enero 26, 2012

PAN: ¿ganar a la mala?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La percepción es que un triunfo de Ernesto Cordero en el proceso interno sólo podría provenir de una imposición.

Es verdad que el PAN está realizando el único proceso interno relativamente democrático para elegir a su candidato o candidata presidencial. Pero también es verdad que ese proceso ha estado manchado una y otra vez por la denuncia de presiones del aparato de gobierno para que se apoye a un aspirante, a Ernesto Cordero.

Tiene su lógica: Cordero, sobre todo después de la muerte de Juan Camilo Mouriño, se convirtió, no sólo en un colaborador cercanísimo, en lo profesional y la amistad, del presidente Calderón, sino también, para buena parte del equipo de Los Pinos, se convirtió en “el jefe Cordero”. No me queda claro (porque eso significaría, en los hechos, un desplazamiento de la responsabilidad y el mérito de su jefe, Felipe Calderón) que Ernesto, como él mismo lo ha dicho, haya sido quien ha piloteado el avión gubernamental en los momentos más complejos. Sí me queda claro que ha tenido dos participaciones muy importantes: en la pasada epidemia de influenza, coordinando prácticamente todos los esfuerzos gubernamentales, y en el manejo financiero en medio de la crisis internacional. En los dos procesos, su participación ha sido protagónica. Pero también ha cometido muchos errores, sobre todo mediáticos, entre otras razones porque Ernesto es un excelente técnico, pero no posee el suficiente entrenamiento político. Y para eso hay razones: nunca ha tenido un puesto de elección popular y tampoco responsabilidades políticas o partidarias en su trayectoria. Es verdad que ha formado parte del Gabinete de Seguridad Nacional, pero no es allí precisamente donde ha tomado decisiones estratégicas. Hay algo indiscutible: su capacidad operativa y la lealtad al presidente Calderón. Paradójicamente, la mezcla de ese perfil eminentemente técnico con una lealtad que la gente percibe como continuismo sexenal, lo han alejado de la preferencia del electorado, comenzando por el panista.

Las encuestas se suceden y todas coinciden en los mismos números: entre quienes simpatizan con el PAN, Josefina Vázquez Mota tiene 60 por ciento de las preferencias, Santiago Creel, alrededor de 25 y, Cordero, 10 por ciento. Con porcentajes mucho más cerrados que ésos, Marcelo Ebrard declinó a favor de López Obrador, o con márgenes similares, Manlio Fabio Beltrones lo hizo en el PRI a favor de Peña Nieto. En el equipo de Cordero dicen que las encuestas no cuentan en esta elección: que como quienes votarán son sólo militantes y adherentes, lo importante es la tendencia que exista entre éstos y dicen que ahí están muy parejos. Puede ser, aunque no han mostrado un solo dato duro que confirme esos dichos. Sin embargo, cualquiera podría imaginar la percepción pública que generaría que un precandidato gane con el voto de los militantes una candidatura que todas las encuestas muestran que entre los mismos simpatizantes de su partido está 50 puntos debajo de su principal competidora.

Se dice que hace seis años pasó algo similar, pero no es verdad: si bien cuando comenzó la precampaña a mediados de 2005 Calderón estaba muy abajo, tuvo una tendencia constante de crecimiento que alcanzó y rebasó a Creel. Con un detalle no menor: Calderón había sido de todo en el PAN, desde legislador hasta secretario de Estado, pasando nada más y nada menos que por presidente nacional del partido, y le había renunciado a Fox cuando intentó frenar su candidatura; se convirtió en “el hijo desobediente” y se enfrentó con el que era el candidato “oficial” del foxismo, Santiago Creel. En realidad, si se quiere hacer paralelismos con 2006, está mucho más cerca la historia de Vázquez Mota a la de Calderón que la de Cordero.

Por eso, la percepción es que un triunfo de Cordero en el proceso interno, con estos números tan homogéneos como holgados a favor de Vázquez Mota en todas las encuestas, sólo podría provenir de una imposición. Y por eso mismo es tan grave lo sucedido en Sonora, con las declaraciones del secretario de Gobierno, Roberto Romero López. Es grave que les haya dicho a los trabajadores del Estado, a los burócratas que militan en el PAN, que las órdenes del presidente Calderón y las del gobernador Guillermo Padrés eran votar por Cordero. Pero mucho más grave es que, literalmente, les dijera que si no lo hacían perderían su trabajo. Las palabras no admiten dudas: “Por favor, ayúdennos, ayúdennos a que nos vaya bien a todos”, dijo Romero y agregó, “sin embargo, insisto, existe la posibilidad de que la gente no esté de acuerdo, bueno, pues está bien, nomás que permítanos a nosotros también no estar de acuerdo que estén ocupando las posiciones que ocupan y en proyectos contrarios a los que estamos nosotros trabajando, también es totalmente válido”. No, secretario Romero, no se vale, es indigno lo que usted hizo. Y, también, habrá que recordarlo, es un delito que se puede y debe castigar.

Paco Calderón




¿Les importan las mujeres a nuestras candidatas?

Blanca Heredia
La Razón

Es de celebrar que, entre los candidatos o precandidatos, a algunos de los principales cargos políticos en disputa en las elecciones que tendrán lugar en México este año, figuren un número significativo de mujeres. Destacan, muy especialmente, en este sentido: la precandidatura a la Presidencia de la República de Josefina Vázquez Mota y las candidaturas de Beatriz Paredes e Isabel Miranda de Wallace a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

El hecho me parece celebrable por tres razones fundamentales. Primero, porque las mujeres somos más de la mitad de la población y pareciera, además de justo, digamos, eficiente en términos de representación política el que, dentro de la minoría de personas encargadas de tomar decisiones que nos afectan a todos, haya un número importante de mujeres. Segundo, porque la situación de las mujeres en México presenta, para decirlo eufemísticamente, enormes “áreas de oportunidad”, y porque, en principio, cabría suponer que las mujeres pudieran ser más sensibles y estar más interesadas en entrarle al asunto que el promedio de los varones. Tercero, porque la equidad de género, es, como ha señalado entre muchos otros Nicholas Kristof, algo parecido a lo que fue la esclavitud para el siglo XIX: un desafío moral, absolutamente central para nuestro siglo XXI.

Como en tantos otros temas, los innegables avances en el acceso y presencia política de las mujeres en México a lo largo de las últimas décadas, contrastan, desafortunadamente, con los enormes rezagos y los gigantescos obstáculos que siguen enfrentando las mujeres mexicanas para actualizar sus potencialidades, así como para adueñarse y hacerse cabal dueñas libres y responsables de su poder, tanto a nivel privado como público.

Las “áreas de oportunidad” en materia de equidad de género en el país son enormes y no alcanzan las restricciones de este artículo siquiera para enumerarlas. Me concentraré aquí, por tanto y para empezar, en aquellas que parecieran ser más escandalosas y obviamente costosas para el desarrollo del país: algunas de las que tienen que ver con su participación en la economía.

De acuerdo a los datos de la OCDE en la edición 2011 de su Panorama Educativo, una cuarta parte de la población, entre 15 y 29 años en México, no estudia ni trabaja. Según ese mismo reporte, estos elevados niveles de “inactividad” se explican, en buena medida, por el altísimo porcentaje de “inactividad” de las mujeres. Cito la nota país del reporte: “En México, la proporción de mujeres entre 15 y 29 años que no reciben educación y que están desempleadas o no forman parte de la fuerza laboral, es 3.6 veces superior a la de los hombres… La mayor propensión a la inactividad entre las mujeres casi duplica a la de Brasil y es la más alta entre los países representados en [el] Panorama de la Educación 2011”.

Estos datos de la OCDE ayudan a explicar, en parte, el lastimoso lugar que ocupa México en el Global Gender Gap (GGG) elaborado por el World Economic Forum, particularmente en el rubro “Participación y oportunidades económicas”: lugar 89 en el ranking global de brechas de género dentro del total de 135 países, y puesto 109 en el general de “Participación y oportunidades económicas”, mismo que ubica a México en el penúltimo lugar de 18 países latinoamericanos, sólo detrás de Guatemala.

La baja participación de las mujeres en actividades económicas remuneradas (46% de las mujeres con participación en la PEA vs el 84% de los hombres, GGG 2011, lo cual ubica a México en el lugar 112 de 135 países), a pesar de los aumentos sostenidos en sus niveles de escolaridad; el considerable diferencial salarial entre hombres y mujeres (.56 en promedio del salario que reciben los varones, GGG, 2011); y la muy magra presencia de mujeres en cargos directivos, particularmente en el sector privado, hablan de las enormes restricciones que enfrenta más de la mitad de su población mexicana para desarrollarse. Estos obstáculos limitan, en perjuicio de todos, el crecimiento económico agregado y el tránsito hacia formas de convivencia social menos asimétricas, menos violentas y más civilizadas.

Dada la magnitud del problema, resulta imperativo preguntarles a todos los candidatos que aspiran a gobernar a México, y, muy particularmente, a las mujeres entre ellos, su opinión sobre este asunto y qué cosas concretas proponen hacer al respecto.

La opinión ¿homofóbica? de Manuel Espino

Poncho Vera (@ponchovpof)
ponchov@exafm.com
La Crónica de hoy

Manuel Espino publicó en su cuenta de Twitter: “Que personas del mismo sexo mantengan un vínculo jurídico, es su derecho, llamarlo “matrimonio” es innecesario. Adoptar niños es absurdo!!!”. El comentario causó comentarios negativos.

El Twitter, la popular red social, es un medio público, por lo tanto cualquier comentario está vulnerable para generar reacciones y debates.

Esta red social es libre, está abierta para ser utilizada por cualquiera, para expresar lo que le dé la gana. Eso sí, no se puede perder la conciencia de lo que ahí se escribe, porque llega a ser criticado.

En general, no comulgo con las ideas de Espino, su actividad política me parece (o pareció) desafortunada, pero no me quiero desviar del tema de su comentario twittero, de éste en específico.

¿No tiene derecho Espino de pensar y expresar que no está de acuerdo con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo?, sí, claro que tiene derecho. Eso no quiere decir que todos estén de acuerdo con él, pero no creo acertado que el desacuerdo dé derecho a ofenderlo.

Otra vez… ofender… ¿qué se logra con eso? A la fácil, es muy sencillo escribir una grosería, pero con eso nada se logra.

Muchos le contestaron a Espino que era un homofóbico, quizá eso no es una ofensa, pero ¿POR ESE COMENTARIO lo podemos calificar así? No lo creo. No quiero ser vocero ni intérprete del señor en cuestión, pero al opinar un desacuerdo con la adopción de niños por parejas de mismo sexo, probablemente se piense en el beneficio del infante.

¿Es incorrecto opinar que para un niño no es recomendable ser adoptado por una pareja del mismo sexo? Yo creo que la opinión sí puede tener fundamentos. Yo pienso que lo ideal para un menor es vivir, crecer con un modelo paternal y maternal.

Hay mucho que tomar en cuenta, y merecen un debate serio, como el abandono total, la imposibilidad de encontrar una familia, la pobreza extrema, no es posible profundizar en el tema en esta columna.

Me parece que la lucha que hay que ejercer todos como sociedad es para evitar las situaciones que en este párrafo expongo, y no buscar posibles soluciones posteriores.

Complicadísimo definir la felicidad ¿en dónde la puede encontrar un niño?, pues yo creo que en el amor, y tiene derecho a tener unos padres que se lo brinden.

PIENSO, CREO, que la mejor manera de encontrar esto es con un papá y una mamá entregados, responsables, aunque claro NO ES LA ÚNICA vía.

De ninguna manera quiero, siquiera, acercarme a asegurar que un niño sin padre sin madre esté condenado a la infelicidad, pero insisto, considero que lo más adecuado es que estén los dos, y por eso, hay que luchar por esto.

Yo no estoy a favor de la adopción de niños por parejas del mismo sexo, y lo comento porque no me parece lo más adecuado para el menor. Lo pienso sinceramente, y, no, no soy homofóbico.

Sobra decir que ésta es una columna de OPINIÓN, ¿verdad?

Repulsiva, costosa, tonta e inútil

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

¿Hay algo más caro que los miles de carteles y espectaculares que ensucian todas las ciudades del país?

Sí, no cabe duda, es repulsiva, costosa, tonta e inútil.

-¿De quién estás hablando?, no creo que te refieras a…

- ¿A La Maestra?, no ella será todo lo que tú quieras, pero de tonta no tiene un pelo, mira que manipular a millones de maestros, seducir a presidentes, gobernadores y políticos tanto del PRI como del PAN, poseer una inmensa fortuna con su sueldo de maestra y seguir tan campante, confirma que no es tonta: creo que lo que le ocurrió la semana pasada es el principio del fin de su inmenso poder, pero esa es otra historia.

- ¿Entonces ¿te refieres a la campaña de Ernesto Cordero?

- Tampoco, él se blanqueó los dientes y cree que su imagen no es repulsiva, pero es ridícula por su parecido con un mal cómico y sus desplantes de machito de banqueta; su campaña no va para ningún lado a pesar de que Felipe Calderón sigue metiendo la mano y a través del secretario de Gobierno de Sonora conmina a todos a votar por él, pero no me refiero a él.

- ¿Será la televisión mexicana?

-Bueno, es repulsiva, sus programas son deplorables y violan los derechos humanos, pero no es tan tonta, porque los creadores de los programas tienen talento para que, como dijo El Tigre Azcárraga, se domestique a los televidentes, pero tampoco es ésa.

-Ya sé, te refieres a la malhadada Ley del IFE.

-Estás cerca, pero no, cierto que la ley es tonta, costosa y repulsiva, pero no es tan inútil para los consejeros y los partidos, que se embolsan miles de millones de nuestros impuestos.

- Me doy, ¿de qué hablas entonces?

-De la publicidad electoral, amigo, que ya estamos padeciendo y aumentará exponencialmente en estos meses; ¿hay algo más repulsivo que ver y oír miles de mensajes de amor y paz, ofertas de progreso y cambio, planes de recuperación, creación de cuatro millones de empleo, solución a la migración, sabiendo que nada de esto es viable?

-¿Y hay algo más costoso que los miles de spots, grabaciones, videos, carteles, pendones, espectaculares, pintas, volantes, que ensucian todas las ciudades del país a costa de nuestros impuestos?

-¿Y hay algo más tonto que sus contenidos? “Trabajando para ti”, “por una ciudad digna”, “junto contigo avanzamos”, “trabajo y honradez”, “yo aprobé esa ley”, y así hasta la ignominia, los creadores de esa publicidad son tontos, sin creatividad y con lemas y frases insulsas hasta la náusea.

-Pero, sobre todo, toda esa publicidad es inútil, ¿habrá una persona en todo el país que vaya a cambiar su voto porque vio cien veces colgada de los postes la imagen de una candidata o candidato con una sonrisa más falsa que un billete de 15 pesos?, ¿piensas que por ver miles de veces el pendón rojo del PT (o el amarillo, o el verde) alguien más va a votar por ese partido?

-Allá en Tahití, el paraíso terrenal, cuando hay elecciones, a lo largo del camino y en las plazas se colocan mamparas como pizarrones de 50 metros de largo y cada candidato o partido pegan ahí un cartel con sus propuestas, dicen qué ofrecen y nada más, no hay espectaculares, no hay pendones, pintas, nada, mientras aquí, amigo, seguiremos sufriendo una publicidad repulsiva, onerosa, tonta e inútil.

Explicaciones sobre una mujer muy poderosa

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Todo mundo sabe, en este país, que doña Elba Esther es una mujer “muy poderosa”. Ahora bien, vale la pena, luego de consignar esta evidencia (que, de tan evidente, parece una mera perogrullada), hacerse una pregunta también muy simplona: ¿por qué es tan poderosa esta mujer? Y, bueno, siguiendo con este ejercicio, resulta muy interesante formular algunas respuestas como si estuvieran destinadas a brindar información a gente que no está enterada como, por ejemplo, un extraterrestre recién desembarcado de Marte. Pero, con el perdón de ustedes, es todavía más excitante hacerlo enunciando esas respuestas, a su vez, como preguntas.

Helas pues aquí. La primera: ¿es poderosa porque lleva las riendas de un sindicato con una cantidad muy grande de agremiados? Contestación: sí. La segunda: o sea, ¿qué esos tales agremiados le otorgan, a ella, un poder personal directo? Contestación: sí. Tercera pregunta (ya con un tono vagamente dubitativo): pero ¿cómo es que los afiliados a un sindicato determinado, nada más por el hecho de ser parte de dicha organización, le pueden transferir a su lideresa capacidades, poderíos, atribuciones, mandos, autoridades y potestades si el papel de esa dirigente sindical es negociar solamente mejores condiciones para los trabajadores y sanseacabó? Tercera contestación (también ya con cierta entonación vacilante): eh, pues, mire usted, lo que pasa es que los trabajadores la apoyan. Cuarta pregunta: sí, entiendo que la apoyen pero, entonces, ¿de qué clase de apoyos estamos hablando como para que esta persona sea considerada como una de las figuras públicas más poderosas de todo México? Respuesta: bueno, en caso de que ella se asocie con determinada organización política o con cierto grupo, pues ellos van entonces a apoyar a esa organización y a ese grupo. Quinta pregunta (expresando sorpresa): Pero, ¿ellos no deciden de manera independiente a qué partido o a qué agrupación van a apoyar? Respuesta quinta: eh, pues, como le digo, ellos la apoyan a ella. Sexta pregunta: ah… (ya no la hubo).