marzo 16, 2012

'De la changada' por Paco Calderón




Amina decide morir, Johanna decide luchar

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Dos historias sobre mujeres he leído esta semana, en la que se conmemoró el Día de la Mujer.

La primera la protagoniza Amina Filali y es una historia triste. Amina decidió morir el sábado pasado. Se envenenó con matarratas y murió en espantosa agonía. Tenía solo 16 años. La segunda historia no tiene nada de triste y la protagoniza alguien de 69 años y apellido imposible, Johanna Sigurdardottir.

Amina nació en Marruecos y por haber nacido allí acabó quitándose la vida. Johanna, por el contrario, nació en Islandia, y por haber nacido allí ha podido convertirse en la primera jefa de Estado de la historia que se casa con alguien del mismo sexo, pero lo mejor no es que va a pasar a la historia por este detalle de su biografía, sino porque ha tenido que ser una mujer, ella, la que ha logrado sacar a su país de la ruina, luego de que Islandia fue llevada a la bancarrota, por la sobredosis conjunta de avaricia capitalista y testosterona que sufrió su antecesor, Geir Haarde.

Amina podría haber nacido en Islandia, o haber nacido hombre; pero no tuvo esa suerte, lo hizo en un país musulmán y ya sabemos qué pasa si naces mujer en un país musulmán: vales menos que un hombre, porque así lo dice la ley (escrita, claro, por hombres). Esta es la triste realidad incluso en países árabes supuestamente más liberales, como Marruecos, donde las mujeres no tienen que vivir bajo una burka, como en Afganistán; o donde no tienen que pedir permiso a su marido o a su hermano para que la lleve en coche a algún lado, como ocurre en Arabia Saudí, donde tienen prohibido manejar.

Amina fue violada hace nueve meses, cuando tenía 15 años. El padre de la pequeña denunció al violador, pero algún oportuno jurista recordó que el artículo 475 del Código Penal marroquí permite al violador de una menor de edad casarse con la víctima y evitar así el juicio y la cárcel. Según la ley marroquí, como la de muchos otros países de su entorno cultural, “el agresor, al casarse, reconoce su culpabilidad”. En otras palabras, es como si condenan a un cura pederasta a que imparta clases de gimnasia a niños.

La peor pesadilla de Amina se hizo pues realidad. Sus padres consintieron el casamiento de su hija con el violador, para salvar así el honor de la familia. Con 15 años y violada fue obligada a abandonar la casa de sus padres para irse a vivir a la casa de los padres de su agresor, donde era maltratada y llamada prostituta, porque, según comentó la víctima antes de morir, le decían que ella fue la culpable de lo que le pasó, por haber andado sola en la calle. “Y da gracias por no haber nacido en Afganistán, como Gulnaz, condenada a 12 años de cárcel por haber sido violada”, podrían también haberle dicho a Amina. En fin, que después de que le destrozaran entre todos la vida y de tener todas las puertas del futuro cerradas decidió morir este sábado.

La historia de Johanna está en las antípodas de la de Amina. Si hubiera nacido en Marruecos, casarse con una mujer no sólo sería un delito de cárcel, sino que su condición la habría empujado a un destino parecido al de Amina o al de la lesbiana Leila Amrouche, símbolo de la perseguida comunidad gay marroquí, desde que prefirió suicidarse antes que verse forzada a casarse con el hombre que le buscó la familia.

Pero Johanna nació en un país que, pese a que se forjó durante siglos en la virilidad de los vikingos, acabó siendo elegido este año como el mejor del mundo para ser mujer, según la revista Newsweek. ¿Cómo llegó a esto? ¿Será porque es el país donde más gente compra libros per cápita? ¿Será porque abolió el ejército y se gasta el presupuesto de defensa en educación e igualdad social? ¿Será porque subvenciona guarderías en las universidades, para que las madres no dejen de estudiar? ¿Será porque es de las naciones donde menos injerencia tiene la religión en la sociedad? El secreto del éxito de Johanna se basa en un poco de todo esto y en su valentía personal a la hora de enfrentarse a los varones banqueros, inversores y políticos que engañaron a todos los islandeses.

Al final, Amina decidió morir, porque todas las puertas se le cerraron, y Johanna decidió luchar, porque tuvo todas las puertas abiertas. En esto consiste hoy en día la lucha feminista: en abrir todas las puertas posibles para que Amina, como tantas mujeres en todo el mundo, tenga la oportunidad de luchar con la misma arma con la que sigue luchando Johanna y que no es otra que el orgullo íntimo de saber que puede hacer todo en esta vida tan bien o mucho mejor que un hombre.

Kafka opina

Juan Villoro (@juanvilloro56)
Reforma

El intempestivo Karl Kraus seleccionó noticias de la prensa para incorporarlas como parlamentos en su obra de teatro Los últimos días de la humanidad. De manera inversa, ciertas ficciones puede ser leídas como artículos periodísticos.

Franz Kafka concibió precisas parábolas sobre la burocracia, los errores judiciales y el poder autoritario. Es difícil superar su condición de oráculo político. El último de sus relatos fue escrito en la primavera de 1924, poco antes de ingresar en el sanatorio de Kierling, donde murió el 3 de junio. Se trata de "Josefina la cantora o El pueblo de los ratones".

En el momento kafkiano de la intercampaña, paréntesis en que la política se repliega y la realidad es sustituida por las encuestas, conviene revisar ese cuento final, que parece haber sido escrito para diagnosticar nuestro presente.

Condenso el texto a partir de la traducción de J. R. Wilcok. Kafka describe a la guía de los ratones:

"Nuestra cantora se llama Josefina... Al oír ese canto deberíamos experimentar ante todo y en todos los casos, la sensación de lo extraordinario, la sensación de que en esa garganta resuena algo que no hemos oído nunca, y que tampoco somos capaces de oír, y que tal vez Josefina y sólo ella nos capacita para oír. En realidad, no es ésta mi opinión, no siento eso y no he notado que los demás lo sintieran. En círculos íntimos, no titubeamos en confesarnos que, como canto, el de Josefina no es nada extraordinario...

"¿No será un mero chillido? Todos sabemos que el chillido es la aptitud artística de nuestro pueblo... Si uno se coloca bien lejos y la escucha o todavía mejor, si para poner a prueba su discernimiento trata de reconocer la voz de Josefina cuando ésta canta en medio de otras voces, sólo distingue, sin lugar a dudas, un vulgar chillido... Y, sin embargo, si uno está ante ella, ya no oye un simple chillido; para comprender su arte es necesario no sólo oírla sino verla...

"Admiramos en ella lo que no admiramos en nosotros; por otra parte, ella está en este sentido totalmente de acuerdo con nosotros....

"Como chillar es uno de nuestros hábitos inconscientes, podría suponerse que también en el auditorio de Josefina se oyen chillidos; nos encanta su arte, y cuando estamos encantados, chillamos; pero su auditorio no chilla, guarda un silencio de lucha.... ¿Nos extasía su canto o no sería más bien el solemne silencio que envuelve su débil vocecita?...

"Hace tiempo que se resignó a la incomprensión. Por eso le agradan tanto las interrupciones. Cualquier circunstancia exterior que se oponga a la pureza de su canto, que pueda ser vencida con poco esfuerzo... puede contribuir a despertar a la multitud...

"El pueblo es adicto a Josefina pero no lo es incondicionalmente. Por ejemplo, no serían capaces de reírse de ella. Se llega a admitir que muchos aspectos de Josefina son risibles, y la risa es de por sí una de nuestras características constantes; a pesar de todas las miserias de nuestra existencia, la risa moderada es en cierto modo nuestra habitual compañera; pero de Josefina no nos reímos. A menudo tengo la impresión de que el pueblo concibe su relación con Josefina como si este ser frágil, indefenso y en cierto modo notable (según ella notable por su poder lírico), le estuviera confiado, y él debiera cuidar de ella; el motivo no es claro para nadie, pero el hecho parece indiscutible. Pero nadie se ríe de lo que le han confiado; reírse sería faltar al deber; la máxima malicia de la que a veces son capaces los maliciosos al hablar de Josefina es ésta: 'La risa se nos acaba cuando vemos a Josefina'...

"Pero hay algo en las relaciones entre el pueblo y Josefina que es más difícil de explicar todavía. Y es esto: Josefina no sólo no cree que el pueblo la protege, cree que es ella quien protege al pueblo. Piensa que su canto nos salva en las crisis políticas o económicas, nada menos... Ella no lo dice... pero lo dicen los destellos de sus ojos y lo proclama su boca cerrada (en nuestro pueblo pocos pueden tener la boca cerrada; ella puede)...

"Una especie de inagotable... infancia caracteriza a nuestro pueblo. En oposición directa a lo mejor que tenemos, nuestro sentido común, nos conducimos muchas veces de la manera más insensata... Josefina ha sabido aprovechar desde el primer momento esta puerilidad de nuestro pueblo...

"Ella es apenas un pequeño episodio en la eterna historia de nuestro pueblo, y este pueblo superará su pérdida...

"¿Cómo haremos para reunirnos en completo silencio? En realidad, ¿no eran nuestras reuniones también silenciosas cuando estaba Josefina? ¿Era, después de todo, su chillido notoriamente más fuerte y más vivo de lo que será en el recuerdo?...

"Quizá nosotros no perdamos demasiado, después de todo; mientras tanto, Josefina, libre ya de los afanes terrenos que sin embargo según ella están destinados a los elegidos, se aleja jubilosamente, en medio de la multitud innumerable de los héroes de nuestro pueblo y, puesto que desdeñamos la historia, entrará muy pronto, como todos sus hermanos, en la exaltada redención del olvido".

¿Qué nos está pasando?

Juan José Rodríguez Prats
Excélsior

Hace algunos años, platicando sobre lo mal que estaban la clase política y los partidos políticos, Carlos Castillo Peraza me escribió en una tarjeta: Pessima corruptio optimis. Esto es, lo peor es la corrupción de los mejores, de quienes la gente espera más, de aquellos que asumen tareas delicadas, de quienes toman decisiones que repercuten en el futuro de los pueblos y de las instituciones, de los políticos.

El escenario nacional ofrece hoy un espectáculo que no ayuda a nadie. Una lucha política descarnada en medio de noticias de violencia y con una ciudadanía un tanto desanimada. No debemos sorprendernos, las democracias siempre producen inconformidad y al develarse muchas verdades sobreviene desasosiego en el ánimo social.

En esta semana abundaron las críticas al PAN. Tal vez el párrafo más agresivo sea el de Héctor Aguilar Camín: “…división, imprudencia, impericia y más adrenalina puesta en las riñas internas del partido que en la imagen de su candidata presidencial. Como si la derrota de ésta no fuera a arrastrarlos a todos”.

Voy a cumplir 18 años de militar en ese partido. Le guardo enorme gratitud y lealtad y, precisamente por eso, con todos los riesgos, soy crítico. No puedo aceptar que un partido que se hizo en la denuncia, en el señalamiento a lo que creía que estaba incorrecto, ahora castigue la disidencia y frene la autocrítica.

En buena medida, el PAN es consecuencia de la capacidad de relaciones públicas de don Manuel Gómez Morin, sobran las anécdotas sobre su bonhomía, su preocupación por el prójimo, su facilidad para cuajar amistades en todo el país. Eso le dio la fuerza para convocar a mexicanos lúcidos a la creación de un partido político en condiciones totalmente adversas y sin posibilidades de triunfo en el breve plazo. Como él mismo sostenía, era una apuesta a largo plazo, sembrando en la conciencia de los mexicanos la necesidad de la democracia, el respeto a la dignidad del ciudadano y, desde luego, la convicción firme de la vinculación entre política y ética. Efraín González Luna, compañero de este esfuerzo, hablaba más del humanismo político y de la generosidad cristiana. El PAN surgió, pues, como ejemplo de una lucha abnegada, noble, y con una solidaridad de correligionarios sustentada en la bondad. El humanismo no era visto como una doctrina filosófica, constituida por una serie de preceptos, sino como una forma de ser, de sumar voluntades y de crear lazos afectivos en una nación caracterizada desde su origen por fuerzas centrífugas y centrípetas que la mantienen en un permanente desgarramiento.

El PAN se arriesgó a procesos democráticos internos, lo cual sacudió a toda su militancia. Como es natural, ha dejado heridos en el camino. Si no hay una operación política que permita una buena coordinación entre gobierno, partido y candidata presidencial, será difícil obtener el triunfo.

¿Qué entiendo por operación política? La que parte de un principio básico: tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. González Luna y Vicencio Tovar hablaban de la regla de oro de los partidos políticos: hacerle sentir al militante el valor que cree merecer; que reciba reconocimiento y a su vez se sienta bien, que se sienta contento en el partido en el que milita.

Es algo muy difícil de realizar y el tiempo en política es escaso. Es preciso recuperar esa actitud básica del humanismo para alcanzar triunfos electorales y para que el PAN siga presumiendo de tener identidad. Parecería ingenuo requerir hoy a los militantes una dosis de la calidad humana de la que Acción Nacional hizo derroche a lo largo de su historia. ¿Será un reclamo demasiado riguroso? Puede ser, pero el PAN nació como un partido de exigencias máximas y de promesas óptimas.

La Británica y la Wikipedia

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Después de 244 años de editarse, la Enciclopedia Británica (EB) dejará de publicarse en formato papel. La EB no sólo era la más antigua que se publicaba en lengua inglesa, sino que ha sido uno de los vehículos más poderosos para difundir la cultura, el conocimiento y fiel exponente de la cultura Gutenberg.

Sin embargo, ya desde la última década del siglo pasado la EB había perdido fuerza. Desde la aparición de la enciclopedia Encarta de Microsoft en 1993, la EB sintió los efectos de la era digital en sus ventas. Sin embargo, al aparecer la Wikipedia, en 2001, no sólo hundió a la Encarta, que desapareció en 2009, sino que la EB devino en una entelequia sólo consumida por un sector de devotos que por acto reflejo o nostálgico seguía pensando que era la mejor vía para tener un registro actualizado de los conocimientos y la cultura.

Mientras la EB se sumía en la confusión, haciendo ineficaces ajustes editoriales y alimentada por un acartonado grupo de expertos, la Wikipedia ponía en marcha un modelo de enciclopedia abierto, de actualización permanente y basado en la cooperación (de crowdsourcing), que ha sido la clave de su éxito.

De la Wikipedia se puede decir que sus protocolos de supervisión no son rigurosos, pero lo que puso en evidencia es que ahora más que nunca el conocimiento es en esencia colectivo y que es imposible de obtener por un grupo cerrado de especialistas. Así, mientras la EB quedó encorsetada en un modelo de compilación del conocimiento, la Wikipedia demostró en el fondo que el mismo modelo de enciclopedia era inoperante, que la compilación del conocimiento debe ser dinámica y basada en una infinita red hipertextual y multidimensional.

El creador de la Wikipedia, Jimmy Wales, si bien pensó en crear un modelo colectivo de compilación del conocimiento, de acceso libre, que se replicara en múltiples lenguas, nunca se imaginó que había creado las bases de una cosmopedia. Creó un modelo de clasificación del conocimiento global y colaborativo que por los esfuerzos, talentos y potencialidades que concita el proyecto ha devenido en ejemplo de lo que es un patrimonio global neto de la humanidad, basado en su carácter abierto, de cooperación y diálogo entre culturas y ante el cual la EB no tendrá nada que hacer en su nueva etapa estrictamente digital.