enero 17, 2012

'Chepina en la cocina' por Paco Calderón




Censura electoral

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Las precampañas reencienden la resistencia de los concesionarios de la radio y la televisión a la reforma electoral del 2007. No cesan en el intento de echarla abajo, o de normalizar el mercado negro de la información. Es un hecho preocupante, porque presionan a los actores políticos para que se arrepientan del esquema legal que prohibió la contratación comercial de publicidad electoral en medios electrónicos. Es un retroceso en términos del derecho a la información de todos los mexicanos. Y es también una lástima, volver a tensar así las cosas.

Las reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y luego al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), que instauraron un nuevo modelo de comunicación política para modificar la relación entre campañas, partidos y medios de comunicación, acotar la dependencia excesiva del rol mediático y la preponderancia del dinero, están siendo abandonadas por sus principales impulsores: los partidos.

Este fenómeno se presenta en varias entidades, pero en Chihuahua diversos concesionarios se han puesto de acuerdo para enfatizar la medida en el caso particular de mi aspiración al Senado; no me sorprende el veto del duopolio televisivo: desde hace muchos años estoy expulsado de la pantalla, ventaja que ahora disfrutan mis competidores en la elección panista como jamás se lo imaginaron, gozando incluso de una cobertura inusual. Lo que me llama la atención es que concesionarios de la radio me nieguen también el acceso a sus programas de noticias. Han inventado el cuento de que si me realizan cualquier entrevista, el IFE los va a multar, porque “está prohibido por la ley que usted aprobó”.

Otro ha tenido el atrevimiento —pienso que en realidad quiso calarme—, de proponerme un pago por una entrevista. Lamentablemente otros si le entran, y peor aún, de todos los partidos según me he podido enterar de pasadas experiencias.

Esto me reafirma en mis convicciones, y por supuesto en la necesidad de mantener las reglas que hacen del uso de los tiempos de Estado, un instrumento exclusivo de la difusión de los mensajes electorales. También creo que esta resistencia de algunos concesionarios obliga a resguardar el modelo de las interpretaciones restrictivas que los medios de comunicación se han impuesto como medida de autoflagelación, pero sí modificar el formato “spotero” en el que se pretende seguir atrapando la difusión de la oferta política.

Considerando el fenómeno de incertidumbre e indebida interpretación de las reglas electorales que se están dando en todas las entidades federativas y no sólo en el estado de Chihuahua —con su correspondencia en las precampañas vinculadas a la elección del Ejecutivo federal—, el IFE tendrá que hacer un llamado a todos los concesionarios de la radio y la televisión en el país, a fin de comunicarles con toda precisión los alcances de la reforma electoral por cuanto hace al otorgamiento de cobertura informativa hacia las precampañas, que no hay ninguna ley, ni reglamento, ni un solo acuerdo que establezca sanción alguna a quienes cumplan con la función social de informar y orientar a la ciudadanía sobre las propuestas de los precandidatos.

El IFE tiene además la tarea fundamental de establecer lineamientos que logren contiendas más justas y equitativas, de lo contrario, la lógica de compra-venta que promueven principalmente las televisoras y algunos radiodifusores, terminará doblando a una buena parte de la clase política.

Hay que mantener el principio de gratuidad de la propaganda electoral, a través de los tiempos oficiales; pero pongámosle fin a la dictadura del spot. Llevemos a la legislación otros formatos como paneles, debates, mesas redondas, comparecencias de los candidatos ante académicos y periodistas profesionales. Hay que recordar que el pasado 1° de marzo, un grupo plural de personalidades de nuestro país, entre los que se encuentran Carlos Fuentes, José Woldenberg, Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Valadés y Juan Ramón de la Fuente solicitaron al Senado que se termine con la “spotización” de las campañas electorales y se facilite la creación de espacios mediáticos para el debate político, a fin de enriquecer la toma de decisiones y sacarla del mero terreno comercial. Esa sería una sana solución, y además se exhibiría a los que sólo con entrevistas pagadas pueden tener presencia en medios.

Un voto, aunque sea de 'joto'

Genaro Lozano (@genarolozano)
www.reforma.com/blogs/genarolozano
Reforma

Desde la explosión del activismo lésbico-gay-bisexual-transgénero (LGBT) en los 60, las plataformas electorales de los partidos políticos, principalmente de izquierda, se han abierto a las demandas de la diversidad sexual, muchas veces a regañadientes y pocas veces con coherencia. México no es la excepción.

Precisamente la defensa de los derechos de la diversidad sexual es uno de los temas que demuestra que la izquierda no es un monolito. Al respecto, en México la apertura a los temas del activismo LGBT empezó en los 80, luego de casi diez años de activismo político de grupos como el Frente de Liberación Homosexual, así como de la labor de activistas como Max Mejía y Nancy Cárdenas, bajo la guía detrás de telones de Carlos Monsiváis.

La presión de estos grupos y una división de la izquierda mexicana permitió que los extintos Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Partido Comunista Mexicano (PCM) se abrieran a la diversidad sexual e incluso se crearan grupos de apoyo LGBT a la candidatura presidencial de Rosario Ibarra de Piedra, así como que se dieran las primeras candidaturas de gays y lesbianas al Congreso en 1982.

Veinte años más tarde, en los debates presidenciales del 2000, Gilberto Rincón Gallardo fue el primer candidato presidencial en la historia de México en reivindicar los derechos de los grupos de la diversidad sexual y desde ahí ha habido avances sostenidos.

Durante el otoño del 2011, a iniciativa del periodista Beto Tavira, un grupo de activistas, académicos, periodistas y personas interesadas en los temas de la diversidad sexual nos reunimos con algunos de los actuales precandidatos a la presidencia de México. Por esos desayunos pasaron Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel, Marcelo Ebrard y Manlio Fabio Beltrones. Ernesto Cordero y Andrés Manuel López Obrador no aceptaron participar.

Por razones de espacio me concentro en los tres precandidatos que podrían ser los rivales en la elección presidencial, según las encuestas.

Las expectativas del encuentro con Vázquez Mota no eran nada altas. Después de todo, ella viene del PAN, el partido que es percibido por los activistas LGBT como un "enemigo de las causas de la diversidad sexual". Sin embargo, en ese desayuno Vázquez Mota dialogó de manera cordial y pidió un taller sobre diversidad sexual para ella y para su equipo. No hubo un mea culpa, ni tampoco un rompimiento con su partido por su postura contraria a temas como el matrimonio gay, pero sí la promesa que de llegar a la presidencia ella no iniciaría acciones de inconstitucionalidad contra los avances de las causas LGBT en los estados. Josefina se fue del desayuno entre aplausos, pero se olvidó del taller.

De igual forma, Peña Nieto llegó al desayuno a recibir las críticas de los asistentes por la incoherencia del PRI en temas de la diversidad sexual, porque el PRI que apoyó los Pactos Civiles de Solidaridad de Coahuila en 2007 no se vio en la defensa del matrimonio gay en el 2009. Peña Nieto no se subió a la causa de la diversidad sexual. Al igual que Vázquez Mota habló de "derechos ya ganados" con respecto a los avances en Ciudad de México y también prometió no meter mano en los estados, pero no hubo más que eso.

Por su lado, López Obrador, quien no aceptó reunirse con el grupo, ha mantenido también una postura adversa a la diversidad sexual. Es cierto, en la Ciudad de México el PRD ha sido el partido que ha abanderado las causas, y los costos políticos, de los grupos LGBT, pero esto ha sido a regañadientes de AMLO. De hecho, de 2001 a 2006, López Obrador fue el obstáculo principal para la aprobación de las Sociedades de Convivencia. Siendo jefe de gobierno AMLO intentó llevar el tema a una consulta pública, misma postura que ha mantenido con respecto al tema del derecho a decidir de las mujeres.

En resumen, si López Obrador, Vázquez Mota y Peña Nieto se enfrentan en las urnas el 1 de julio, la diversidad sexual no tendrá candidat@. Es cierto, en el PRD están hoy los principales defensores de la diversidad sexual y en el PRI hay algunos temerosos aliados, al tiempo que en el PAN son pocas las voces que escuchan, pero nuestros presidenciables ignoran la historia de los debates que hemos vivido en el país en los últimos años y no han visto cómo Obama, por poner un ejemplo, tiene una sección dedica al voto LGBT en la página web de su campaña.

Con resultados electorales como el del 2006, con diferencias del voto de apenas el 0.56%, la frase de "un voto aunque sea de joto", acuñada por la actriz Carmen Salinas durante un evento de campaña de Miguel Mancera, cobra una dimensión que aunque suene lastimosa y homofóbica, es un consejo relevante para los presidenciables.

Morir de hambre

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Lo reportado en la Sierra Tarahumara nos obliga a todos a apoyar, independientemente de las declaraciones de las autoridades.

De una tristeza infinita es lo que se reportó este fin de semana sobre lo que ocurre en la Sierra Tarahumara. La sola idea de preferir morir a seguir pasando hambre es capaz de vulnerar cualquier sensibilidad. Son los rarámuris y demás indígenas atrapados en lo más remoto de las sierras chihuahuenses. Y es el hambre y la desesperación. Las autoridades dicen que la información es falsa, que es mentira que haya suicidios por hambre, por la necesidad no cubierta de alimentar a las familias. Al menos así me lo declaraba ayer Juan Ramón Flores, el coordinador de comunicación social del gobierno de César Duarte, en la Segunda Emisión de Cadenatres Noticias.

Según lo que me dijo, aparte de la mentira que resulta la información que circuló por todos lados y que incluso llegó a la prensa internacional, la misma que llamó a la Sierra Tarahumara, la “Somalia mexicana”, es que los índices de suicidios de la zona no han registrado un incremento considerable. ¿Entonces, no tendríamos que preocuparnos? Y que sí, que sí hay suicidios, como los hay en cualquier parte del mundo, como si eso invalidara los hechos y los llenaran de razones.

Y es que ante el supuesto de que, en efecto, los suicidios en aquella tan remota región del país no registren aumentos, hace pensar en las razones de los que existen lo que hace todo más cruel. No podemos comprar el estilo de vida de una ciudad donde aquellos ciudadanos que deciden quitarse la vida lo hacen por cuestiones personales. Lo de los rarámuris dista mucho de eso y es resultado de condiciones de vida tan pobres que lo que era un obstáculo para su desarrollo ha generado una cadena de consecuencias que hoy los tiene en desnutrición, con hambre, al borde de la muerte.

No es sólo el olvido de varios gobiernos, tampoco el que se hayan convertido en prisioneros de lo que debería ser su territorio, pues la llegada de la “modernidad” a las faldas de la Sierra Tarahumara los ha ido arrinconando. Han sido también las consecuencias de un clima que ha cambiado en los últimos años, que ha movido la época de lluvia o la ha extinguido por completo. Situaciones para las que los habitantes de esa Sierra no estaban preparados. Y han perdido cosechas y animales. No tienen qué sembrar, no tienen qué comer. Lo único que los acompaña es el frío y el hambre.

Según el mismo gobierno del estado, éste ha sido uno de los inviernos más severos que han enfrentado. Aseguran que ha tomado las medidas necesarias para cubrir las necesidades: comida, cobijas, cuidados. Pero no entendemos, entonces, los 50 suicidios registrados que, se afirma, fueron por hambre. ¿Falso o inconsistencia en la información generada? Si son 50, ¿eso para ellos no resulta motivo de alarma?

Es noticia conocida por todos las condiciones de vida de quienes habitan en la Sierra Tarahumara. No es la primera vez que padecen situaciones climáticas adversas. No es un secreto sobre sus condiciones de pobreza extrema, de hambre y de falta de prácticamente todo, como si se tratara de otro México. Pero, también, lo cierto es que los hechos reportados nos obligan a todos a brindar apoyo, independientemente de las declaraciones de las autoridades, que sirven más para curarse en salud que como siquiera una respuesta y menos una solución...

Mentiras y deportaciones

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

En Estados Unidos hay una creciente indignación con las mentiras políticas. El asunto ha llegado a tal grado que el New York Times ha comenzado un debate, a través de su ombudsman editorial, sobre si los reporteros del diario deben, además de registrar lo que ocurre, funcionar como abogados del lector y desmentir a los políticos y sus dichos. Y no es para menos. Desde asuntos económicos hasta materia social, los republicanos nos han regalado joyas inolvidables. La lista es larga, pero quisiera concentrarme en sólo un asunto: la migración.

En los últimos días, Mitt Romney, el puntero republicano, se ha dedicado a descalificar el llamado Dream Act, que abriría un camino a la legalización para jóvenes que llegaron a EU siendo aún niños y que, para todos los efectos prácticos, no han conocido otra patria más que esa. En una muestra de insensibilidad e ignorancia, Romney lo ha llamado una limosna. Pero no sólo eso. Romney ha tenido el descaro de insistir en que está a favor de la “migración legal”, en contraste con lo que ocurre con los más de 11 millones de indocumentados que —y no exagero— mantienen viva la economía de ese país. Lo de Romney es de un descaro notable. En la práctica, las vías para emigrar legalmente a EU prácticamente no existen. La mano de obra calificada enfrenta un proceso muy largo. Para todos los demás, el proyecto de emigrar con todas las de la ley a este país es simplemente un martirio. La realidad es que, desde el 11 de septiembre de 2001, EU se ha aislado. En detrimento de su dinamismo y productividad, se ha vuelto una suerte de fortaleza xenófoba. Por eso, decir que uno está a favor de la migración legal es, al menos, un recurso retórico barato.

Pero la hipocresía no se limita al Partido Republicano. El gobierno encabezado por Barack Obama no canta mal las rancheras cuando se trata del maltrato a los migrantes. La política de deportación de Obama es una vergüenza. Por momentos, el celo policial estadunidense nos ha dejado viñetas cómicas, como la noticia de una chica afroamericana que fue detenida, quiso ponerse creativa y dio un nombre falso en español para, entonces, ser confundida con una colombiana buscada por la Interpol. ¿Resultado? Fue deportada a Colombia siendo menor de edad, donde se embarazó y, parece, se prostituyó. Una joya, pues. Pero la mayoría de las historias son de verdad trágicas. El diario Los Ángeles Times reportó, de manera brillante, la historia de Luis Luna, un joven mexicano que llegó a EU a los tres años de edad de manera ilegal. Ahí vivió 15 años; aprendió inglés, estudió, trabajó, se hizo de una novia con la que planeaba casarse. Todo se terminó cuando lo detuvo la policía por una falta de tránsito. Le ordenaron dejar el país. Desesperado por los imposibles trámites para migrar legalmente de vuelta a su hogar en EU, quiso volver debajo de un tren de carga. Ahí lo encontró un perro de la migra, que le abrió una herida de diez centímetros en el vientre. Fue literalmente aventado de vuelta a territorio mexicano, en la inhóspita franja donde habitan innumerables hombres y mujeres como él: deportados, sin dinero, con medio idioma, huérfanos de país. Luna vive hoy entre albergues, tratando de regresar al único hogar que conoce. Una historia de verdad indignante.

El gobierno de Felipe Calderón ha hecho un buen trabajo tratando de apoyar a los migrantes deportados, especialmente a los niños (imaginemos la historia de Luna pero con un niño de 11 años: dantesco). Pero no ha sido suficiente. El siguiente presidente de México tendrá que llegar a Washington con la espada desenvainada. Tendrá que apelar a los medios de comunicación para contar la verdadera historia de los deportados y sus familias. Deberá tener imaginación de estadista para negarles a los políticos estadunidenses la comodidad de la mentira y así ayudar a los que, como Luis Luna, sufren un vía crucis indigno de nuestro tiempo.