noviembre 12, 2012

El Cisne Negro de la mariguana

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

Es indispensable estar preparados para enfrentarse a los grandes cambios que se avizoran en materia de seguridad

Nassim Nicholas Taleb es un académico estadunidense, de origen libanés, cuyo trabajo está enfocado en cuestiones relativas al azar, la probabilidad y la incertidumbre. Sus ideas al respecto han sido publicadas en algunos libros como Fooled by Randomness, de 2004, en el que toca por primera vez un tema apasionante, el de los eventos disruptivos en el sistema financiero. Este concepto, que él llama Cisnes Negros, fue llevado posteriormente —en un libro publicado en 2007 y revisado en 2010, The Black Swan— a planos que rebasan el ámbito meramente económico para proyectarse sobre la vida entera.

La expresión Cisne Negro fue utilizada, en la antigüedad, para referirse a un suceso cuya probabilidad de ocurrencia era prácticamente nula. En esa época, se suponía que los cisnes negros simplemente no existían, puesto que nunca había sido visto uno en Europa. Sin embargo, a finales del siglo XVII, un explorador holandés los descubrió en Australia, por lo que la expresión cambió para referirse a sucesos que se pensaban imposibles pero que a la postre resultaban ser verdaderos.

Taleb va más allá. La eventualidad del Cisne Negro, en su concepción, debe de cumplir con tres requisitos: en primer lugar, es una externalidad; esto es, algo que no cabe en las expectativas naturales, porque nada en el pasado apunta a que pueda ocurrir. En segundo lugar, es un suceso cuyas repercusiones tienen una importancia tremenda. En tercero, que, a pesar de ser una externalidad, la naturaleza humana nos hace encontrar razonamientos a posteriori que nos explican —falazmente— el por qué de la incidencia del Cisne Negro.

Taleb señala, como un ejemplo arquetípico de su teoría, los ataques del 11 de septiembre de 2001. Los atentados cumplen con todos los requisitos: es una eventualidad que nadie estaba esperando que ocurriera; el impacto del suceso fue importantísimo, y sus efectos se siguen sintiendo hasta la fecha; además, examinando a posteriori las estrategias y tácticas terroristas de la época, es algo que podría parecer predecible aunque en su momento no lo era en absoluto. De igual forma destaca otros casos, como la irrupción del internet en la vida cotidiana, la importancia moderna de Google, o el inicio de la Primera Guerra Mundial. Es probable que, si Taleb estuviera al tanto del desarrollo de la guerra que la administración de Felipe Calderón ha emprendido en contra del crimen organizado, y de la reciente aprobación de los usos recreativos de la mariguana en algunos estados de la Unión Americana, calificaría éste último suceso como otro Cisne Negro.

El cambio de enfoque que representa esta legalización, aún aislada, de la mariguana, es indiscutiblemente un Cisne Negro para la segunda administración de Barack Obama, pero lo es, aún más, para la que iniciará en unos cuantos días al mando de Enrique Peña Nieto. Es un cambio de paradigma ante el que no es posible pronunciarse a priori: representa un evento que tras los años de lucha en contra del crimen organizado, y sobre todo tras las declaraciones de los tres candidatos principales a la Presidencia, en la elección pasada, en el sentido de que de alguna manera continuarían con lo emprendido por Felipe Calderón, es sin duda una externalidad. Las consecuencias de dicha aprobación serán de la mayor importancia, y con alcances que hasta el momento no se pueden vislumbrar. Al mismo tiempo, la legalización es un evento que, de acuerdo con muchos analistas y observadores de la vida política en ambas naciones, podría haberse esperado, pero que en realidad hace unos cuantos meses nadie planteaba seriamente como un punto a tomarse en cuenta para la definición de las políticas nacionales al respecto.

La administración de Enrique Peña Nieto tiene una oportunidad única. La legalización abre un marco perfecto para acercarse a los diferentes sectores de la sociedad en la búsqueda de un enfoque diferente, ante una realidad incuestionable: México no tiene por qué seguir asumiendo los costos de una lucha que no es valorada por quienes supuestamente serían sus principales beneficiarios.

El Cisne Negro de la legalización de las drogas es tan disruptivo para el curso que las políticas públicas en México habían tomado en los últimos años, y sus consecuencias pueden ser tan importantes, que es necesario apuntar los riesgos de tomar decisiones a la ligera o simplemente no hacer nada. Hoy, más que nunca, es indispensable estar preparados para enfrentarse a los grandes cambios que se avizoran en materia de seguridad y de políticas de salud pública, sin atavismos ni posturas nacionalistas, pero tomando en cuenta también la mutación de las actividades de las organizaciones criminales actualmente operantes hacia rubros más lucrativos y seguros, e igualmente dañinos hacia la sociedad. La característica más alarmante de los Cisnes Negros es nuestra capacidad de explicar, en retrospectiva, por qué ocurrieron las cosas que no se podían prever: ojalá que no encontremos, en algunos años, explicaciones para un desastre que no supimos atender a tiempo.

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