diciembre 06, 2012

Pactar por México

Armando Román Zozaya (@aromanzozaya)
armando.roman@anahuac.mx
Investigador de la Facultad de Economía y Negocios Universidad Anáhuac
Excélsior

La clase política ya dio un paso para tratar de solventar los problemas que enfrentamos. Nosotros también tenemos que hacer nuestra parte.

Nuestros políticos hicieron lo que parecía imposible: un Pacto por México. Se podrá decir todo lo que se quiera: que si sólo es una lista de buenos deseos, que si se trata de una nueva manera de seguir abusando de la ciudadanía, etcétera. Pero el punto es que, por fin, la clase política comienza a entender que todos vamos en el mismo barco. Y eso, en un país en el que ni siquiera hay acuerdo para respetar un semáforo, es digno de resaltarse.

Pero más allá de lo hecho por los políticos, y de lo que hagan en el futuro, México es mucho más que ellos. De hecho, los retos que encaramos exigen lo mejor de cada uno de nosotros. De esta manera, lo invito, amable lector, a que nos unamos al Pacto por México. En concreto, le propongo que pactemos lo siguiente:

Paguemos nuestros impuestos; no tiremos basura en la calle; respetemos a nuestros vecinos y, en general, al prójimo; condenemos, no ensalcemos, la ilegalidad; paguemos el mantenimiento de nuestro condominio; no ofrezcamos “mordidas” a los policías; hagamos una donación periódica a alguna ONG que se dedique, por ejemplo, a atender a niños de la calle; respetemos el medio ambiente; participemos en la vida pública de nuestra colonia; votemos en las elecciones; involucrémonos en la educación de nuestros hijos, o sea, no creamos que todo está en manos de los maestros y las maestras; exijamos de nuestras autoridades y, sobre todo, no seamos inconscientes, es decir, entendamos que no vivimos solos en este mundo, que hay otras personas y que, lo deseemos o no, nuestras acciones tienen consecuencias tanto para esas otras personas como para nuestro entorno, para bien y para mal.

Evidentemente, el listado no es finito, pero sería un buen comienzo. En todo caso, lo importante es que hay que comprender que México está en nuestras manos y no únicamente en las de los partidos. Sí: en las suyas, amigo lector, en las de quienes nos rodean, en las mías. Igualmente, hay que entender que el futuro no es nuestro sino de quienes vienen detrás de nosotros. ¿En qué país vivirán nuestros hijos? ¿En uno donde imperen la violencia, el abuso, la discriminación, la pobreza y el egoísmo exacerbado? ¿O en uno en donde por supuesto habrá problemas —siempre los hay— pero también claridad en el horizonte y cimientos sólidos sobre los que construir un porvenir?

Yo quisiera, y creo que usted también, querido lector, que el México del mañana sea totalmente diferente al de hoy. Anhelo un país en el que, por ejemplo, el cambio de gobierno sea una cosa irrelevante, es decir, que no exija que el presidente saliente traslade explícitamente al entrante el mando sobre las Fuerzas Armadas. El punto no es que no sea importante que un nuevo jefe del Ejecutivo llegue al poder, pero, en otros países, cuando sale un presidente o su equivalente y entra otro, no pasa nada: todo el mundo sabe lo que eso implica. Pero aquí no: aquí, lo primero que hizo el presidente Peña fue tomar control de nuestros soldados y marinos. Asimismo, el Ejército y la Marina hicieron explícita su lealtad a su nuevo comandante supremo.

Para mí todo eso es un síntoma de debilidad del Estado mexicano: nuestra legalidad es todavía tan endeble, una parte de la gente cree tan poco en la democracia, los políticos están tan desprestigiados, las autoridades cuentan con tan poca credibilidad que, al llegar un nuevo presidente, es necesario que todos veamos, que todos nos enteremos, de que ese es el nuevo jefe de las Fuerzas Armadas y que éstas así lo reconocen.

Lo anterior es una muestra del tipo de problemas que enfrentamos. La clase política ya dio un paso para tratar de solventarlos. Nosotros también tenemos que hacer nuestra parte: debemos pactar por México. Por ejemplo, si condenáramos la ilegalidad, como lo sugiero líneas arriba, el trabajo de la autoridad se facilitaría, lo cual, a su vez, le inyectaría legitimidad a ésta, cuestión que robustecería al Estado mexicano como tal.

¿Usted está dispuesto a pactar por México, apreciado lector?

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