enero 23, 2012

Los súbditos de la república amorosa

René Avilés Fabila
www.recordanzas.blogspot.com
La Crónica de Hoy

Un fantasma recorre México. Es el fantasma del “nuevo Andrés Manuel López Obrador”, lo recorre con un costal lleno de mentiras, demagogia y exageraciones que sólo dos tipos de personas pueden creer: los incautos y los fanáticos que requieren caudillos. Desde estudiante, era capaz de falsear los hechos. Siempre he dicho que los políticos mienten por necesidad, es su naturaleza. Quizá los hubo capaces de hablar con la verdad. Pienso en Juárez y en Cárdenas. México está envilecido como nunca. Priistas, perredistas y panistas, para sólo citar a los partidos mayores, nos engañan y envuelven en redes de oscuros dobleces. Ignoro si entre ellos se mienten, si intercambian palabras ciertas o planes turbios. Pero no me cabe ninguna duda, luego de observarlos detenidamente a lo largo de décadas, que a nosotros, del presidente Calderón a un diputado cualquiera, nos estafan: están diseñados para no tener tratos con la sinceridad. Algunos, muy pocos, logran fingir honestidad, esos son consumados actores.

El caso de Andrés Manuel López Obrador es escandaloso y enfermizo. No hay un mexicano que ignore sus defectos, su capacidad para engañar, sus posturas camaleónicas, su tendencia a la violencia y su pasión patológica por el poder. Sin embargo, pese a lo obvio de su actuación, lo siguen millones de fanáticos que lo veneran como a un santo, como al Mesías. Lo han visto enfurecerse, tomar calles, pozos petroleros, insultar, engañar… A pesar de tales obviedades, personas cultas e inteligentes, empresarios sagaces que como es usual buscan beneficiarse con la política, aceptan como válida la metamorfosis del caudillo. El propio Cuauhtémoc Cárdenas, que ayudó a edificar el colosal mito AMLO, ahora se apresta a confirmarlo como el gran hombre que nos convertirá en habitantes de la “república del amor”, donde un grupo de constituyentes espirituales crearán una nueva carta magna moral, una suerte de Biblia amorosa. Nadie entiende de qué trata la ocurrencia ni alguien se esfuerza por explicarla más que con ñoñerías. AMLO recorre con tenacidad (ésa sí es real) el país ofreciendo mentiras, patrañas y nombrando a cuantos se le ocurren como parte de su gabinete sin mediar una consulta. Otro ejemplo claro de autoritarismo brutal. Promete y promete sin saber si hay recursos, si existen o no. Él nos dará todo gratis. A ningún utópico responsable se le ocurrió semejante sandez. Tampoco cabe en los proyectos anarquistas. Se elimina el Estado, pero en su lugar ingresa una nueva sociedad y valores que sustituyen a los viejos sistemas. Nadie recuerda que Marx gritaba no queremos limosnas, sino trabajo. La utopía (de alguna manera hay que decirle) de AMLO se basa en la degradación humana, el odio, la mentira y en las prédicas del cristianismo protestante. Rascarle un poco, es hallarse ante un cúmulo de simulaciones.

Alguien, sin duda él mismo, lo convenció de que tenía que ocultar su lado oscuro, agresivo, violento, no tomar más calles, cerrar plazas, insultar a las chachalacas y se operó la transformación: y ahora aburre con sus sermones místicos que en vano ocultan sus exigencias de poder, su necedad de estar en la cima. De pronto actúa conforme su instinto le dicta, pero consigue reprimirlo y dulcifica la voz, aparece no un fascista, sino un cristiano émulo de san Francisco. Nos invita a amarnos, a ser éticos, como si fuéramos monjes de una cofradía descalza. Millones dicen sumarse a la no violencia. AMLO se entusiasma y les ordena a sus seguidores que sean buenos, que la gente ya no quiere pleitos, como lo precisó el pasado viernes en Jalisco.

Mal oculta su lado brutal, pero sus súbditos y admiradores, sobre todo los capitalinos, siempre sensibles a los caudillos duros y generosos con los recursos oficiales, le aplauden a rabiar y eso les impide ser amorosos. Sólo hay que hablar con ellos, escuchar su lenguaje vulgar y agresivo o leer lo que escriben en medios y redes contra quienes no mordemos el anzuelo o no somos parte de la corrupción generalizada y evidente de las llamadas “izquierdas”, así, en plural, para ocultar a una serie de mafias sin ideología que pugnan por cuotas de poder. Hace tres días hice un ejercicio masoquista-periodístico: me dediqué a leer los comentarios y opiniones de los lopistas en diversos diarios. Seleccioné artículos e informaciones críticas (porque crítico debe ser el buen periodismo, jamás apologético) de distintos comentaristas. Unos quince materiales representativos y no favorables a López Obrador. Los lectores habían llenado de bajezas e insultos a los autores. Mentadas de madre, majaderías del peor estilo, todas plagadas de faltas de ortografía. Una dedicada a mí era casi tan buena como las dirigidas, por ejemplo, a Ricardo Alemán o a Carlos Ramírez: “Este es un puñal ojete de derecha…”. En otra simplemente me acusaban de ser “puto” y en una más amenazaban con matar a mi mamá, quien por cierto falleció hace diez años. En ninguna de las mentadas de madre los autores sabían quiénes somos, de dónde viene nuestra formación. A nuestras argumentaciones sólo respondían con bajezas. Por piedad, ¿éste es el reino del amor y la no violencia? Es claro que AMLO y sus seguidores necesitan leer a Gandhi y no a Fernández Noroña.

Hackers vs. régimen de la censura

Lydia Cacho (@lydiacachosi)
Plan B
El Universal

El 18 de enero de 2012 pasará a la historia como uno de los días en que el mundo se rebeló contra la censura encabezada por el gobierno estadounidense, quien pretende controlar el ciberespacio con una doble moral de tufo añejo.

Aunque la ley SOPA, creada supuestamente para detener a los “ladrones extranjeros de propiedad intelectual norteamericana” fue impulsada por el conservador Lamar Smith, a él se unieron demócratas que seguro no saben nada del ciberespacio más que utilizar correo electrónico y quizá checar Wikipedia para ilustrarse.

Jimi Wales, cofundador de Wikipedia (invento que popularizó y democratizó la información tradicionalmente hallada en enciclopedias), dijo: “Está muy bien encontrar soluciones al comportamiento criminal en el ciberespacio, pero esta ley está muy mal escrita y no estamos de acuerdo en la creación de un régimen de censura” para responder a la piratería.

Con esta ley el gobierno estadounidense pretendía darse libre derecho, sin pasar por un juzgado, de cerrar cualquier página de internet que considerase contiene alguna forma de piratería o plagio de derechos de autor. La reacción de cibernautas del mundo fue inusitada. Sólo Wikipedia, que redireccionó a sus visitantes para protestar contra la censura, recibió 156 millones de visitas; más de 8 millones de personas usaron ese sitio para reconvenir a sus congresistas. Hubo en un solo día 2.4 millones de tuits contra esta ley (y las propuestas similares en otros países, como México). Más de 4 millones de personas firmaron la petición de Google contra la censura y por la libertad de expresión. De la mano de estos sucesos están las protestas de Anonymous y hackers como Ghost of Threads, por los arrestos ordenados por Estados Unidos (FBI) a los operadores del sitio Megaupload. Los senadores norteamericanos asustados por la reacción retiraron la propuesta de ley. El senador Lamar dijo que respetaban la diversidad de opinión, pero en realidad lo que subyace en estos tiempos electorales es el miedo a perder millones de votos.

Esta protesta histórica abre varios debates indispensables. Además de exhibir la doble moral de las élites gobernantes que pretenden crear leyes de censura sobre ciertos temas, y dejar libres otros verdaderos crímenes, como la pornografía infantil y adolescente, o la compraventa de esposas esclavas y armas ilegales.

Todos estos fenómenos han evidenciado que los gobiernos tradicionales ya no tienen el monopolio de la información, del espionaje y los servicios de inteligencia para dominar a la población. Hay una reacción popular de cibernautas que se niega a ser controlada, manipulada y espiada por los servidores públicos que viven de los impuestos que esa sociedad paga. Cuando Anonymous hackeó a Facebook por permitir pornografía infantil, generó una reacción social más fuerte que ninguna creada por los macarras de la moral de Washington. Mientras los gobiernos defienden la libertad de los explotadores, esclavistas y monopolizadores de medicamentos y semillas, en aras de mantener un obsoleto sistema capitalista que se cae a pedazos en todo el mundo, nacen nuevas formas de rebelión no violenta que habrán de ser valoradas con el tiempo.

Hace una década los centros de espionaje del Estado eran los únicos capaces de mantener en vilo, por ejemplo, a activistas o periodistas incómodos para el sistema. Hoy, mientras el Cisen o la PGR tardan meses en “investigar” una amenaza de muerte, en un par de horas un buen hacker puede producir un rastreo exacto, con Google map incluido, de dónde se originó la llamada o correo de amenaza. Por ejemplo, en México, las y los periodistas podemos saber qué autoridades intervienen o clonan nuestros teléfonos o correos electrónicos sin orden judicial y sólo para beneficio político o para apoyar a grupos criminales protegidos por el Estado.

Sin duda la apertura y fortalecimiento del ciberespacio ha cambiado las dinámicas sociales en muchos sentidos. Si bien entraña peligros y se cometen delitos, también ha producido movimientos populares sin precedentes. Exige que las y los senadores estudien antes de legislar desde la inopia; además ha generado la libertad para que las y los autores utilicen sus ideas como Creative Commons y, sobre todo, la posibilidad de arrebatar a los gobiernos corruptos el monopolio del espionaje anticonstitucional. Si no, que le pregunten al director del FBI lo que se siente ser espiado.

Aversión al debate

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

Confieso que vi el debate de los precandidatos panistas a la Presidencia de la República. Sé que los minutos que dediqué a ver sus discursos hablan muy mal de mí. Tantas cosas que podía haber hecho, y yo con la computadora prendida viendo sonrisas tiesas, palabras gastadas y promesas. Concursos de lealtad, incompetencia vuelta orgullo, la vacuidad congelada en mueca. Tal vez escribo este artículo para no sentirme tan culpable de haber perdido 60 minutos de mi vida.

El PAN fue un lujo de la vida política mexicana. No lo digo por sus ideas, sino por sus prácticas. Entre dos versiones del monólogo, el partido de la derecha mexicana discutía: discutía con el régimen, discutía con la alternativa de izquierda y, sobre todo, discutía consigo mismo. En el PAN había desacuerdos que se ventilaban. La penosa vida parlamentaria mexicana encontraba en la representación panista un manojo de voces que apostaba tercamente al argumento. Si un partido se empeñó en alimentar al Congreso con debates, fue el PAN. Lo hizo con algunos polemistas notables que se formaron resistiendo a una aplanadora. Una profunda tristeza deben haber sentido los panistas de antes al ver el encuentro de sus opciones para el 2012: ninguna de sus cartas para la elección presidencial encarna esa tradición parlamentaria que aún representa Felipe Calderón. Santiago Creel apela a su experiencia como si ésta fuera una carta de recomendación. Ernesto Cordero es un tecnócrata que, como tal, no recurre a la razón sino al argumento de autoridad y, sobre todo, a la cercanía con el Señorpresidente. Josefina Vázquez Mota sonríe.

Los panistas presentaban el encuentro como si fuera un debate pero no hubo nada que se acercara a la polémica. Cada uno caminando en su carril, sin voltear a ver al vecino. Ernesto Cordero intentó polemizar pero es obvio que carece de recursos para la esgrima intelectual. El actuario quiso cuestionar a la puntera pero no tiene idea de cómo hacerlo. Josefina Vázquez Mota, tan diestra para la polémica como Enrique Peña Nieto, escuchó la crítica de su adversario y siguió con su discurso sin cambiar de sonrisa. Es una desgracia para México que el partido de mayor tradición parlamentaria haya encallado de esa forma. El PAN terminó por reproducir la política cortesana del PRI y adoptar la futilidad de los pasquines de autoayuda. Escribo no solamente para quejarme de la peor hora de mi semana sino para registrar, por una parte, la debacle intelectual del PAN y, por otra, la ausencia de una cultura de la polémica en el país.

El fastidioso espectáculo panista es, con todo, más de lo que sus adversarios pudieron hacer. El PAN será el único partido capaz de organizar una elección para definir a su candidato presidencial. Puedo quejarme del "debate" panista porque ellos, por lo menos, lo simularon. Los otros ni siquiera se arriesgaron a la ficción. El PRI reunió al par que buscaba la Presidencia con el objetivo de demostrar Unidad. Los candidatos del PRD se habían comprometido a debatir para precisar sus diferencias pero finalmente decidieron no hacerlo. Creyeron que era peligroso. En eso parece que existe una coincidencia nacional: el debate es visto como una sustancia peligrosa: un material inflamable que puede ser muy difícil de apagar.

La aversión a la polémica no es, desde luego, un vicio exclusivo de la clase política. El repudio es nacional. Es infrecuente entre nosotros que el desacuerdo sea un juego de inteligencia, de razón y, por supuesto, de humor. Una partida que acepta y anticipa la jugada del otro, es decir, que reconoce su derecho a la réplica. Un juego que entiende que la discrepancia implica rivalidad pero no es una declaración de guerra. Discutir parece actividad de mal gusto, una agresión, una insolencia. Debatir es arruinar la fiesta de lugares comunes, vaguedades, evasivas y demás tributos a la falsa fraternidad. La aversión a la polémica nos lleva, así, de la etiqueta más barroca a la riña más pedestre. Complejísimas ceremonias para acolchonar la diferencia e improperios repetidos con imaginación de matraca. Vamos del abrazo al escupitajo. La saludable moderación de Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, no logró ubicarse en el territorio de la razón polémica para instalarse en un espacio beatífico. De la política pendenciera a la prédica amorosa sin atravesar el espacio de la polémica democrática.

La polémica es la tierra baldía de México. Cosío Villegas pedía que la vida pública fuera, en verdad, pública. Yo quisiera que el debate público fuera, en verdad, debate.

La apuesta de Elba Esther… y la de Peña

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Cuando estaba a punto de firmarse la alianza del PRI y el Partido Verde, Luis Castro, el presidente nacional de Nueva Alianza, me decía que quizás se estaban equivocando, que las condiciones del acuerdo eran buenas porque les garantizaba una veintena de posiciones en el Congreso y varias senadurías, pero que también, en ese proceso, podían perder hasta el registro, porque la gente suele votar por el partido que encabeza la coalición. Finalmente se aprobó la alianza, pero rápidamente, con la salida de Humberto Moreira de la presidencia del CEN priista y con los cambios que se dieron en el partido y en el equipo de campaña del tricolor, comenzó a ser evidente que la coalición PRI-Verde-Nueva Alianza no estaba funcionando. Desde la llegada de Pedro Joaquín Coldwell a la presidencia del partido, en Nueva Alianza comprendieron que sus espacios se habían acotado, y la oposición en Sinaloa y Chiapas a las candidaturas de Fernando González y Mónica Arriola hizo evidente ese enfrentamiento.

En el priismo hubo una virtual rebelión en varios estados de la república, sobre todo en los que las primeras posiciones de la lista de senadores eran para el partido de Elba Esther Gordillo. El equipo de campaña no supo o no quiso imponer la disciplina y el respeto a los acuerdos y, luego de los nombramientos en el CEN, se sucedieron en cascada las peticiones, sobre todo de ex gobernadores y viejos líderes, que querían un lugar en el Senado: unos pocos son políticos serios y reconocidos, como Enrique Burgos; los otros, en su gran mayoría, una rémora del pasado; muchos simplemente impresentables. La alianza con el Partido Verde se mantiene, aunque el propio Arturo Escobar reconoció que para ello han tenido que sacrificar varias de las posiciones que habían negociado con anterioridad.

¿Quién gana y quién pierde? Gana la estructura tradicional del PRI, que está convencida de que triunfará en las elecciones y quiere asegurarse la mayor cantidad de espacios posibles de cara a 2012: del nuevo PRI lo que queda es el candidato, porque en las lista de senadores es abrumadora la presencia de personajes del viejo tricolor, varios de los cuales parecen requerir más del fuero de un escaño, para evitar problemas, que de una posición política productiva. Entonces gana la estructura pero con esos compañeros de ruta no creo que gane más votos Peña Nieto. Al contrario, todo parece indicar que se está jugando con la ventaja existente: se están sacrificando votos y posiciones, a cambio de consolidar la unidad interna. Están tan convencidos de que van a ganar, que pueden apostar por el sacrificio.

Segundo: la coalición con el Verde, que se mantiene, tiene luces y sombras, pues probablemente permitirá tener en las listas a políticos jóvenes (que el PRI hubiera bloqueado) con muchísimo futuro, como Pablo Escudero y Luis Armando Melgar, pero no está exenta de focos rojos, como la candidatura, incomprensible, de Jorge Emilio González, El Niño Verde, en Quintana Roo, en donde sus raíces políticas pasan por el turismo de fin de semana y la fiesta.

Tercero: para muchos, la animadversión hacia Elba Esther Gordillo les hace perder de vista que el magisterio sí significa votos y posiciones, pero también operación política en varios lugares donde su presencia es más que significativa. Eso se puso de manifiesto en Puebla, en Oaxaca, en Veracruz y en otros estados donde el magisterio apoyó a los candidatos que terminaron ganando las elecciones locales. Nueva Alianza irá sola a los comicios, con candidato (o candidata) a la Presidencia, y su apuesta es consolidar una presencia propia en el escenario político y en el Congreso, que le otorgue peso específico propio: si quien sea que gane la Presidencia no alcanza una mayoría legislativa propia, su grupo parlamentario tendrá un peso indudable, porque será necesario para cualquier negociación. En los hechos, como el Verde, el PT y Movimiento Ciudadano van de la mano, y lo seguirán haciendo con sus aliados naturales; Nueva Alianza se presentará, en los hechos, como una cuarta opción detrás de los tres principales partidos. Con un agregado: de acuerdo con el perfil del candidato (o candidata) que elija NA se verá a quién le quiere quitar votos en la campaña.

Pero también es un desafío: si Nueva Alianza no alcanza el registro, la ofensiva contra Elba Esther será durísima y provendrá de varios frentes. En realidad, lo que está haciendo su partido es una demostración de fuerza, un volado político que, me imagino, llevan mucho tiempo estudiando para tratar de acertar en el resultado. Se le podrá querer o no a Gordillo, pero nadie puede acusarla de ser una mujer políticamente poco previsora.

Vende caro tu amor…

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El Partido Nueva Alianza, mucho mejor conocido, y más acertadamente, como El Panal, por ser propiedad de su abeja reina, lo creó La Maestra, Elba Esther Gordillo en 2005, sin abandonar su nativo PRI. Así logró hacer del SNTE una fuerza electoral con precio contante y sonante, medible, su personal ventanilla para venta de votos y acomodo de alfiles. Es el Panal y la inexplicable riqueza de su fundadora y dirigente ad nauseam de tal manera sinónimo de corrupción, que resulta más bien un oprobio llevarlo de socio. Y es además caro: pregunten a Felipe Calderón.

Si plantear la renegociación del acuerdo Moreira-Gordillo era con certeza ir a la ruptura, es fácil intuir que se hizo con ese propósito. La alianza con el PRI ya había entregado a Gordillo candidaturas hasta para su hija y su yerno; pero se firmó bajo la dirección de Humberto Moreira, el ex gobernador acusado de falsificar documentos para elevar la deuda del estado de Coahuila de 323 millones a más de 33 mil millones (más de 100 veces). Moreira dejó el gobierno entre escándalos que no han terminado. Lo investiga la PGR. La peor imagen del PRI asomaba la cola. Su candidato a la Presidencia, Peña Nieto, no ha mostrado el proyecto de gobierno, el “para qué buscamos volver”, como tantas veces exigió Beltrones siendo precandidato, pero ya dejaba ver el andamiaje Gordillo-Moreira-SNTE, deuda, voto forzado, reparto de poder: Peña Nieto y Bartlett no se distinguían en nada. Y peor aún: Gordillo no es de fiar.

Para la gubernatura de Puebla se alió con el PRD, PAN y Convergencia. ¿PAN y PRD juntos? Sí. Pero en Tamaulipas la alianza fue con el PRI y el PVEM (o Partido Verde o franquicia de la familia González). En Campeche, Querétaro y Colima con el PRI. En Guanajuato con el PAN. En Chihuahua con el PRI, el PT de Carlos y Raúl Salinas y el PVEM-franquicia-González. Es difícil encontrar un mejor ejemplo de putería. En las presidenciales de 2006 fue con el PAN al ritmo de “vende caro tu amor, Aventurera”. Pero en las presidenciales del 2012 iba con el PRI… ¿alguna objeción?, ¿algún reparo?, ¿algún extrañamiento? Nada: todos van a lo suyo: el poder, el presupuesto, la impunidad con la cobertura del fuero.

Nadie sabe, ni la dirigencia, cuántos miembros del millón 200 mil afiliados al SNTE dan clases y cuántas decenas de millares tienen licencia sindical para hacer plantones y cerrar calles en dónde se les llame. Sin sonrojo exigen su derecho a vender su plaza de maestro y también, por qué no, a heredarla. Y con aún menos sonrojo se oponen a ser evaluados. Evaluación era la piedra fundamental en la Alianza para la Calidad Educativa: sin evaluación de quien enseña no tenemos idea alguna de la calidad del resultado. De ese fondo perdido, de esas decenas o centenas de millares que cobran como profesores y jamás dan clases (quizá para fortuna de sus posibles alumnos), viene la fuerza del Panal: tiene abundancia de carne de cañón para cualquier menester. Y en una elección presidencial hay muchos, sin duda. Sobre todo cuando ya se cuentan los votos y cada voto cuenta.

El PRI de Peña Nieto sale ganando al demoler la alianza acordada por Moreira, quien no acaba de rendir cuentas de lo que hizo en Coahuila. Con todo, la maestra será bienllegada, como toda la basura priista, en el PRD o en el PT que no hace gestos ni a Manuel Bartlett, a quien debemos la doctrina del “fraude patriótico”: vía para salvar a la Revolución cuando el régimen corporativo movía todos los hilos de la marioneta política nacional.

Al Panal también podría hacerle un lugar la Morena, penúltima ocurrencia de López, que devolverá México a la senda de la renovación moral, lema del presidente De la Madrid, bajo cuya presidencia (1982-1988) se formó el presidente del PRI-Tabasco (1983), López Obrador, ahora Presidente Legítimo en busca de reelección para continuar ese regreso conservador a los valores. Que suene a abuelitas tomando chocolate por la tarde en Puebla de los Ángeles es lo de menos: lo importante es recuperar los valores, dice el candidato que se dice de izquierda, mientras entona la más vieja y tediosa cantaleta de la derecha más pueblerina: “Ya no hay valores”. Era Presidente de la República Miguel de la Madrid Hurtado y López Obrador presidía el PRI-Tabasco cuando el lema sexenal fue: Renovación Moral de la Sociedad. De allá lo trajo López y no lo hurtó, lo heredó.

De cómo una bellísima jovencita hace todo por destruir su vida, y casi lo consigue: Olga (Planeta, 2010).