noviembre 13, 2012

La mariguana y la seguridad

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Discutamos la legalización de esta yerba pero hagámoslo sobre bases reales y sin inventar beneficios que no lo son.

Veía el domingo uno de los mejores programas periodísticos de Estados Unidos, el Real Time de Bill Maher, un conductor con una posición definida, claramente liberal, que incluso hizo público que donó un millón de dólares para la campaña de Barack Obama y que siempre tiene entrevistas y paneles provocadores y controvertidos. Es fantástico. Maher entrevistaba a uno de los coordinadores de la exitosa campaña que llevó a que Colorado legalizara la venta y el consumo de mariguana para fines recreacionales y especulaban sobre cómo llevar esa campaña, ese objetivo, a toda la Unión Americana. Incluso, al aire llegaron al compromiso de conseguir el dinero suficiente como para colocar ese tema, a nivel federal, en unos dos años, comenzando por la legalización con fines recreacionales en California.

Resulta algo más que interesante observar que en el panel posterior estaba un conocido columnista gay, una columnista y conductora de televisión republicana y liberal, el ex estratega de Clinton, James Carville, y el actor Samuel Jackson. Todos coincidían en la legalización de la mariguana como un punto de confluencia y un capítulo más de las libertades del país. Nadie habló de México o Colombia, del crimen organizado ni de las consecuencias del tráfico de drogas en nuestro país. Tampoco en Estados Unidos: por cierto, Washington y Colorado son dos estados con altos grados de seguridad pública en ese país. El tema fueron las libertades públicas, la salud (la legalización implicaría un ahorro importante, decían, en ciertos ámbitos) y en la equiparación de la mariguana con el alcohol y el tabaco, al considerar a ambos más dañinos que la hierba.

Es difícil no compartir muchos de esos puntos de vista. Pero tampoco se puede caer en la apología de la mariguana. A pesar de la insistencia de algunos supuestos especialistas, no se puede decir que la mariguana no genera adicción ni daños. Unos y otros existen, aunque también es verdad que no son manifiestamente mayores que los del tabaco (sobre todo de la nicotina) y del alcohol. Y también es verdad que, desde una perspectiva liberal, todo individuo tiene derecho de hacer con su vida, mientras no afecte a los demás, lo que desee, incluido fumarse unos porros de mariguana.

Pero también es verdad que existen responsabilidades sociales. En todo Occidente crecen, por ejemplo, las campañas contra el tabaco, limitando seriamente su consumo, en las que advierten sobre sus daños y cargan altos impuestos sobre el producto. Algo similar ocurre con el alcohol. Bajo cualquier lógica, la legalización de la mariguana tendría que tener controles por lo menos similares. Nadie lo pondría en discusión, incluso una de las insistencias entre los que promueven la legalización en Estados Unidos es precisamente ése: de que regulada se podría controlar mejor su consumo.

Todo eso es verdad, sin embargo persiste una pregunta: ¿Necesitamos tomar esa medida en México? Insisto en que el perfil de consumo de, por ejemplo, Colorado, es muy diferente al de cualquiera de nuestras colonias periféricas. Que en nuestro caso la mariguana es droga de inicio entre los muy jóvenes, casi niños (en Estados Unidos son las drogas sintéticas, cuya legalización no está en debate en ese país); que los controles y la regulación son mucho más escasos. Todos esos y muchos más son temas, básicamente de salud pública y, por lo tanto, deben ser atendidos desde esa lógica: legalizar la mariguana, en México, sin extrapolar situaciones y geografías que no son similares, debe ser un debate de salud pública.

Pero no lo es de seguridad. Legalizar o dejar de legalizar la mariguana no cambia las cosas en ese ámbito: no cambia que delincuentes estén haciendo producir pocitos de carbón para venderlo a grandes empresas, explotando brutalmente a niños y jóvenes que, paradójicamente, sobrellevan esa explotación consumiendo mariguana; no evita que en Tamaulipas, en Coahuila o en Nuevo León haya secuestros masivos (el Ejército acaba de liberar a 30 secuestrados, todos de extracción relativamente humilde, en Tamaulipas); no evita que haya secuestros, extorsiones, robos: no se cometen esos delitos para consumir mariguana ilegal.

Me parece que esa es la discusión que se debe dar. Si se promueve la idea de que legalizando la mariguana se recupera la seguridad pública, se está mintiendo. Quizás la mariguana u otra droga se debe legalizar porque es mejor hacerlo en términos de salud, porque así se podría (o no) controlar mejor su consumo o simplemente porque puede ser un derecho consumirla o no. Pero que no se nos diga que es una medida que propiciará recuperar la seguridad porque es mentira. En realidad puede hacer más complejo ese objetivo, por lo menos en el corto plazo.

Discutamos esa legalización pero hagámoslo sobre bases reales y sin inventar beneficios que no son tales.

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