febrero 23, 2012

¡De Panzazo! - Trailer







De Panzazo : Un panorama desolador

Blanca Heredia (@BlancaHerediaR)
La Razón


Lo más bonito del documental De Panzazo, dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola, son los ojos de los niños, algunos esquivando la cámara desde el rubor y otros, brillantes, mirándola de frente. También son bonitos los paisajes dominados por la tierra seca y el cielo abierto acariciados por la mirada de Rulfo. El resto de lo que vemos en esta película no es bonito en absoluto.

A través de datos tristes, presentados por medio de gráficos muy entendibles y acompañados por imágenes de escuelas mal equipadas, así como por entrevistas a alumnos, maestros, directivos, madres y padres de familia, una experta, dos intelectuales públicos, un Secretario de Educación y la presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, De Panzazo nos ofrece un vistazo abarcador sobre el lamentable estado que guarda la educación en México.

Es de celebrar que un grupo de profesionales, comunicadores, empresarios y ciudadanos comprometidos con el tema, se hayan lanzado a la aventura de documentar y hacerle accesible al gran público, los problemas del sistema educativo mexicano. Es de celebrar, pues el asunto nos concierne y nos afecta a todos, más allá de que tengamos o no hijos en la escuela, y porque la condición sine qua non para que la educación mejore, es que más voces y más votantes les exijamos a las autoridades y demás agentes involucrados en la educación, que hagan su trabajo.

El trabajo de un sistema educativo no es el de repartir prebendas, dar empleo, ganar elecciones, o asegurarle a los gobiernos control político sobre la población. No nos engañemos, aquí y en todas partes, los sistemas educativos realizan muchas de estas tareas. El inmenso tamaño de los presupuestos y del personal empleado en la educación, así como la centralidad de las escuelas en la vida cotidiana y en el imaginario de la población en su conjunto, hacen que aquí, en China y en todas partes, la educación sea un asunto inevitablemente político. Desconocer ese hecho es pecar de ingenuidad. El problema viene cuando el desahogo de estos quehaceres se convierte en la función prioritaria de los sistemas integrados por todos aquellos actores —maestros, escuelas, directivos, empleados y autoridades— a los que se les paga para educar.

Eso es lo que ha venido pasando cada día más en México y justo lo que retrata De Panzazo: un sistema educativo al que se le olvidó, en medio del trajín de juntar votos, hacer negocios, administrar personal, operar infinidad de reglas y “asegurar la paz social”, hacer su trabajo. No se trata de pedirles a los agentes y operadores del sistema educativo que sean arcángeles divinos. Pero sí se trata de exigir, por ejemplo, que los maestros asistan a clases y enseñen a sus alumnos, que las autoridades sean capaces de decirnos cuántos maestros hay en México, que las telesecundarias tengan tele y que, al final de tercero de secundaria, todos los alumnos sepan leer y escribir en su lengua materna y sepan cuándo usar una división o una multiplicación.

Sí, es mucho pedir, pues la tarea de educar es costosa y enormemente compleja. Pero el sistema educativo existe para desempeñar esa función. Si bien se entiende que realice y tenga incluso que realizar otras tareas, resulta inadmisible que sea incapaz de hacer y hacer bien aquéllo que le toca hacer.

Bienvenidos todos los esfuerzos, como el de este documental, para enderezar el barco de la educación nacional. Importa enderezarlo, porque en ese barco vamos todos.

Santorum vs. Satanás

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Un viejo “enemigo” de Rick Santorum ha “poseído” la campaña de las primarias republicanas: el Diablo.

Desde que comenzó la campaña por la candidatura que enfrentará en noviembre al demócrata Barack Obama, Santorum nunca ha ocultado su fervor católico, al contrario, ha hecho gala de su versión más intolerante, pero sí omitió su obsesión por el diablo, consciente de que, si ya se ha ganado las simpatías de los estadunidenses que votan con la Biblia en la mano, no puede permitirse el lujo de presentarse ante el electorado moderado y ante los independientes como un fanático atemorizado con la presencia del maligno.

Y, sin embargo, es justo lo que ha pasado. Una mano negra (¿quizá el propio Satanás?) ha querido que resucite en las redes sociales el discurso que dio en 2008 el senador católico, de origen italiano, ante estudiantes de la Universidad Ave María. Esto es un extracto de lo que dijo; no tiene desperdicio:

“El diablo ataca a Estados Unidos porque es el único país bueno, decente, poderoso e influyente que queda en la tierra. Si tú fueras Satán ¿a quién atacarías ahora? No hay nadie más a quién perseguir que a Estados Unidos y esto ha sido así los últimos 200 años”.

“Hasta en la NBA”. En su visión apocalíptica, Santorum explicó que “en los primeros tiempos Satán no tuvo mucho éxito, porque nuestras bases eran fuertes; pero, poco a poco, el ácido y poderoso paso del tiempo corrompe hasta las bases más sólidas. Y Satán ha logrado atacar a nuestras grandes instituciones, utilizando los vicios del orgullo, la vanidad y la sensualidad para destruir nuestras raíces”.

“La corrupción ha penetrado en la cultura, las costumbres y la decencia, y está por todos lados —dijo—, en un concierto de rock, en una película, en la NBA…”.

“Ayatolá Santorum”. Las burlas y críticas en las redes sociales no se han hecho esperar y muchas coinciden en esa “deriva iraní” del precandidato republicano, al que muchos llaman ya “El ayatolá Santorum”, por su empeño en “contaminar” toda su campaña con la religión, incluso con ataques al presidente Obama, al que considera “poco religioso” o un “ateo”, un insulto para la mayoría de los estadunidenses.

El precandidato republicano corre peligro de ser acusado por parecer más un clérigo fundamentalista que un político capaz de sacar al país de la crisis, si no corrige rápidamente su obsesión por mezclar lo religioso con lo terrenal. Por eso, trató hace dos días en un mitin en Arizona —que celebra primarias el martes— de esquivar el tema admitiendo que sí, que cree “en el Bien y en el Mal”, pero quitando importancia al señalar que el suyo fue “un discurso viejo ante un grupo religioso” y que no es “relevante” para la campaña.

Los electores, sin embargo, sí ven el asunto relevante y la prueba está en que mientras Santorum gana con estas declaraciones más adeptos entre los votantes republicanos, según las últimas encuestas, que advierten, por otro lado, que con este tipo de discurso, Obama ganaría al republicano por goleada.

#EjemplosDeRacismoMexicano

Agustín Basave (@abasave)
abasave@prodigy.net.mx
Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana
Excélsior

Aunque algunos no quieran aceptarlo, hay racismo en México. Es un vicio deleznable que debemos erradicar, y para hacerlo es imperativo reconocer que existe, denunciar sus manifestaciones y crear conciencia del daño que provoca. Con ese propósito doy ahora 20 ejemplos e invito a la comunidad twittera a proporcionar otros:

1.- Las advertencias de empresas que solicitan empleados de “buena presentación”, en velada referencia al hecho de que prefieren a los criollos (mexicanos blancos, que somos una minoría étnica en nuestro país) sobre los mestizos (mexicanos de piel morena que, pese a ser mayoría en México, padecen una discriminación que varía en proporción directa a su rasgos indígenas).

2.- Los antros muy “exclusivos” cuyos cadeneros suelen impedir la entrada a los jóvenes mestizos y dar el paso a los criollos, aunque ambos lleven ropa similar.

3.- Los hoteles costeros de lujo en los que el personal de seguridad permite o niega el acceso a quienes deambulan por la playa con base en su fisonomía (eso que en Estados Unidos se llama racial profiling y que tanto nos indigna cuando se aplica para detectar inmigrantes indocumentados).

4.- El casting de las telenovelas privilegia a actrices y a actores criollos, y el de la publicidad televisiva, que relega a los mestizos y opta por modelos de facciones preferentemente nórdicas, y si no al menos mediterráneas (los culebrones y los anuncios resultantes difunden paradigmas estético-eróticos que propician un equívoco aspiracional y refuerzan complejos de inferioridad).

5.- El malinchismo sexual (representado emblemáticamente por la vieja campaña publicitaria de “La rubia Superior / la rubia que todos quieren”) que se sigue divulgando por una mercadotecnia que identifica el objeto del deseo con rostros y cuerpos de tipo caucásico (difícil imaginar en las televisoras escandinavas comerciales que proclamen la superioridad de la belleza indígena y la tácita inferioridad de güeros y güeras).

6.- La vinculación, en la publicidad fotográfica, de imágenes de éxito, riqueza y poder con el prototipo del WASP norteamericano o del blanco europeo.

7.- El mensaje implícito en telenovelas, anuncios y hasta películas de que los triunfadores son los criollos, que los indios y los mestizos no son inteligentes y que están destinados a ocupar los peldaños más bajos de la sociedad.

8.- La entronización de prejuicios provocada por la segregación de barrios pobres de mestizos, que sólo llegan a convivir en las colonias ricas de criollos en condiciones de trabajadoras domésticas (lo cual agudiza los efectos de nuestra desigualdad socioétnica).

9.- Los restaurantes caros donde la abrumadora mayoría de los clientes son criollos y la inmensa mayoría de los meseros son mestizos y donde el trato varía en función del fenotipo.

10.- Las élites políticas, empresariales e incluso sindicales, cuyos miembros son casi sin excepción criollos (se salvan parcialmente las élites militares y clericales).

11.- El vocabulario del mexiñol (el español que hablamos en México), que da una connotación denigrante a palabras que aluden a los descendientes de las civilizaciones prehispánicas y que se asocian con la servidumbre (indio, naco, achichincle, gato).

12.- El uso del diminutivo “mexicanito” para referirse a un indígena o a un mestizo, y de expresiones como “aspecto distinguido” o “tipo de sirvienta”, que se usan para elogiar o menospreciar el porte de quienes tienen características físicas europeas o autóctonas.

13.- Familias mestizas que prefieren nueras o yernos “blanquitos” y de preferencia “güeritos” para “mejorar la raza”, y que celebran el nacimiento de bebés de tez blanca y ojos claros (y que truecan denigración en autodenigración).

14.- La demanda de cremas para “aclarar” la piel y de tintes para teñir el pelo de rubio, y en menor medida (son muy costosas) de cirugías para afilar la nariz.

15.- La enorme dificultad para encontrar muñecas morenas y en la abundancia de las blancas en las jugueterías e incluso en los tianguis de México.

16.- El proceso de aculturación que llevó a los niños del video de Conapred a señalar como buena y bonita a la muñeca blanca y mala y fea a la de piel oscura.

17.- El despotismo de las ladies (arpías) de Polanco y el gentleman (energúmeno) de Las Lomas que agredieron verbal y físicamente a quienes llamaron “asalariados” o “pinches indios”.

18.- El “no somos iguales”, injuria que tiene tanto de clasista como de racista (el clasismo en nuestro país, donde hay una estrecha correlación entre raza y clase, suele ir de la mano del racismo).

19.- Las bromas y burlas del estilo de “tiene sangre europea, porque uno de sus antepasados se comió a un español”.

20.- El hecho execrable de que los indígenas mexicanos que viven en zonas rurales sean los más marginados de los pobres y de que la población mestiza urbana padezca una marginación más sutil pero igualmente discriminatoria.

¡... Al rancho!

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

Se llama La Chingada... Yo creo que mandaría al ahora célebre lugar a todos los funcionarios de alto rango cuyo desempeño ha sido lamentable

Allá por el camino a Morelia, saliendo de Atlacomulco hacia Maravatío, había una pequeña fonda que se caracterizaba por dos cosas: servir unas muy buenas tortas y tener un nombre insólito: La Chingada Azul. A mi madre le causaba hilaridad el nombre y en más de una ocasión fuimos a degustar las tortas de esa singular fonda.

Esto me vino a la memoria porque se supo que un candidato presidencial (cuyo nombre omito para no cometer actos de campaña) tiene allá por Palenque, a 284 kilómetros de Tuxtla, un rancho con ese mismo nombre, La Chingada, y se supo que dicen que dijo (no lo afirmo porque puede ser acto de campaña) que está cansado y que se retirará a ese lugar para disfrutar de un merecido descanso después de años de brega.

Respeto la decisión de esa persona (callo su nombre por las razones antedichas) porque creo que cada quien puede hacer de su capa un sayo y cada quien es dueño de su vida, pero me puse a pensar, ¿cuántos más deberán irse a ese rancho?

Yo creo que mandaría al ahora célebre rancho o a un rancho similar a todos los funcionarios de alto rango cuyo desempeño ha sido verdaderamente lamentable. ¿Qué me dice usted del secretario de Gobernación, que se arruga cuando alguien lo interpela? ¿Y qué piensa del de Economía, que no ha podido regularizar el abasto ni controlar los precios? ¿O la de Relaciones Exteriores, cuyas pifias son conocidas internacionalmente? ¿O el de Desarrollo Social, cuyo combate a la pobreza ha elevado el número de pobres? ¿Y el de la Función Pública, el de Agricultura, el de la Reforma Agraria? Creo que sería muy bueno mandarlos a todos… al rancho.

Y también mandaría al rancho a los legisladores de todos los colores, que han hecho de su curul un botín, ignoran o desprecian a los ciudadanos y, en ese mismo convoy que llegue al rancho, deberán ir los gobernadores y, sobre todo, los ex gobernadores que no han gobernado, han permitido el saqueo, se han llevado millones a sus cuentas y han dejado de hacer obra en sus entidades y, como el convoy sería muy grande, yo mandaría al rancho a los presidentes municipales, los policías, los síndicos y demás “autoridá” que no han cumplido con sus obligaciones.

Evidentemente no todos cabrán en el afamado rancho de Chiapas, por lo que habrá que construir otro rancho, del mismo nombre, pero un poco más alejado, para bien de todos.

Pero se necesitaría un ferrocarril si se pensara enviar al rancho a los funcionarios mencionados por el titular de la Auditoría Superior de la Federación, ya que sus principales conclusiones demuestran que los costos para el país trascienden el mal uso de los impuestos de todos los mexicanos: las acciones y omisiones en el ejercicio de los recursos públicos no sólo mermaron la calidad de vida de amplios segmentos de la población, sino que en algunos casos tuvieron consecuencias fatales, pero… ¡no pasa nada!, ni los funcionarios ni las secretarías ni los organismos desconcentrados son tocados, y todos merecen ir… al rancho.

Y no digo más porque calificar todo lo anterior sería un acto anticipado de campaña, de una campaña que me gustaría convocar para que todo cambie en el gobierno de mi país, lo que podría comenzar mandando… al rancho a los aquí mencionados.

Ni de panzazo

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga1)
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Son tan egoístas que se dan la
espalda a sí mismos
. Florestán


Me invitó Carlos Loret a una matiné en lo que fue el antiguo cine Diana del Paseo de la Reforma, hoy modernas salas, para ver la proyección del largometraje De panzazo, que codirigió con Juan Carlos Rulfo.

El trabajo, un gran reportaje llevado al cine, documenta lo que ya sabemos sobre fallas y debilidades del sistema educativo en México, donde salvo el compromiso de la mayoría de los maestros, con su vocación, y de los alumnos, con su educación, el panorama es devastador.

Nos presenta el abandono de escuelas, que parecen cualquier cosa menos eso, un centro de estudios, espacios en los que se instaló una computadora y una televisión para la educación a distancia, pero no el internet para conectarse, y en otras ni siquiera la luz.

Pero si ese deterioro en las instalaciones es grave, es peor lo que se oculta entre las cifras y los informes oficiales, desastre que confirman los resultados de las pruebas de Enlace y Pisa que nos echan a los últimos lugares, y el rechazo a la evaluación magisterial, escudándose en reivindicaciones sindicales que anteponen a su compromiso educativo.

Loret proyecta una serie de intereses políticos y económicos que se mueven en torno a la real dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, y en una toma logra un autorretrato dramático de la mujer más poderosa de México, que ha pervertido esa fuerza y en lugar de canalizarla en la mejora de la educación en México, la ha desviado a proyectos de poder político y personal, como la formación de su partido, el Panal, y en el logro de posiciones de gobierno, de nuevo el poder económico y político, como lo confirma cuando le pregunta por su negativa a informar sobre el presupuesto del SNTE, y ella responde: por estrategia política.

Esto, y no sólo el dramático abandono de muchas escuelas en el país, es lo más grave del largometraje.

Tan grave, que ni de panzazo puede pasar.