enero 27, 2012

Paco Calderón




Franco ha muerto, el franquismo no

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Si Franco levantara la cabeza...

—una frase todavía muy común entre los nostálgicos de la dictadura— se reiría de los españoles. Resulta que, 37 años después de enterrado, sobre su lápida sigue aún, imponente e impasible, la gigantesca cruz levantada a punta de pistola por los presos republicanos y con la que el dictador se propuso en vida que fuese recordado por los siglos de los siglos, cual un faraón enterrado en la pirámide que le erigieron sus esclavos.

Mucho me temo que lo está consiguiendo. Es, junto con Lenin, el único dictador del viejo continente que sigue siendo venerado en su tumba faraónica, aunque, en honor del líder de la revolución rusa, éste siempre quiso ser enterrado humildemente en un panteón familiar. Franco no sólo murió en su cama y fue enterrado donde quiso, sino que, además de esto, en estas casi cuatro décadas tampoco nadie ha podido juzgar los crímenes del franquismo; ni siquiera pudo (o quiso) el presidente del Gobierno que tuvo la mayoría absoluta más aplastante, que más tiempo estuvo en el poder y que, encima, era de izquierdas: Felipe González.

Desde la restauración de la democracia en España el único mandatario que lo intentó fue el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, autor de una ley de la Memoria Histórica con la quiso reparar el daño infligido a las víctimas de la guerra civil. Logró (y por ello será recordado) que los hijos y nietos de españoles en el exilio obtuviesen la nacionalidad española, pero casi nadie dio crédito a su intento de convertir el Valle de los Caídos, donde está enterrado Franco, en una especie de parque temático donde debían reconciliarse definitivamente las dos Españas. Fue atacado por la derecha gobernante —el PP de Mariano Rajoy—, porque quiere que las cosas se queden como están; y fue criticado por la izquierda a la izquierda del PSOE, porque exige su clausura y que la familia de Franco lo entierre en otra parte.

Así las cosas, el único que realmente se atrevió a hacer justicia fue el juez Baltasar Garzón. Fue el único que escuchó los ruegos de los familiares de los más de 110 mil españoles que fueron asesinadas durante el franquismo y que aún siguen en fosas comunes, como el poeta Federico García Lorca, fusilado “por maricón y rojo”. Garzón ha sido el único que intentó exhumar los restos de estas víctimas y darles un entierro digno. ¿Es esto un delito? El juez creyó que no y por ello está siendo juzgado por el Tribunal Supremo de España. (Escucho risas de ultratumba desde el infame Valle de los Caídos).

Pero yo no le veo la gracia; al contrario, es indignante la cacería montada contra el único juez que ha intentado impartir algo de justicia en una de las pocas grandes tragedias del siglo XX que quedaron en la total impunidad.

La terrible paradoja ha querido que el mismo juez que se convirtió en símbolo de la justicia universal, cuando se atrevió a solicitar a Londres el arresto de Pinochet y su extradición a España por crímenes contra la humanidad cometidos durante su dictadura, esté ahora sentado en el banco de los acusados por intentar el mismo principio de justicia universal para su propio país. Garzón no logró encarcelar al dictador chileno porque en la Justicia inglesa primó el principio de demencia senil del acusado y la prescripción del delito, pero sí logró sentar un precedente judicial que animó a muchas víctimas y magistrados de países como Argentina, Guatemala y la propia Chile, naciones todas ellas con pasados muy recientes de terrorismo de Estado, a emprender acciones contra personas que tuvieron responsabilidad en graves crímenes contra los derechos humanos, como son secuestros, tortura, asesinatos y desapariciones.

Después de años de escuchar a periodistas preguntándole porqué no aplicaba ese mismo principio de justicia universal en su propio país, en España, Garzón lo intentó y dio cauce a los ruegos de las víctimas del franquismo, que le pedían que actuara. Lo hizo y creyó que el mismo país que había asombrado al mundo con su decisión de juzgar a criminales, sin importar su nacionalidad o donde hubieran cometido sus crímenes, no impediría que juzgara los crímenes del franquismo. Se equivocó. España se mostró dispuesta a perseguir criminales de otros países, pero no que no le toquen los suyos.

Garzón está siendo juzgado porque dos organizaciones de ultraderecha, nostálgicas del franquismo, que lo acusaron de prevaricar, de pasarse por alto una ley de amnistía creada tras la muerte de Franco para contentar a los militares y que no volvieran a dar un golpe de Estado a la incipiente democracia.

Garzón se defiende alegando que no puede haber amnistía para crímenes tan graves, porque, según el principio fundamental de la justicia universal, los crímenes de guerra o contra la humanidad no prescriben.

En una semana conoceremos si los jueces del Tribunal Supremo corrigen este absurdo caso o si el franquismo sigue trabajando en las cloacas de España y si Franco sigue desde su tumba riéndose.

Competencia

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

A menos de 160 días de la elección, hay competencia. A diferencia de lo que se pensaba hace pocos meses, cuando sólo Peña Nieto aparecía en encuestas y televisión, hoy las mediciones de opinión pública reportan una competencia viable y no una aplanadora.

Era algo esperable, pero por alguna razón hubo muchos que se fueron con la corriente. Si sólo aparecía el PRI en las mediciones, si Peña acaparaba la televisión, si en elecciones locales el PRI seguía ganando, les parecía evidente que en 2012 el PRI habría de recuperar la Presidencia sin mayor dificultad. Es más, la discusión ya no era si el PRI ganaría o no, sino si además se alzaría con la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Total, ya en 2009, en su alianza con el PVEM, lo había logrado en la de Diputados.

Pues sí, pero eso sólo era selección de información. Cierto que el PRI gana elecciones locales, pero no siempre. En 2010 ganó tres estados que no tenía, pero perdió tres que sí gobernaba, y la población de los que perdió supera en varias veces lo ganado. Cierto que el PRI ganó la mayoría en 2009, en el trimestre de mayor contracción económica de época reciente. Y cierto que Peña aparecía muy arriba en todas las encuestas, porque no tenía nadie enfrente.

Ya tiene, y las cosas no se ven igual. De acuerdo con las mediciones de Consulta Mitofsky, que desde septiembre mide mensualmente a los dos candidatos ya casi formales, y a la muy probable candidata del PAN, la diferencia se cierra a una velocidad preocupante para el PRI. Mientras en septiembre Peña aventajaba a Josefina Vázquez Mota por casi 30 puntos (47 a 17), para diciembre la diferencia apenas era de 21 (42 a 21) y en la medición presentada esta semana, para la primera quincena de enero, ya es de 18 puntos (41 a 23). Sigue siendo ventaja considerable, pero se ha reducido 12 puntos en menos de cinco meses. A como va, si fuese una simple tendencia lineal, al momento de la elección, el 1 de julio, Josefina estaría ligeramente por encima de Peña Nieto. Tal vez menos del 0.58% famoso, pero por arriba.

Es claro que las preferencias electorales no siguen tendencias lineales, y que el PRI no se va a quedar viendo cómo se pierde una ventaja que parecía, hace poco tiempo, infranqueable. Lo relevante no es eso, sino hacer notar que precisamente ese resultado inevitable de hace unos meses ya no existe. Y también es importante notar que la pérdida de preferencia de Peña significa un incremento en las preferencias de Vázquez Mota. No necesariamente del PAN, pero sí de esa potencial candidata. Otra vez usando de referencia a Mitofsky, si en lugar de Josefina el candidato del PAN fuese otro, estaría al mismo nivel, o por debajo de López Obrador. Y en ese caso, Peña no pierde, posiblemente porque la población no ve alternativa, y mantiene 44% de preferencias.

Por otra parte, el que el comportamiento futuro de preferencias no siga una tendencia lineal puede ser peor para el PRI. Si ya hoy, aún sin candidatura del PAN asegurada, Vázquez Mota ha cerrado la brecha a un ritmo de tres puntos mensuales, su confirmación, en poco más de una semana, puede implicar un repunte notorio. Y entonces viene el problema del ganador adelantado, lo mismo que pasó a López Obrador hace seis años: parte de los seguidores, que no es pequeña, estaba con él porque iba ganando, y en cuanto percibieron que eso podría no ocurrir, lo abandonaron. Por eso la caída tan rápida. Basta que el triunfo deje de ser seguro para perder amigos.

Ayer por la tarde se hizo pública la encuesta de GEA-ISA que muestra datos similares a los que acabamos de comentar: Peña Nieto baja, no mucho pero de manera consistente; la caída la captura casi íntegramente Vázquez Mota, y López Obrador se mantiene estable, en un tercer lugar que se va haciendo lejano conforme los otros dos se acercan entre sí. También en el caso de GEA-ISA, este comportamiento depende de la candidatura de Vázquez Mota, porque con cualquiera de los otros dos potenciales candidatos del PAN, el PRI se despega.

Por cierto, en el interno del PAN, que está por terminar, ambas casas encuestadoras coinciden en la gran ventaja de Vázquez Mota: 60% de la intención de voto (en el caso de Consulta, con simpatizantes del PAN; en el caso de GEA, con padrón de afiliados). La diferencia entre ellas es cómo se distribuyen los otros contendientes: 15 y 15 según GEA-ISA; 20 a 10, a favor de Creel, en el caso de Consulta.

A menos que los panistas prefieran no volver a ganar la Presidencia, parece que todo está ya claro.

Falla de origen

Juan Villoro (@juanvilloro56)
Reforma

Cuando la televisión pierde la señal y la pantalla se cubre de ceniza luminosa aparece un letrero: "Falla de origen". Eso significa que el aparato no está descompuesto; el problema se debe a una mala emisión de las imágenes.

Televisa y el PRI han querido construir al primer telecandidato a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, hombre dotado de fotogenia, es decir, de lo que importa como superficie.

En condiciones normales, eso es poco para llegar al poder. ¿Pero desde cuándo un país con más de 300 chiles se somete a la normalidad?

Peña Nieto apareció como político-holograma en un momento en que se desconfiaba de los políticos con personalidad, comenzando por Felipe Calderón, que sacó al Ejército a las calles después de 11 días en Los Pinos. Ajena a todo consenso, la decisión estuvo más cerca del arrebato que de la estrategia.

Combatir al crimen organizado es necesario; hacerlo en forma impulsiva conduce a la situación que padecemos: 50 mil muertos en cinco años y pocas posibilidades de vislumbrar una victoria. La enjundia presidencial no ha sido otra cosa que irresponsabilidad histórica.

Por su parte, López Obrador ha mostrado otros excesos de carácter. El candidato que en 2006 se quejó -con razón- de las calumnias sufridas durante su campaña, también fue el pendenciero que se dirigía al Presidente con una frase de domador de pericos: "¡cállate, chachalaca!". Antes de que el Tribunal Federal Electoral fallara respecto a la elección, López Obrador organizó un plantón como protesta preventiva. Las autoridades aún no habían emitido un juicio, pero él ya las consideraba indignas. Sin pasar por la autocrítica, esa misma persona se promueve hoy como emisario de la buena onda, el Fourier tabasqueño que propone un nuevo mundo amoroso. Su capital es el deterioro generalizado de la oferta política. Por default, queda bien situado: el PRI representa el retorno de la impunidad que degradó al país durante 71 años y el PAN 12 años de inoperancia en el poder.

La izquierda mexicana es poco novedosa. En un cuarto de siglo ha tenido dos candidatos y ambos son caudillos de viejo estilo. Su ventaja es que, al no haber llegado a la Presidencia, ese arcaísmo aún tiene pasado por delante.

López Obrador busca capitalizar su condición de "menos peor" ante quienes están cansados del PRI y el PAN y se reinventa como el cariñoso AMLOVE. Lo cierto es que al votar por él no se vota sólo por una imagen, sino por un talante mercurial que pasa del desafío afrentoso (la "honestidad valiente") a la promesa de concordia.

Después de la crispada elección de 2006, el país sufrió heridas que no han cerrado. En estas condiciones apareció un político atractivamente hueco. Se ha comparado a Peña Nieto con un recipiente vacío. La metáfora es perfecta porque aclara tanto la inanidad del candidato como su posible impacto. Si los demás remedios son tóxicos, el inocuo placebo parece preferible.

Mientras el Presidente se ponía la casaca verde de los militares y su rival de 2006 hacía giras de mandatario "legítimo", surgió un aspirante amparado en una propuesta tranquilizadora: "no se asusten, esto sólo es una imagen".

Max Weber tomó la palabra "carisma" de la religión para definir el aura intangible que favorece a un líder. En sus exitosos mítines populares, López Obrador encarna cabalmente el concepto. Esa ventaja no siempre lo ha favorecido. En 2006, arropado por la multitud que coreaba "¡cha-cha-la-ca!", endurecía su discurso en aras de la aclamación. Pero el acto ocurría en dos realidades simultáneas. Quienes estaban en la plaza celebraban la comunión del candidato con la indignada multitud, quienes lo veían por televisión se asustaban del tono enardecido.

Hoy en día no hay elección que no se decida en los medios. Confiando en este precepto, el PRI se decantó por un candidato con telegenia. El problema es que no parece tener nada más que lumínico envoltorio.

La campaña es el momento en que todos los candidatos parecen frascos de medicinas con un letrero en la etiqueta: "agítese antes de usarse". El imperturbable peinado de Peña Nieto y el triunfo arrollador de su partido en el Estado de México sugerían que podría llegar a la Presidencia sin moverse mucho. El dislate en Guadalajara hizo que por primera vez su habitual lejanía del tema no fuera vista como asepsia sino como incapacidad, y su desencuentro con Elba Esther Gordillo revela fisuras para mantener apoyos. Las acusaciones sobre la desatención de uno de sus hijos serían letales en Estados Unidos; en México no lo son tanto, pero revelan que el frasco tiene contenido, y no es muy puro.

El PRI se decantó por Peña Nieto para ganar rating. Sin embargo, en el nuevo escenario, el líder no parece un personaje de televisión sino de PlayStation.

Hace un par de milenios una mujer conquistó su nombre al ver el rostro de Jesús en una manta. La conocemos como Verónica, que significa "imagen verdadera".

Peña Nieto es una imagen falsa, producto, como otros problemas televisivos, de una "falla de origen"

El fin de Megaupload

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

El cierre espectacular de Megaupload es el más importante después del de Napster en julio de 2001. Su fin, sin embargo, no puede llevar a ninguna persona sensata a convertir en héroe a Kim Schmitz, alias Dotcom, creador de dicho sitio, quien para defender a su empresa de los ataques no dudaba en referir que la misma tenía el derecho a existir con base en un etéreo principio de libertad de expresión, pero no tenía ningún rubor en lucrar cuantiosamente con el afán de muchos usuarios para intercambiar archivos o acceder a los mismos.

Pero tampoco se puede justificar lo efectuado por la policía de Estados Unidos, que actúa como si fuera la “dueña” de internet al poner en marcha una medida brutal y unilateral de cerrar Megaupload sin previa mediación de defensa en los tribunales.

Hoy es habitual que diversos sitios proporcionen espacio en la nube para que la gente pueda almacenar y compartir infinidad de materiales (fotos, canciones, documentos...). Dropbox, SugarSync o Wuala, por ejemplo, son usados para almacenar distintos contenidos que, a la luz de lo sucedido con Megaupload, se ven muy frágiles, porque en nombre de la protección de derechos de autor el día de mañana podrían ser cerrados por lo almacenado en ellos por sus usuarios.

Pero tampoco olvidemos que desde el cierre de Napster ha quedado evidenciado que los sitios centralizados son vulnerables y, por ende, fáciles de neutralizar. El cierre de Megaupload se dio porque operaba de forma centralizada, amén de la “buena voluntad” de Nueva Zelanda y otros gobiernos para facilitar al FBI el cierre del sitio, la detención de su creador y administradores, e incautación de sus cuentas. Pero es difícil frenar otras modalidades de intercambio de archivos que operan con base en modelos descentralizados como los torrents, porque para cortar BitTorrent, por ejemplo, habría que intervenir a cada usuario conectado y se requerirían millones de agentes del FBI para llevarlo a cabo.

Mientras las industrias del entretenimiento no pongan en marcha verdaderos esquemas de comercialización de sus productos en línea, respetuosos de los derechos del consumidor, y a precios justos, el intercambio de archivos seguirá multiplicándose. No hay que olvidar que Megaupload era sólo una vía de los cientos de caminos y métodos que existen para intercambiar archivos.