febrero 26, 2012

El colapso Maya lo causó modesta sequía

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

El colapso de la civilización maya, hacia el siglo X de nuestra era, se ha atribuido a una sequía prolongada. El pueblo gustoso mantenía los altos estándares de vida de sus reyes-sacerdotes porque tenían comunicación directa con los dioses y, si éstos recibían suficientes corazones humanos, benevolentes retribuían con lluvia. Cuando la sequía se prolongó y los tributos a los dioses aumentaron más y más, los corazones palpitantes se les ofrecían en mayor número y no cumplían su parte, el pueblo se hartó y, no pudiendo hacer nada contra sus dioses por inalcanzables, excepto dejar de pagar tributo de sangre, se deshicieron de sus reyes-sacerdotes. Los tumultos crecientes acabaron llegando a los palacios y templos. Los sacerdotes fueron asesinados y desaparecieron los poderes.

En Collapse, Jared Diamond hace un magnífico recuento del desastre maya. Y proporciona datos confirmables: las grandes construcciones mayas estaban recubiertas de estuco pintado (a mano, diría un guía de gringuitos). El estuco se obtiene de la muy abundante piedra caliza que es el suelo de toda la península de Yucatán. Para convertir la piedra en estuco es necesario un lento proceso de cocimiento. No había otro material que árboles. Así que enormes caobos y pequeños chicozapotes eran derribados para alimentar los hornos.

El Imperio Maya es un invento del siglo XIX: “Las ciudades mayas permanecieron vacías, ocultas por árboles, y virtualmente desconocidas para el mundo exterior hasta que fueron redescubiertas en 1839 por un estadunidense rico llamado John Stephens y el inglés Frederick Catherwood” (p. 157). Hubo señoríos, feudos conectados por el idioma, el comercio, la religión y los usos y costumbres. Un conjunto de ciudades-estado más que un Estado como la Roma de mil años antes, alianzas que iban y venían, y, sobre todo, demostraciones de esplendor: la pirámide más alta, más bellamente decorada demostraba la superioridad del gobernante.

La competencia entre los reyes y nobles arrasó la selva. Hacia el siglo IX de nuestra era, el desastre ecológico se vio agravado por un ciclo solar, natural, que trae lluvias escasas. Así se explica “por qué lo último que oímos acerca de un rey de Copán es del año 822 [mil años pasaron para su redescubrimiento] y por qué el palacio real fue quemado”. La hambruna causada por la sequía se observa en los cientos de esqueletos recuperados y con signos de enfermedades y mala nutrición, señala Diamond (p. 170).

Nuevas revisiones de los sitios arqueológicos mayas encuentran que el colapso de la civilización maya no se debió a una sola mortal sequía, sino “a modesta reducción en las precipitaciones”, sostienen Martín Medina Elizalde y Eelco Rohling, autores del reporte en Science de este 24 de febrero. “La desintegración de la civilización maya clásica en la península de Yucatán y Centroamérica fue un proceso complejo que ocurrió a lo largo de unos 200 años…”, señalan y el dato está de acuerdo con otros estudios. “Concluimos que las sequías ocurridas durante la desintegración de la civilización maya, representaron una reducción máxima del 40 por ciento en la precipitación anual, probablemente debido a la menor frecuencia e intensidad de las tormentas tropicales de verano”.

Sequías hubo, pero repartidas en 200 años, y ninguna alcanzó el nivel catastrófico pensado antes de esta re-evaluación. “Sugerimos que las sequías asociadas con la desintegración de la civilización maya pudieron ser disparadas por una reducción en la frecuencia e intensidad de los ciclones sobre la península de Yucatán […] Nuestra interpretación de las sequías durante el período clásico terminal podría ser validada por futuras investigaciones enfocadas a datar los depósitos dejados por tormentas en todo Yucatán”. Las tormentas arrastran tierra y materia vegetal que luego se asienta, se deposita por capas en los fondos de lagos y así proporciona valiosa información del paleoclima.

El nuevo estudio muestra que es posible reconstruir los patrones geográficos de las precipitaciones en México y Centro América al analizar mayor cantidad de marcas en las estalagmitas de las cavernas y en los fondos de lagos.

Entonces, ¿cuáles fueron los mayas que encontraron los españoles? Pequeños poblados bajo el gobierno de un cacique y muchas variantes del maya clásico que aún se hablan.

Volviendo a Diamond, señala que los cautivos eran torturados con imaginación: se les descoyuntaban los dedos, les arrancaban los dientes y cortaban los labios y hasta la mandíbula inferior completa, según muestran murales y esculturas. Se les daba muerte (a veces años después) quebrándoles los huesos para tejer brazos y piernas en una pelota que se echaba a rodar escaleras abajo de alguna pirámide… El precio era muy alto para ni siquiera recuperar ese 40 por ciento en la disminución de las lluvias. La rebelión popular quemó todo. Ojo, diputados…

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.

Los mismos de siempre

Pascal Beltrán del Río (@beltrandelriomx)
Bitácora del director
Excélsior

Los partidos parecen estar de acuerdo en mantener el entramado de intereses sobre el que están fundados y desde el que ejercen el poder.

He escrito aquí varias veces que sin un cambio de fondo en las prioridades de la clase política, podría resultar irrelevante quién gane la elección presidencial del próximo 1 de julio.

Más allá de sus ocasionales desplantes retóricos, los partidos parecen estar de acuerdo en mantener el entramado de intereses sobre el que están fundados y desde el que ejercen el poder, repartido de manera convenenciera.

El statu quo permite el reciclaje continuo de un puñado de políticos que mandan en México. Pasan de posiciones de gabinete a escaños parlamentarios, brincan de una Cámara a otra, se benefician de enroques entre diputaciones y alcaldías o entre gubernaturas y senadurías…

Cuéntelos: no pasan de 200, en una nación de 112 millones de habitantes.

Un eurodiputado español que me visitó en la oficina la semana pasada me hizo notar que mientras en su país las carreras políticas duraban relativamente poco, en México —donde legalmente no existe la reelección directa— la influencia de estos personajes puede prolongarse por dos, tres y hasta cuatro décadas.

Como sucede con la marcha imparable del conejito de las pilas Energizer, las carreras de los integrantes de la casta divina de la política mexicana siguen y siguen y siguen...

Uno pensaría que después de ser gobernador, lo que viene es ser Presidente de la República o el retiro. Pero no: vea cuántos ex gobernadores son parte del actual Senado de la República: Fernando Elizondo, Alberto Cárdenas, Alejandro González Alcocer, Felipe González, Manlio Fabio Beltrones, Jesús Murillo Karam, Fernando Baeza, Francisco Labastida, Pedro Joaquín Coldwell, Melquiades Morales, Heladio Ramírez, Alfonso Sánchez Anaya, Ricardo Monreal, Dante Delgado… Y Leonel Godoy incluso hizo una pirueta doble este sexenio: del Senado a la gubernatura y de vuelta al Senado.

En Estados Unidos, que tiene un sistema de representación que fue calcado por México en el alba de su vida republicana, los políticos suelen elegir una de dos vías para intentar llegar a la Presidencia: la gubernatura o la senaduría. Es poco frecuente que un senador se lance en pos de una gubernatura —los que lo hacen suelen tener mala fortuna, incluso cuando ganan el cargo— y todavía más raro que un gobernador trate de ser senador. Por cierto, el Senado es la principal vía para alcanzar la Casa Blanca.

A juzgar por los candidatos que ya han surgido, por parte de las tres principales fuerzas políticas, para los distintos cargos en juego en las elecciones de 2012, seguramente el reciclaje de políticos va a continuar en el próximo sexenio.

Vea, por ejemplo, a cuántos ex gobernadores postuló el PRI en los estados para buscar un escaño de mayoría en el Senado: Patricio Martínez (Chihuahua), Ismael Hernández Deras (Durango), René Juárez Cisneros (Guerrero), Félix González Canto (Quintana Roo), Teófilo Torres Corzo (San Luis Potosí) y Manuel Cavazos Lerma (Tamaulipas). Y aún falta ver cuántos llegarían a la Cámara alta por la vía plurinominal.

El PAN no se ha quedado atrás y ha enviado como aspirantes a Ernesto Ruffo (Baja California), Juan Carlos Romero Hicks (Guanajuato), Héctor Ortiz Ortiz (Tlaxcala) y Diódoro Carrasco (Oaxaca).

Por el sistema rocambolesco que tiene la izquierda para nombrar candidatos, no habrá nada seguro antes de que se celebre el Consejo Nacional perredista del 3 de marzo, e incluso muchos aspirantes al Congreso estarán en veremos hasta que ocurra la “segunda vuelta” con los otros partidos del Movimiento Progresista y posiblemente hasta que el Tribunal Electoral procese las quejas que seguramente se generarán contra el sistema de nominación.

Sin embargo, sigue siendo posible que aparezcan como candidatos a algún cargo legislativo los ex mandatarios estatales Manuel Camacho Solís, Manuel Bartlett y Amalia García.

Hay de casos a casos, por supuesto, pero yo me pregunto qué tienen que ofrecer, en general, todos estos ex gobernadores para el trabajo legislativo. Muchos de ellos ya estuvieron en el Senado y/o la Cámara de Diputados y no dejaron tras de sí nada particularmente constructivo o, al menos, digno de recordar.

Quizá algunos digan que esos son los candidatos más populares, que eran los más mencionados en las encuestas, que se han vuelto el método preferido de los partidos para nominar candidatos. Sin embargo, fuera de mantenerse seis años más en el presupuesto (o tres, en el caso de quienes aspiren a una diputación), ¿qué expectativa puede tener el ciudadano sobre su vuelta al Congreso?

Yo no sé si en 2015 veremos —como ya reclaman muchas voces respetables— a candidatos independientes en las boletas. Hasta ahora, al menos, ha prevalecido el monopolio de las cúpulas de los partidos sobre la nominación de candidatos y eso ha hecho que los mismos de siempre aparezcan como aspirantes a legisladores o alcaldes o, en el peor de los casos, sean rescatados como funcionarios públicos.

De hecho, la inexistencia de la reelección directa ha fortalecido este sistema de perpetuación en la esfera del poder, porque ha impedido que los ciudadanos puedan mandar a su casa a los malos representantes populares.

Por eso puede ser poco importante quién resulte elegido Presidente de la República en 2012, ya que tendrá enfrente a un Congreso —seguramente dividido— que será dominado por personajes que ya han probado que no les interesa modificar el sistema de representación ni quieren decisiones necesarias para insertar a México en la competencia global, pues en el corto plazo éstas pudieran ser impopulares.

Estimo que la conformación numérica de las dos Cámaras del Congreso de la Unión no se alejará mucho de lo que hemos visto desde 1997: ningún partido tendrá por sí mismo mayoría en ellas, mucho menos el tope de dos tercios, requerido para pasar reformas constitucionales.

Para ganar la mayoría en la Cámara de Diputados, se requiere ganar con al menos 42.2% de la votación, y no veo en estos momentos al partido o coalición que pueda hacerlo. El PRI se quedó cerca en la pasada elección intermedia (2009), pero cuando la votación para diputados coincide con la elección presidencial, los sufragios para integrar el Legislativo suelen dispersarse más.

En estos momentos, ¿qué partido puede ganar 19 estados, quedar en segundo lugar en otros 13, y obtener 44% de la votación nacional, para hacerse de la mayoría en el Senado? (según una cuenta hecha por el ex presidente del IFE, José Woldenberg).

Me temo que el próximo sexenio está condenado a parecerse mucho al actual, independientemente de qué candidato presidencial gane el próximo 1 de julio.

Pese al esfuerzo de algunos destacados legisladores —que demostraron pensar más en el país que en sus propias carreras políticas—, el régimen político se mantuvo igual. Por tanto, tendremos un Presidente con grandes poderes pero también con grandes debilidades frente al Congreso.

Es un avance que México ya no sea gobernado por un cuasi monarca sexenal, pero es malo que no hayamos modificado la naturaleza de nuestro régimen para volverlo más dinámico en la toma de decisiones y que nuestra historia postautoritaria esté marcada por una tendencia al disenso inmovilizador.

Por si fuera poco, el próximo Presidente también tendrá que lidiar con un federalismo que estorba más la convivencia de lo que la procura. Y si no, vea el espectáculo absurdo de la descoordinación que entre estados y Federación se ha dado en torno del manejo de las cárceles y el agua, sólo por mencionar dos temas.

El próximo Presidente enviará cada año su propuesta de paquete económico al Congreso, pero éste saldrá desfigurado, como si alguien metiera un trozo de carne a un río infestado de pirañas. Pregunte a los diputados si no ha ido creciendo cada año la horda de pedigüeños que desfilan por la Cámara cuando se discute el Presupuesto de Egresos, mientras que nadie se atreve a impulsar una reforma fiscal de a de veras.

Por eso, con los mismos de siempre en el Congreso podemos esperar las prioridades que ya conocemos y la película de toda la vida, como si fuera una proyección de Hechizo del tiempo.

'Esperando a Kalimán' por Paco Calderón