marzo 12, 2012

Logística deslava protesta de JVM

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

> Esta visto que el PAN decidió correr el riesgo de convocar a un evento multitudinario para mostrar “músculo” y el experimento le salió mal.

El PAN convocó a unos 35,000 militantes al estadio Azul para presenciar la toma de protesta de la candidata presidencial Josefina Vázquez Mota.

La cita era a las 11:00 horas pero la mayoría de los panistas traídos desde todos los rincones comenzaron a llenar el inmueble a partir de las 8 de la mañana.

Muchos de ellos arribaron desde la madrugada a la capital y pernoctaron en los autobuses.

Por eso, cuando dieron las 11 de la mañana y el sol comenzaba a caer a plomo, los panistas comenzaron a impacientarse y a exigir que comenzara el evento.

Vázquez Mota llegó minutos después de las 12 al estadio, cuando el sol era inclemente y comenzaban a salirse los primeros panistas.

El evento inició una hora y media después de lo previsto; y comenzó con un discurso de Isabel Miranda de Wallace, cuya participación bien a bien nadie se explicó.

Ya a mitad del mensaje de Miranda, las tribunas del estadio comenzaban mostrar grandes vacíos, que se hicieron mayores cuando protestó la candidata, casi a las dos de la tarde.

Para esa hora, el estadio se había vaciado, como lo mostraron las imágenes de televisión y fotografías del evento.

Lo malo para la candidata albiazul es que el estadio vacío se llevó la nota, desplazando su mensaje y el hecho histórico de que, por primera vez en su historia, el PAN tiene oficialmente una candidata presidencial.

Mucho tendrá que mejorar la logística en la campaña.

> La próxima semana Josefina Vázquez Mota realizará una gira por Sudamérica; el primer país que visitará será Perú, a invitación del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.

En la agenda está planeada una visita a Argentina, en donde podría reunirse con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

> Hoy toma protesta Enrique Peña Nieto como candidato presidencial del PRI; lo hará en familia, ante 1,200 consejeros nacionales del tricolor y 400 invitados especiales del candidato.

Peña rechazó la idea de celebrar el evento en el Estadio Azteca; luego propusieron que fuera en el Foro Sol y después en el Auditorio Nacional.

El candidato, sin embargo, no quiso correr riesgos y prefirió hacerlo así, en familia, en Dolores Hidalgo.

> El miércoles pasado, compareció ante los diputados el secretario de la Función Pública Rafael Morgan.

Lo hizo ante diputados de la oposición pues los legisladores del PAN brillaron por su ausencia, por lo que el funcionario pasó las de Caín en la comparecencia.

Pasado el trago amargo, se supo que los diputados del PAN no acudieron a la comparecencia por instrucciones de su coordinador, Francisco Ramírez Acuña.

Con esos amigos…

> Marcelo Ebrard se reunió con dos importantes funcionarios franceses hicieron escala en México para tratar temas de sustentabilidad: Olivier Orsini, Secretario General y capitán de Veolia Environment, que en México está asociada a Proactiva Medio Ambiente, y Pascal Terrein, Director de Investigación y Desarrollo de Electricite de France.

Impresentables

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

Los partidos políticos durante procesos electorales intentan presentar sus figuras más populares como mecanismo para atraer al mayor número de votantes. Incluso, en una supuesta estrategia de ciudadanización de la política, se invita a deportistas, artistas y toda figura que, sin tener idea de lo que significa el ejercicio legislativo o de gobierno, es presentada como cara “popular” del partido. Y aunque no hay medición de si estas personas aumentan la intención del voto a favor de un partido, la tentación por anunciar que un destacado ex futbolista o atleta se unen a una causa sigue siendo constante en el sistema mexicano.

Sin embargo, este fenómeno no es el más negativo en cuanto a la relación entre partido y ciudadano. Lo más grave es cuando figuras del poder, representativas del autoritarismo del pasado, o de una historia de corrupción no sancionada por el poder que dichos personajes poseen, son incluidas entre las propuestas de un partido para candidatos a diputados, senadores u otro puesto de elección popular. Es comprensible que la dinámica interna de los partidos y las negociaciones entre grupos de interés partidarios, obliguen a ubicar a estos “impresentables” en lugares visibles para acceder a puestos.

El problema radica en medir qué tanto daño ocasionan estas personalidades oscuras a la imagen partidaria, al grado de que el votante decida no optar por el partido. Y por lo pronto, los tres grandes partidos y sus aliados tienen políticos de este tipo entre sus candidatos. Para quienes el asunto se complica enormemente es para la izquierda al postular, a propuesta de López Obrador y su movimiento Morena, a Manuel Bartlett como candidato a senador por Puebla. No se trata de otro priísta que se une a la izquierda. Bartlett es símbolo del fraude electoral de 1988 y de otras cosas más, y a pesar de que en la campaña del 2006 apoyó abiertamente a AMLO, la resistencia de amplios sectores del PRD a su aceptación plena lo mantuvieron alejado del partido durante estos años.

Más allá de las razones que pudieran tener López Obrador y sus adeptos al impulsar a Bartlett, para gran parte del electorado de izquierda su figura es impresentable e incongruente con un proyecto democrático y progresista. También los priístas tienen figuras así: el líder petrolero Carlos Romero Deschamps para el Senado, y su tesorero sindical Ricardo Aldana para diputado, se ajustan a la lógica de poder interna del priísmo, pero son impresentables ante la gente a la que intentan convencer con lo de “un nuevo PRI”.

Y los panistas parecen no querer quedarse atrás. La designación hecha por el CEN del PAN de Fernando Larrazábal como candidato a diputado, y el rechazo generado por ello entre líderes del panismo regiomontano por supuestos ilícitos del alcalde de Monterrey, se conjugan con su rol ante el incendio en el Casino Royale y su negativa a pedir licencia para facilitar la investigación. Sostener la candidatura de Larrazábal es un signo de debilidad partidaria ante un político que desafió la solicitud del partido de retirarse temporalmente de su cargo para limpiar su propio nombre y evitar dañar a la institución. A cambio de ello se le premia con una candidatura impresentable ante la ciudadanía.

Son estos políticos dispuestos a todo con tal de obtener una posición de poder, los que dañan las posibilidades de triunfo de sus propios partidos, y a quienes por una u otra razón no se les puede sacar de la jugada. Son eso, impresentables en todo sentido.

Tres estilos

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

Estamos viviendo la campaña más aburrida en las historia de las elecciones competidas en México. Se pueden encontrar simpatizantes de cualquier partido pero no entusiastas. Habrá muchos preocupados pero pocos con pánico. Las elecciones del 2000 fueron elecciones de régimen: votar para simbolizar el cambio democrático. Las elecciones del 2006 fueron elecciones ideológicas: votar para impulsar un giro a la izquierda -o para impedirlo. Ahora no hay nada de eso: voto sin épica, sin ilusión y sin espanto. Tenemos, sin embargo, la opción de elegir entre tres estilos, tres formas de entender el liderazgo, tres diagnósticos del problema medular de la política mexicana, tres enfoques para encararlos.

Si hablamos de un hombre que lamenta el abandono de los valores tradicionales, que cree que el apego a una doctrina es la base de una vida plena y feliz, que ve al mundo premoderno como una reserva ética frente al perverso reino del individualismo y que condena los "placeres momentáneos"; un hombre convencido de que, por encima de las leyes, debe imperar un "código moral" pensaríamos de inmediato que se trata de un político de derecha. Un conservador que no tiene problemas para pedir, para la política, un baño espiritual. Se trata, desde luego del candidato de la izquierda mexicana que, en combate contra su imagen pública, abraza el discurso del amor. El tono es nuevo pero el estilo es fiel a sí mismo. Andrés Manuel López Obrador predica como lo ha hecho siempre. Está convencido de que el problema de México es esencialmente un problema ético y que los complejos problemas del país no lo son. Bastan los valores. La reforma fiscal que necesitamos es honestidad. La reforma al sector energético que necesitamos es honestidad. La política de seguridad que le urge al país es que el bien suprima al mal. En el diagnóstico del país hay un desprecio explícito a la aproximación técnica a los problemas de México. Quizá la apelación a ese instrumento, fría herramienta moderna, es parte de nuestra crisis moral. Lo que el país necesita es un guía moral en la Presidencia de la República: un predicador.

Josefina Vázquez Mota se deleita en la vaguedad. Su retórica no es la de una predicadora sino la de una oradora motivacional: sonrisas para el optimismo y el pensamiento positivo, buenas intenciones vendidas como si fueran un proyecto. La candidata del PAN no concreta una idea ni una propuesta porque cree que lo que le hace falta al país es un constructor de consensos. Ella quiere presentarse como la negociadora que México necesita. De acuerdo a su diagnóstico, el gran problema del país es la incapacidad de llegar a acuerdos. Consenso es la palabra central en su discurso. Su mejor credencial no es lo que piensa o lo que propone sino la gente a la que ha invitado para colaborar con ella. A diferencia del presidente Calderón, a Vázquez Mota no le intimida el talento de otros y bien puede invitar a colaborar con ella a quien sabe, no a quien es su amigo. En el proceso panista se vio con claridad su indisposición al debate. Sus contrincantes la cuestionaban seriamente, a veces con severidad, y ella seguía aferrada al libreto de su sonrisa. Su renuencia a discutir es reveladora. Es una profesional de las evasivas por razón doble. En primer lugar, no parece tener ideas que defender; en segundo lugar, si alguna idea tuviera, no querría aferrarse a ella y bloquear después una negociación. No es polemista como Calderón, ni pendenciera como Fox: quiere tejer consensos. Josefina Vázquez Mota cree en la política como un bordado de acuerdos. Así se promueve: una tejedora.

El candidato del PRI no propone negociaciones sino eficacia. Cree que la efectividad está reñida con las transacciones y por ello busca la restauración del antiguo presidencialismo. Pretende cambiar las reglas constitucionales para dotar al Presidente de una mayoría que le permita gobernar. No le interesa formar un Congreso profesional que responda a sus electores sino continuar con una legislatura dependiente de las jerarquías partidistas. Su idea de la reforma política es clara: ganar capacidad presidencial a costa de la diversidad. Limitar el pluralismo, ese obstáculo dañino, para darle al Ejecutivo la palanca del mando pleno. Nadie podrá decir que Peña Nieto es un hombre de ideas, pero tampoco puede negarse que ha suscrito un proyecto político detallado y coherente. Ahí está la clave de su estilo: ha adoptado un programa y quiere realizarlo. No es un predicador moral ni un tejedor de acuerdos: es un chofer que piensa llevarnos hasta el domicilio que le han notificado como deseable. No quiere que lo distraigamos, no busca negociar con nosotros la ruta que va a tomar ni los atajos que le recomiendan sus asesores. Nos pide confianza y sugiere que nos echemos una siesta mientras él maneja el coche. Es un chofer que cree que la sociedad mexicana va en el asiento trasero.

Esos son los estilos en campaña: un predicador, una tejedora, un chofer.

AMLO mató el amor

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

Como lo adelantamos, al mudar la estratagema amorosa, regresará el López Obrador crítico del gobierno de Calderón

Luego de un minucioso estudio de opinión —sobre el fracaso de la República Amorosa—, la llamada “izquierda mexicana” y los “estrategas” de su candidato presidencial decidieron darle “cristiana sepultura” al amor, empleado como eslogan de campaña.

La decisión de “matar al amor” es uno de los puntos centrales del cambio de estrategia que ordenó Andrés Manuel López Obrador, luego que una encuesta reveló que, si bien siete de cada diez encuestados identifica la República Amorosa, sólo tres de ellos cree que es un eslogan atractivo.

En pocas palabras, que la chabacana patraña de la República Amorosa no se la tragaron ni los fanáticos del “lopezobradorismo”, ya no se diga los ciudadanos en general y, sobre todo, los electores a los que fue dirigida la venta del amor, como producto de mercadotecnia política. Y el fracaso fue de tal magnitud que apenas ayer —durante la protesta como candidato presidencial del Movimiento Ciudadano— AMLO ya sacó del discurso el tema del amor.

Pero una vez probado que “el amor” no da votos, López Obrador tiene ya listo el nuevo discurso, también novedoso, ahora vinculado con el cambio y con la verdad. ¿De qué se trata? Pues precisamente de eso, del fuerte vínculo que pretende “vender” AMLO con su figura, su candidatura y su historia. Es decir, hacer creer a los electores que el tabasqueño es el representante del “cambio verdadero”.

Ayer mismo —en un poco emotivo evento en el teatro Metropolitan, que contrastó con el acarreo poco afortunado de la candidata Josefina Vázquez Mota en el Estadio Azul—, el candidato López Obrador centró su discurso en el “cambio verdadero”, y hasta trató de prevenir a los electores, al proponer que no voten por “un anuncio publicitario” —en relación a Peña Nieto—, sino por “el cambio verdadero” que, según pregona, “está en la voluntad ciudadana”.

Pero más allá de los discursos, dicen los estrategas de AMLO que el eslogan del “Cambio Verdadero” parte de la idea de que la contienda presidencial de 2012 será entre dos. Pero no, que nadie se equivoque. No se trata de reconocer que la batalla se dará entre el PRI y el PAN, como lo demuestran todas las encuetas.

No, AMLO impulsará la idea de que los tricolores y los azules son uno mismo, un interés común y único, y que la pelea será entre esas gemelas que han caminado juntas desde 1988 —el PRI y el PAN— y “el cambio verdadero”, que lo representa —por supuesto— López Obrador. Así, y de nueva cuenta, AMLO le apuesta a un juego de palabras para colarse a la tendencia de que la disputa será entre dos; entre él, que es uno, y el otro, que son el PRI y el PAN juntos. El problema es que pocos creen que resulte el nuevo recurso engañabobos.

Pero no es todo. Los estrategas también trabajan en eliminar la imagen de AMLO envejecido, sea en campaña, sea en los juegos de beisbol. Por lo pronto ya le cambiaron el look, le matizaron el pelo, le rediseñaron los trajes y —aunque usted no lo crea— pronto aparecerá en spots y encuentros con jóvenes. O sea, que además de matar al amor, también decidieron “matar al viejito”.

En este caso, los estrategas estudiaron los spots de los entonces candidatos Mitterrand, de Francia, y Lula, de Brasil. Como es sabido, los dos debieron recurrir a estrategias de imagen y mercadotecnia para cambiar la imagen de candidatos añosos. Y también, como se sabe, en los dos casos la estrategia resultó ganadora. Y claro, a ello le apuesta AMLO, a quien veremos rodeado de jóvenes.

Pero tampoco ahí termina el cambio de estrategia. Como lo adelantamos, al mudar la estratagema amorosa, regresará el López Obrador crítico del gobierno de Calderón y de los candidatos del PRI y del PAN. Pero que nadie se equivoque, no criticará a los medios, a los empresarios, y menos a las agrupaciones sociales como, por ejemplo, los sindicatos. ¿Le resultará la nueva estrategia? Al tiempo.

EN EL CAMINO.

Por cierto, le va a salir muy cara a AMLO la defensa a ultranza del indefendible Manuel Bartlett. ¿Por qué? Porque podrá decir misa, pero no sólo compra la carne envenenada del fraude electoral de 1988, sino del crimen de Manuel Buendía y el vínculo de Bartlett con las bandas del narcotráfico a través de José Antonio Zorrilla, el ex director de la DFS. Y nomás falta que AMLO también perdone a Zorrilla y hasta le guarde su candidatura a diputado federal. Pero lo más vergonzoso es que la dizque izquierda guarda un penoso silencio de complicidad ante todo ese cochinero. ¿Y el diario La Jornada no dirá nada; seguirá aplaudiendo la impunidad?

"Warning…"

José Antonio Álvarez Lima
alvalima@yahoo.com
Heterodoxia
Milenio

Atacar al mensajero, sin atender el mensaje.

Nuevamente ocurre, ante la advertencia de Steven Mc Graw, jefe del Departamento de Seguridad Pública de Texas, para que los turistas de esa entidad no viajen a México porque: “No hay garantías de que la violencia relacionada con las drogas no alcanzará a personas inocentes”.

La reacción lógica y madura ante esta denuncia debería consistir en realizar un análisis sereno de ella y dar una respuesta prudente y fundada para reducir el daño causado.

No ha sido así. Tanto las autoridades federales como los gobernadores han reaccionado con histeria y torpeza acusando, sin pruebas, a Mc Graw de obedecer intereses políticos y económicos ocultos.

No se han presentado, hasta hoy, razonamientos que muestren datos duros o testimonios favorables que desmientan las supuestas exageraciones texanas, ni tampoco se han anunciado campañas para aclarar el panorama y buscar recuperar la confianza.

Un asunto tan delicado, que se debe abordar con tacto y talento, se trata como si fuera una disputa entre luchadores loderos.

Que la seguridad se ha deteriorado en todo el país es un hecho innegable. Que el deterioro no es de la misma magnitud en la Riviera Maya, Los Cabos o Puerto Vallarta que en Monterrey, Cuernavaca o Pátzcuaro es evidente. Que la gran mayoría de los norteamericanos que visita México regresan felices a Texas o Minnessota también. Así como que los precios para pasar unos días de fiesta en México son muy competitivos.

Entonces, ¿por qué no existe en la Secretaría de Turismo, en el Consejo de Promoción Turística o en la Conago un grupo de profesionales que, en todo momento, tengan listos razonamientos y piezas de comunicación de la más alta calidad, para responder satisfactoriamente a los previsibles warnings que, ya sabemos, se emitirán de tanto en tanto en Norteamérica o Europa.

El caso de Quintana Roo es patético. Su economía depende absolutamente del ingreso turístico y, por tanto, debería tener los más altos niveles de profesionalismo para atender y dar seguridad a los visitantes. No es así. Tanto los ciudadanos como los turistas que ahí viven están en riesgo por la pésima calidad de la seguridad pública. Los escándalos provocados por ex gobernadores y alcaldes con supuestos o reales vínculos con el narco son públicos. Los casos de policías asociados con la delincuencia son innumerables. Muy pocos están certificados. Las fallas de la procuraduría del estado son legendarias. La violencia dentro de la cárcel de Cancún es frecuente. La corrupción está generalizada. Y ahora la cereza del pastel: Greg Sánchez y El Niño Verde amenazan con ser los próximos senadores quintanarroenses. ¿Qué tal?

Uno de los aciertos del antiguo régimen fue que la Federación se encargó directamente de la fuerza pública en el norte turístico de Quintana Roo. Por eso se lograron, hasta hace 10 años, altos estándares de tranquilidad que garantizaron el ingreso de miles de millones de dólares para el país.

Ante la amenaza de la violencia y los warnings, ¿no podría la Federación volver a ocuparse de la seguridad de Quintana Roo, antes de que sea demasiado tarde?

Los narcobloqueos y balaceras en Guadalajara acaban de prender otro foco rojo, ahora en el Consulado Americano de esa ciudad.