marzo 15, 2012

"Una voz que me taladra…"

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

El asunto Cassez porta una inusual complejidad jurídica, política y diplomática. Desde el punto de vista legal, porque pone en tensión valores que deben ser protegidos: el derecho de los indiciados a un proceso con todas las formalidades de la Constitución, las leyes y convenciones internacionales y, no menor, el de las víctimas que reclaman que no quede impune ese horrendo delito.

El proyecto del ministro Zaldívar subraya la presunción de inocencia y fallas al “debido proceso”, sobre todo el montaje para televisión —que hasta sigue sin consecuencias para sus responsables— y la supuesta manipulación de evidencias, lo que habría generado un “efecto corruptor” en todo el proceso que impediría conocer la realidad de los hechos.

En mi opinión, los errores absurdos, reprobables, que se cometieron durante la liberación de las víctimas no deben llevarnos a ignorar el asunto de fondo: la participación en esos hechos abominables de Florence Cassez y su novio Israel Vallarta.

Los padres de Florence han conseguido involucrar al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, cuyas gestiones para liberarla y su conducta grosera y prepotente convirtieron el tema judicial en diplomático, baste recordar su decisión de dedicar a Cassez el Año de México en Francia; la trama resultó una oportunidad para exaltar el nacionalismo galo y sumarle apoyo a un jefe de Estado en apuros.

Pero, además, el tema se ha contaminado. No han faltado quienes buscan ubicar a Cassez y al titular del Ejecutivo mexicano, como los extremos en pugna. Desde esta lógica, confirmar las resoluciones condenatorias (la sentencia definitiva del Primer Tribunal Unitario en Materia Penal del Primer Circuito y la resolución del Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito, que negó el amparo) implicaría favorecer la estrategia de Calderón.

El proyecto de Zaldívar se inscribe en una corriente jurídica que debiera sentar precedentes. Seguramente muchos indiciados o incluso condenados sufren una prisión injusta que no se habría dado de haber tenido un proceso apegado a la Constitución y a las leyes. Pero esta visión no toca lo esencial. En su resolución, el Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito estableció: “efectivamente se encuentran acreditados tanto los delitos que se le atribuyen a la quejosa como su responsabilidad penal al respecto, ya que si bien es cierto que las víctimas no lograron verle la cara, por tenerla cubierta, empero proporcionaron algunos datos que coincidieron con los de la quejosa como son su voz, su acento extranjero, el color y textura de la piel de sus manos, el color de su cabello, aunado a las circunstancias de la detención, como son el que acompañaba a su coinculpado Israel Vallarta, quien refirió el lugar donde se encontraban las víctimas…”

Y está el alegato de los secuestrados. En su declaración ministerial del 9 de diciembre de 2005, Ezequiel Elizalde afirmó (y lo ha repetido): “Esta mujer es la que me llevó los sándwich, me dijo que no hiciera pendejadas, me sacó del cuarto y me dijo que le iban a mandar un regalo a mi papá, que quería un dedo o una oreja, fue quien me inyectó”.

Más dramático aun es el relato de Cristina Ríos Valladares en una carta a la opinión pública —La Jornada, viernes 13 de junio de 2008— de los horrores indescriptibles que vivió con su hijo en los 52 días de cautiverio en los que sufrió abuso sexual y tortura sicológica: “[…] Florence Cassez, la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio… la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos […] clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona”.

Si los ministros de la Primera Sala resuelven en el sentido que propone el ministro Zaldívar (“revocar la sentencia recurrida y otorgar el amparo a la quejosa”), las víctimas de la banda Zodiaco y muchas otras agregarán al sufrimiento de los días de cautiverio, el dolor de la impunidad.

Ni a cenar

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Hace 31 años Fidel Castro fue informado por México de que no podría asistir a la Cumbre Norte-Sur en Cancún. El organizador, López Portillo, se vio obligado a no requerir a su amigo; Reagan, presidente de Estados Unidos, fue muy claro: si iba Castro, no iría él. Y aunque Cuba presidía a los Países No Alineados, carecía de sentido una reunión sobre desarrollo económico sin EU. Cuando Castro fue notificado, hizo un gran berrinche, pero tuvo que aceptar.

Hace unos días, el presidente colombiano Santos viajó a La Habana para informarle, ahora a Raúl, que no podría asistir a la Cumbre en Cartagena en abril. Semanas antes, Rafael Correa había amenazado, a nombre del ALBA (Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba y Paraguay a medias), que si no invitaban a Cuba, ellos no irían. Como en 1981, con México, Santos habría previamente despachado a su canciller a la isla para indagar sobre el deseo cubano de participar; la respuesta de Raúl había sido afirmativa.

Ello colocó a Santos en una situación incómoda: o bien padecía el boicot del ALBA, o bien casi seguramente tendría que prescindir de Obama. Por más consejos bien intencionados, aunque ilusos, que varios latinoamericanos dieron a Obama -de ir a Colombia y usar el foro para exigir la democratización de Cuba de cara a Castro-, lo último que necesita un Presidente demócrata, en plena campaña y criticado por sus adversarios por "liberal y débil", es una foto con cualquiera de los Castro. Igual que JLP hace 31 años, Santos le avisó a Raúl que "no hubo consenso para invitarlo a Cartagena".

Hace 10 años, le pasó algo semejante a Fox y a su canciller (el que escribe). Con una diferencia: la Conferencia en Monterrey era un cónclave de la ONU. El país anfitrión se veía obligado a invitar a todos los países de la ONU.

No era posible evitar la visita de Castro a Monterrey si él quería. Y lo deseaba para presionar a Fox y evitar la condena a Cuba en Ginebra. Fox no desinvitó a Castro, pero le dijo que era bienvenido por el mínimo tiempo posible, marcado por el reglamento de la ONU: su discurso, el llamado retiro, y una cena. La razón era obvia: desde su viaje a Caracas en 1959, Castro ha hecho política en cada país que visita. Basta recordar su estancia de un mes en Chile, en 1972, y la pesadilla que fue para Allende.

Fox, con razón, quiso impedir el proselitismo de Castro por las calles de Monterrey, y así se lo hizo saber. La prensa mexicana resumió la postura de Fox con la ficticia exclamación "Comes y te vas". López Portillo y Santos no invitaron a los Castro ni a comer ni a cenar; Fox lo sentó a su lado y lo acompañó a terminar el postre para que regresara a su isla.

Lo notable en 30 años es que, a pesar de la supuesta declinación del poder de Estados Unidos en América Latina, de la supuesta mayor independencia de países sudamericanos y de las supuestas reformas de Raúl Castro en Cuba, cuando algún país tiene que escoger entre los Castro y Washington, hacen lo mismo: Washington. Los supuestos aliados de La Habana -Brasil o Argentina por ejemplo- no se sumaron al boicot del ALBA. México tampoco.

La postura de México refleja las paradojas de la vida internacional. A menos de que suceda algo sorprendente, el presidente Calderón será el primer mandatario mexicano desde Díaz Ordaz en no visitar Cuba; Echeverría fue tres días al igual que López Portillo. De la Madrid fue dos días al final, en 1988; Salinas fue por seis horas a finales de su mandato; Zedillo acudió a la Cumbre Iberoamericana, aunque no en visita bilateral, en noviembre de 1999; Fox fue dos días en febrero de 2002.

Calderón es el Presidente más castrófilo desde López Portillo (Salinas se volvió después). No deseaba nada más que recomponer las relaciones entre México y Cuba lastimadas, según el Presidente mexicano, por culpa de Fox. Aparentemente se quedará con las ganas y viajará después de su sexenio. Ya se verá si gozará de la misma hospitalidad que recibieron otros; a lo mejor Calderón la necesitará más.

Una nueva ola de candidaturas independientes

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Siempre he estado a favor de las candidaturas no partidistas por una razón fundamental: en la política, al igual que en la economía, es mejor la competencia que los monopolios. De hecho, considero que uno de los problemas que tiene nuestra democracia es el monopolio partidista de la representación, el cual ha generado una clase política vividora y adicta de prerrogativas multimillonarias que pagamos los contribuyentes.

Si bien el rompimiento del monopolio priista fue central para democratizar la política del país, los partidos que pactaron la democratización mantuvieron para ellos el monopolio de las candidaturas. Establecieron una competencia restrictiva: dentro de los partidos, todo; fuera de ellos, nada. Transitamos, de esta forma, de un régimen de un solo partido a uno de tres y morralla, partidos que se han dedicado a defender sus monopolios y restringir aún más la competencia. Han venido reformando la ley para dificultar la formación de nuevos partidos e internamente establecido reglas que privilegian el otorgamiento de candidaturas a sus miembros más veteranos y no a los nuevos afiliados o a ciudadanos sin filiación partidista.

Las candidaturas independientes no es un asunto teórico. En el país hay cada vez más ciudadanos que quieren competir fuera de los partidos. Jorge Castañeda y Víctor González Torres pretendieron hacerlo en la elección presidencial de 2006. El primero demandó un amparo para poder registrarse como candidato independiente, demanda que fue desechada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) quien lamentablemente no quiso entrar al fondo del asunto. El segundo hizo campaña con su dinero, pero su nombre nunca apareció en la boleta.

En Sonora y Yucatán las legislaturas locales habían aprobado leyes que admitían las candidaturas independientes. En 2006, a propósito de un caso yucateco, la SCJN resolvió que las candidaturas no partidistas eran constitucionales, siempre y cuando los legisladores federales o locales determinaran “dentro de su sistema jurídico electoral, si sólo los partidos políticos tienen derecho a postular candidatos a esos otros cargos de elección popular o si también permiten candidaturas independientes”.

De esta forma, la SCJN abrió la puerta a este tipo de candidaturas, pero obligó a que los legisladores explícitamente las aprobaran y definieran reglas que aplican a los partidos como el financiamiento de las campañas, la fiscalización de dichos recursos y el acceso a los tiempos de radio y televisión que, como se sabe, sólo pueden ser administrados por el IFE.

A finales de este sexenio, el Senado aprobó una reforma que permitía las candidaturas independientes a nivel federal. El asunto desafortunadamente se atoró en la Cámara de Diputados. Luego entonces se entiende que el IFE está impedido para registrar a candidatos no partidistas.

El asunto viene a colación porque varios ciudadanos, hartos de los abusos partidistas, están en el ánimo de inscribirse como candidatos independientes. El ex panista Manuel Clouthier ya anunció que lo hará para la elección presidencial. Le seguirán otros ciudadanos que se inscribirán para el Senado y la Cámara de Diputados. A todos ellos, el IFE los rechazará. Supongo que luego irán al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a desafiar dicho rechazo. Este Tribunal, de acuerdo al criterio fijado por la SCJN, con toda seguridad también negará el registro de candidatos independientes. Acto seguido, espero, acudirán a instancias jurídicas internacionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para exigir que el Estado mexicano respete el derecho de todo ciudadano “a ser votado”. De esta forma se sumarán a la lucha que comenzó Jorge Castañeda para bien del país. Porque permitir las candidaturas independientes o, en su caso, simplificar la formación y el registro de partidos políticos, oxigenaría nuestra vida democrática al desafiar a una partidocracia que hoy goza del monopolio de la representación política.

¿Acarreados? No, transportados

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga1)
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Al rompecabezas de mi vida siempre le sobran piezas. Florestán

En estos tiempos de competencia electoral, los ánimos se crispan y los duros se endurecen más en un esfuerzo, a veces, de quedar bien con la superioridad.

Digo esto por la furia de ciertos ultras del PAN que se dieron por ofendidos por la mención de que los asistentes el domingo a la protesta de Josefina Vázquez Mota en el estadio Azul eran mayoritariamente acarreados.

No digo que todos, tengo claro que hubo militantes que fueron con entusiasmo en apoyo de su precandidata presidencial a nivel de cancha.

Pero en el graderío, no registré aquella característica de los panistas, de una militancia alegre, animada, comprometida, aguantadora.

Vimos, sí, unas tribunas llenas de gente a las 11 de la mañana, pero no de alegría, ánimo y compromiso partidista, lo que muestra que no todos eran militantes del PAN, más bien eran transportados —les molesta lo de acarreados.

La incógnita que pudieran tener algunos se despejó a partir de las 12 y media, cuando a la voz de se van los autobuses, las tribunas se comenzaron a vaciar, sin esperar la protesta de su candidata ni el mensaje a sus seguidores, cuando en otros tiempos ni sol, ni cansancio, ni sed, ni aburrimiento, ni tiempos de espera los hubieran movido.

De ser militantes, se hubieran quedado no obstante el sol, el cansancio, la sed, el aburrimiento y los tiempos de espera. Nada los hubiera desanimado ni sacado del graderío.

Esto es lo que me confirma que la mayoría de los presentes en el estadio no eran militantes panistas de aquellos, sino transportados a un evento del que muchos ni sabían de qué se trataba.

Y por eso se fueron.

RETALES

1 REGISTROS. Con el primer minuto de hoy Gabriel Quadri se registró ante el IFE como candidato presidencial de Nueva Alianza. A las nueve lo hará Enrique Peña por la alianza PRI-Verde, el sábado Josefina Vázquez Mota por el PAN y el jueves 22, Andrés Manuel López Obrador por el Movimiento Progresista;

2 MISA. Enrique Peña Nieto confirmó que no irá a la misa multitudinaria del Papa, el domingo 25 en el Cerro del Cubilete. Vázquez Mota sí, y está pendiente la respuesta de López Obrador, quien, reitero, había expresado su disposición a tener un encuentro con Benedicto XVI, lo que el nuncio Christophe Pierre canceló para todos los aspirantes, y

3 SODI. Una vez frustrado su proyecto de repetir como candidato del PAN al gobierno del Distrito Federal, Demetrio Sodi está en el de impedir que Lía Limón lo sea a la delegación Miguel Hidalgo, donde empuja con todo a su segundo, Ricardo Pascoe. Limón ha sido una crítica de la gestión de Sodi, como muchos, pero Sodi no la quiere hurgando en sus papeles cuando se vaya.