febrero 10, 2012

¡Vergüenza infinita!

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La cacería ha terminado. De los tres juicios en España contra Baltasar Garzón el magistrado ha caído en el primero. Ayer fue expulsado de la carrera judicial por haber autorizado escuchas en la cárcel entre los implicados de una gran red de corrupción.

Garzón intentó presentar en juicio evidencias de que los encarcelados por la trama corrupta —todos ellos relacionados con el gobernante Partido Popular (PP)— y sus abogados seguían delinquiendo, y que por eso había autorizado las escuchas. Pero no, los jueces del Supremo no admitieron estas pruebas que lo podrían haber salvado. No tenían interés en ello porque, como ha denunciado el propio Garzón, lo habían condenado ya incluso antes de que empezara el juicio. Mucho me temo que querían que saliera condenado por este caso, antes de serlo por otro caso de mucha más relevancia internacional: su intento de investigar los crímenes del franquismo.

Con la sentencia de ayer Garzón es un cadáver judicial y sobre él guardan luto todos los que lo admiramos por ser el símbolo de la justicia universal. La esperanza de los jueces del Supremo es que, cuando sentencien sobre el franquismo, se hayan apaciguado los ánimos, dentro y fuera de España. Lo esperan porque no quieren que nadie les recuerde que, detrás de toda esta cacería judicial, está el franquismo, que no ha muerto en España y que se perpetúa en la figura de jueces (ellos mismos), periodistas y políticos, que se las dan de demócratas.

Esta es la triste historia de Garzón. No sólo ha caído porque se atrevió a investigar a empresarios corruptos relacionados con el PP, sino, sobre todo, porque se atrevió a investigar los crímenes contra la humanidad cometidos por el franquismo y por intentar dar consuelo a las víctimas que todavía (¡todavía!) buscan a sus muertos, asesinados y echados a fosas comunes. España, ahora lo veo más claro que nunca, sigue infestada de franquistas.

Hay días que me da vergüenza ser español. Hoy es uno de esos días.

Baltasar Garzón

Carmen Aristegui F.
Reforma

Baltasar Garzón, el más célebre juez que ha dado España en los tiempos modernos, ha sido inhabilitado como tal por 11 años. El fallo que le asestó el Tribunal Supremo de Justicia, que lleva los juicios en su contra por causas diversas, ha generado indignación y una ola de reacciones.

Esta primera sentencia supone la pérdida definitiva de su condición de juez. Los siete magistrados de la Sala penal lo condenaron por unanimidad, al hallarlo culpable por escuchar las comunicaciones de imputados y abogados en un escandaloso caso de corrupción relacionado con miembros del Partido Popular, conocido como "El caso Gürtell". La historia de una punta de corruptos que han sido exhibidos a partir, precisamente, de las grabaciones ordenadas por el juez.

Garzón rechazó el fallo y anunció que recurrirá la sentencia.

Escribió que con esto "...se elimina toda posibilidad para investigar la corrupción y sus delitos asociados abriendo espacios de impunidad y contribuye, gravemente, en el afán de acabar con un concreto juez, a laminar la independencia de los jueces en España".

El juez estrella de la Audiencia española está también imputado por haber recibido, presuntamente, cobros indebidos por impartir conferencias en la Unión Americana.

La más grave, por sus múltiples y profundas implicaciones, es la causa vista para sentencia, en la que Garzón está imputado por intentar darle la vuelta a la obsoleta Ley de Amnistía de 1977 que ha impedido abrir causas judiciales e investigar los miles de crímenes cometidos durante la dictadura franquista.

Se le acusa por haberse excedido al admitir a trámite e investigar denuncias sobre crímenes de lesa humanidad relacionados con desapariciones forzadas que habrían sucedido entre 1936 y 1951.

Demandado por dos agrupaciones ultraderechistas, que piden su inhabilitación por haber tocado con el pétalo de un intento esa Ley que tapó, a piedra y lodo, crímenes atroces e impunidad.

A petición de víctimas y familiares, Garzón recopiló entre 2006 y 2008 documentación sobre más de 114 mil casos de republicanos que fueron desaparecidos durante la Guerra Civil y durante el periodo de la dictadura franquista. Sufrió una férrea oposición de la fiscalía y decidió cerrar la causa. Aún así, se le enjuicia ahora.

La autonomía en la interpretación de la ley es indispensable para el desempeño de un juez y, sin duda, para la protección de los derechos humanos.

Un fallo desfavorable a Garzón en éste que es el más oprobioso de los llamados "juicios de la vergüenza" tendrá repercusiones internacionales. Ya corre una ola de indignación por la inhabilitación anunciada ayer. Una sentencia similar, por los crímenes del franquismo, provocaría una sacudida brutal a la conciencia histórica de los españoles y al amplio espectro del exilio español en el mundo y, por supuesto, a todos los circuitos de la justicia internacional.

Quienes le acusan por levantar apenas la tapa de la inmundicia llevarán, tal vez, en la cartera una foto sonriente con la mueca de Franco. Son los que pretenden, por esta causa, inhabilitar a Garzón por 20 años.

"No van a hacerlo...no se van a atrever", decía, apenas el miércoles, el abogado querellante en Argentina de la causa judicial abierta contra los delitos del franquismo, Carlos Slepoy.

Por lo pronto, en el caso Gürtell se atrevieron. Por increíble y vergonzoso que parezca, se atrevieron.

En el caso de los crímenes de la dictadura, durante dos semanas un puñado de familiares de victimas -a su vez víctimas también- del franquismo presentaron ante el Tribunal los testimonios de cómo sus madres, padres, abuelos fueron encarcelados, asesinados, fusilados, echados a las fosas o desaparecidos.

Tal como lo dijo el abogado de Garzón, Gonzalo Martínez Fresada: " ...los cónyuges, vivos, los hijos, siguen sufriendo una tortura consistente en no saber qué pasó y dónde están los restos".

La inhabilitación daña a Garzón, porque le quita su razón de ser. Al mismo tiempo que, por el rechazo a la misma, lo consolida como la figura icónica que es de la justicia y los derechos humanos a nivel mundial. Si la ola y las reacciones crecen, como todo parece indicar, Garzón se constituiría en una suerte de leyenda viviente y el Tribunal Supremo, en una mueca hiriente de los vestigios del franquismo.

Una mujer candidata

Clara Scherer
Licenciada en pedagogía
y especialista en estudios de género
claschca@hotmail.com
Excélsior

La población mexicana, mujeres y hombres, ha cambiado. Eso es una buena noticia, aunque hay que considerar que un cambio puede ser tanto positivo como negativo. Y, en este caso, es muy positivo.

¿Por qué lo considero así? Porque deja claro que la discriminación hacia las mujeres ha ido disminuyendo. Es un cambio que nos ha costado dos siglos, si contamos sólo a partir del momento en que México emerge como nación independiente.

En aquellos años, cuando la sociedad no encontraba cómo gobernarse y pasábamos de triunviratos a imperios, con periodos cortos de república desordenada, fueron días y años en los que, consistentemente, las mujeres exigieron sus derechos políticos. Testimonio de ese afán es una carta firmada por mujeres de Zacatecas, de 1821 (Portugal, 2003) o aquella de Rafaela Varela, extraviada muchos años y aparecida, como por arte de magia, en una venta de garaje en Austin, Texas.

Y para tristeza de quienes piensan que el trabajo de la educación debe ser “humanizar” a los humanos (es decir, respetar siempre la dignidad de las personas), nos tardamos mucho en que a la mitad de la población mexicana la consideráramos digna de tomar parte en los debates públicos y hacerse cargo de tomar decisiones. En 1953, por presiones de diversa índole, el Congreso acepta que las mexicanas sean ciudadanas.

Es hasta el año pasado, el 30 de noviembre, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pone un alto a los partidos políticos y su extraña manía de excluirlas en el registro de candidaturas, primer escalón para llegar a puestos de elección popular. En su sentencia 12 mil 624 afirma que todos los partidos deben postular a 120 mujeres como candidatas a diputadas propietarias, acompañadas por 120 mujeres suplentes y 26 candidatas a senadoras, con suplentes femeninas.

¿Cómo se excluía a las mujeres, si desde 2002 está en el Cofipe que la cuota de género es obligatoria? Muy fácil: con un juego de palabras que cuesta trabajo entender. El artículo 219 numeral 2, del Cofipe: “Quedan exceptuadas de esta disposición las candidaturas de mayoría relativa que sean resultado de un proceso de elección democrático, conforme a los estatutos de cada partido”.

Por cuestión constitucional (artículo 40), no puede haber ningún partido que tenga procesos de selección “antidemocráticos”. Entonces, las candidaturas de mayoría relativa siempre deben ser resultado de procesos democráticos, por lo que, según el art. 219, núm. 2, siempre se puede excluir a las mujeres.

La discriminación es una fuerza parecida a la hidra, ese mitológico monstruo de mil cabezas, serpiente gigante cuyas cabezas volvían a crecer a medida que eran cortadas. Heracles se enfrenta a este monstruo en uno de sus 12 trabajos.

La discriminación es un “mal” que se renueva constantemente y resiste todos los esfuerzos que realizamos para erradicarla. Por eso, la candidatura de Josefina Vázquez Mota es una buena noticia: la militancia del PAN considera que las mujeres son tan capaces como los hombres para ocupar la Presidencia de la República. Ahora, la ciudadanía tendrá que valorar, en igualdad de condiciones, las capacidades de la y los candidatos, para votar por quien consideren con mayores méritos.

Independencia del ciberespacio

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Hace 16 años John Perry Barlow daba a conocer, en Davos, Suiza, la “Declaración de Independencia del Ciberespacio”, que era un alegato libertario y de independencia de internet que en su momento fue de gran relevancia a escala internacional y sirvió de bandera a múltiples activistas en el mundo para defender la libertad de expresión en la misma.

En uno de sus párrafos dicha declaración destacaba el sentimiento de un sector importante de usuarios de la red de ese entonces: “No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo [...] Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que están buscando imponernos. No tienen ningún derecho moral a gobernarnos ni poseen métodos para hacernos cumplir su ley que debamos temer verdaderamente”.

En realidad, esa declaración tenía ecos recalentados de la teoría contracultural de la década de los años setenta del siglo pasado y de la cual es deudor el nacimiento de internet. Fred Turner ha mostrado claramente en su libro From Counterculture to Cyberculture que la red, desde sus inicios, dio vida a un espíritu libertario con el fin de emanciparse del Estado y de las sujeciones reguladoras que acompañan a la democracia representativa en favor de la construcción de una dimensión (que para muchos era el ciberespacio-mercado) que los individuos definieran a su entero gusto, y que en cierta medida resume esa Declaración de independencia de Barlow.

En esa declaración sobresale lo que Pierre Bourdieu llama etnocentrismo de clase, esa enfermedad típicamente “intelectual” que generaliza y cree que todos comparten su propia visión del mundo, pero que hoy es obsoleta a la luz del presente, cuando la morfología social de la red ha cambiado de manera radical con la presencia en el ciberespacio de millones de personas de diferentes culturas y geografías, en particular de los jóvenes, con disímbolos intereses y/o gustos.

Sin embargo, a pesar de lo desfasada que se percibe en los tiempos que corren esa declaración, no cabe duda que su espíritu recoge una serie de valores que ha dado vida internet, en particular los relativos a la libertad de expresión, y que ahora se ven maniatados y/o socavados por las mismas empresas de internet y los gobiernos.

La venganza franquista

Horacio Besson
De Tácticas y Estrategias
Milenio

“En la bandera de la Libertad bordé el amor más grande de mi vida.”
Federico García Lorca


El tiro ha sido a matar. Sin contemplación y manipulando a la justicia para usarla como instrumento de revancha. Ayer, España transmutó los tiempos: el jueves 9 de febrero de 2012 se convirtió, gracias al Tribunal Supremo, en un día invernal de 1962, cuando el Generalísimo gobernaba “por la gracia de Dios”.

¿Qué significa la inhabilitación de Baltasar Garzón? Su abogado, Francisco Baena, lo dice sin rodeos: “Es la muerte de un profesional”. Y explica: “Decirle a un juez que no puede ser juez es tanto como una muerte”.

Y es que con 56 años de edad, once años de veto profesional significan un verdadero golpe mortal para la carrera de Garzón.

Se podrá argumentar que la sentencia fue justa porque “nadie está encima de la ley” y porque permitir grabar conversaciones entre abogados defensores y sus clientes, significa vulnerar el derecho.

Pero esta sentencia viene como anillo al dedo a sus enemigos y es imposible separarla del otro proceso al que se enfrenta por osar investigar los crímenes del franquismo. El tufillo de la venganza es demasiado intenso para creer que se trató de una simple cuestión de justicia.

Así que muchos deben de estar festejando la resolución que saca del camino a Garzón ya que se ha retirado un juez acostumbrado a pisar callos. Tanto de pies derechos como izquierdos.

Porque lo mismo investigó al PP (con la trama Gürtel y por el que, justamente, fue inhabilitado), como al PSOE (por el grupo GAL, creado para “eliminar” a miembros de la ETA) y que provocó la caída del gobierno de Felipe González.

Pero también arremetió contra los etarras (lo que ocasionó que su brazo político, Batasuna, fuera ilegalizado) y puso sus miras más allá de España: investigó los crímenes de la dictadura argentina (1976-1983) y detuvo a Augusto Pinochet.

Sí, muchos se congratularán. Es tiempo del desquite mórbido disfrazado de justicia.

Para ellos, los que “brindarán con champán”, María Garzón Molina, hija del juez andaluz, tiene las palabras exactas: “A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa”.