marzo 06, 2012

Anuncia Clouthier su postulación a la Presidencia




Fernando Damián
Política
Milenio

El diputado con licencia cuestionó la “partidocracia” del PRI, PAN y PRD, y puso en entredicho los méritos de Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador.

Ciudad de México • El diputado con licencia Manuel Jesús Clouthier anunció su postulación como candidato ciudadano a la Presidencia de la República, por considerar que ninguna de las tres principales fuerzas políticas nacionales ofrece una alternativa para el país.

Cuestionó la “partidocracia” del PRI, PAN y PRD, y puso en entredicho los méritos de Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador como aspirantes a la Presidencia de México.

Previamente, Manuel Jesús Clouthier informó que dejaría su curul en la Cámara de Diputados y competiría por un escaño en el Senado.

Clouthier asumió el cargo de diputado federal del PAN en septiembre de 2009, pero sus diferendos con la estrategia anticrimen del presidente Felipe Calderón le significó ser marginado de la candidatura panista al Senado de la República por el estado de Sinaloa.

Mitofsky: Concentrado de encuestas




RHR

Federico Reyes Heroles
Reforma

Para Sergio S.

Supongamos que hay un hombre muy rico para los estándares de un país muy injusto. Supongamos que ese hombre desde hace décadas ha venido conjuntando esfuerzos personales e institucionales a favor del rescate de sitios arqueológicos, monumentos coloniales, casas señoriales amenazadas por el tiempo, piezas de arte, igual esculturas que pinturas, que textiles, que artesanías. Supongamos que su energía le permite agregar a la lista acciones para impedir la degradación ambiental -no sólo en su país sino internacionalmente- y acudir al llamado de especies y áreas en peligro. Supongamos que el desarrollo sustentable de las comunidades es parte de sus inquietudes y que por ello organiza, junto a su apasionada y emprendedora pareja, programas imaginativos para que los niños crezcan con mayor conocimiento de su entorno y de la riqueza y la responsabilidad que ella supone. Supongamos que en su agenda incluye a su pueblo natal, sumido en el olvido.

Supongamos que, con los años, la lista de acciones en que ha intervenido, con dinero propio hoy incuantificable y con aportaciones producto de su convocatoria, suman centenas. Que igual se le reconoce geográficamente en el sureste que en el noreste o en el altiplano. Se le reconoce en patronatos de museos y universidades y por las importantes publicaciones y exhibiciones en las que ha estado detrás. Y esas son las acciones de las que se sabe, porque la lista incluye otras totalmente privadas de las cuales pocos tienen noticia. Supongamos que un día las principales instituciones culturales de ese país -en el cual las labores filantrópicas y el apoyo a la cultura no son lo común- deciden hacerle un homenaje y reconocer públicamente la larga lista de beneficios que en muchos ámbitos ha procurado el personaje. ¿Cuál debiera ser la reacción natural?

Lo normal hubiera sido la aprobación generalizada y un aplauso interno a quien ha invertido no sólo mucho dinero sino sobre todo algo que es irrecuperable: tiempo, vida. Viene la sorpresa. Surgen algunas voces escépticas y críticas soterradas, dudas sobre la justeza del acto o sobre el involucramiento de las autoridades. ¿Por qué la mezquindad es la pregunta obligada? Quizá la primera respuesta se encuentra en lo atípico de la actividad pionera en muchos sentidos del homenajeado. A diferencia de lo que ocurre en otros países, en México el involucramiento de las empresas y sobre todo de los empresarios en actividades -del género que sea- de beneficio comunitario sigue siendo excepcional. Por eso la simple existencia del homenajeado incomoda. Quizá también porque el ejemplo eleva los estándares de lo mucho que se puede hacer. Quizá porque si tomamos el rasero del monto de las fortunas de los muy pocos muy ricos de nuestro país, desnudaríamos que algunos de los que más tienen no han hecho tanto como otros que tienen menos. Pero quizá lo más molesto es desnudar a los muchos que no hacen nada.

La historia de las naciones está ligada indefectiblemente con la actitud que se tiene frente a la generación de la riqueza, hacia los grandes ricos de todas las épocas. Pero el círculo se cierra con la contraparte, es decir con la actitud de los ricos hacia su sociedad. Basta con recordar el papel de los grandes mecenas en la Italia renacentista y contrastarla con la locura y frivolidad de Berlusconi. Buena parte del Renacimiento sería inexplicable sin esos mecenas que, a partir de su fortuna personal, pudieron apostar e impulsar las artes y las ciencias. En la música culta los patrocinios privados han jugado un papel insustituible. El origen de la Universidad de Chicago es la familia Rockefeller.

Cuando los ricos asumen su responsabilidad el resentimiento y en ocasiones odio hacia la riqueza disminuye. En contraste surge la admiración al exitoso. Ha habido burguesías discretas y visionarias como las de los Países Bajos. Simon Schama lo documenta en The Embarrassment of Riches y otras ostentosas y frívolas. La nuestra más bien caería en la segunda categoría. Basta con ver los desplantes públicos de las nuevas generaciones para quedar aterrado. La falta de educación, ya no digamos de cultura, es monstruosa. La ostentación y majadería es lo común. La percepción popular es que la riqueza surge de la corrupción y por desgracia con frecuencia corresponde a la realidad. Pero también hay otro México en el cual la riqueza es producto del esfuerzo, del trabajo, de la imaginación, del arrojo, del riesgo. Ese México paga hoy los costos de la bien ganada mala fama de algunos colegas.

En ese contexto nuestro personaje incomoda. Hay muchos que pueden hacer algo. Hay muchos que pueden hacer mucho más. También en esto viva la competencia. Su principal herencia, con la que convivirán sus descendientes, no será contabilizada en pesos sino en la estela que dejen tras de sí. Incentivar una riqueza responsable y comprometida es el reto. Hay país para todos y muchas necesidades. Por cierto, RHR está por Roberto Hernández Ramírez.

Paranoia

Marcelino Perelló
Matemático
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

¿Será que el proceso electoral que se nos viene encima va a transcurrir sin mayores sobresaltos? Y cuando digo “mayores” no me refiero a las inevitables impugnaciones —“voto por voto, casilla por casilla”—, plantones, bloqueos y tomas, a las cuales ya nos vamos acostumbrando y vamos empezando a incorporarlas a nuestro patrimonio histórico-folklórico-cultural.

“Cada vez se muere más gente que no se había muerto antes” es uno de los apotegmas más célebres del no menos célebre Filósofo de Güémez, del que ya tuve la ocasión y el placer de hablar no hace mucho en mi columna de los miércoles.

Güémez es una pequeña población de Tamaulipas, a medio camino entre Ciudad Victoria y el triste y recientemente renombrado San Fernando, cerca de la ribera del lago Vicente Guerrero. Ahí habitó en la primera mitad del siglo pasado el pintoresco personaje al que vuelvo a aludir hoy, autor de la ocurrencia con la que encabezo estas líneas, y que como toda ocurrencia legítima, esconde detrás de la sonrisa una inquietud.

Como suele acontecer con los personajes legendarios, la personalidad exacta del filósofo no está bien establecida, se le atribuye al menos a tres prohombres distinguidos del poblado: José Calderón, Darío Guerrero y Juan Mansilla Ríos. Lo más probable es que la imagen actual sea una síntesis de, por lo menos, estos tres ilustres.

Pero no es un recorrido por las innumerables sentencias memorables del filósofo lo que intento hoy. Me quedo y me centro en la que quise convertir en el pie forzado de estas líneas. Y de ella me fijo en primer lugar en el hecho indiscutible de que, a medida que envejece uno, en efecto, cada vez hay más huecos entre aquellos que acostumbraban rodearlo a uno.

Esto, sin dejar de ser lamentable y escalofriantemente cierto, no es aquello sobre lo que ahora yo quiero poner el énfasis. Sino en el hecho, en absoluto trivial, que anuncia y denuncia el enunciado: a saber, de que no porque algo no haya ocurrido antes no puede ocurrir después.

En torpe paráfrasis a nuestro hombre, diré que nada pasa antes de que pase por primera vez. Verdad que no por obvia deja de ser sorprendente.

Me lleva a esta reflexión infantil y sin duda paranoica el vodevil armado en torno a este personaje entre cómico y siniestro que es el tal Coqueto, su fuga rocambolesca y su novelesca e intragable recaptura.

¿Será que el proceso electoral que se nos viene encima va a transcurrir sin mayores sobresaltos? Y cuando digo “mayores” no me refiero a las inevitables impugnaciones —“voto por voto, casilla por casilla”—, plantones, bloqueos y tomas, a las cuales ya nos vamos acostumbrando y vamos empezando a incorporarlas a nuestro patrimonio histórico-folklórico-cultural.

No. Hablo de cuestiones mayores, hasta ahora inéditas en nuestro país, al menos desde el asesinato de Álvaro Obregón en 1928, incluido el de Luis Donaldo Colosio en el 94. ¿Se plantea usted, audaz lector, la posibilidad de que las elecciones federales previstas para inicios de julio de este año sean “aplazadas” sine die, debido al “clima de inseguridad” y a la “injerencia de los narcotraficantes en el proceso electoral”?

¿Suena descabellado? ¿Algo así no puede suceder por la simple razón de que nunca ha sucedido? ¿Sería incapaz el gobierno de los que creen en Dios de armar tamañas artimañas? ¿Ante un impasse de esa magnitud, surgirían en la sociedad mexicana fuerzas sociales, ajenas a los “partidos” que se enfrentaran a tal autogolpe de Estado.

¿El gobierno de Estados Unidos lo permitiría? ¿Ese gobierno presidido por ese pobre hombre que tantas esperanzas despertó y que ahora se apresta, sin enrojecer, a bombardear al pueblo sirio? (Obama no puede enrojecer, a lo más, ponerse moradito, pero ni eso).

¿Es realmente difícil organizar un par de atentados de suficiente magnitud para que la población, nerviosa, amedrentada, indefensa, acepte ver vulneradas las más caras conquistas de nuestra historia no tan reciente?

La historia del tal Coqueto ya me hace creer en cualquier cosa.

En fin, no me haga mucho caso. Estoy enfermo y de mal humor. Y digo tonterías. Paranoia.

Digan lo que digan, hoy es solo Peña contra Josefina

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

El cruce de descalificaciones sobre la peor de las pesadillas dejó ver con quién está soñando el PRI y con quién el PAN.

El domingo, en su magno evento de aniversario, el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, fue rotundo al expresar que al tricolor le corresponderá poner fin a “la pesadilla de dolor, violencia, corrupción y pobreza que el panismo le ha recetado al país” en estos 12 años.

El golpe de regreso tomó 24 horas. Dijo ayer el vocero del PAN, Juan Marcos Gutiérrez, que las pesadillas del PRI “son reflejo de su subconsciente, por las tropelías y la corrupción vueltas sistema con las que gobernaron al país y lo siguen gobernando en muchas entidades federativas”.

Hagamos a un lado el análisis de qué parte puede estar más cerca de la razón. Lo significativo es que, a menos de cuatro meses de la elección presidencial, PRI y PAN dibujaron ya el modelo 2012 del peligro para México. Y que ninguno está pensando en la izquierda de Andrés Manuel López Obrador.

Dígase lo que se diga, en las oficinas del PRI desapareció la sonrisa condescendiente que les daban los dos dígitos de ventaja en las encuestas. Josefina Vázquez Mota, lo saben, está cerca. Hay que sacar la artillería.

En las del PAN campea el ánimo de 2000 y de 2012. Los azules sienten que vuelven a tener la victoria a tiro de piedra. Eso los excita como pocas cosas.

Algo rápido tendrá que hacer López Obrador para no convertirse en el Cuauhtémoc Cárdenas de 2000 o el Roberto Madrazo de 2006. No es cosa de descalificar a una u otra encuesta, sino de ver en quién se están ocupando sus dos adversarios.

Y como dicen los cronistas deportivos, el tiempo comienza a ser factor.