noviembre 13, 2012

EU perdió la guerra contra las drogas

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

El pasado martes, mientras Obama ganaba su reelección, Estados Unidos perdía la guerra contra las drogas. Suena fuerte, pero no hay otra manera de referirse a lo ocurrido. La decisión de los ciudadanos de los estados de Washington y Colorado de legalizar íntegramente la mariguana en sus territorios causó del lado sur de la frontera, como es natural, un desconcierto general. Autoridades de México, América Central y Sudamérica están tratando de replantearse las cosas y tomar una posición. Eso del lado sur de la frontera. Pero del lado norte del Río Grande, en Estados Unidos, la votación supone extender una carta de defunción a la DEA, Drug Enforcement Administration.

Se acepta que la guerra a las drogas arrancó formalmente con la creación de la DEA en la administración de Richard Nixon, de manera que está por cumplir cuatro décadas en las que ha fallado en todos sus propósitos fundamentales. Los jóvenes norteamericanos se drogan más que nunca, un amplio menú de drogas se pueden conseguir sin mayores problemas en preparatorias y universidades a lo largo y ancho del territorio nacional. Las bandas que transportan la droga son cada vez más poderosas, tienen dinero a raudales y armamento de última generación, que les proporcionan los propios gringos.

Los agentes de la DEA recorren el territorio norteamericano y países como México recopilando información que les permita detectar, por ejemplo, plantíos de mariguana para dar aviso a las autoridades respectivas y que los destruyan. El caso paradigmático en la historia de la DEA es el que protagonizó el agente Enrique Camarena Salazar, quien se infiltró en la banda de Caro Quintero y Ernesto Fonseca y logró obtener las coordenadas del rancho El Búfalo, sembrado de mariguana, rancho que fue destruido. En venganza, los narcos secuestraron, torturaron y mataron al agente Camarena.

Los agentes de la DEA ya no tendrán que infiltrarse y hacer acopio de información satelital, ni nada por el estilo. Ahora los ranchos productores trabajarán a la luz del día en Washington y Colorado, surtiendo con droga a todo el país. La derrota alcanza niveles culturales. Es como si se declara la guerra a los nazis y la gente decidiera que los nazis operaran libremente, sin tener que esconderse, en su territorio. La DEA tiene un presupuesto superior a los dos mil quinientos millones de dólares anuales y más de diez mil empleados en su nómina. Los deudos del Kiki Camarena podrían demandar al gobierno de Estados Unidos por su doble discurso: por un lado mandan a sus agentes a jugarse la vida para detectar plantíos de mariguana y, por el otro, el cultivo se vuelve legal. Lo que ayer se combate, hoy se fomenta y se aplaude.

De manera que los propósitos planteados en los años setenta no se cumplieron. Estado Unidos no pudo derrotar a los narcos, a pesar de todo su poder y recursos, porque no quiso. Supeditó la guerra contra las drogas a estrategias globales de seguridad nacional en las que muchas veces los narcos operaron como aliados encubiertos. El escándalo Irán-Contras es ilustrativo, porque fue una vergüenza internacional, pero no es el único. Estados Unidos no pudo derrotar a los narcos porque los ha venido usando para presionar a los gobiernos de los países en los que operan. Los protege a cambio de información útil para el control político de los funcionarios de esos países, entre los que tienen un lugar muy especial los mandos de las fuerzas armadas. Estados Unidos no pudo derrotar a los narcos porque los usó para acceder al control de los aparatos militares de los países del continente.

Cualquier decisión que a partir de la decisión del martes pasado tomen los gobiernos afectados, comenzando por el de México, deben partir del análisis de por qué Estados Unidos perdió la guerra contra las drogas. La perdió porque nunca pretendió ganarla, sino utilizarla para fines geopolíticos. Ahora que ellos serán los primeros productores de mariguana, y los agentes de la DEA se quedaron sin material de trabajo, procede una revisión de la política no para convertirnos en un paraíso tropical de mariguanos, sino para librarnos de la nociva influencia de ésa y otras drogas y que se la fumen los americanos.

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