enero 24, 2012

Otra vez, el duopolio ataca

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Como hace exactamente seis años en que diseñaron e hicieron aprobar una reforma legal que los colmaba de privilegios y ventajas competitivas (la Ley Televisa), el duopolio de la televisión aprovecha de nuevo la época electoral —como el mayor momento de necesidad de partidos y candidatos— para conseguir la aprobación de su fusión en el negocio de la telefonía móvil, a partir de la intimidación, el linchamiento mediático, el chantaje informativo, la presión política. Atacan de nuevo.

De manera vergonzosa se repite la historia, participan casi en su totalidad los mismos actores aunque algunos en diferentes puestos, y parece que nada se aprendió de aquel hecho ominoso que reveló el poder de un par de empresarios que usan como cañón la pantalla de la TV para apuntalar y expandir sus negocios y desnudó la mediocridad de una mayoría legislativa rendida ante ellos.

A diferencia de entonces cuando actuó con todo valor y oportunidad, hoy la Comisión Federal de Competencia —a cuya función corresponde autorizar o no esa fusión— titubea en la decisión de negarla aun consciente del enorme daño que significaría para la materia que regula, y según se sabe ello deriva de la presión que por partida doble enfrentan los comisionados de ese órgano, la que realizan las televisoras y la que adicionan directamente varios secretarios del gobierno federal. Es presumible que lo hacen con autorización del Presidente de la República.

En México, dentro del servicio público es presionado el que se deja presionar y quien cede a la presión regularmente actúa por intercambio de algo, tiene conductas reprochables o es un pusilánime. ¿A cambio de qué se justificaría autorizar la mayor concentración televisiva que existiría en el mundo, si se aprueba la fusión Televisa-Iusacell? ¿Alcanza hasta nuestros días la deuda del gobierno con las televisoras por la elección del 2006 para seguirles dando más y más? ¿O están chantajeando las televisoras a los comisionados con faltas personales o administrativas? No descarto tampoco la falta de valor.

La Cofeco sabe que tiene en sus manos la decisión más importante desde su creación, porque nunca se había presentado tal amenaza a la política de competencia del Estado mexicano, contenida en el artículo 28 constitucional que exige —para el otorgamiento de concesiones sobre bienes del dominio de la nación— asegurar la eficacia en la prestación de los servicios, garantizar el uso social y evitar fenómenos de concentración.

Está absolutamente documentada la dominancia que Televisa y TV Azteca ejercen en el mercado de la televisión abierta, y es absurdo suponer que los que se habrán de asociar en el mercado más importante y rentable en ingresos que es la telefonía, van a mantenerse separados y no coludidos en el manejo televisivo. De hecho, en medio del proceso por el que se estudia autorizarles la fusión, tuvieron el descaro de coludirse para expulsar de sus pantallas la publicidad de Telmex y de Dish, el primero operador dominante en telefonía y el segundo competidor de Sky en la televisión satelital. Si eso hicieron cuando estaba en vías de aprobación la fusión, ¿qué no harán si se les autoriza?

Acostumbrados a que se haga su voluntad, envalentonados como en ninguna época, y seguros de que la clase política guardará silencio mientras pasan las elecciones —como ya vemos que lo hacen todos los precandidatos—, dieron pasos para consumar la operación de esa sociedad desde hace más de un año en que subrepticiamente firmaron una carta de intención que comprometió desde entonces recursos y directivos de Televisa en la empresa telefónica, maniobra a la que Miguel Ángel Granados Chapa echó la luz, ni más ni menos que el 23 de enero del año pasado.

Por ello, la Asociación Mexicana de Derecho a la Información —al exigir que se rechace esa fusión por “notoriamente improcedente”— también ha pedido investigarla de oficio y sancionarla conforme a la ley porque “se produjo sin la aprobación de la autoridad, se anunció ante autoridades financieras de Estados Unidos y México (lo cual trae especulación y alzas en las acciones de las empresas) y ya ha comenzado a operar en la realidad con la fusión de intereses creados en el negocio de la televisión”. De hecho, Televisa ya colocó a directivos en el Consejo de Administración de Iusacell. Se trata a todas luces de decisiones corporativas al margen de la ley.

En distintos foros, artículos y entrevistas he señalado que esa fusión representaría el retroceso en materia de competencia económica pero mucho más en materia de libertad de expresión y libertad de información para todos los mexicanos. En realidad el duopolio televisivo pasaría a ser un monopolio televisivo. Qué gran cosa sería que este día la Cofeco —que preside Eduardo Pérez Mota— recuperara el músculo que tuvo el 8 de diciembre de 2005 cuando por su opinión, que no resolución, alertó vigorosamente al país sobre las graves violaciones de la Ley Televisa. Y nosotros, celebrémoslo en honor de Miguel Ángel Granados Chapa y por México.

Paco Calderón




La ruptura

María Amparo Casar
Reforma

La sucesión presidencial y futura configuración del Congreso acaban de alterarse. La ruptura PRI-PANAL no se explica por diferencia de principios sino de intereses. Se dice que no se consiguieron los equilibrios internos en los partidos. Eso, en buen español, significa que les tronó el acuerdo sobre la repartición de candidaturas y futuros puestos.

Ya habíamos dicho en un artículo anterior que la alianza le había salido muy cara al PRI y que ponía en riesgo la unidad interna. Precisamente eso sucedió. La ruptura dejó en claro que los arreglos cupulares no transitan como antes, que la disciplina y resignación de la militancia no pueden tomarse por sentadas y que el candidato presidencial no tiene el poder para pasar por encima ni de la militancia local ni de otras fuerzas del partido. Al final, los sectores inconformes del PRI dieron al traste con el arreglo cupular de entregarle al PANAL 24 diputaciones y 4 senadurías (en 2006 obtuvo 9 diputados y sólo un senador) a costa de las aspiraciones de sus propios militantes.

Pierde Peña quien avaló la alianza junto con su entonces presidente del PRI -Humberto Moreira-, quien se ufanaba de su cercanía con Gordillo. Ganan quienes no la avalaron en sus términos y advirtieron sobre sus peligros. Entre ellos el senador Beltrones.

Pero, bien manejada, la ruptura puede dejar dividendos al PRI. Por lo pronto deja sin sustento parte de los conflictos por los espacios de las candidaturas sacrificadas y puede recuperar la unidad amenazada. Persisten los que tienen que ver con el PVEM, quien al ver las barbas de su vecino cortar estará poniendo las suyas a remojar. Quién quita y esta ruptura le permita al PRI revisar a la baja el acuerdo por el que le otorgó al Verde 30 candidaturas a la Cámara de Diputados y 5 a la de senadores.

También puede dejar réditos a Peña Nieto. Le permite sacudirse la crítica de haberse aliado con un partido corporativo y un sindicato cuya dirigencia tiene muy mala reputación y a la cual se le responsabiliza de obstruir la reforma educativa. Ahora Peña puede argumentar que tiene las manos libres para implementarla aunque tenga que retractarse de su argumento de que la reforma sería más fácil "teniendo al SNTE adentro y como aliado". Se libra también del compromiso de, en caso de ganar, tener que compartir su gabinete porque, ya se sabe, el SNTE cobra caro.

Desde la perspectiva contraria, el PRI pierde un potente aparato de operación política y puede haberse ganado una poderosa enemiga capaz de movilizar en contra el voto de cientos miles de maestros y sus familias. Pierde también el apoyo corporativo de la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (FEDESSP) que agrupa a sindicatos como el SNTE, el de Sedesol, el de Sagarpa y el independiente del ISSSTE, entre otros. Finalmente, asumiendo que la alianza electoral se tradujera en alianza parlamentaria, el PRI puede perder a un aliado en el Congreso.

¿Y el PANAL? Dice su dirigente -que ha manejado la crisis con destreza- que ahora podrá postular libremente a los militantes de su partido e incluso que podrán ganar más asientos yendo en solitario. Difícil de creer. El PANAL obtuvo en la elección del 2009 el 3% de la votación y eso no alcanza para 24 diputados. Dice que fue el "viejo" PRI el responsable de la ruptura. Las preguntas son si ser viejo es cuestión de generación, si hay un nuevo PRI, si ése está representado por quienes forjaron la alianza y si el propio SNTE no es parte del viejo PRI.

El PANAL se queda sin la posibilidad de hacer alianza con alguno de los otros dos partidos grandes en condiciones tan ventajosas como lo había hecho con el PRI. De conseguirlo tendría que ser informal porque ya cerró el plazo para registrar las alianzas. En todo caso no parece posible que ni AMLO ni Josefina -la más probable candidata del PAN- consintieran una alianza.

Le quedan sí al PANAL y a Elba Esther tres ventajas que reconociendo su habilidad política podrían manejar en beneficio propio: la independencia para venderse abiertamente o en lo obscurito al mejor postor; la autonomía para operar como mejor le convenga en el 2012 y; la libertad para aliarse a conveniencia con los distintos partidos a nivel estatal porque, a diferencia de lo que ocurrió con Calderón, dudo mucho que el PRI aceptara que el PANAL corriera con otros partidos a nivel local.

¿Y el PAN y la alianza de las izquierdas? A ambos les conviene la ruptura. Difícilmente serán receptores de los votos del PANAL, pero por lo menos son votos que se le restarán al PRI.

La historia no ha terminado, las elecciones dirán a quién benefició o perjudicó la ruptura.

No subestimen a Elba

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Para juzgarla y saber de sus posibilidades se debe hacer un análisis objetivo de sus capacidades, suficiencias y de los alcances de su poder.

No es políticamente correcto decirlo, pero, con Elba Esther Gordillo, a muchos actores políticos y analistas les sucede lo mismo que, por ejemplo, con Andrés Manuel López Obrador: la desconfianza o la animadversión no les permite aquilatar correctamente su verdadero peso político, que lo mismo se magnifica o sobrevalora que se minimiza y desprecia. Se puede estar o no de acuerdo con la líder del magisterio, pero, al igual que con Andrés Manuel, para juzgarlo y saber de sus posibilidades se debe hacer un análisis objetivo de sus capacidades, suficiencias y de los alcances de su poder.

En el caso de Elba Esther, el mantener en forma estrecha el poder del sindicato de maestros (el más grande de América Latina y uno de los más poderosos del mundo) durante tantos años, sin duda, la torna públicamente vulnerable. No se puede tener tanto poder durante más de 20 años, sin pagar costos. Tampoco la han ayudado su carácter y las sucesivas rupturas de distintas alianzas coyunturales (de las cuales se aprovecharon muchísimos actores, desde Vicente Fox y Jorge Castañeda hasta Roberto Madrazo y Manuel Camacho, que hoy prefieren no recordarlas), incluidos medios que la tuvieron durante años como articulista y patrocinadora. Elba Esther y Andrés Manuel son los dos políticos de actualidad que tienen, cada uno en su ámbito, mayores negativos, pero eso no los hace menos poderosos. Con la diferencia de que AMLO es un candidato que busca ser votado y Elba Esther no.

Ese poder se manifiesta en las declaraciones de quienes son incluso sus adversarios. Cuando al referirse a la ruptura de la coalición con Nueva Alianza el subcoordinador de la campaña de Peña Nieto, Jorge Carlos Ramírez Marín, dice, como muchos otros priistas, que “iremos por el voto de los maestros como si estuviéramos con ellos”, reconoce, aunque haya querido decir exactamente lo contrario, que su ex aliada sí tiene control sobre buena parte del magisterio, un control que se ha manifestado en varias elecciones locales y sobre todo en Puebla y Oaxaca, contra el PRI, y en entidades como el Estado de México y Veracruz, a favor del PRI.

El propio Peña Nieto acababa de declarar, hace unas pocas semanas, que necesita de los petroleros y de los maestros, hablando de sus dirigencias sindicales, para hacer los cambios que quería implementar en esos sectores. Esa alianza, por lo menos con el magisterio, ya no se dará en esos términos y, si bien el día de mañana podrá reeditarse desde el poder o en el ámbito legislativo, todos sabemos que ya no será lo mismo (se equivoca, por cierto, Andrés Manuel, al calificar la ruptura como una farsa). Ahora se dice desde el priismo que la coalición con Elba Esther y su partido no le aportaba votos a Peña; que sí lo hacía en noviembre cuando se firmó, pero ya no a mediados de enero. Puede ser, pero lo importante en todo caso es si Nueva Alianza recibirá o no votos propios el próximo primero de julio.

Soy de los que creen que Nueva Alianza y Elba Esther pelearán con todo para mantener su registro y tener un grupo parlamentario propio, porque sencillamente es mucho lo que hay en juego (incluida su propia supervivencia política) y saben que tienen espacios para operar en el gobierno federal y en muchos gobiernos estatales, la mayoría de ellos priistas, e incluso buscando un acuerdo, como se ha dicho en los últimos días, con Miguel Mancera en el DF. No creo que fructifique ninguna de esas posibilidades, pero tanto Ernesto Cordero como Josefina Vázquez Mota, con muy diferentes matices, han tenido el tino de no descartar de plano algún acuerdo posterior. ¿Por qué? Porque lo que está en juego son dos millones de votos, los que dice Nueva Alianza que tiene de alguna forma garantizados, que resultan claves en cualquier proceso electoral.

Con su estructura y su relación con el SNTE, yo no dudo que Nueva Alianza pueda obtener ese porcentaje de votos. Lo que será interesante será ver quién es su candidato presidencial, y si le apuesta a sacar votos en ese nivel o en los distritos si repite el “uno de tres” de la campaña pasada, o si trata de buscar una consolidación completa. Y quizás la pregunta fundamental es hacia quién decide inclinar su apoyo… o, poniéndolo al revés, a quién decide tratar de quitarle votos, porque ahí está la principal diferencia: una cosa es dividir los votos, que son finitos, entre tres, a hacerlo entre cuatro, aunque ese cuarto sea un actor cualitativamente menor, comparado con los otros. Con otra diferencia: es un poder mayor pero disperso entre muchas fuentes; su contraparte, Nueva Alianza, lo tiene concentrado en una persona y en muy pocas manos.

El PAN: a las calladas

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

Muchos potenciales votantes del PAN han seguido con perplejidad el proceso de elecciones primarias que el partido ha organizado para encontrar a su candidato presidencial. Y no es para menos. Aparentemente, el PAN ha malgastado al menos un par de valiosos meses en una lucha que, a todas luces, está definida desde hace tiempo. Ernesto Cordero y Santiago Creel —más el primero que el segundo— parecen estar dando una batalla estéril. Peor aún: a primera vista, la lucha interna puede resultar de verdad nociva para las aspiraciones del partido en general. ¿En qué cabeza cabe perder el tiempo tirándose pedradas cuando el auténtico enemigo está en otro lado y goza de una ventaja tan considerable? Algunos argumentan que Santiago Creel ha planeado su campaña por la candidatura del PAN durante todo el sexenio y no tiene por qué tirar la toalla sino hasta que el proceso termine. Otros dicen que el presidente Calderón desconfía de Josefina Vázquez Mota y, en cambio, se siente cómodo con Ernesto Cordero como delfín del círculo más cercano del calderonismo, el mismo sitio que alguna vez ocupó Juan Camilo Mouriño. El misterio panista incluso ha dado pie a teorías descocadas. La más extraña que he escuchado es aquella que supone que el presidente Calderón guarda un resentimiento tan grande contra Enrique Peña Nieto que prefiere ver triunfar a López Obrador; ergo, el apoyo calderonista a Cordero, un candidato tan débil que, al final, generaría un fenómeno de voto útil a favor del aspirante de la izquierda. ¿Increíble? Quizá…

En cualquier caso, todas estas lecturas suponen que el panismo de principios de 2012 sufre de una propensión al suicidio electoral. Yo mismo pensé, durante un buen tiempo, que lo del PAN se había convertido en una comedia de equivocaciones. Ahora, sin embargo, tengo una impresión distinta. Creo que el PAN ha sido mucho más astuto de lo que imaginamos.

Me explico. La hipótesis de la absurda división panista tiene como argumento central la pugna entre los tres precandidatos de Acción Nacional. “Se están destrozando. Peña debe estar feliz”, me dijo un colega cuando parecía que Ernesto Cordero de verdad se lanzaría contra Josefina Vázquez Mota. Pero eso finalmente no ocurrió, o sucedió muy brevemente. En realidad, la elección panista se ha vuelto un concurso de caballeros (y dama) en el que las fricciones resultan risibles. Basta comparar la contienda del PAN con lo que ocurre en otras primarias de verdad rijosas. Me remito al ejemplo más cercano. En la lucha por la candidatura republicana en Estados Unidos, los aspirantes han gastado millones de dólares —y de palabras— para retar, desprestigiar y descalificar a sus rivales. Los choques entre Mitt Romney y Newt Gingrich han sido memorables; las cosas que se han dicho, de verdad asombrosas. El contraste con el PAN es risible. Seamos francos: en Acción Nacional no se tocan ni con el pétalo de una rosa.

Y creo entender por qué. El PAN no es un partido suicida. Quizá no ha sabido ejercer el poder de la mejor manera, pero el poder le sigue interesando. El presidente Calderón podrá tener muchos defectos, pero la torpeza en la estrategia electoral no es uno de ellos. Sospecho, entonces, que los aspirantes panistas se reunieron, hace un buen tiempo, con la dirigencia del partido y decidieron alargar las elecciones internas para aprovechar el marco legal electoral. Al hacerlo, han ganado exposición mediática, para la candidata y para el partido. Para febrero, el PAN habrá estado, de una u otra manera, en boca de todos. Sin haber roto las reglas, sin haber sido realmente cuestionado. Y así enfrentará una campaña presidencial que será furiosa pero también fugaz. Por lo pronto, en las encuestas de enero, el segundo lugar le pertenece, por un margen respetable, a Josefina Vázquez Mota. Nada mal para una candidata que aún no es candidata.