marzo 01, 2012

Vázquez Mota, a 7 puntos de Peña Nieto: GEA/ISA

Redacción
Milenio

La panista tiene 29% de las preferencias y el priista 36%; López Obrador suma 17% y Gabriel Quadri 1%; el ejercicio “muestra un escenario de clara ventaja a un cierre de brecha”.

México • Josefina Vázquez Mota, precandidata del PAN a la Presidencia de la República, se colocó a siete puntos del priísta Enrique Peña Nieto en las preferencias electorales, de acuerdo con la encuesta trimestral GEA/ISA Escenarios Políticos 2010-2012 Gobernabilidad y Sucesión.

A la pregunta ¿Por quién votaría?, Enrique Peña Nieto obtuvo 36% de las preferencias de los ciudadanos, Josefina Vázquez Mota 29% y Andrés Manuel López Obrador, precandidato de la coalición Movimiento Progresista, 17%.

Sólo 1% de los encuestados respondió que votaría por Gabriel Quadri de la Torre, precandidato de Nueva Alianza, y 17% correspondió a indecisos.

Al cuestionamiento ¿Por quién votaría? (sin indecisos), 43% dijo que por Peña Nieto, 35% por Vázquez Mota, 21% por López Obrador y 1% por Quadri. Aquí la diferencia entre el priista y la panista es de 8 puntos porcentuales.

La segunda encuesta nacional trimestral GEA/ISA 2012 incluye preguntas sobre el proceso electoral de julio próximo, tanto de los aspirantes a la Presidencia de la República como a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

El sondeo de opinión, que será presentado hoy en el Hotel Presidente de la Ciudad de México, abordó temas sobre la situación económica, labor gubernamental, seguridad pública y preferencias electorales.

Anoche, en MILENIO Televisión con Ciro Gómez Leyva, el presidente ejecutivo de GEA-ISA, Ricardo de la Peña, dijo que esta encuesta “muestra un escenario de una clara ventaja de un contendiente a un cierre de brecha” a siete puntos entre el primer y segundo lugar de las preferencias en la elección presidencial, lo que refleja cambios importantes de noviembre a febrero tras la difusión de la última encuesta.

Gómez Leyva informó que Grupo Milenio tomó la decisión de presentar todos los días los resultados de sondeos de opinión respecto a los cuatro presidenciables y se aportará una quinta cifra del número de indecisos que es un aspecto fundamental para tomar en cuenta.

Comentó que GEA-ISA no sólo es una de las encuestadoras más prestigiadas en México por su trabajo altamente profesional, sino que fue la empresa que presentó los sondeos más precisos de las elecciones presidenciales de 2000 y 2006.

Señaló que se entregó al IFE toda la documentación de la encuesta y señaló que Grupo Milenio asumirá el costo económico de la misma al 100 por ciento, para satisfacer las exigencias de lectores y televidentes que demandan productos del siglo 21.

Gráfico: Alfredo San Juan

Nota metodológica: La encuesta se levantó del 17 al 19 de febrero de 2012 mediante mil casos efectivos de entrevistas cara a cara en hogares, con cuestionario estructurado aplicado directamente por entrevistadores. El margen de error teórico es de +/-4% (al 95% de confianza).

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Escucha la entrevista de Ciro Gómez Leyva con Ricardo de la Peña en: www.milenio.com/recomendamos

Sin casa

Blanca Heredia (@BlancaHerediaR)
La Razón


Miro a mi alrededor, me fijo; trato de entender lo que dicen. Escudriño sus gestos, la posición de sus hombros y el movimiento de sus brazos. No queda duda: son caras, cuerpos, palabras de políticos y políticas. Vislumbro las certezas, los nudos y los vacíos que habitan las etiquetas que les dan piso y cobijo: PRD, PAN, PRI. Veo colores y ademanes inconfundibles, que, sin embargo, terminan confundiéndose unos con otros.

Los panistas suelen llegar a tiempo a las citas; los perredistas, no. Los priistas tienden a avisar que vienen retrasados y tienen por costumbre moverse y desplazarse en enjambres, siempre nutridos y bien jerarquizados. El baile de los panistas es un fox-trot o un vals; el de los priistas es cualquiera, pero siempre circular. El de los perredistas es cumbia, onda grupera, rock o lo que sea, siempre que se baile revolviendo intensidad con desparpajo.

Los priistas saben mentir con elegancia, sin saltarse comas ni acentos. La mayoría de los panistas sienten que deberían creer eso que te están diciendo. Los perredistas ven en la mentira parte del arsenal de la lucha y el cinismo completo con el que mienten es cada vez más estridente. Los priistas te miran a los ojos y te hacen sentir importante. Los panistas suelen mirar de lado y dan la impresión de estar, casi siempre, en otra parte. Los perredistas están y no, nunca se sabe.

Cada uno de esos grupos se cuenta historias para dormir bien en la noche. Partes de esas historias que se cuentan y nos cuentan me resuenan. La pasión por la igualdad de la izquierda que imagino me conmueve. El ahínco libertario de la derecha liberal, también. El deleite cierto que a los priistas les produce lograr las cosas también puede moverme. Lo que me toca de lo que cuentan, sin embargo, son pedazos sueltos de un cuadro cada día más despostillado, borroso y roto.

No me reconozco en ninguno de esos membretes. Las casas que nos ofrecen desde las cuales mirar y actuar en el ámbito de lo público me resultan profundamente inhóspitas. No me gustan sus modos y sus formas; tampoco me gustan sus discursos ni los hechos concretos que producen. En cada una de esas casas posibles encuentro hebras sueltas de la que soy. Ninguna de ellas, sin embargo, me resulta mínimamente habitable.

Tiene, sin duda, cosas muy buenas no sentirse parte de ninguna casa de las que se nos ofertan desde la política como trincheras para vivirla. La libertad que da es deliciosa y tiene la ventaja adicional de evitarte el tener que andar justificando el membrete elegido. Pero sentirse tan lejos de todas las casas políticas posibles también tiene costos. Pertenecer a cualquier tribu impone concesiones y sacrificios, pero hay cosas, especialmente en política, que sólo pueden hacerse con y desde una manada.

Alguna parte de mí querría ser capaz de reconocerse en el imaginario colectivo asociado a algún membrete partidario. Pero lo que nos venden los partidos políticos hoy por hoy, desde todas las estaciones de radio, las calles, los puentes y los espectaculares gigantes, sólo me irrita o me aburre. No me dice nada de lo que quiero oír, no me dice nada que me interese oír. Algo así como querer comprar una casa y encontrarte con un vendedor que no tiene la que quieres, pero que insiste en venderte otra casa o alguna otra cosa que no te interesa y que, sobre todo, no tiene absolutamente nada que ver con esa casa aireada, luminosa, tibia y grande en la que te gustaría vivir.

Del “si no pueden renuncien” al reconocimiento

Adrian Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

> Alejandro Martí conserva la autoridad moral que se ganó después de aquel “si no pueden renuncien”, pronunciado ante los encargados de la seguridad de todo el país, incluido el Presidente de la República.

Por eso –y por estricto sentido de justicia-, deben destacarse los conceptos que vertió ayer, en una reunión similar a la de hace cuatro años, pero con matices distintos.

El empresario, que tuvo la desventura de perder a un hijo a manos de una banda de secuestradores, aseguró que el país está hoy “muchísimo más adelantado en materia de reformas y modelos seguridad que hace algunos años”.

Martí recordó que, hace cuatro años, cuando la pena le motivó a declarar “si no pueden renuncien”, no había esquemas policiales y antisecuestros definidos.

“En aquel entonces recuerdo que exigíamos muchas cosas que hoy tenemos, cosas que hacer; es una gran diferencia de hace cuatro años; hoy tenemos modelos de la reforma, modelos policiales, modelos de las oficinas antisecuestro, muchas implementaciones que ya fácilmente podemos tomar como actos de buena práctica y replicados a nivel de todos los estados.

"Estamos muchísimo más adelantos que hace cuatro años y medio, eso no me cabe la menor duda y lo quiero venir a confesar”, dijo durante la sesión ordinaria número 32 del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

El reconocimiento hecho por Martí, que dicho sea de paso, también aclaró que falta mucho por hacer en el tema, tiene el plus adicional de que lo hace en su carácter ciudadano, es decir, que nadie le puede reprochar que haya declarado lo anterior porque ya lo hicieron candidato de tal o cual partido.

Martí no se ha dejado seducir por el canto de las sirenas.

> Otra vez, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó por unanimidad el documento en el que el Instituto Federal Electoral dio respuesta a las 18 preguntas que le planteó la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, el 18 de enero, sobre la organización y transmisión en radio y televisión de debates electorales.

El “otra vez” viene a cuento porque lo mismo pasó con la petición de aclaración que hizo Andrés Manuel López Obrador al IFE y solo respondió generalidades.

Ahora, lo que el Tribunal ordena a IFE es que responda en concreto y sin dejar lugar a dudas qué es lo que pueden hacer los medios electrónicos de comunicación en campaña, si pueden ser debates, encuentros, entrevistas, o cualquier otro género de interacción con los candidatos.

Y es que en los términos en los que fue planteada la respuesta, se dejaban huecos legales que podrían haberse utilizado por el IFE o por algún partido que se hubiera sentido afectado para pedir una sanción al medio de comunicación.

La CIRT, que preside Tristán Canales, pidió que cualquier norma que se emita en materia de radiodifusión “sea clara, precisa y respetuosa de los derechos de libertad de expresión de los comunicadores y de acceso a la información de los mexicanos”.

O más sintético, que se acabe con la incertidumbre jurídica.

¿Nos fiamos o no?

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

No se ha enfriado aún el cadáver del líder norcoreano Kim Jong-il, enterrado en medio de una teatral histeria colectiva en diciembre del año pasado, cuando su hijo menor y heredero, el novato Kim Jong-un, sorprende al mundo con lo más parecido a una excelente noticia: Estados Unidos enviará comida para los hambrientos norcoreanos, a cambio de que Corea del Norte suspenda su programa nuclear y permita que haya inspectores de la ONU presentes, para garantizar que no mienten.

De cumplirse lo acordado se reabrirían las puertas a las interrumpidas pláticas a seis bandas —las dos Coreas, EU, China, Rusia y Japón— para hablar del desarme y la desnuclearización de la península coreana; y quién sabe, si nos ponemos a soñar, hasta podrían ponerse a hablar de la reunificación.

Pero no adelantemos acontecimientos; no estamos en el cuento de la lechera. Washington no se fía de Pyongyang y con razón. El anterior “querido líder”, Kim Jong-il, prometió demasiadas veces que iba a ser bueno y luego, tras recibir medicinas, dinero y alimentos de los occidentales, se burló varias veces de ellos lanzando misiles de largo alcance o ensayando con cargas nucleares subterráneas, poniendo así al borde del infarto a surcoreanos y japoneses.

Tendremos que esperar, pues, a los hechos y comprobar si Kim Jong-un es el Gorbachov norcoreano que todos esperamos o una marioneta más en manos de los viejos generales comunistas, esos que lo vigilan de cerca con sus uniformes cargados hasta lo absurdo de medallas.

Nuevo León, gobierno fallido

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

Cuando los grupos criminales pueden, con absoluta impunidad, bloquear avenidas de Monterrey y municipios conurbados; extorsionar negocios; movilizar sectores lumpen de las zonas marginadas; exhibir “colgados” en los puentes de arterias importantes a miembros de las bandas rivales; imponer autogobiernos en las prisiones y lograr, como ocurrió en el penal de Apodaca, la rendición de directivos y custodios, es porque estamos ante un gobierno fallido.

Los saldos desastrosos en términos de seguridad de la administración de Rodrigo Medina han llevado a que los grandes empresarios regiomontanos le pierdan la confianza; los dirigentes de los organismos patronales le exigen, de nuevo, “resultados inmediatos”.

En los meses que han transcurrido desde su toma de posesión, las “ejecuciones” se han disparado y son decenas los funcionarios asesinados, sobre todo municipales y del área de seguridad pública.

La designación del general de división Javier del Real Magallanes como secretario de Seguridad Pública del estado parece mostrar que el gobierno de Medina ha abdicado y le entrega a la Federación el mando de sus fuerzas policiales. Del Real, un militar respetado que conoce la región de la que fue comandante, enfrentará una situación muy adversa: la descomposición de la policía y de los penales; el enfrentamiento sin códigos de los antiguos aliados (el cártel del Golfo y Los Zetas); la infiltración de las instituciones públicas por el narco… y el hartazgo de una sociedad que quiere resultados y los quiere ya.

¿Qué ocurrió en el poderoso centro industrial, económico y financiero? Y, más aún, ¿qué fue lo que permitió que se generaran tales niveles de descomposición en anchos territorios del país? Un intento de respuesta reclama ir más allá de la coyuntura. Durante muchos años el Estado mexicano tuvo un compromiso con el bienestar social; la educación pública era superior a la privada y favorecía la movilidad social ascendente; las instituciones (IMSS, Conasupo, Banrural, etcétera), aun con sus excesos y su corrupción, funcionaban. Pero, de pronto, cambió el “modelo” de desarrollo y se abandonó ese compromiso; se impuso una lógica que llevó al desmantelamiento de la estructura de atención a trabajadores, empleados, pequeños productores, campesinos pobres y franjas marginales de la población (casi la mitad de los mexicanos), quienes tendrían que rascarse con sus propias uñas. El estancamiento económico dejó a millones de jóvenes sin perspectivas de vida digna, empezando por la educación y el empleo…

En la frontera norte —Ciudad Juárez es un caso emblemático— se impulsó un crecimiento desordenado a partir de las maquiladoras y pronto se hicieron visibles las deformaciones del trabajo femenil sin una red social (guarderías, escuelas, deportivos, servicios de salud) de apoyo a los menores que crecieron en el desamparo.

Pero en la raíz está, asimismo, toda una cultura de la ilegalidad. El nuestro es un país en el que, a todos los niveles y en todas las actividades, se viola la ley sin consecuencias. El núcleo de todo es la impunidad: un tejido social permeado por la corrupción.

Y, claro, a nivel más concreto, también han influido los cambios en los hábitos de consumo de drogas en Estados Unidos (la sustitución de la cocaína por drogas sintéticas, significativamente), lo que implicó que una parte de la cocaína se quedara en México e incentivara la creación de un mercado de adictos. Otro ingrediente fue la venta de armas de alto poder a la delincuencia, que incrementó su capacidad de fuego; y, otro más, la nueva lógica de los cárteles: del control de las rutas al control de los territorios.

Hoy, mientras nos hartamos con la basura electoral, el golpeteo entre las fuerzas políticas y la disputa por las candidaturas, seguimos perdiendo al país. El proceso de descomposición avanza en todas las regiones al ritmo que crece el miedo y la desconfianza ciudadana en la capacidad gubernamental, lo mismo federal que estatal, para revertir esta espiral de violencia.

En la guerra entre los cárteles, no sabemos quién va ganando. Pero una cosa es cierta: México y sus instituciones van perdiendo. El caso Nuevo León, específicamente de Monterrey y zona aledaña, es uno de los más graves síntomas.

El Estado fallido

Carlos Elizondo Mayer-Serra (@carloselizondom)
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

El penal de Apodaca estaba bajo el mando del crimen organizado a través de amenazas, corrupción o una mezcla de ambos. El gobierno de Nuevo León no pudo concentrar suficientes recursos como para asegurar que quienes estaban en la cárcel no se fugaran o no delinquieran desde ahí. En México casi ninguna autoridad logra ni ha logrado ejercer control real sobre los penales, como se ve en noticias casi diarias al respecto. La excepción son algunos penales federales de alta seguridad y aún así logró escaparse El Chapo Guzmán.

La fuga de Apodaca y los narcobloqueos posteriores en Monterrey son la parte visible en el desgobierno que reina en Nuevo León. En diversas zonas del estado el crimen extorsiona y secuestra recurrentemente. Los afectados no tienen a quién recurrir, las policías municipales están compradas o aterrorizadas. La policía estatal, para fines prácticos, no existe. Los medios, en ocasiones, se mantienen callados.

Nuevo León parece un Estado fallido. Si no fuera por el Ejército y la policía federal, el peso del crimen organizado sería mucho mayor, pero la presencia de las fuerzas federales está limitada a ciertas zonas y funcionan mientras no se corrompan.

La fragilidad de las instituciones mexicanas es conocida. Todos los expertos recomiendan fortalecerlas. Es una sugerencia obvia. El gobierno federal y las entidades dicen perseguir ese objetivo, pero es una tarea muy complicada, en parte por la falta de foco del gobierno federal, quien creyó que bastaba enfrentar a los narcotraficantes y encerrar a los principales cabecillas. Pero el reto de tener instituciones que funcionen es enorme. Hay, casi, que empezar de cero y, como tantas instituciones no funcionan, no es fácil ir creando la masa crítica para que se imponga la ley frente a la fuerza del crimen y la corrupción.

En México construimos mecanismos para la solución de conflictos para los cuales la legalidad y las instituciones eran muchas veces mera referencia. Antes de la alternancia, era menos visible el problema, pero ahí estaba, se manifestaba desde la ineficacia y corrupción de casi todas las policías hasta en el manejo de empresas públicas como Luz y Fuerza del Centro. Las fallas de nuestro Estado se encuentran por todos lados. La suma de muchas fallas va construyendo un Estado fallido.

La ley no suele respetarse naturalmente. Una vez le pregunté a un chofer en Alemania, parados frente a un semáforo en rojo en la noche en una calle vacía, cuál era la sanción por pasarse el alto. El chofer no sabía. No importaba. Como punto de partida la ley se acata. En México se requiere presencia física de un hombre armado para poder hacer que incluso ciertas reglas sencillas se cumplan. Un ejemplo pedestre. En la Ciudad de México, sobre Avenida General Juan Cabral, que separa al Hospital Central Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional, hay dos topes y un semáforo. Cuando un vehículo militar quiere atravesar esta calle, lo que detiene a los autos que circulan es un soldado uniformado.

El documental De panzazo es una crónica de las fallas de nuestro Estado, incapaz de sancionar a los maestros que no asisten a las aulas, incapaz de despedirlos si no enseñan, incapaz de regular la educación privada. La administración pública no suele guiarse por el principio de la eficacia y el mérito. ¿Cuándo ha visto usted un anuncio de Pemex en que se invite a concurso para la contratación de técnicos e ingenieros? Pemex no contrata así. No puede ser una sorpresa que nuestro principal recurso natural esté mal administrado, que las refinerías pierdan siempre dinero y no pase nada.

Se necesitan estructuras gubernamentales eficientes basadas en prestar servicios de calidad y con reglas que todos cumplan. No se puede, por decreto, convertir al país en uno donde la ley sea razonable y la respetemos todos. No se trata tampoco de hacer exhibiciones mediáticas de tolerancia cero, como la conducida por López Obrador en 2003, cuando trajo al ex alcalde Rudolph Giuliani.

Cuando arranquen formalmente las campañas, los candidatos tendrán que explicarnos dónde piensan concentrar su energía para construir instituciones fuertes y qué características tendrán éstas. No se puede hacer todo. Menos cuando les tocará heredar una sociedad fragmentada, altos índices de violencia y un gobierno que no puede darle seguridad a sus ciudadanos, pero que insiste en distraerse en actividades que hace mal, como refinar gasolinas, y que las puede hacer alguien más.

El gabinete de mil 500 años

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

No creo que sume el anunciado gabinete de Andrés Manuel López Obrador, si llegara a ganar la elección presidencial, mil 500 años de edad, según lo dijo Josefina Vázquez Mota, pero por ahí va. El hecho es que, salvo algunos, como Marcelo Ebrard, que ya anda en los 52 años, los demás propuestos por el ex jefe de Gobierno rebasan con mucho esa edad y el problema no es, como lo mencionó Andrés Manuel, que sea un equipo “con experiencia”, sino que demuestra, quizá, mejor que ninguna otra cosa, la forma en que piensa Andrés Manuel y cuál es el México que añora.

López Obrador considera que los gobiernos revolucionarios concluyeron cuando él salió del PRI de Tabasco, a mediados de la administración de Miguel de la Madrid. En este sentido, José López Portillo, como él mismo se proclamó, fue el “último Presidente de la Revolución”. La posición de Manuel Bartlett en las listas del frente de izquierda como primero en la fórmula de Puebla se explica por la misma razón: para la corriente democrática que encabezaban Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, y a la que se incorporó López Obrador ya bien avanzado el proceso electoral de 1988, su precandidato era Manuel Bartlett y el precandidato al que no querían de forma alguna era Carlos Salinas de Gortari. Si hubiera sido Bartlett el candidato, no hubieran roto con el PRI, como lo confesó alguna vez Rodolfo González Guevara. No deja de ser una paradoja histórica que quienes operaron esa cuestionada elección, desde la Secretaría de Gobernación, aunque fuera del círculo del salinismo, haya sido Bartlett, mientras que en el corazón del salinismo operaron, en una posición privilegiada, entre otros, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, hoy todos colocados en las primeras posiciones del equipo de Andrés Manuel.

Más allá de las anécdotas, el gabinete anunciado por López Obrador sólo puede generar una añoranza del tabasqueño por los viejos, buenos tiempos. En un país de jóvenes, con talentos indudables en todas las áreas de la vida social, Andrés Manuel dice que recurrirá, entre otros, a Elena Poniatowska, para la Secretaría de Cultura (que reemplazaría al Conculta), que está a punto de cumplir 80 años. Para Seguridad Pública a Manuel Mondragón y Kalb, quien desempeña ese cargo en el DF actualmente y tiene 76 años (quizá, por su desempeño, la única propuesta consistente en este grupo, aunque ser secretario de Seguridad Pública federal con más de 80 años debe ser algo desgastante). Recurriría a Bernardo Bátiz, para procurador general de la República, que no sólo tiene 75 años, sino que fue un desastre como procurador en el DF, durante la gestión de Andrés Manuel en la capital. José Agustín Ortiz Pinchetti, otro de los incondicionales de López Obrador, sería el secretario de Trabajo y Previsión Social y tiene 75 años. Para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, un área clave en cualquier proyecto de desarrollo, López Obrador buscaría al ingeniero Javier Jiménez Espriú, hace ya tiempo en el retiro, de 74 años. El investigador René Drucker sería el nuevo secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, pero René, al que ya se le fue hace tiempo la Rectoría de la UNAM, tiene 74 años. El ex ministro y ex presidente de la Suprema Corte de Justicia, Genaro Góngora Pimentel, de 74 años, sería su consejero jurídico y Jorge Eduardo Navarrete, su secretario de Relaciones Exteriores, a sus 71 años.

¿Realmente en el entorno del PRD no hay personajes más jóvenes, con una visión más moderna del país o del mundo? Los hay, pero no confía Andrés Manuel en ellos. Una cosa es la experiencia y la otra conformar una suerte de politburó al estilo del viejo Partido Comunista soviético, donde las promesas jóvenes rondaban los 60 años (o aquella vieja CTM, donde el responsable de la juventud cetemista, con Fidel Velázquez al mando, era un chavo de 50 años cumplidos, Zúñiga se apellidaba, si mal no recuerdo). El equipo y la campaña de Andrés Manuel, incluido el spot de Héctor Bonilla, huelen al pasado, no apuestan por el futuro sino por la restauración. Termina estando formado por hombres y mujeres a los que, por diversas razones, algunas lógicas, otras no, se les fue el tren del poder (como a López Obrador) y el ejercicio, más que de ambición de alcanzarlo, gira en torno a la añoranza de no tenerlo.

En ese contexto, se comprende mucho mejor aquella frase de Andrés Manuel respecto a su cansancio y a su retiro al rancho La Chingada, si llega a perder la elección. Pero, fuera de ello, hoy parece más evidente que nunca que la propuesta de López Obrador es el regreso a un México revolucionario que ya se fue hace demasiado tiempo y que las nuevas generaciones no pueden desear porque sencillamente nunca lo conocieron. Y en eso las encuestas no mienten.