marzo 19, 2012

Lo inaceptable

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

Las opiniones del jefe del Comando Norte de Estados Unidos sobre el inaceptable número de muertos en la lucha contra el narcotráfico tienen mucho de razón. Aunque también mucho de cinismo.

Los integrantes de las cúpulas de la comunidad de inteligencia y de defensa de Estados Unidos alientan en México una estrategia que luego recriminan por sus saldos.

Lo que ha hecho Estados Unidos con el tema del narcotráfico es algo muy simple: expulsan la violencia y atraen el dinero.

A nosotros nos alientan a hacer lo contrario: dar la batalla física a los narcos, con el resultado que tenemos a la vista, y establecer estrictas medidas contra el lavado de dinero.

Ellos consumen la droga, mantienen el fenómeno de la violencia al sur de su frontera, y el dinero de ese negocio ilícito va a los grandes bancos de la Unión Americana.

A propósito del tema, el lector David Brandón me envió un cuestionario que, en buena medida, evidencia la doble vara del vecino del norte para tratar el fenómeno.

Pregunta Brandón ¿quién vende las armas a los narcos en México? La respuesta es obvia. Es un negocio de estadounidenses.

Las siguientes preguntas tienen la misma respuesta: ellos.

¿Quién es el principal consumidor de drogas en el mundo?

¿Quién lava la mayor cantidad de dinero proveniente del narco?

¿Quién niega la existencia de grandes capos y mafias en su territorio?

¿Quién tiene agencias de seguridad que toman la droga como pago de las armas que entregan a los carteles mexicanos?

Y una última pregunta que tiene una respuesta diferente:

¿Quiénes ponen los muertos, mayoritariamente de una población juvenil a la que tienen sin educación ni oportunidades de trabajo?

Son preguntas correctas, aunque cabe hacer un comentario: la lucha contra las drogas en nuestro país no es únicamente para liberar a los estadounidenses de esa plaga.

La lucha se tiene que dar para contener el fenómeno de la drogadicción en nuestro país, pues hace tiempo que dejó de ser realidad eso de que nosotros la transportamos y ellos la consumen.

El dinero de las drogas es dinero mal habido. Es un negocio ilegal, además de criminal.

El punto está en encontrar una estrategia para combatir de manera eficaz la violencia que genera el narcotráfico.

Y recordar que circunscribir el tema de la violencia al narcotráfico es un error.

Lo que hay es un caos y un desorden más o menos generalizado en vastas zonas del territorio nacional, donde mandan los violentos.

Matan por un quítame estas pajas, secuestran, cobran por el derecho al trabajo, extorsionan, tienen el control de las cárceles, se roban hasta la gasolina de los ductos de Pemex, y campea la impunidad.

Eso, en efecto, es inaceptable. Y hay que encontrar soluciones, no huir hacia adelante.

La Corte: perder-perder

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

> Sea cual sea la decisión que tome la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el caso de Florance Cassez, la imagen del máximo tribunal del país –y México todo-, quedarán en entredicho.

Si la decisión es a favor de conceder el amparo a la francesa y ordenar su libertad, como propone el ministro Arturo Zaldívar, la justicia y policías mexicanas serán exhibidos como aparatos de cuarto nivel.

Si es en contra del proyecto, el país recibirá los mismos adjetivos y no solo de Francia, sino de todos sus aliados.

La determinación que se tome el próximo miércoles depende del valor específico que los cinco miembros de la Primera Sala de la SCJN concedan a cada uno de los aspectos impugnados por Zaldívar.

En el caso específico de la acusación de que Cassez no recibió asistencia consular inmediata, los defensores de la francesa ponen como ejemplo el caso “Avena’’, en el que México demandó a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya por negar asistencia consular a 50 ciudadanos mexicanos, algunos de ellos condenados a muerte.

En una amplia resolución que puede ser consultada en inglés y francés en el web-site de la ONU, se puede consultar al decisión final de la Corte Internacional, que concede la razón a México, pero NO por haber violado el derecho de la asistencia consular o brindarla a tiempo, sino porque Estados Unidos lastimó al Estado Mexicano al soslayar la asistencia consular.

Es decir, de acuerdo al criterio de la Corte Internacional de Justicia, la asistencia consular “si es un derecho humano’’ pero que sólo puede ser invocado por el gobierno del país del ciudadano afectado y, en el caso Cassez, hasta el momento, salvo las declaraciones en medios, el gobierno francés no ha interpuesto un recurso legal en México para reclamar ese derecho.

En conclusión, y para los que invocan el caso “Avena’’ como un ejemplo irrebatible de que el proceso contra Cassez fue violentado, como el ex canciller Jorge Castañeda, si la Corte fundamentara una eventual liberación de la francesa, nada podría evitar que todos los extranjeros presos en México, independientemente de su sentencia y delito, podrían interponer un amparo y salir libres.

Por eso, sin duda, la Corte está en un berenjenal, del cual, sea cual sea la decisión, no saldrá bien librada.

> El PAN realizó ayer elecciones de sus candidatos a delegados; llamó especialmente lo que ocurrió en Cuajimalpa y Benito Juárez, dos de las delegaciones con el sello blanquiazul desde hace varios años.

Precisamente por ese detalle, es decir, por el triunfo casi seguro, la patadas bajo la mesa, los chanchullos y las prácticas que fueron criticadas por los panistas, estuvieron a la orden del día.

Algo le ha pasado al PAN, que dejó de ser el partido decente para convertirse en una mala copia de todos los vicios que antes criticaron al PRI y al PRD.

México: Más violencia, y más turismo

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

Por extraño que parezca, pese a los cotidianos titulares sobre balaceras, decapitaciones y más de 47 mil asesinatos en las guerras relacionadas con el narcotráfico en los últimos cinco años, México está recibiendo mas turistas internacionales que nunca.

¿Cómo es posible?, le pregunté a la Secretaria de Turismo mexicana, Gloria Guevara, en una entrevista. ¿Los turistas extranjeros no leen los diarios, o ustedes han encontrado la fórmula para contrarrestar los titulares negativos con una buena campaña de relaciones públicas?

Recientemente México anunció que recibió un récord histórico de 22.7 millones visitantes internacionales en el 2011, un aumento del 2 por ciento respecto del 2010, y un aumento del 6 por ciento respecto del 2009. El turismo ha estado creciendo pese a reveses como la advertencia del estado de Texas desde hace tres años a sus residentes de que no vacacionen en México debido a la violencia de los cárteles de narcotráfico.

Guevara, una ex ejecutiva de la industria turística que vivió cuatro años en Miami antes de aceptar su cargo gubernamental, me dio cuatro razones fundamentales del aumento del turismo.

En primer lugar, como era previsible, citó la rica historia de México, su cultura, la hospitalidad de su pueblo y sus centros hoteleros de clase mundial, todo lo cual convierte a su país en el principal destino extranjero de los turistas estadounidenses.

En segundo lugar, México tiene 2 mil 500 municipios, de los cuales sólo 80 tienen problemas de violencia, y esos 80 no incluyen centros turísticos, según dijo. De hecho, el índice general de homicidios de México, de 18 personas por cada 100 mil habitantes, es más bajo que el de Honduras (86), Venezuela (67) y Brasil (25), según datos de las Naciones Unidas.

En tercer lugar, México ha simplificado significativamente sus requerimientos de visas para los turistas extranjeros. A partir del 2010, México le da automáticamente visa de ingreso a cualquier extranjero que tenga una visa de Estados Unidos.

Además, México estableció un sistema electrónico de solicitud de visa para los ciudadanos brasileños, rusos y chinos, que ahora pueden pedir su visa mexicana por internet, en vez de tener que viajar a las capitales de sus países para gestionarlas en el consulado mexicano. Eso ha resultado en un aumento de 500 mil visitantes extranjeros a México en el último año y medio, dijo Guevara.

Ahora México está hablando con otros países latinoamericanos con el propósito de unificar sus sistemas de visa para atraer turistas de terceros países, dijo.

"La idea es establecer una visa latinoamericana única, como ocurre en Europa", explicó Guevara. "Estamos en la era del turismo multidestino, en la que uno va a Europa o Asia, y no visita tan sólo un país, sino varios. Latinoamérica está en pañales en ese aspecto".

En cuarto lugar, desde el 2010 el Gobierno mexicano ha tomado la ofensiva para contrarrestar los titulares negativos. "Había un vacío de información. Cambiamos nuestra estrategia, y nos volvimos más proactivos", agregó.

Los escépticos señalan que la violencia del narcotráfico ha tenido un gran impacto sobre el turismo extranjero en México, especialmente en lo que hace al número de visitantes de Estados Unidos, que disminuyó levemente el año pasado, mientras aumentaba la afluencia de visitantes de otros países. Además, el aumento del turismo registrado en México se produjo en medio de un aumento mundial del turismo.

Para poner en perspectiva las cifras del turismo en México, hay que tener en cuenta que mientras el numero de turistas extranjeros a México aumentó el 2 por ciento el año pasado, el número de turistas extranjeros a nivel mundial creció un 4.4 por ciento el año pasado, según la Organización Internacional de Turismo de las Naciones Unidas. Los visitantes internacionales a Sudamérica aumentaron un 10 por ciento el año pasado, y un 4 por ciento en Europa y Asia.

En rigor, México y Latinoamérica están todavía muy atrás respecto de otras regiones en cuanto al número de turistas que atraen, según las cifras de la ONU. El año pasado, Europa recibió 503 millones de visitantes extranjeros, Asia 216 millones y Latinoamérica -incluyendo México- menos de 80 millones.

Mi opinión: Teniendo en cuenta los titulares sobre la violencia que leemos a diario, a México no le ha ido mal en el frente turístico. Pero cuando se tienen en cuenta sus bellezas naturales, su rica cultura y la extraordinaria hospitalidad de su gente, México tendría que estar recibiendo el doble de turistas extranjeros de los que recibe actualmente.

Tal como propuse en esta columna tres años atrás, es hora de que México y toda Latinoamerica entren en la era del turismo multidestino y creen una visa latinoamericana común, que permita que europeos y asiáticos visiten varios países de la región sin problemas de visas. En lo que hace al turismo, México y sus vecinos están sentados sobre una mina de oro.

AMLO: de los pirruris a la seguridad

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Es verdad: comparada con algunas otras ciudades del país, el Distrito Federal tiene índices de seguridad bastante más aceptables. Este fin de semana, Andrés Manuel López Obrador lo puso de ejemplo; dijo que si llegara al poder, le daría la secretaría de Gobernación a Marcelo Ebrard, y que en la reingeniería de esa dependencia le reincorporaría las tareas de seguridad, todo eso aderezado con los rollos sobre la paz, la serenidad, la concordia, que ha adicionado a su discurso.

En realidad López Obrador entiende bastante poco y mal el tema de la seguridad. Cuando pone como ejemplo lo realizado en ese ámbito en el DF, no puede decir que es el resultado de la experiencia de los gobiernos perredistas. Sobre todo durante su gestión al frente del DF, la seguridad en la capital fue, literalmente, un desastre. Esta misma semana ponía como ejemplo la gestión, en ese periodo, de Bernardo Bátiz, y se trató de uno de las peores administraciones en la procuraduría capitalina de la que se tenga memoria: un solo dato podría ejemplificarlo; no había ni sistemas, ni computadoras, y no se habían comprado porque en la administración de López Obrador y Bátiz, se había considerado que ese era un gasto superfluo.

Olvida López Obrador que el principal movimiento ciudadano en contra de la inseguridad se dio precisamente durante su gestión; que aquella marcha de blanco que encabezó, entre otros, María Elena Morera, ante la ola incesante de secuestros, asesinatos y robos en la capital, y que recibió del propio López Obrador una larga serie de descalificaciones, comenzando por aquello de que era “una marcha de pirruris”; olvida que cuando comenzaron a sucederse los linchamientos en colonias populares los justificó como “usos y costumbres” de las comunidades indígenas; olvida la ola de migración que esa inseguridad provocó en el DF.

Las cosas mejoraron sustancialmente con la llegada de Marcelo Ebrard al DF, de Mancera a la procuraduría y de Mondragón y Kalb a seguridad pública (y no había comenzado bien: la designación de esos dos funcionarios se dio después de las muertes del New’s Divine, provocadas básicamente por la incompetencia y la corrupción de funcionarios policiales y de la procuraduría local). Pero comenzaron a funcionar mejor porque Ebrard, con ese nuevo equipo, hizo en seguridad pública exactamente lo contrario de lo que había hecho y proponía López Obrador: centralizó sistemas, colocó un avanzado sistema de cámaras, utilizó mecanismos de control interno que jamás existieron en la administración interior y depuró a las policías. En todo ese proceso se cometieron algunos graves errores, desde las muertes del New’s Divine hasta todo lo relacionado con el secuestro y el fallido rescate de la señora Cevallos Coppel, pasando por toda la historia de la banda de La flor, y los casos del secuestro de Fernando Martí o el de Silvia Vargas. Todo eso, sin embargo, fue opacado por la ola de violencia que asoló a otras regiones del país.

Pero el hecho es que la seguridad en el DF ha mejorado sustancialmente, aunque esté lejos aún de lo que sería deseable. Para ello, además de condiciones muy específicas de la ciudad, contribuye un hecho fundamental: la fuerza policial del DF es la más importante del país, fuera de la federal: está centralizada, con mandos únicos y opera sobre una región eminentemente urbana, que permite tener controles muy específicos. En los hechos, lo que políticos como López Obrador y los partidos que lo acompañan están proponiendo hacer, en caso de ganar las elecciones, es lo que se han negado a aprobar en el Congreso a lo largo de todo este sexenio: la homogenización de las policías, la existencia de mandos únicos, la centralización de funciones y responsabilidades, el incorporar a ese mando único a las policías municipales (¿se imagina usted lo que sería la seguridad capitalina si en lugar de tener una policía centralizada tuviéramos 16 policías delegacionales, con plena autonomía?). En realidad, lo que está proponiendo López Obrador es el mismo esquema policial que propone el gobierno federal, que asumió la Conago y que los legisladores de su partido (y los del PRI y una parte de los panistas) no quieren aprobar en el Congreso. Con un agregado muy importante: López Obrador también propuso, como ya lo había hecho días atrás Josefina Vázquez Mota, ante estudiantes del ITAM, reincorporar las áreas de seguridad pública a la Secretaría de Gobernación, transformándola en una suerte de ministerio del interior. Una medida que la experiencia demuestra como institucionalmente imprescindible.

Con todo, no se debe olvidar un punto: para que todo eso funcione se debe contar con una cultura de la legalidad que en demasiadas ocasiones el propio gobierno capitalino no fomenta, sobre todo cuando le permite a sus grupos políticos aliados hacer cualquier tipo de desmanes en la ciudad, dejándolos siempre en la más absoluta impunidad. Los grupos del CNTE que jueves y viernes bloquearon la capital se cansaron de cometer un delito tras otro y nadie los molestó: son amigos, para ellos justicia y gracia.

Drogas, ¿por qué son ilegales?

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Dijo Alejandro Poiré hace unos meses, cuando dirigía el Cisen, que “sería peligroso legalizar drogas” (Reforma, 8.VIII.11). No veo por qué: desde hace 200 mil años, cuando dimos el salto a Homo sapiens, los humanos hemos consumido drogas: hierbas en estado natural, hongos, giros para emborrachar, retos para descargar adrenalina. La “Coca-Cola” tenía algo de coca. También tenía coca un jarabito energizante que hacia finales del siglo XIX tomaba el papa León XIII y supongo que muchas otras personas decentísimas cuando la edad así lo exigía. No buscaban un narcomenudista: enviaban un mozo a la botica para comprar un tonificante legal y anunciado.

Ya da flojera repetir obviedades: Los revolucionarios mexicanos fumaban abundante marihuana, según dice la canción, popular durante la Revolución de 1910: La Cucaracha. ¿Se prohibirá su transmisión por radio y su venta en discos porque dice: La Cucaracha, la Cucaracha, ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene marihuana que fumar. La Revolución impulsando la mota, ¿o fue al revés?

De lo que no hay ya ni sombra de duda es que resultó más que peligroso ilegalizarlas: nos dio violencia y muerte. De los 200 mil años que tenemos como especie, sólo en los últimos 40 años se ha perseguido el cultivo y consumo de algunas sustancias. Unas sí, pero otras no. ¿Motivos? Ninguno. ¿Se redujo el consumo? No. El hecho es que estamos llegando a extremos ridículos, como tratar de prohibir los corridos que suenan a todo volumen desde camionetas que parecen ir anunciando un circo. Podríamos limitarnos a solicitar, con todo respeto, que le bajen el volumen a Camelia la Texana.

La droga es, ya, ahora mismo, parte de la cultura. Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. (DRAE). No sólo Mozart, pues. La cultura huichola tiene entre sus ritos ancestrales el consumo de peyote, ¿y? ¿Veremos batidas militares por el semidesierto de Zacatecas y San Luis para localizar y quemar peyote? O es respetable porque es uso indio. El anfitrión boliviano ofrece té de coca. Aquí en toda fiesta circulan mota y pastillas. Consume el que quiere y el que no pues no (diría el mítico alcalde de Lagos).

La hipocresía en todo su esplendor nos muestra en el cine de Estados Unidos a personajes metiéndose por la nariz un polvo blanco mientras conversan acerca de negocios. Y tan frescos. Un buen revire es el que le puso China: Estados Unidos debe curarse de su adicción… a la deuda. Es el país que hace tambalear la economía mundial porque Bush junior creó la deuda más grande que haya existido en país alguno desde que existen países.

Y ¿qué haremos con ese belicoso corrido, el primero en exaltar la violencia, mucho antes que Camelia la Texana o Rosita Alvírez, el Himno Nacional?: “Mexicanos, al grito de guerra, el acero empuñad y el bridón, y retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del cañón, tárara, tárara, tárara aaaaa….” No es todavía un narco-corrido, pero la idea es la misma: la vida no vale nada… el traje de charro lleva pistola al cinto, las anforitas para alcoholes son redondeadas para ponerlas en el bolsillo trasero del pantalón y que sigan la forma de la nalga. ¿Y?

Bélgica y Holanda ya venden kits de suicidio indoloro y deberíamos seguir ese ejemplo civilizado: ya somos muchos y estamos acabando con el planeta: los elefantes topan con bardas electrificadas para defensa de los africanos que cultivan lechugas. En Guadalajara, al ya ralo bosque La Primavera, alguna vez lugar para hacer día de campo, se le construyó la villa panamericana y hoy la disputa es derrumbarla o venderla. En otras regiones, territorios de cacería del puma, ya tenemos casas de campo y habrá pumas muertos cuando un padre de familia se tope con uno que, hambriento, ronde por los contenedores de basura.

Ya somos muchos. Y quien desee matarse con pasón de lo que sea: tequila, heroína o novedades sintéticas, está en su derecho y ayuda al planeta. Cuidemos que no se lleve en el viaje a nadie más. Y a quien desee abandonar un vicio, debe Salud proveer de clínicas para rehabilitación. Y ya.

La exigencia al gobierno es una: déjanos en paz si no hacemos daño a terceros. El peyote para el huichol y para quien lo busque o cultive. Marihuana de alta calidad, a veces hidropónica, como ya produce California legalmente. O coca, todo.

De cómo los ricos lo vuelven a ser después de la Revolución, Olga (Planeta, 2010).