enero 28, 2012

Josefina

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Resulta imposible pensar o suponer que el 5 de febrero podría haber una sorpresa en la interna panista y, si de hecho la hubiera, se podría prestar a todo tipo de especulaciones

El PAN elegirá su candidato a la Presidencia de la República el próximo 5 de febrero. Falta poco más de una semana, pero la suerte está echada. La ventaja de Josefina Vázquez Mota sobre Santiago Creel y Ernesto Cordero es irremontable. Los sondeos de opinión no mienten.

La encuesta Mitofsky de enero la ubica como la preferida de los simpatizantes del PAN: Vázquez Mota 60 por ciento, Santiago Creel 26 por ciento y Ernesto Cordero 10 por ciento. La distancia que la separa de sus contendientes es abrumadora.

Pero además, en población abierta es la candidata más competitiva. Mientras Vázquez Mota se sitúa en el segundo sitio (23 por ciento) frente a Peña Nieto (41 por ciento) y por encima de López Obrador (18 por ciento), Santiago Creel (18 por ciento) empata con AMLO (18 por ciento) y se sitúa más lejos de Peña Nieto (44 por ciento).

Y de Ernesto Cordero mejor ni hablar, porque se ubica en el tercer sitio (14 por ciento), por debajo de López Obrador (20 por ciento), y a 30 puntos de distancia de Peña (44 por ciento).

Así que no hay duda alguna. Vázquez Mota es la candidata más competitiva y la que tiene la posibilidad real de posicionar al PAN como la segunda fuerza. Este elemento es muy relevante.

La elección de 2012 seguirá el patrón de las dos anteriores. La contienda tenderá a polarizarse entre dos contendientes como ocurrió antes: Fox-Labastida en 2000 y Calderón-AMLO en 2006. En esta ocasión la contienda se polarizará entre el PRI y el PAN o entre el PRI y el PRD, ya que se puede dar por descontado que Peña arrancará como el favorito.

De ahí la importancia estratégica que tiene para el PRD y el PAN posicionarse como la segunda fuerza. Porque el candidato que arranque en tercer sitio el 30 de marzo tendrá enormes dificultades para reposicionarse en los 90 días -abril, mayo, junio- que durará la contienda.

Este cálculo deberá estar presente no sólo entre los militantes y simpatizantes de Acción Nacional, sino también entre los aspirantes y los cuadros directivos del partido, incluido el presidente de la República.

De hecho, el razonamiento para elegir a Isabel Miranda de Wallace candidata al gobierno de la Ciudad de México se hizo con coordenadas similares. Ante la debilidad del PAN en el Distrito Federal se optó por alguien que garantiza mayor competitividad.

Tanto Santiago Creel como Ernesto Cordero han afirmado, sin embargo, que nada está definido. ¿Por qué? Porque el candidato no se elige entre población abierta, sino entre los militantes y adherentes del PAN, que suman aproximadamente un millón 800 mil personas.

Son ellos y únicamente ellos los que votarán el 5 de febrero. Este hecho introduce una variable adicional. La posibilidad de que los funcionarios de gobierno del PAN, ahí donde detentan el poder, y la burocracia partidaria, además del presidente de la República, operen para inclinar la balanza a favor de algún precandidato.

Eso fue lo que ya ocurrió en Sonora. Santiago Creel denunció ante la Comisión Nacional de Elecciones del PAN el comportamiento del secretario de Gobierno, Roberto Romero, quien pidió -según revela un audio- a sus empleados votar por Ernesto Cordero.

El audio en cuestión involucra al gobernador del estado, Guillermo Padrés, e indirectamente a Felipe Calderón, porque el secretario de Gobierno afirma que su jefe le debe lealtad al presidente de la República y debe favorecer la candidatura del delfín -aunque en este caso sea Cordero y no pez.

El punto, sin embargo, no está en si hay o no inducción del voto, porque allí están las pruebas, sino si efectivamente puede inclinar la balanza a favor de Ernesto Cordero, porque obviamente no hay ninguna evidencia de que Creel vaya a ser favorecido de esa manera.

No es fácil medir ni evaluar los efectos de semejantes procedimientos. Primero, porque el grueso de los panistas tienen una cultura democrática. Segundo, porque suelen tener reacciones negativas a cualquier imposición. Creel lo experimentó, para mal, cuando perdió frente a Calderón, pese a contar con apoyo de Fox.

Pero además, hay otro factor fundamental: los números que arrojan las encuestas. En el equipo de Ernesto Cordero se argumenta que los sondeos no reflejan lo que en realidad está ocurriendo. Es imposible hacer una encuesta -dicen- entre los simpatizantes y adherentes del PAN.

El argumento es completamente falaz. El padrón de un millón 800 mil militantes y adherentes cuenta, obviamente, con nombres y direcciones.

A principios de enero, Buendía&Laredo realizó una encuesta telefónica para El Universal únicamente entre los simpatizantes y adherentes del PAN. Los números son concluyentes: Josefina Vázquez Mota 57 por ciento, Santiago Creel 22 por ciento, Ernesto Cordero 18 por ciento.

Estas cifras coinciden, grosso modo, con las de Mitofsky, pero son mucho más contundentes porque se refieren al universo de personas -los panistas- que definirán la elección.

De manera tal, que resulta imposible pensar o suponer que el 5 de febrero podría haber una sorpresa y, si de hecho la hubiera, se podría prestar a todo tipo de especulaciones, como, por ejemplo, que los mecanismos de inducción del voto sí habrían funcionado.

Como quiera que sea, no parece probable que eso pueda ocurrir.

Lo cierto es que la persistencia y tozudez de Creel y Cordero se inscriben en otra lógica. El candidato del PAN debe ser elegido con al menos el 37 por ciento de la votación y con una ventaja de 5 puntos. Si no es así, se deberá programar una segunda vuelta, a menos que Creel o Cordero declinen y se sumen a Vázquez Mota.

O sea, se mantienen en la contienda no con la esperanza de triunfar, sino de negociar su futuro.

Josefina ya ganó.