noviembre 21, 2012

Morena, a imagen y semejanza de AMLO

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Y, finalmente, Andrés Manuel López Obrador cumplió con su objetivo: un partido sin corrientes, sin liderazgos distintos al suyo, sin que tenga que luchar por imponer su línea. López Obrador completó este fin de semana uno de sus sueños políticos, el partido por el que estuvo trabajando prácticamente desde que perdió la elección de 2006 y el PRD no lo acompañó en la loca aventura de la presidencia legítima, que concluyó precisamente el mismo día que se creó Morena.

Los personajes que lo acompañan son los previsibles. No hay sorpresas. Martí Batres será el presidente formal del partido, mientras que el liderazgo lo tendrá Andrés Manuel. A él se han incorporado desde Alejandro Encinas hasta Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Laura Itzel Castillo; el equipo de López Obrador está en el Morena. Son también los hombres y las mujeres que no enfrentarán su línea y que lo consideran sin duda su líder. El concepto de Movimiento, en ese sentido, es nuevamente un objetivo largamente buscado: Andrés Manuel no cree en los partidos como tal y se siente mucho más cómodo en un movimiento sin condiciones estrictas. Habrá que ver en su paso por el TEPJF cómo puede cumplir con los compromisos legales y hasta qué punto lo hará.

Pero lo cierto es que Morena será ya una fuerza política real y competitiva. Y serán sus potenciales aliados los que tendrán que tomar decisiones: Morena y Andrés Manuel no se apartarán de su ruta y los demás, comenzando por el PRD, tendrán que definir hasta dónde quieren llegar con el Morena. Es verdad que el PRD, como ha dicho Jesús Zambrano, no se vaciará por la llegada del Morena. Pero también es verdad que mucho de eso dependerá de lo que suceda en la Asamblea Nacional del PRD, el 14 y el 15 de diciembre. Existen sectores como los ligados a Bejarano que están apostando por quedarse con la dirigencia del partido e influir desde el PRD para una alianza con las corrientes del Morena, hasta quienes quieren con claridad deslindarse de Andrés Manuel. En los hechos, el PRD no tiene más opción que ésa: deslindarse de su antiguo candidato, crear una ruta y unos liderazgos propios, nuevos, si no quiere desaparecer en la vorágine de esa nueva izquierda: el chantaje permanente al que estará expuesta su dirección será que al menor desacuerdo los disidentes, desde la izquierda, se irán con Morena, mientras que a la derecha tendrán, en las corrientes que ya trabajan con Peña Nieto, un espacio que los estará esperando.

No están mejor los partidos pequeños: el PT, que se ha alineado siempre con Andrés Manuel, deberá definir qué tipo de relación mantiene con Morena. Cuando anunció oficialmente su creación, López Obrador, en su discurso, no fue precisamente generoso con los partidos pequeños que tanto apostaron por él. En el caso del PT, incluso sus senadores y diputados están comprometidos, casi todos, con el nuevo movimiento. En lo que fue Convergencia, los costos pueden ser todavía mayores: ellos cambiaron hasta su nombre y emblema pensando que López Obrador los tomaría como estructura base para su nuevo partido. No fue así, al contrario, quedaron como novia de pueblo, vestidos y alborotados. Perdieron posiciones ya ganadas por el cambio de identidad e incluso su coordinador en el Congreso, Ricardo Monreal, es hoy uno de los líderes de Morena, como era previsible. Hoy la única posición importante de Movimiento Ciudadano es la presidencia municipal de Acapulco, con Luis Walton. Hay que recordar que en la toma de posesión de Walton, no estuvo siquiera López Obrador. ¿Qué harán el PT y el Movimiento Ciudadano? Les quedan pocas opciones: se incorporan a Morena y pierden toda identidad o buscan una alianza con el PRD y, en ambos casos, corren el peligro de perder, si son “vaciados” por sus ex aliados, el registro en 2015. No es, para ninguno de ellos, una situación sencilla.

En todo caso, la línea del Morena será la de radicalizar el escenario político y mantener vigente la figura de Andrés Manuel. El PRD, a eso, tendrá que contraponer la creación de figuras propias, y como hemos dicho en otras oportunidades, sus únicas opciones en la actualidad son, por una parte, Marcelo Ebrard; por la otra, su figura con más consenso ciudadano en estos momentos, que es Miguel Mancera (que por otra parte no puede aparecer como un líder partidario, porque no está ni siquiera afiliado al PRD) y, obviamente, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas que reflejan con su evidente diferencia generacional, la principal corriente histórica que dio origen al PRD, un cardenismo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

No tienen demasiado tiempo para decidir: en unos meses López Obrador configuró un partido a su imagen y semejanza, mientras que el PRD no lo ha logrado en 15 años. Hoy el PRD debe decidir qué imagen, qué rostro, quiere adquirir para sí mismo.

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