta que Lázaro Cárdenas mandó a Plutarco Elías Calles al exilio. Ambos grupos se asemejan en el valor que dan a la disciplina y a la lealtad a quienes tienen los puestos de mando y ponen como principal objetivo la acumulación de poder sin importar los métodos. A Obregón se le recuerda por su peculiar apotegma -"nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos"- mientras que, con el "Quinazo", Salinas manipuló la legalidad para aplastar a su enemigo político, el líder petrolero Joaquín Hernández Galicia en 1989.

Como gobernador del Estado de México Peña Nieto mostró su determinación de controlar la política a cualquier costo: "chayotes" a los periodistas rejegos, "maiceada" a los opositores de ética reblandecida, notarías para sus seguidores leales y contratos a los empresarios serviciales.

Peña Nieto también ha sido exitoso en imponer una disciplina férrea a los "equipos" priistas y un indicador sería su capacidad para controlar el flujo de información. Sostengo como hipótesis sujeta a verificación que es erróneo clasificarlo como títere de Salinas, Televisa o el Grupo Atlacomulco. Intentará dejar marca y en su visión del mundo ello supone ampliar su poder e influencia personales al costo que sea para, en su lógica, retomar los hilos de un poder ahora disperso (estaría emulando a Obregón como Presidente).

Aunque nada está escrito, es altamente improbable que EPN pueda reconstruir al México presidencialista y centralista. El poder ya está repartido entre gobernadores y presidentes municipales, partidos y líderes sindicales, potentados y jefes de cárteles y entre una sociedad que se beneficia del acceso a la información y de la libertad de expresión. Los poseedores de esas porciones de poder no las entregarán fácilmente al nuevo Presidente.

Lo paradójico es que la fulgurante carrera política de Peña Nieto fue posible por la fragmentación del poder. Logró la candidatura a gobernador en 2005 porque su mentor, Arturo Montiel, tuvo la posibilidad de hacer su voluntad. Montiel tenía enormes recursos y no necesitó del visto bueno del presidente de la República ni atendió los deseos del presidente del PRI, Roberto Madrazo, quien empujaba a Carlos Hank Rhon.

Otro rasgo de Peña Nieto es el pragmatismo. Como gobernador avasalló al PAN y al PRD en las elecciones de 2009, pero en 2012 tuvo que digerir una dolorosa derrota en su propio territorio. Este año las izquierdas incrementaron en un millón y medio el número de mexiquenses que gobernarán entre 2012 y 2015. Otros indicadores del pragmatismo peñanietista fueron los esfuerzos por corregir su discurso después de la zarandeada que padeció en la Universidad Iberoamericana el 11 de mayo o la reversa que acaba de dar al enfrentar la indignación de mujeres de todos los partidos ante su intención de insertar al Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) en la Secretaría de Desarrollo Social.

A partir del próximo sábado se inicia una nueva etapa en la transición mexicana. Peña Nieto hará lo posible por imitar los supuestos éxitos de Obregón y Salinas (imposible olvidar la forma en que olvidaron sus gestiones) pero tendrá enfrente la resistencia de quienes conquistaron espacios alguna vez dominados por el presidencialismo centralista. Será una batalla multidimensional con un desenlace incierto. Empieza a escribirse otro capítulo de la historia de México. Ocupen sus asientos y aprieten sus cinturones. Arrancamos.

La miscelánea

Enrique Peña Nieto es un controlador obsesionado por las formas y la seguridad. Se le pasó la mano autorizando el bloqueo durante una semana del Palacio de San Lázaro. Millones se ven afectados diariamente y el Estado Mayor Presidencial se muestra agresivo hacia los inconformes como Jesús Robles Maloof. Si en 2006 critiqué el bloqueo de Reforma, ahora me sumo a quienes exigen que el nuevo Presidente respete a los capitalinos explicando, por ejemplo, para qué necesita tanta seguridad. El Distrito Federal no es Toluca.


Comentarios: www.sergioaguayo.org; Twitter: @sergioaguayo; Facebook: SergioAguayoQuezada
Colaboró Paulina Arriaga Carrasco.

Adiós a Ebrard

Armando Román Zozaya (@aromanzozaya)
armando.roman@anahuac.mx
Investigador de la Facultad de Economía y Negocios Universidad Anáhuac
Excélsior

Considero que ha sido un jefe de Gobierno cínico y frívolo. Asimismo, pienso que su gestión al frente del Gobierno de la Ciudad de México fue mala.

Muchos dicen que ha sido un magnífico gobernante. Hay quienes incluso deseaban que fuera Presidente. Yo, al contrario, considero que Marcelo Ebrard ha sido un jefe de Gobierno cínico y frívolo. Asimismo, pienso que su gestión al frente del Gobierno de la Ciudad de México fue mala.

Es verdad que la administración de Ebrard construyó vialidades, una línea del Metro, renovó el Monumento a la Revolución, etcétera. Sin embargo, eso es lo mínimo que se debe esperar de un jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Así, lo que hay que preguntar no es si ésta está más bonita que antes —cosa que, según Marcelo Ebrard, es cierta; es más, lo celebra una y otra vez, lo cual no es sorprendente: el todavía jefe de Gobierno del DF es un superficial— o si, gracias a los segundos pisos, podremos llegar rápido a los embotellamientos, sino si Ebrard resolvió los problemas profundos de la ciudad. Me temo que no lo hizo.

Por ejemplo, el Distrito Federal continúa como un lugar peligroso: aquí todos los días hay robos, violaciones, asaltos, asesinatos. De la mano de lo anterior, la procuración de justicia en la ciudad está plagada de corruptelas: desde los patrulleros que son los mejores amigos de los franeleros, hasta los comandantes de policía y los ministerios públicos que, entre otras “linduras”, se dedican a extorsionar/explotar a trabajadoras sexuales en La Merced, Tlalpan y demás locaciones. La realidad es ésta: Ebrard nunca pudo, nunca, con el orden y la inseguridad citadinos. De hecho, ante Alejandro Martí prometió que renunciaría si no podía con el tema de la seguridad. No pudo y no renunció: cínico.

Pero eso no es todo: durante años, el señor Marcelo se negó a siquiera saludar al presidente Calderón pues, según su patrón, es decir, López Obrador, Calderón hizo trampa para ganar la Presidencia. Sin embargo, cuando llegó la elección de 2012, resultó que las asociaciones civiles que apoyaron la candidatura de a AMLO recibieron millones y millones de pesos de parte del gobierno de Ebrard en forma de diversos contratos de “servicios”. ¿Qué pasó, don Marcelo? ¿No que usted sí es un demócrata de verdad? ¿No que usted detesta las prácticas, vicios y maniobras de quienes quieren ganar las elecciones sea como sea? Lo dicho: un cínico… y una marioneta de AMLO.

Podría continuar dando ejemplos de por qué Ebrard ha sido un mal gobernante, un superficial y un cínico. Sin embargo, con uno me basta para ilustrar todo lo anterior: el caso del niño Hendrik. Obviamente, no es culpa del jefe de Gobierno del DF que una bala caiga encima de un pequeño que está sentado en un cine; eso es atribuible al inconsciente, irresponsable y loco que disparó el arma. Sin embargo, sí podemos achacarle a Ebrard el que ese tipo de personas hagan lo que quieran.

En primera instancia, la autoridad no debe permitir que los ciudadanos tengamos armas: es su obligación. En segundo lugar, desde hace años se sabe que, en ciertas fechas, energúmenos se ponen a disparar al aire en Iztapalapa. Luego entonces, ¿por qué el gobierno de Marcelo Ebrard jamás hizo algo para evitarlo? Tenía que hacerlo tanto por obligación como por sentido común. Pero no, nada. ¿Resultado? Un niño muerto, una familia deshecha. ¡Ah!, pero eso sí: ahora tenemos a la policía de la ciudad buscando el arma en cuestión y pidiéndole, por favor, a los habitantes de Iztapalapa que ya no disparen (¡hágame usted el favor, amigo lector!). ¿Qué ha dicho Ebrard a este respecto? Ni una palabra, lo que confirma que es un frívolo, un mal gobernante y un cínico. Es más, si no lo fuera, no sólo hubiera dicho algo sino que hubiera pedido una disculpa y presentado su renuncia, por incompetente.

Qué bueno que Ebrard se va; ojalá que Mancera no resulte igual.

INVITACIÓN: Estimado lector, lo invito a que me acompañe en la presentación de mi libro México, ¿hacia dónde?: Desde la tribuna, el 5 de diciembre a las 16:00 horas en la librería Porrúa Chapultepec, frente al Museo de Antropología. ¡Ahí nos vemos!

¿Por qué estamos tan felices los mexicanos?

Julio Serrano
Apuntes financieros
Milenio

Tengo que reconocer que me sorprendieron los resultados de la primera Encuesta Nacional de Bienestar, realizada por el INEGI, de los que destacan que ocho de cada 10 mexicanos son felices. Por lo visto, la desigualdad, la pobreza, la falta de movilidad social y la violencia no son suficientes para ensombrecer el estado de ánimo de los mexicanos. ¿Por qué será?

En teoría existen varios elementos por los que deberíamos estar tristes. La desigualdad es uno de los principales. Pese a que ha disminuido recientemente, el coeficiente Gini en México (un índice que mide la desigualdad en la distribución del ingreso en un país), sigue siendo uno de los más altos del mundo. Diversos estudios han mostrado que una fuente importante de infelicidad es la desigualdad. La gente prefiere ganar menos dinero en un entorno de igualdad a ganar más y estar rodeado de gente con mayores ingresos. Con los contrastes que existen en nuestro país, no es fácil entender que 80 por ciento de los mexicanos se autocalifica como feliz o moderadamente feliz.

El nivel de pobreza es otro elemento que hubiera pensado tendría mayor impacto en el índice de felicidad de México. Casi la mitad de la población vive en la pobreza y más de 10 por ciento en pobreza extrema. Ante estas cifras es casi increíble que menos de 5 por ciento de la población mexicana se declarara insatisfecha, de acuerdo con el estudio del INEGI. La movilidad social podría ser una explicación por la que los mexicanos estamos contentos aún cuando existen estos niveles de pobreza y de desigualdad. Al fin y al cabo, si hay movilidad social existe la esperanza de que es posible progresar en la vida, no importa la situación económica en la que nos encontremos. Sin embargo, la movilidad social en México, en particular en los niveles más bajos de ingreso, es muy reducida.

Hubiera pensado también que otros factores, como la creciente violencia, afectarían el estado de ánimo de los mexicanos. Pero no fue así. Resulta que ante gran adversidad México es un país feliz. De hecho, es uno de los países más felices del mundo, por encima de naciones más ricas como Estados Unidos y Alemania. Es obvio que el dinero y la felicidad no siempre van juntos. Para los mexicanos, la familia y la vida afectiva son, como lo muestra la encuesta del INEGI, más importantes.

Me surge una preocupación final acerca del alto nivel de felicidad en México. Nuestros políticos, son conscientes de que la inmensa mayoría de los mexicanos son felices; por lo que podrían decidir que no vale la pena molestarse en resolver los enormes problemas que enfrenta el país.

noviembre 27, 2012

Balada catalana

Marcelino Perelló
Matemático
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Así pasa cuando sucede. Ayer finalmente tuvieron lugar en Cataluña los comicios legislativos y por ende presidenciales. Ya le expliqué, atento lector, que allá es el Parlamento el que elige al titular del Ejecutivo; lo que acostumbra llamarse “elección indirecta”.

Fueron convocados por el presidente Artur Mas, con dos años de anticipación. Esa es una de sus prerrogativas. Normalmente es una modalidad a la que se recurre para recobrar cierta estabilidad. Esta vez sin embargo fue más bien una medida de agitación y levantamiento.

Es decir, la agitación ya estaba en las calles, en la gente, y lo único que hizo el gobierno autónomo catalán fue responder a ella y darle cauce institucional. El presidente únicamente se sumó al clamor popular que exige la independencia del país frente al Estado español. No había de otra. De lo contrario la inquietud generalizada podía tomar otros caminos, menos tranquilos, digamos.

La reivindicación soberanista, “por un nuevo Estado en Europa”, había estado y está en un crescendo de vértigo ininterrumpido desde hace cuatro años cuando el Tribunal Constitucional español decidió modificar, a toro pasado, el Estatuto de Autonomía que había sido aprobado por el propio Parlamento catalán, por las Cortes y el Senado españoles y refrendado por el voto altamente mayoritario de la población de Cataluña en referéndum. Pues resulta que los venerables carcamanes tribunaleros decidieron pasarse por aquello que hace años ya no usan todos estos antecedentes y resolvieron corregirlo. Ellos sí saben. Y la armaron. Sólo a los gachupines les puede ocurrir algo semejante.

El estatuto “tribunalizado” negaba el título de Nación a la Cataluña (ya quedamos que allá es muy clara la diferencia entre “nación” y “Estado”, excepto para los carcamanes fosilizados en cuestión), anulaba la disposición que establecía el catalán como lengua obligatoria en la enseñanza y negaba otras muchas competencias que había conquistado el gobierno autónomo. Esa fue la chispa que encendió la mecha. Y cómo no había de hacerlo. El Parlamento Catalán respondió a la afrenta con dureza y elegancia, prohibiendo en su territorio las corridas de toros, auténtico emblema de la españolidad.

Y a los mesetarios recalcitrantes les ardió. Pos sí, para eso era. Para eso y para beneplácito de 90% de la población mundial, la española incluida. Así empezó la escalada en la elección de hace dos años, en la que los socialistas, sucursal del PSOE, perdieron la Presidencia a manos de Convergència i Unió, partido catalanista tímido, autonomista, y Mas fue elegido presidente. La confrontación con el gobierno español se fue dando en todos los planos.

El trasvase de las aguas del Ebro, la negativa al corredor litoral, al dominio de la red ferroviaria y de los aeropuertos, la interdicción casi total a los vuelos internacionales a y desde Barcelona, y en muchos otros aspectos, de los cuales no es el menor el deportivo, al cerrarse del todo a la posibilidad de selecciones catalanas, a la manera del Reino Unido, digamos.

La gota que derramó el vaso no fue gota, fue chorro. Y se trató, obvio, del actual desastre económico, eufemísticamente llamado “crisis”, tal vez no provocado pero sí acentuado y agravado por los malos manejos, por la corrupción y la irresponsabilidad de Madrid. Y la mayoría de cuyos platos rotos hubo de pagar la zona más rica del Estado, Cataluña, a la que los españoles, en nombre de la “solidaridad” forzada (patidifúsico concepto, reconocerá usted, ecuánime lector), no cesan de ordeñar. Para eso sí son buenos nuestros baturros. Para ordeña. De nuestra América también vivieron durante tres siglos. Así les va ahora.

Todo ello condujo a la actual coyuntura. Acusar de oportunismo y deslealtad a los catalanes, al echarles en cara que se aprovechan del mal trance por el que atraviesa España, es una soberana pendejada. Mal harían si no lo hicieran. Todas las grandes transformaciones históricas y políticas han acontecido en los momentos de debilitamiento del poder. Todas.

Cataluña no fue ni podía ser la excepción. La frase no pertenece a ningún catalán, sino al gran pensador e historiador británico Arnold J. Toynbee: “Es una inconsistencia grave mantener al pura sangre catalán atado al Rocinante español”. El descontento hizo germinar un organismo nuevo, transversal y popular, hace apenas un año: la Asamblea Nacional Catalana, ANC, que actualmente cuenta con casi 100 mil miembros y que es la que convocó a la gran manifestación, a la detonación independentista del pasado 11 de septiembre, que paralizó a la ciudad de Barcelona y congregó a dos millones de personas.

No fue, de ninguna manera, iniciativa del gobierno catalán ni de su presidente Artur Mas, como insisten en pregonar, disparándose en el pie, los políticos y los medios españoles y españolistas (son los mismos, coinciden todos y del todo). El gobierno Convergente hizo lo que tenía que hacer desde el punto de vista patriótico. Y obviamente queriendo capitalizar la gran movilización y liderarla, se quiso trepar en la cresta de la ola, pero se vio revolcado. Se le volteó el chirrión por el palito.

Esto ha pretendido ser fructificado, de manera ingenua y falaz por esos mismos políticos y medios madrileños —el peor de los cuales, que ya es decir, es El País, panfleto indecente, suripanta disfrazada de dama, de una hipocresía revoltante— al querer confundir a la opinión y presentar el tropiezo de Mas como una derrota del independentismo. Convergencia sí, perdió 12 curules, pero sigue teniendo más que los tres partidos españolistas juntos.

Es mi estimada Vica la que me hace llegar precisamente la nota de El País de ayer (eso es exactamente: el país de ayer, el del franquismo) que desvergonzadamente encabeza con: “Los catalanes desinflan el plan soberanista de Mas, según TV3”. Para empezar el canal público catalán TV3, en ningún momento afirmó eso ni nada parecido, y el colmo es que nunca aparece ni mencionado en la susodicha nota.

Lo más grave, sin embargo, es que, en primer lugar, ya quedamos que no es para nada “el plan de Mas”. El Presidente sólo se unió a la reivindicación social. Y nadie desinfló nada. En ese mismo tenor está el resto de la prensa y los noticieros españoles, al unísono. El verdadero titular debió ser, claramente el de que Mas, a pesar de haber perdido curules, ganó las elecciones y seguirá siendo presidente. Las opciones catalanistas: Convergència, Esquerra, Iniciativa, CUP y SI obtuvieron 87 diputados, mientras que las españolistas: PSOE, PP y Ciudadanos, 49. O sea que casi los doblan, en los dos sentidos de la palabra.

Perdió un escaño solamente Solidaritat Independentista. Convergencia arrostró dificultades atroces debidas íntegramente a la ansiedad acumulada mientras otros mejoraron aprovechando sinergias, vigentes incluso con anterioridad.

Los votantes, tanto los independentistas como los unionistas, a quienes castigaron fue a los tibios, Convergència en un caso y PSOE en el otro. Y se decantó por los radicales, Esquerra y CUP, los catalanistas que recogieron con creces el voto que perdió CiU. Los sufragios que abandonan al PSOE van a parar a los filofascistas de Ciudadanos. Es decir que el “plan soberanista” no sólo no se desinfló, sino que se vio innegablemente fortalecido y radicalizado. He ahí el quid: 87 piedritas en los hígados del Borbón, de Rajoy y de sus huestes neofalangistas. Por ello, mejor no mencionarlas.

Esta es la única lectura legítima. Al menos en una primera aproximación. La libertad de Cataluña no será esta tarde, es indiscutible. Pero que tendrá lugar pasado mañana, quedó más claro que nunca. La dulce, férrea y secular balada catalana continúa. Inexorable.

Elogio de la simulación

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

En los años de su esplendor sin sombra alguna, el PRI había logrado construir una ciudadanía que viera como natural que un diputado fuera rico, prepotente y empistolado. Ni siquiera trataban de disimular porque les parecía que para eso era el poder y los súbditos pensaban lo mismo, acostumbrados como estaban a la desmesura, la exhibición, la pistola en el cuadril. Eso nunca ha concluido, nomás cambió de siglas: ¿O no era Martí Batres, presidente de Morena por orden del dueño único quien vendía aquella leche Bety a los pobres, que no era leche y contenía excremento?

En un incidente confuso, el Departamento de Estado de EU solicitó a México la remoción del embajador mexicano ante la ONU, Porfirio Muñoz Ledo, acusado de romper con la culata de su pistola el parabrisas de un auto, en presencia del conductor, ciudadano estadunidense, porque estorbaba, en Nueva York, su área exclusiva de estacionamiento. Muñoz Ledo respondió que no había sido él, sino su chofer (Cambio de rumbo, Miguel de la Madrid y Alejandra Lajous, p. 421).

Acusación y defensa muestran al desnudo que la prepotencia comienza desde el chofer de un político, si hemos de creer a Muñoz Ledo, lo que no es fácil: el co-fundador de Morena cambia de chaqueta según el clima político, y un día es candidato presidencial por el PARM y otro se acomoda para levantar el brazo al triunfador Fox (y de paso tiene el suyo en alto… Oh, Freud). De eso esta hecho Morena.

Y en cuanto al aspecto que más se ha reprochado a Felipe Calderón, el empleo del Ejército y la Marina para combatir el crimen, dice el presidente De la Madrid: “Yo no niego que tengamos colas que nos pisen; lo he reconocido abiertamente frente a funcionarios norteamericanos, a quienes les he dicho lo difícil que me es trabajar en medio de la corrupción existente en las corporaciones policiacas. Sin embargo, no puedo aceptar que me hagan críticas y recriminaciones públicas, porque la necesidad de una renovación y un cambio han sido precisamente los postulados de mi gobierno (…)

“De manera que la pretensión de imponerme la remoción de Muñoz Ledo fue el punto a partir del cual decidí actuar, aun ante las dudas de la Cancillería mexicana, particularmente de Sepúlveda, sobre la veracidad de la defensa de Muñoz Ledo acerca de su incidente en Nueva York (…) corro el riesgo de que Muñoz Ledo me haya mentido, pues su temperamento excesivamente nervioso y su enorme autoestima me hacen dudar.”

Ah pa’ joyitas de Morena.

noviembre 26, 2012

Felipe Calderón

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

No se hizo en los rigores de la tecnocracia, ni en las exigencias de la empresa; no lo moldeó la oscuridad de la academia ni la flama de la movilización social. Se formó en las labores de partido, entre las paredes del parlamento. De ahí viene su perfil oratorio, su energía polémica, su ánimo persuasivo. No le bastaba hacer, se empeñó en convencer. Hablar fue, para él, parte sustancial del gobernar. A diferencia de sus antecesores (y de su sucesor), Felipe Calderón cree en una política capaz de pasar la prueba del razonamiento público. No ignoró a sus críticos. Los vio de frente, los escuchó, se expuso al resentimiento. No se aisló del dolor. Lo que se mantuvo siempre hermética fue su política. En su obstinación no se asomó la fisura.

Pudo haber sido un sensato Presidente conservador si hubiera sido leal a esa mitad de su temperamento, pero fue infiel al político tradicionalista que es. Su gobierno se batió entre la prudencia de ese conservador y el ímpetu de un cruzado. Su conservadurismo no se expresó solamente al defender la penalización del aborto o al oponerse al matrimonio como derecho universal. Fue un conservador porque entendió su trabajo como el de un protector de lo que existe. Lo que mejor hizo lo hizo como cuidador o, si acaso, continuador de lo iniciado por otros. No fue un innovador, fue un buen protector de lo heredado. Y así cuidó del patrimonio común... y también de los privilegios de algunos.

De la timidez conservadora viene, en efecto, el escrupuloso manejo económico, la tenacidad constructiva, la exitosa política de salud. De ese mismo impulso viene también la renuncia a conducir la política educativa, el apocamiento frente a los grandes intereses corporativos y los monopolios, la cortedad de su ambición histórica.

Pero lo más nocivo del gobierno de Calderón, su herencia más perdurable, no proviene de esa mitad de su temperamento sino de la otra: de su temeridad. Más que gobierno valiente, el suyo fue gobierno de valentonadas. Calderón pudo haber acertado al ejercer su sentido de autocontención pero (a excepción de su confrontación con el SME) erró en sus atrevimientos. Incurrió en uno de los peores vicios del actuar político: la obsesión. En defensa de sus decisiones iniciales y en respaldo de sus soldados optó por suspender relaciones con la realidad. Buscó nuevos argumentos, nuevas explicaciones, nuevas justificaciones para la misma estrategia. Se atrevió a enfrentar a los criminales pero no se atrevió a corregir el rumbo. Su peor papel fue el de su obcecación: comandante de una guerra voluntaria. Voluntaria, digo, porque si enfrentar el crimen no era opción, encararlo con la fantasía de una guerra de liberación, sí lo era.

Conocedor de las leyes, parlamentario decimonónico, Felipe Calderón entendió la importancia de dignificar el ejercicio de la Presidencia. Fue un gobernante sobrio, de infrecuentes desplantes. Pero esa conciencia de Estado, ese aprecio de las reglas, ese esmero por defender las instituciones como patrimonio común, encalló en aquella política de la que se imaginó fundador. En la lucha contra el crimen organizado nada de lo preexistente servía, todo había que inventarlo. Ahí no hubo perspectiva de Estado sino manía de cazador. Por eso, a pesar de haber visto el fracaso de su estrategia nunca admitió responsabilidad para dar el giro de adaptación. Primero los culpables eran los de antes, después los de afuera.

El efecto de su estrategia (lo único que verdaderamente cuenta) fue el contrario al esperado: erosión del Estado, no su fortalecimiento. La libertad es hoy más precaria que hace seis años. El Estado, más arbitrario y abusivo que hace seis años. El presidente católico, el abogado panista, llegó a presumir la muerte como si se tratara de un trofeo. En el sexenio de la muerte, el Presidente se celebró con cadáveres.

Desconfiado hasta de su sombra, como advirtió su mentor, hizo política sin hacer equipo. Por ello no deja herencia ni herederos. Ordenado y sensato no cayó en las trampas de la frivolidad ni en las tentaciones de la demagogia. No lo manchó el escándalo personal. Apenas rozó la megalomanía. Nunca absorbió el odio sembrado por sus malquerientes. Encaró con aplomo las dificultades que habrían enloquecido a muchos. Entre la furia de malos perdedores, tremendas epidemias, provocaciones criminales y cataclismos internacionales, Calderón se mantuvo ecuánime.

Siendo, como decían sus promotores iniciales, el primer panista en Los Pinos, condujo la abdicación ideológica de su partido. La derrota más grave que debe encarar el PAN no es la electoral, sino la cultural. Al ceder la Presidencia a su enemigo histórico, Felipe Calderón entrega un país económicamente estable y con perspectivas promisorias de crecimiento. También un país menos libre, más temeroso, más bárbaro.

Saldo sexenal

Denise Dresser (@DeniseDresserG)
Reforma

·LO BUENO

· La política macroeconómica que convierte a México en un archipiélago de estabilidad en medio de la crisis global.

· El crecimiento económico a un ritmo relativamente bajo pero sostenido, y mayor este año que el de Brasil.

· Una reforma política que incluye temas como las candidaturas ciudadanas y otras formas de participación política.

· La política de fomento a las exportaciones que convertirá -según la revista The Economist- a México en uno de los principales exportadores a Estados Unidos para el 2018. "Made in China" se está convirtiendo gradualmente en "Made in Mexico".

· La política de salud bajo el liderazgo de José Ángel Córdova.

· La infraestructura cultural, producto de la imaginación visionaria de Consuelo Sáizar.

· La disminución en la migración a Estados Unidos, y el regreso de mexicanos que empiezan a encontrar empleo, estabilidad y seguridad social en algunas zonas al sur de la frontera.

· El descenso de la violencia en ciertos lugares como Ciudad Juárez y Tijuana.

· El fortalecimiento de la Policía Federal y los esfuerzos por profesionalizarla.

· La clausura de Luz y Fuerza del Centro, una compañía ineficiente, rentista y rapaz.

· La interlocución que el Presidente tuvo con grupos de la sociedad civil, como el encabezado por Javier Sicilia.

· Una primera dama que estuvo donde tenía que estar y le imprimió un sello de dignidad y tolerancia al gobierno de su esposo.



·LO MALO

· Los más de 63 mil muertos de la "guerra" emprendida contra el narcotráfico y el crimen organizado, hecho que opaca cualquier logro de Felipe Calderón. Será recordado como el Presidente del sexenio más violento desde tiempos revolucionarios.

· El predominio creciente de Joaquín El Chapo Guzmán y cómo pareció volverse intocable en el sexenio calderonista.

· Los 56 periodistas ejecutados y los 13 desaparecidos.

· La obcecación personal de Calderón con una estrategia de seguridad contraproducente, que contribuyó a la dispersión de los cárteles y su incursión en otros ámbitos de actividad criminal.

· La operación de Estado que se llevó a cabo desde Los Pinos para proteger a Juan Molinar durante la debacle de la Guardería ABC.

· Franjas del país controladas por cárteles, grupos criminales y brigadas de mercenarios, como detalla Anabel Hernández en su nuevo libro México en llamas: el legado de Calderón.

· La impunidad con la que actuó Genaro García Luna al frente de la SSP, en casos escandalosos como el de Florence Cassez.

· La política de telecomunicaciones que no empujó la competencia, el crecimiento y la competitividad en un sector clave, y que acabó por beneficiar a Televisa.

· El aumento en la pobreza, según el último reporte del Coneval.

· Una reforma energética presumida como la más importante desde la nacionalización de Pemex, que hizo poco por cambiar la dinámica en el sector.

· La ausencia de una nueva ley de medios y que no se lograra -en todo el sexenio- la licitación de una tercera cadena de televisión abierta.

· La claudicación gubernamental frente a los monopolios, los cuales prometió combatir.

· La alianza político-electoral con Elba Esther Gordillo, que llevó a la subordinación gubernamental a los imperativos del sindicato.

· Un sexenio "valiente" del cual el gobierno se vanagloria, pero que deja al país con una violencia zozobrante.

· Un Partido Acción Nacional sin rumbo, sin liderazgo, sin proyecto, sin una ruta para regresar al poder que torpemente ejerció.

· El regreso del PRI a Los Pinos, sin haberse modernizado y sin dar muestras claras de que quiere y sabrá cómo hacerlo.



·LO PENDIENTE

· Una política económica que se centre en el crecimiento acelerado como primera prioridad.

· Una política de seguridad que se aboque a reducir la violencia antes que combatir las drogas. Una visión integral que abarque no sólo la reducción de la criminalidad, sino reformas significativas al sistema judicial y penitenciario también.

· Una misión pro-competencia que obligue a los "campeones nacionales" en telecomunicaciones, cemento, alimentos y medicinas a competir, a innovar, a reducir precios, a beneficiar a los consumidores por encima de los productores.

· Una reforma política que contemple la reelección de los legisladores y los presidentes municipales, y así crear incentivos para la rendición de cuentas.

· Una política anti-corrupción que vaya más allá de la creación de comisiones cosméticas, sin dientes y sin alcances claros.

· Una política educativa que le devuelva al Estado la rectoría que perdió y que obligue a los maestros a la evaluación continua de la cual dependerá su sueldo, su ascenso y su permanencia.

· La creación de un equilibrio fiscal justo, eficaz y sostenible ya que -como argumenta Carlos Elizondo- el pacto fiscal vigente en México está mal armado: el Estado cobra poco, gasta mal, y gasta más de lo que obtiene gracias a los ingresos del petróleo.

· Un Presidente capaz de entender que el Estado sólo será eficaz cuando pueda domesticar a los poderes fácticos que hoy lo acorralan.

· Un equipo de gobierno que no conciba al gobierno como un lugar para la distribución del botín.

noviembre 25, 2012

Mo-re-na

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

La historia que vendrá está escrita desde ahora. El 2017 reeditará lo ocurrido en 2011, pero en una versión corregida y aumentada: AMLO se postulará, ya es, candidato a la Presidencia


Era obvio. Había que ser muy ingenuo para tragarse el cuento del retiro definitivo. No, López Obrador jamás consideró, ni en sus peores momentos, al inicio de la campaña, irse a la finca ("la chingada"), que tiene en Chiapas. Quienes supusieron que eso era posible fue porque nunca entendieron al personaje. Un apóstol, como se autodefine, no abandona su misión sin traicionarse a sí mismo y a su causa. Por eso, ahora sí en un acto de congruencia, ha fundado su movimiento-partido y ajustará todas las cuentas pendientes que tiene con sus ex camaradas del PRD.

El Movimiento Regeneración Nacional será una organización hecha a su medida. No habrá más que una sola línea y un pensamiento único, el de López Obrador. La elección de Martí Batres, como presidente nacional, fue en realidad una designación. Andrés Manuel lo quería como presidente y no lo impuso, obtuvo el consenso obediente de quienes también aspiraban a la dirección nacional y se retiraron de la contienda para dejarle el paso libre. En suma, un caudillo sin un partido vertical y disciplinado no es un verdadero caudillo.

Crónica de una ruptura anunciada. Así, y no de otro modo, puede definirse lo que ocurrió. AMLO no fue electo candidato del PRD a la Presidencia de la República, no en esta ocasión. Se impuso, una vez que doblegó a Marcelo Ebrard, sobre la corriente de Nueva Izquierda, "Los Chuchos", contra viento y marea. Porque Jesús Ortega y sus afines jamás ocultaron su simpatía por Ebrard ni modularon sus críticas al autoritarismo y mesianismo del "rayito de esperanza". De modo tal que el rompimiento estaba anunciado. Sólo era cuestión de tiempo. Más aún, cuando López Obrador resucitó de entre los muertos y obtuvo el 32 por ciento de la votación.

La fundación de Morena es una sentencia de muerte para Marcelo Ebrard. El ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México se equivocó de cabo a rabo. Él fue el ingenuo mayor. No había cabida para ningún pacto. Jamás tuvo sentido el acuerdo "hoy por ti mañana por mí". La equivocación fue mayúscula y empezó con el sometimiento de Ebrard a la línea de confrontación la noche del 2 de julio de 2006. Después no tuvo la fuerza ni el temple para deslindarse.

Por eso la historia estaba escrita desde ese momento. Y por eso, también, la historia que vendrá está escrita desde ahora. El año 2017 reeditará lo ocurrido en 2011. Pero lo hará en una versión corregida y aumentada. AMLO se postulará, ya es, candidato a la Presidencia de la República. No habrá elección ni encuesta previa. El mensaje para Ebrard y el PRD será muy simple: yo iré en la boleta, si ustedes quieren apuntarse, la izquierda irá dividida. Háganle como quieran.

Y le harán no como quieran, sino como puedan. Manuel Camacho, el alter ego de Ebrard, anunció la respuesta clara y concisamente: sería un desastre que la izquierda vaya dividida a la elección presidencial en 2018. El resto ya lo conocemos. Camacho, Ebrard y tantos otros no tendrán más que dos opciones: enfrentarse o doblegarse, y se volverán a doblegar. Podrán, sin embargo, acogerse a la gracia del caudillo y pedirle, suplicarle, que les dé cobijo en su movimiento.

Todas estas danzas serán precedidas por la elección intermedia en 2015. Y, en ese futuro cercano, las cosas tampoco pintan bien para el PRD ni para el propio Ebrard. Ambos se enfrentarán, en caso de que Marcelo lograse alcanzar la presidencia de su partido, a Morena encabezada por López Obrador, que seguirá siendo el líder más popular y conocido de la izquierda. Si en esa elección el voto se divide entre el PRD y Morena, el "rayito de esperanza" habrá ganado la batalla. Pero si sólo se posiciona con un siete u ocho por ciento, también habrá ganado. Porque será evidente que la izquierda dividida estará condenada a la derrota. Y el ultimátum será idéntico: van conmigo o van contra mí.

Para cerrar el círculo, en lo que se refiere al Partido del Trabajo y al Movimiento Ciudadano las cosas son también diáfanas. Si pierden su registro en la elección intermedia, los sobrevivientes serán rescatados por Morena, previo visto bueno del líder máximo. Pero si conservan su registro, no hay duda que gravitarán, como lo han venido haciendo, en torno al "rayito de esperanza" y se sumarán, con los ojos cerrados, a la coalición que postulará a López Obrador. De manera que aún antes de la primer escaramuza, la alianza Morena, PT y Movimiento Ciudadano será otro factor para hacer que Ebrard y los perredistas entren en razón.

Por lo demás, ya se sabe que el comportamiento de los consumidores y los actores políticos se rige no sólo por lo que existe, sino por las expectativas a futuro, esto es, los cuadros y los militantes perredistas están haciendo cálculos desde ahora. Todos saben de la fuerza del líder máximo. Todos tendrán temor de enfrentársele y quedar fuera de su reino. Todos entienden que la apuesta de Ebrard es peligrosa y absurda, porque al final doblará el espinazo.

Así que esos cálculos y expectativas derivarán en un comportamiento cauto y dócil frente a las directrices de López Obrador. Los timoratos, que serán la gran mayoría, no querrán correr riesgo alguno y tratarán de acomodarse lo mejor posible. Por eso es previsible que la toma de posesión de Peña Nieto estará enmarcada por gritos y protestas. Por eso todos, incluidas las corrientes moderadas de los perredistas, se alinearán tras el líder máximo para defender a Pemex, que la mafia en el poder querrá liquidar. Nadie se atreverá a discrepar, so pena de ser señalado como traidor o esquirol.

Esta es la hora de san Andrés, hágase su voluntad sobre Morena, el PRD y el resto de la "izquierda". Amén.

noviembre 21, 2012

¿Por qué los mexicanos no quieren legalizar la mariguana?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

El conservadurismo va ganando en el tema de la legalización y regulación de las drogas en México.

En octubre de 2008, sólo 7% de los mexicanos estaba a favor de legalizar la mariguana. Este porcentaje subió a 17% en febrero de 2009 y a 26% en agosto de 2010. Había una clara tendencia al alza. Sin embargo, dos años después, para agosto de 2012, el porcentaje ha caído a 19 por ciento. En contraposición, 79% de los mexicanos dijo estar en contra de la legalización de la cannabis. Esto de acuerdo a los datos de la serie de encuestas en vivienda de Parametría.

La tendencia mexicana contrasta con lo que está ocurriendo en Estados Unidos. Según la larga serie de encuestas de Gallup, en 1996, 25% de los estadunidenses consideraba que la mariguana debía ser legal. En 2011 este porcentaje se había duplicado a 50 por ciento. Y, desde luego, en ese país hay diferencias importantes en los estados. Casi una veintena de ellos ya legalizaron la cannabis para uso medicinal y, hace unos pocos días, el electorado en Colorado y Washington votó a favor de su legalización con fines recreativos. La idea en esas entidades es que el consumo de la enervante hierba se trate de la misma forma que las bebidas alcohólicas, es decir, que su producción, distribución, comercialización, mercadotecnia y consumo sean lícitos, pero regulada de manera estricta por parte de las autoridades.

Soy de los que piensan que el consumo y la adicción a las drogas es un problema gravísimo de la sociedad de nuestros días. Además, creo que la política prohibicionista ha fracasado. No se ha logrado abatir ni el consumo ni la adicción a las drogas. Más aún, debido a la prohibición, la sociedad ha transferido una enorme cantidad de dinero al crimen organizado, lo cual ha incrementado su poder frente al Estado. En este sentido, estoy convencido de que tenemos que buscar nuevas soluciones de políticas públicas para resolver el problema. Una de ellas es la legalización y regulación de estos productos. Cobrar impuestos e invertirlos en políticas de educación y salud públicas para concientizar a la población del daño que hacen las drogas. Es lo que se ha hecho, con mucho éxito, para combatir al tabaco, una droga que mata. Gracias a esas políticas, no a la prohibición, el tabaquismo ha disminuido de manera importante en todo el mundo, incluido México.

¿Por qué la tendencia a favor de la legalización de la mariguana en México se ha revertido estos últimos dos años?

De acuerdo a la encuesta de Parametría, la mayoría de los mexicanos “cree que el hacer lícito el uso de la planta fomentará y acrecentará el consumo”. Muchos tienen miedo de que, al legalizar, habrá una estampida de drogadictos de clóset que saldrán corriendo a comprar mariguana. La misma encuesta, sin embargo, demuestra que nueve de cada diez personas no la consumiría aunque estuviera permitido por la ley. En otras palabras, la gente cree que sí subiría el consumo, pero no el de ellos.

La última encuesta de adicciones de 2011 levantada por las autoridades de salud demuestra que en México no tenemos un gran problema de incidencia, prevalencia o adicción de drogas ilegales incluida la mariguana. Comparativamente, nuestro país tiene un consumo muy bajo. Me atrevo a especular que, quizá por eso, la opinión pública piensa que la prohibición en México sí funciona. Otra hipótesis de por qué se opone la gente a la legalización y regulación es que no confían en que, una vez que la droga sea legal, las autoridades tengan la capacidad de regularla con eficacia.

En cualquier caso, deben realizarse estudios cuantitativos y cualitativos para entender por qué en México la gran mayoría de la gente rehúsa la legalización. Falta mucha información y, en esas situaciones, lo que prevalece son los prejuicios. Amén de que este gobierno se ha dedicado a lanzar toda una campaña propagandística diciendo que su guerra en contra del crimen organizado era para que la droga no llegara a nuestros hijos, como si eso fuera inminente, y ha despertado un gran miedo en la población.

Lo que es indudable, y así lo demuestran todas las encuestas, es que el conservadurismo va ganando en el tema de la legalización y regulación de las drogas en México. Los que estamos a favor de esta alternativa tenemos que dar la batalla en un debate que seguramente continuará.

Morena, a imagen y semejanza de AMLO

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Y, finalmente, Andrés Manuel López Obrador cumplió con su objetivo: un partido sin corrientes, sin liderazgos distintos al suyo, sin que tenga que luchar por imponer su línea. López Obrador completó este fin de semana uno de sus sueños políticos, el partido por el que estuvo trabajando prácticamente desde que perdió la elección de 2006 y el PRD no lo acompañó en la loca aventura de la presidencia legítima, que concluyó precisamente el mismo día que se creó Morena.

Los personajes que lo acompañan son los previsibles. No hay sorpresas. Martí Batres será el presidente formal del partido, mientras que el liderazgo lo tendrá Andrés Manuel. A él se han incorporado desde Alejandro Encinas hasta Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Laura Itzel Castillo; el equipo de López Obrador está en el Morena. Son también los hombres y las mujeres que no enfrentarán su línea y que lo consideran sin duda su líder. El concepto de Movimiento, en ese sentido, es nuevamente un objetivo largamente buscado: Andrés Manuel no cree en los partidos como tal y se siente mucho más cómodo en un movimiento sin condiciones estrictas. Habrá que ver en su paso por el TEPJF cómo puede cumplir con los compromisos legales y hasta qué punto lo hará.

Pero lo cierto es que Morena será ya una fuerza política real y competitiva. Y serán sus potenciales aliados los que tendrán que tomar decisiones: Morena y Andrés Manuel no se apartarán de su ruta y los demás, comenzando por el PRD, tendrán que definir hasta dónde quieren llegar con el Morena. Es verdad que el PRD, como ha dicho Jesús Zambrano, no se vaciará por la llegada del Morena. Pero también es verdad que mucho de eso dependerá de lo que suceda en la Asamblea Nacional del PRD, el 14 y el 15 de diciembre. Existen sectores como los ligados a Bejarano que están apostando por quedarse con la dirigencia del partido e influir desde el PRD para una alianza con las corrientes del Morena, hasta quienes quieren con claridad deslindarse de Andrés Manuel. En los hechos, el PRD no tiene más opción que ésa: deslindarse de su antiguo candidato, crear una ruta y unos liderazgos propios, nuevos, si no quiere desaparecer en la vorágine de esa nueva izquierda: el chantaje permanente al que estará expuesta su dirección será que al menor desacuerdo los disidentes, desde la izquierda, se irán con Morena, mientras que a la derecha tendrán, en las corrientes que ya trabajan con Peña Nieto, un espacio que los estará esperando.

No están mejor los partidos pequeños: el PT, que se ha alineado siempre con Andrés Manuel, deberá definir qué tipo de relación mantiene con Morena. Cuando anunció oficialmente su creación, López Obrador, en su discurso, no fue precisamente generoso con los partidos pequeños que tanto apostaron por él. En el caso del PT, incluso sus senadores y diputados están comprometidos, casi todos, con el nuevo movimiento. En lo que fue Convergencia, los costos pueden ser todavía mayores: ellos cambiaron hasta su nombre y emblema pensando que López Obrador los tomaría como estructura base para su nuevo partido. No fue así, al contrario, quedaron como novia de pueblo, vestidos y alborotados. Perdieron posiciones ya ganadas por el cambio de identidad e incluso su coordinador en el Congreso, Ricardo Monreal, es hoy uno de los líderes de Morena, como era previsible. Hoy la única posición importante de Movimiento Ciudadano es la presidencia municipal de Acapulco, con Luis Walton. Hay que recordar que en la toma de posesión de Walton, no estuvo siquiera López Obrador. ¿Qué harán el PT y el Movimiento Ciudadano? Les quedan pocas opciones: se incorporan a Morena y pierden toda identidad o buscan una alianza con el PRD y, en ambos casos, corren el peligro de perder, si son “vaciados” por sus ex aliados, el registro en 2015. No es, para ninguno de ellos, una situación sencilla.

En todo caso, la línea del Morena será la de radicalizar el escenario político y mantener vigente la figura de Andrés Manuel. El PRD, a eso, tendrá que contraponer la creación de figuras propias, y como hemos dicho en otras oportunidades, sus únicas opciones en la actualidad son, por una parte, Marcelo Ebrard; por la otra, su figura con más consenso ciudadano en estos momentos, que es Miguel Mancera (que por otra parte no puede aparecer como un líder partidario, porque no está ni siquiera afiliado al PRD) y, obviamente, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas que reflejan con su evidente diferencia generacional, la principal corriente histórica que dio origen al PRD, un cardenismo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

No tienen demasiado tiempo para decidir: en unos meses López Obrador configuró un partido a su imagen y semejanza, mientras que el PRD no lo ha logrado en 15 años. Hoy el PRD debe decidir qué imagen, qué rostro, quiere adquirir para sí mismo.

Jóvenes, guapos y… blancos

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

No hay nada más ajeno y más distante a las duras realidades de la existencia diaria que la machacona publicidad que nos recetan los anunciantes. Ah, y miren ustedes también la pinta que tienen todos esos sujetos, alegres consumidores de servicios y baratijas diversas: son todos jóvenes, guapos, desenfadados, esbeltos y… blancos.

No hay indios ni mestizos ahí, en las imágenes que miramos en esa llamada pantalla chica que cada vez es más grande —de hasta 80 pulgadas (olvídense, en estas mediciones, del sistema métrico decimal y adopten alegremente las añejas unidades de cálculo de nuestros no tan modernos vecinos del norte, prácticamente los únicos, en el mundo entero, que se resisten a computar las dimensiones físicas de nuestro entorno inmediato con el sencillo procedimiento, el de los metros, los litros y los kilos, que todos los demás habitantes de este planeta hemos adoptado para simplificarnos la vida), en el caso de las más costosas—, sino que la pueblan individuos de la especie estrictamente caucásicos, o como se llamen, que, con perdón, si bien existen y tienen todo el derecho a llevar sus vidas en santa paz en territorios nórdicos o australianos o británicos o neozelandeses, no son, ni lejanamente, la población mayoritaria de un país, el nuestro, ocupado por gente de tez morena, ojos negros, cabello negro y rasgos nada indoeuropeos sino, digamos, bien indoamericanos, si es que este término existe (y, si no, hay que inventarlo).

Pero es que además de guapos, de rubios y de jubilosos tienen una desenvoltura que ya hubiera yo querido exhibirla a sus años y, encima, parece ser que pueden agenciarse unos coches, unos teléfonos “inteligentes” y unas laptops que, justamente, los jóvenes del montón no pueden adquirir porque sus trabajos, si es que los tienen, no están bien pagados ni mucho menos.

Y frente a esas imágenes nos embobamos y luego, cuando se terminó la función en el cine o tras las publicidades del partido de fut, salimos atolondradamente a gastar la magra paga que nos toca. Digo…

noviembre 20, 2012

¿Qué hacer con la mariguana?

Alberto Aziz Nassif (@AzizNassif)
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

El debate sobre la legalización de la mariguana es complejo y apenas inicia. El cannabis ha sido un disparador de políticas y estrategias. Cada vez que un estado de nuestro vecino del norte somete a votación el uso legal de la hierba, aquí en México crece la polémica.

El pasado 6 de noviembre los estados de Colorado y Washington votaron en favor del uso recreativo de la mariguana, es decir, una legalización completa. Además, en otros 18 estados de ese país ya se puede usar para fines medicinales. Esta decisión de los votantes estadounidenses no se trata de un problema menor para nuestro país, es una sacudida a varios asuntos graves, en primer lugar a la estrategia punitiva de combate a las drogas que el mismo Estados Unidos inició y ha mantenido por décadas; y en segundo lugar, a la estrategia del gobierno de Calderón, que centró su principal atención en el combate al narcotráfico y dejó ríos de sangre, destrucción y muerte a lo largo y ancho del país. Mientras en Estados Unidos se legaliza, aquí tenemos el operativo Rápido y furioso y el Plan Mérida; algo no cuadra.

Frente a la posibilidad de legalizar la mariguana el argumento de que incrementaría el consumo es muy débil, sobre todo por las terribles consecuencias que ha dejado la “guerra” en su contra. De ahora en adelante será difícil justificar la inversión y el gran aparato para combatir el tráfico de drogas, cuando nuestros vecinos consumidores se dan el gusto de usarla con fines recreativos y de forma legal. La vía punitiva contra las drogas se acaba de hacer añicos el pasado 6 de noviembre. En estos años encontramos en México declaraciones de políticos del PRI que dijeron: “primero que la legalicen en Estados Unidos”; la alta jerarquía de la Iglesia católica está abierta al debate. El grupo de ex presidentes —Gaviria, Cardoso y Zedillo— que encabezan una comisión sobre el tema se ha manifestado en favor de la legalización de ciertas drogas y de una reorientación de la estrategia punitiva hacia otra de prevención y cuidado de las adicciones.

La estrategia punitiva ha engendrado un nudo de consecuencias, como la corrupción dentro del Estado, que ha sido una batalla perdida en este gobierno. Imaginemos lo que se podría hacer con los miles y miles de millones de pesos que en este sexenio fueron para comprar armamento, tanques, aviones y helicópteros. Por ejemplo: escuelas, centros de salud, mejores salarios para enfermeras, doctores, profesores, laboratorios, centros de investigación, etcétera. ¿Cuántas muertes se hubieran podido evitar? Ahora que inicia un nuevo gobierno ha llegado el momento de abrir el debate en serio sobre la legalización de las drogas.

México tiene graves problemas de corrupción y captura del Estado porque la estrategia punitiva ha agudizado la desorganización estatal en los últimos años. Los daños de la mariguana son, en dado caso, muy inferiores a los que ha causado la “guerra” del gobierno. El debate también nos lleva a la propuesta de Peña Nieto para una reorganización del aparato gubernamental. Es el momento de preguntarse si esos cambios servirán para lograr objetivos relevantes o serán una simple manita de gato. Las funciones de seguridad pueden estar en una secretaría, como ahora, o ser parte de Gobernación, como se propone, siempre y cuando se tenga una policía profesional, confiable y preparada para darle seguridad a un país que está urgido de tener menos violencia, menos corrupción, menos extorsión y más protección por parte del Estado. La arquitectura gubernamental por sí sola no es suficiente, se necesita una política de Estado. Son piezas que también gravitan en el debate sobre qué hacer con la mariguana.

Quizá hayamos entrado a una nueva etapa en materia de legalización de las drogas: en Uruguay el gobierno ha decidido legalizar la mariguana; ahora en México el diputado Fernando Belaunzarán, del PRD, propuso una iniciativa de legalización. En una encuesta reciente la ciudadanía está mayoritariamente de acuerdo con el debate (64%) y en contra de la legalización (57%), salvo en el rango de edad de 18 a 29 años, donde hay un empate (EL UNIVERSAL, 15/XI/2012). En estos días la ONU le señaló a Estados Unidos que la legalización viola tratados internacionales. Queda mucho camino por delante, pero tampoco podemos estar años en el debate porque urge aplicar nuevas soluciones. Ya existe un consenso creciente de que no podemos seguir con la actual estrategia punitiva. El gobierno de Peña Nieto está obligado a dar una respuesta inteligente al debate sobre la legalización de las drogas. ¿Será mucho pedir?

Las 10 malas de Felipe Calderón

Genaro Lozano (@genarolozano)
www.reforma.com/blogs/genarolozano
Reforma

La semana pasada escribí 10 puntos que considero positivos de Felipe Calderón. Hoy concluyo este ejercicio con los 10 puntos negativos de las decisiones del presidente, de las políticas públicas que instrumentó y de los personajes que lo acompañaron en su mandato.


1.- Un sexenio de muerte. Aunque sea injusto atribuirle únicamente a Calderón la violencia en su sexenio, lo cierto es que él será recordado, por distintas razones, por los cuerpos sin cabeza, por las ejecuciones, las desapariciones forzadas, por las declaraciones insensibles de "víctimas colaterales", así como por los niños de la Guardería ABC y por la violencia contra periodistas, mientras que los reclamos de la sociedad civil fueron escuchados tarde y la alternativa del debate de la legalización de las drogas fue introducida al final.

2.- ¿Y el combate a la pobreza? Buenos indicadores macroeconómicos, sin crisis sexenal, pero Calderón entregará un país con un crecimiento del número de personas que vive en pobreza, que de 2008 a 2010 pasó del 44.5% al 46.2%, según datos del Coneval. Un país con 52 millones de pobres es el saldo.

3.- ¿El sexenio de la infraestructura? Sin un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México, sin otro en la Riviera Maya y sin el puerto de Punta Colonet en Baja California. Este último, anunciado en 2008 como el proyecto de infraestructura más ambicioso del sexenio, se hundió entre licitaciones tardías, opacidad y malos cálculos ambientales, como señala una investigación de Javier Cruz en Sin Embargo.

4.- Un presidente contra minorías. Felipe Calderón hizo el ridículo durante un viaje a Japón en febrero de 2010 en el que mencionó que la Carta Magna sólo contemplaba el matrimonio entre un hombre y una mujer. Más allá de esta mentira, el presidente utilizó a la PGR para tratar de detener el reconocimiento público de las parejas del mismo sexo en el DF. Con esa decisión, con el rechazo de decretar el día nacional contra la homofobia y con la negativa política del IMSS y del ISSSTE de afiliar a las parejas casadas, Calderón queda del lado equivocado de la historia.

5.- ¿Y América del Norte? En política exterior no hay mayor desacierto que el haber permitido el secuestro de la relación bilateral con EU por el tema de la seguridad. El protagonismo de Arturo Sarukhán, que dicen no "supo jugar en equipo" ni con la Canciller ni con el Subsecretario de América del Norte, queda como el reflector de una relación monotemática, conducida en opacidad, con operativos como Rápido y Furioso, que jamás fueron aclarados y que no significaron el cese de un solo funcionario mexicano.

6.- Mala operación política. En septiembre de 2009, en plena crisis, Felipe Calderón anunció la desaparición de las secretarías de Turismo, Reforma Agraria y Función Pública para "ahorrar 80 mil millones de pesos". Dos meses después, el anuncio improvisado le causó un golpe político al presidente: el Senado le rechazó la propuesta.

7.- El abandono y maltrato a Josefina. Bien podría decirse que Calderón hizo todo para que la candidata de su partido perdiera la elección presidencial. Entre ello, presiones para que ella no criticara lo criticable de su gobierno y un forcejeo para que ella traicionara el lema de "diferente" de su campaña al demandarle que anunciara durante su cierre que invitaría al mismo Calderón a ser su Procurador en caso de ganar, según me transmitieron integrantes del equipo de campaña de Vázquez Mota.

8.- Pésima comunicación. Lo mismo en la fallida campaña internacional para mejorar la imagen del país que en contarle a la ciudadanía la historia de la captura y muerte de capos de la droga o en explicar la política de seguridad, la comunicación política en este sexenio fue incapaz de transmitir cuáles fueron los aciertos de Felipe Calderón.

9.- Elba Esther, intocable, un sexenio más. Opacidad en los recursos del sindicato liderado por Gordillo, con pésimos resultados educativos y sin que Calderón tocara el acuerdo político entre la cúpula del SNTE y el gobierno, como demanda la Coalición Ciudadana por la Educación.

10.- Amiguismos. Conocí en la universidad a un nutrido grupo de los funcionarios públicos, de alto y mediano nivel, que acompañaron a Calderón en su sexenio. En las fiestas universitarias, vi a varios consumir sustancias ilegales, los escuché defender el derecho a decidir de las mujeres y profesar el amor libre con personas de su mismo sexo. No escuché de ninguno de ellos un reclamo público cuando fue necesario. Lamento que como generación hayan fallado desde sus responsabilidades públicas y que hayan olvidado el espíritu crítico y autocrítico con el que nos formamos en el ITAM y el que hayan desdibujado los ideales que Dresser, Herranz, Lujambio, De la Isla, Sierra y otros profesores nos transmitieron. Será interesante reencontrarlos fuera del poder y recuperar la amistad.

Bien dicen los académicos que se especializan en el Poder Ejecutivo, como Thomas Cronin y Michael Genovese, que no hay trabajo más ingrato que la presidencia. La de Calderón, como todas, fue una de claroscuros, pero creo que su nombre en la historia se quedará, en el corto y mediano plazo, del lado de las omisiones, los errores, la falta de autocrítica y el fracaso, en su conjunto, para entregar un país en paz y con buenas cuentas a su sucesor.

Ahí viene Morena

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Ya supimos que René Bejarano ha mandado a cercanos suyos como candidatos para la nueva planilla de funcionarios del Instituto Electoral del Distrito Federal. También se habla de que al interior del PRD se buscará repartir el territorio nacional...


El fin de semana Martí Batres anunció su salida del PRD para integrarse a Morena. Jesús Zambrano, ante esta despedida, dijo que el partido del Sol Azteca no le teme a una desbandada; total, mientras más se sacudan el ala lopezobradorista, más fácil les será maniobrar al interior del partido para trabajar en convertirse en esa izquierda moderna que han anunciado.

Como no le queda otra y a pesar de que las instituciones le han fallado y del descrédito que tienen hoy todos los partidos políticos, Andrés Manuel López Obrador encabezó ayer el Primer Congreso Nacional de Morena. O sea, el movimiento que formó en el previo a su segunda candidatura presidencial, va que vuela para ser un partido político con todo y presupuesto, claro está.

Para la noche de hoy ya se habrán designado a 204 consejeros y a los presidentes y secretarios de cada uno de los estados del país para que su organigrama quede completo y puedan comenzar los trabajos. Y es que entre ayer y hoy se habrán reunido cerca de mil 700 delegados, quienes votarán y decidirán los nombres de sus líderes, para constituir así el Consejo Nacional de Morena y estar completos en los requisitos que solicita el IFE para ser reconocido como partido político.

De concretarse, Morena deberá enfrentar los comicios de 2015 para lograr su registro y aguantar para la presidencial de 2018. Por supuesto, lo dijo AMLO, no será un partido como todos y hasta evitará que al interior se formen grupos que generen división. O sea, un partido muy armonioso y con él al frente.

Lo cierto es que, aunque AMLO declare que para él Morena es un recomienzo en su vida, se trata también de una jugada que anote para varias canchas: AMLO queda como líder —casi incuestionable— de este movimiento, los partidos pequeños (Movimiento Ciudadano y PT) podrán seguir su camino como partidos independientes pero que, como lo han hecho, se han servido de las coaliciones para jalar votos que, sabemos, no podrían conseguir con candidatos propios y así, en consecuencia, asegurar su registro y permanencia... pero Morena, dice AMLO no será nada de eso.

Pero en lo que vemos en qué se convierte, lo interesante será ver cómo reacciona éste y el resto de los grupos de izquierda del país. Aunque por ahí ya supimos que René Bejarano ha mandado a cercanos suyos como candidatos para la nueva planilla de funcionarios del Instituto Electoral del Distrito Federal. Además, también se habla de que al interior del PRD se buscará repartir el territorio nacional para que todas sus corrientes estén a gusto y así, todos contentos, puedan trabajar en paz.

Así comienza la batalla de las izquierdas, con la mirada puesta, de inicio, en los comicios intermedios... a ver qué tan fuertes se ven en tres años...

Orgullosos... ¿de Moctezuma?

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El supuesto penacho de Moctezuma está bien allá en Viena. Es el hombre más despreciable en la historia de México, al parecer muerto por su gente a pedradas cuando trató de evitar la rebelión contra los españoles que lo habían hecho prisionero en su propio palacio. El relato es asombroso: Hernán Cortés y un puñado de españoles, “que no llegábamos a cuatrocientos”, dice Bernal Díaz del Castillo, penetran sin obstáculo hasta el corazón mismo del imperio famoso por la bravura de sus guerreros. Están en las entrañas del monstruo, y están solos, en medio de un lago. Con una soledad hoy no imaginable, peor que la de humanos en Marte.

Y allí ocurre un acto de magia: los invitados del emperador, alojados en un palacio de seguro sombrío a falta de vidrios, maloliente a sangre putrefacta de los sacrificios humanos que se realizan a diario nomás cruzando la acequia, rodeados por un millón de siervos en las poblaciones ribereñas, millones de kilómetros cuadrados desconocidos, ante sacerdotes pestilentes porque se untan la sangre y se les pudre en los pelos largos, a la vista de los filosos cuchillos de pedernal con que de un golpe abren el pecho y sacan el corazón palpitante: en ese mundo aterrador que por gracia de Nuestro Señor Jesucristo acabó para siempre, allí, dice con limpia prosa del Siglo de Oro:

“Por no sé qué achaque prendió Cortés a Moctezuma y en él se cumplió lo que de él se decía, que todo hombre cruel es cobarde, aunque a la verdad, era ya llegada la voluntad de Dios, porque de otra manera fuera imposible querer cuatro españoles sujetar un nuevo mundo tan grande y de tantos millares de gentes como había en aquel tiempo”. Y lo mejor: “La gente ilustrada y los capitanes mexicas todos se espantaron de tal atrevimiento y se retiraron a sus casas”.

Han de perdonar la grosería, pero la primera vez que leí este relato dije, luego de la carcajada: ¡Qué güevos, cabrón!!! A Moctezuma no lo miraban a los ojos ni sus nobles.

El mitificado amor de los pueblos originarios por la naturaleza, no fue obstáculo para que los mayas arrasaran la selva a fin de hornear piedra caliza y embellecer con estuco sus pirámides, o los aztecas mataran suficientes quetzales, un ave tan bella, para reunir 450 plumas de sus largas colas y hacer el tocado de un déspota cobardón, si acaso le perteneció pues hay serias dudas.

Lo mejor que podría hacer el Museum für Völkerkunde (Museo de Artes de los Pueblos) es emplearlo como plumero para desempolvar salas y archivos.

'...y cuando despertamos..." por Paco Calderón


noviembre 15, 2012

'No'

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Ya otros colegas de esta página han comentado la película No sobre el referéndum de Chile en 1988, protagonizada por Gael García Bernal. Pido una disculpa por repetir algunas reflexiones que ya han expresado. Pero me parece que tanto por el tema de la película, como por su tono y por la magnífica actuación de Gael se merece otro comentario.

Como muchos recordarán, en 1988 Pinochet se vio obligado por diversos factores internos y externos a convocar un plebiscito/referéndum sobre su permanencia en el poder. Uso los dos términos ya que, aunque implícitamente se trató de votar sobre un texto, en realidad se obligaba a un juicio nacional sobre una persona: el dictador. Como se recordará ganó el "No" por más de 10 puntos, y al año siguiente, al celebrarse elecciones en las que Pinochet no podía participar, Chile puso término a 16 años de dictadura e inició el primer periodo de la Concertación, coalición que duraría en la Moneda hasta 2010. El proceso de 1988 fue visto por los demócratas chilenos a la vez como una trampa y una oportunidad. René Saavedra, el publicista vuelto estratega electoral en la película (el personaje de Gael), resume los dos rostros posibles.

Como trampa. En las condiciones carentes de equidad y con una sociedad aterrada por años de represión, muchos pensaron que era imposible derrotar a la dictadura, y el mero hecho de participar en los comicios la legitimaría, sobre todo fuera. En todo caso, como bien lo expresa un socialista en alguna reunión del Comando del NO en la película, el plebiscito podía servir para hacer conciencia, empezar a organizar a la gente, y hacerle saber a la sociedad cuál era la verdad de esos años de plomo. Esa postura, quizás mayoritaria al principio del 88, fue perdiendo peso, en la historia y en la película, ante la segunda interpretación: una oportunidad.

Bajo determinadas condiciones, la alianza Demócrata Cristiana, Socialista, Radical, PPD, llegó a la conclusión de que sí se podía ganar. Se necesitaba cumplir con varios requisitos, como atraer la mayor observación internacional posible, vigilar las casillas y el recuento de votos, hacer una campaña atractiva y moderna, y forzar una división dentro de las Fuerzas Armadas que impediría a Pinochet desconocer los resultados. La película se centra justamente en esta faceta de la contienda. El publicista le va mostrando a los escépticos del Comando, muchos de ellos pertenecientes a la vieja guardia de la UP o de la DC, que había sido golpista, que en lugar de centrar la campaña en la denuncia del pasado y el tremendo sufrimiento que la dictadura le había dejado a Chile, mejor había que enfocarse en "Chile, la alegría ya viene", con un emblema amable (el arcoiris), en rostros jóvenes, atractivos y esperanzados, y con sentido del humor. Todo esto se logra muy bien en No, al grado de que Gael termina hablando como chileno, algo que todos sabemos es imposible para un mexicano, de la misma manera que ningún chileno o chilena, por mucho tiempo que lleve en México, puede deshacerse de su acento y chilenismos.

La discusión de fondo es sencilla: o se quería ganar, o se quería formular una denuncia. Son dos objetivos que implican estrategias distintas; y a partir de 1989 se trató también de una disyuntiva: ganar las elecciones presidenciales una tras otra gobernando con prudencia, responsabilidad económica y, sin duda, con tibieza frente al pasado; o volver en una versión modernizada a las políticas de la UP de Allende, a sabiendas de que en el mejor de los casos eso los llevaría a la derrota, si no es que a otro golpe. La Concertación y la mayoría de los chilenos optaron por lo primero. Creo también que las dudas de hoy son sobre si la segura candidata ganadora a finales de 2013, Michelle Bachelet, debe aliarse sólo con la DC o también con los comunistas para corregir la tibieza de la vieja Concertación, es una pregunta válida. Pero ese no es el tema de la película de Pablo Larraín, producida por CANANA, y que le debemos a Gael. Gracias.

noviembre 14, 2012

JFK: 50 años

Sergio J. González M. (@sergioj_glezm)
sergioj@gonzalezmunoz.com
La Crónica de Hoy

En nueve días se cumplirá el quincuagésimo aniversario luctuoso del Presidente norteamericano John F. Kennedy (JFK).

Un reciente libro, cuyo título en español sería EL ASESINATO DE KENNEDY, 24 HORAS DESPUÉS. EL PRIMER DÍA DE LYNDON JOHNSON COMO PRESIDENTE, revela circunstancias hasta hoy desconocidas respecto de aquella sucesión presidencial que mueven a reflexión pues, sobre ese episodio, los científicos sociales y analistas políticos se habían enfocado exclusivamente en el asesinato y no en el proceso mismo de transición presidencial.

De entrada, el autor informa que fuera por el shock de ver caído a su jefe o por un cálculo político, los colaboradores cercanos del presidente muerto retrasaron todo lo que pudieron el aviso formal de la verdadera situación clínica de Kennedy, a pesar de que el Vicepresidente Lyndon Johnson estaba en el propio nosocomio. Uno de dichos colaboradores inclusive le propuso a éste en un par de ocasiones, que volara de inmediato a Washington.

Johnson, que había sido muchos años Presidente del Senado, no era ningún novato en política y sabía de las implicaciones de salir de Dallas, Texas, sin confirmación de la muerte de Kennedy. Conociendo muy bien el poder de los medios, no quería ser visto como abandonando a su suerte a la viuda y el cadáver de su ex jefe y/o desesperado por cambiarse de oficina en la Casa Blanca.

Una arista interesante sobre la que borda el autor consiste en que Johnson y el Procurador General, Robert Kennedy, habían tenido una muy mala relación desde el momento mismo en que John Kennedy le había pedido al primero aceptar la candidatura a la Vicepresidencia. Por años habían recelado uno del otro, de tal manera que cuando Johnson, ya enterado de la muerte de JFK, dudó sobre la toma de protesta para asumir la Presidencia y le consultó telefónicamente al Procurador (formal consultor jurídico del gobierno federal). Éste le contestó con una expresión ininteligible, quizá movido por el impacto de la noticia de la muerte de su hermano, quizá con la frialdad de la deliberación cuidadosa ante la coyuntura política.

Johnson, que en realidad ya era Presidente por disposición constitucional, tomó la respuesta del Procurador como sugerencia de que protestara a la brevedad, aún antes de iniciar el vuelo a Washington. Aprovechando que la viuda estaba ingresando al Air Force One, la invita a acompañarlo en el acto en que rendiría el juramento de ley, lo que Jackie Kennedy aceptó sin reparo, con sus ropas todavía ensangrentadas y con restos del cráneo y masa encefálica de su esposo aún visibles entre su cabello.

¿Por qué Johnson decidió tomar el poder así? Sabiendo que, ante la posibilidad que el asesinato hubiera provenido de una conjura, quizá de nivel internacional, le era indispensable que los medios difundieran por todo el orbe un mensaje de continuidad política y que el gobierno norteamericano seguía incólume. Con ese fin, parado junto a la viuda, en un reducido y atestado salón de reuniones del avión, rindió la protesta de ley ante una jueza local amiga de él y frente a los fotógrafos.

En un pasaje peculiar, el autor reporta que Johnson dijo que sentía que se había despertado hacía un año, en alusión a la vertiginosidad de los acontecimientos del día y a los extremos de haberse levantado esa mañana siendo un adorno de la administración Kennedy y ya por la tarde ser el titular del Poder Ejecutivo.

Baste citar que en esa ocasión en especial Johnson no había sido tomado en cuenta para ningún aspecto de la gira presidencial por Texas, a pesar de que, antes de ser Vicepresidente, había sido legislador federal (Diputado y Senador) por ese Estado a lo largo de 24 años consecutivos.

En el vuelo de Dallas a Washington, Johnson trabajó arduamente con gran habilidad política con los cercanos a Kennedy que iban en el avión para convencerlos de permanecer en sus puestos para preparar las primeras acciones y los primeros mensajes que la nueva administración debería acometer. Lo mismo haría a lo largo del resto del día con los funcionarios designados por JFK que no habían viajado a Texas.

Al aterrizar, Johnson estuvo perfectamente consciente de dos cosas: que estaba a unos segundos de convertirse en el hombre más poderoso y conocido del mundo y que la nación necesitaba desahogar un proceso de duelo por Kennedy antes de aceptar una nueva figura en el ejecutivo federal.

Así, su alocución ante los medios fue breve, cargada de humildad pero diseñada para transmitir la idea de que a pesar de la pérdida, había liderazgo, continuidad y propósito garantizados en el gobierno y para comunicar tanto fuerza como dolor. Se dedicó a supervisar los arreglos funerarios correspondientes y decidió hacer suya la agenda legislativa de su antecesor (pero en versión más agresiva) para destrabarla en el legislativo haciendo uso de su experiencia parlamentaria, lo que a la postre produjo la fundamental e histórica legislación sobre derechos civiles del vecino país, aún vigente.

El autor, Steven Gillon, es Doctor en Historia por la Universidad de Brown, e inclusive, la obra ha merecido que History Channel haya producido y transmitido un documental tan extraordinario como el libro. Si puede lea uno o vea el otro.

Manazo y lección

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

La marihuana ya es legal en un tercio de Estados Unidos. Es una bofetada para el presidente Felipe Calderón y una lección para los mexicanos.

Ciento un millones de estadounidenses (32% de la población) pueden ir a un dispensario a recibir cannabis por razones "médicas". Cura, dicen, dolencias como la falta de apetito o la depresión causada, por ejemplo, por desempleo, mal de amores o quimioterapia. Es un próspero negocio: sólo en Los Ángeles hay más dispensarios que cafés Starbucks. En la última elección los 11 millones 753 mil habitantes de Colorado y Washington aprobaron el uso recreacional de la marihuana.

Esos números golpean la política de Calderón, quien no supo interpretar la historia. Durante su sexenio criticó con frecuencia a Estados Unidos, tachándolo de "vecino [...] irresponsable" y contradictorio porque criminaliza y legaliza (entrevista con Leonardo Curzio, 25 de agosto de 2010). Aceptó a regañadientes un "por supuesto que se debata", pero lo encomendó a otros. En septiembre pasado, lanzó, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, un reclamo con olor a lamento: "yo urjo, respetuosamente, urjo, exijo a las Naciones Unidas a que no sólo participe, sino que encabece una discusión a la altura del siglo XXI". Reaccionó a Colorado y Washington con un lacónico "cambian las reglas del juego".

Calderón trasladó a los otros una responsabilidad que debería haber asumido dado el enorme costo social pagado por el país que gobierna. Tenía la responsabilidad ética de encabezar la búsqueda de alternativas. No lo hizo pese a que iba acumulándose la evidencia de que lo rebasaba la historia.

Cualquier observador de la realidad estadounidense -y el gobierno mexicano tiene la obligación de escudriñarla- hubiera constatado el cambio de opinión en los últimos años. Un indicador clarísimo fue la exitosa serie The Wire, que transmitió HBO, entre 2002 y 2008. Ambientada en Baltimore, fue una crítica sofisticada y feroz al prohibicionismo de las drogas presentado como racista, destructivo y estéril. La movilización social simultánea ha provocado que alrededor de 50% de los estadounidenses esté a favor de alguna forma de legalización de la marihuana.

América Latina evolucionó al paralelo. Los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo lanzaron una tesis (esa política "no funciona y tiene un costo altísimo en vidas humanas") y urgieron a buscar alternativas que incluyen la "regulación" de la cannabis, que equiparan con el tabaco y el alcohol. Diversos mandatarios Laura Chinchilla (Costa Rica), José Mujica (Uruguay), Otto Pérez Molina (Guatemala), Juan Manuel Santos (Colombia) han secundado la idea con acciones concretas.

En México las mayorías están en contra de la legalización, tal vez por lo poco discutido del tema. Lo acontecido en Estados Unidos está generando reacciones porque es absurdo que su industria del cannabis prospere mientras nosotros ponemos a los muertos. El desasosiego crecerá a medida que se sientan las consecuencias de la legalización.

El Instituto Mexicano para la Competitividad difundió el pasado 31 de octubre un estudio sobre el posible impacto en México de la legalización en Estados Unidos. Concluyó que provocaría una "disminución considerable" de los ingresos de los cárteles mexicanos, porque la producción en Estados Unidos abastecería la demanda interna. A futuro, ¿crecerá el desempleo en nuestras repúblicas productoras de marihuana?

El referendo en Colorado y Washington está provocando reacciones. El gobernador de Colima, Mario Anguiano Moreno (PRI), anunció que se realizará en la entidad una consulta popular sobre la legalización; el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF), Edgar Elías Azar, se pronunció a favor de una discusión y el diputado perredista Fernando Belaunzarán alista una iniciativa.

En los últimos días de su gobierno, Calderón pregona las bondades de su mandato. Es indudable que rinde buenas cuentas en las variables macroeconómicas pero entrega pésimos resultados en la guerra contra las drogas. Según una encuesta de Cidena-Casede de 2011, 53% de la población piensa que el gobierno de Felipe Calderón "pierde la guerra".

¿Qué hará el cauto y pragmático Enrique Peña Nieto? ¿Encabezará una amplia discusión sobre la legalización y la seguridad o se encerrará en su burbuja dejando que los estadounidenses sigan zarandeándonos con sus decisiones unilaterales? El manazo a Calderón deja una lección: tiene que mexicanizarse la política contra las drogas porque es suicida seguir siendo un objeto moldeable para Estados Unidos.


· LA MISCELÁNEA

Buena noticia. Este miércoles 14 de noviembre Daniel Ávila Ruiz, senador panista por Yucatán, presenta una página repleta de información. Entra a la competencia por el sitio más transparente del legislativo. Competirá con Javier Corral (PAN), Mario Delgado (PRD) y Arturo Zamora Jiménez (PRI).


Comentarios: www.sergioaguayo.org; Twitter: @sergioaguayo; Facebook: SergioAguayoQuezada

Colaboraron Paulina Arriaga Carrasco y Maura Roldán Álvarez.