marzo 20, 2012

Edificios de la Ciudad de México se sacuden con el terremoto más fuerte desde el de 1985







Edificios en la ciudad de México se sacudieron durante más de un minuto después del terremoto más fuerte del país desde 1985 golpeó 108 millas al este de Acapulco.

No hubo reportes inmediatos de daños o víctimas por el terremoto de magnitud 7,9, aunque los trabajadores de oficina como medida de precaución evacuaron edificios de gran altura en Ciudad de México y el poder fue sentido en varios de los barrios de la capital.

El presidente Felipe Calderón, en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter, dijo que ningún daño importante se había detectado hasta el momento, haciéndose eco de los informes basados ​​en un sobrevuelo de helicópteros por Milenio Televisión.

El peso se devaluó brevemente, luego se recuperó, después del sismo. La moneda caía un 0,3 por ciento desde ayer a 12,6829 por dólar de EE.UU. a las 12:25 pm en la Ciudad de México.

El sismo fue el mayor desde un temblor de 8,0 grados de magnitud en 1985 que arrasó cientos de edificios en la capital, llevando a miles de muertes.

Hoy sismo se sintió en la vecina Guatemala, e incluso tan al sur como las autoridades de Chile fueron en busca de posible tsunami.

El terremoto en el estado de Guerrero a lo largo de la costa del Pacífico se estimó inicialmente para tener una magnitud de 7,6 en la Costa Oeste y Alaska Centro de Alerta de Tsunami del Servicio Geológico de EE.UU..

Para contactar con el reportero en esta historia: Carlos Manuel Rodríguez en Ciudad de México a carlosmr@bloomberg.net

Para ponerse en contacto con el editor responsable de esta historia: Joshua Goodman en jgoodman19@bloomberg.net

Bicentenario de la Pepa

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Ayer se cumplieron 200 años de la promulgación de la Constitución de Cádiz. Por ocurrir en el día de San José, al documento se le conoció entonces como la “Pepa”. Se trata de la primera constitución liberal de España, que entonces también incluía a México, y por ello es de gran importancia recordarlo. Aunque usted no lo crea, sobre todo en cuestión económica
Martes 20 de marzo de 2012


Un poco de contexto: en 1808 España se derrumbó frente al poderío napoleónico. Carlos IV, un rey bastante inútil, abdicó a favor de su hijo, Fernando VII, que además de inútil era mala persona. Éste también abdicó, pero a favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón, quien se convirtió en regente de España. Prácticamente todo el territorio de la península fue dominado muy rápidamente por los ejércitos de Napoleón, y lo único que quedó a salvo fue un pequeño puerto muy al sur, Cádiz, defendido por la Armada Británica (que después se iría de España, salvo de Gibraltar, que a la fecha siguen controlando).

Puesto que Fernando VII había abdicado, las Cortes de Cádiz (como entonces se llamaba al parlamento) fueron convocadas por la Junta Central Suprema, que se erigía como depositaria de la soberanía. Sin la sombra del rey, las cortes pudieron redactar un documento profundamente liberal, más cercano a lo que Francia representaba entonces que a la tradición española, aunque siempre se pueden encontrar raíces en los filósofos españoles de los siglos previos para sostener el liberalismo español. Aunque Fernando VII juró la Constitución poco después de promulgada, en 1814 la declaró inválida (una vez que Napoleón había sido derrotado en toda Europa). Sin embargo, en 1820 el motín de Riego (así se llamaba el general que lo promovió) la volvió a poner en funcionamiento. Fue nuevamente invalidada en 1823, y regresó de nuevo en 1833, ahora en medio de las guerras Carlistas en contra de María Cristina, que acabará promulgando una nueva Constitución en 1837.

Como usted acaba de ver, no fue fácil empezar a liberar España, ni mucho menos sus terrenos de ultramar, que solemos llamar colonias aunque no lo fueron. Precisamente en ese proceso de idas y venidas entre liberalismo incipiente y monarquía es cuando América se independiza. No por querer ser liberales, como nos enseñan en la escuela, sino por lo contrario.

La Constitución de Cádiz establecía derechos de las personas por encima de los privilegios del rey, pero también por encima de los privilegios de las corporaciones medievales que sostenían la economía hispana. La libertad de producir y comerciar para cualquiera iba en contra de los privilegios que tenían los consulados. En México, el de Veracruz y el de México. También se reducían las prebendas de la Iglesia y el Ejército (aunque eso ya había empezado desde las reformas Borbónicas). Pero la suma de todos estos cambios era profundamente preocupante para quienes controlaban América: burocracia, iglesia y comerciantes.

Por eso la independencia. No por ser liberales, sino porque estos grupos vieron amenazada su situación y decidieron mejor separarse de una España que no tenía rumbo. No es coincidencia que la Independencia de México haya ocurrido hasta 1821. El intento de retorno de la Constitución de Cádiz de 1820 a 1823 es precisamente lo que desata el movimiento conservador en México (la conspiración de La Profesa) que va a hacer realidad la separación de España.

Casi como si fuésemos lo mismo, el nuevo intento liberal en México va a ocurrir en 1833, con Gómez Farías, mientras en España ocurre el tercer intento de Cádiz que comentábamos arriba. Trescientos años de vida común no desaparecen tan fácil.

Un elemento interesante de esa Constitución, que seguimos arrastrando, fue la creación de municipios en todas aquellas comunidades que tuviesen más de mil habitantes, propuesta de Ramos Arizpe, diputado mexicano en Cádiz. Gracias a eso tenemos medio millar de municipios en Oaxaca, y apenas unas decenas en entidades varias veces más grandes, como Coahuila (el estado del diputado Ramos Arizpe) o Chihuahua, por poner ejemplos.

España llegaba un poco tarde al intento liberal en 1812, pero su fracaso pospuso todavía por un buen rato las medidas imprescindibles para sobrevivir en la edad moderna. América Latina, que decidió alejarse de ese intento, apenas para fines del siglo tendría los primeros intentos liberales (en México con Juárez, pero sobre todo con Porfirio), y muy rápidamente caeríamos de regreso en el antiliberalismo que marcó todo el siglo XX latinoamericano y que nos ha dejado muy atrás del mundo civilizado.

Por eso es de la mayor importancia recordar las Cortes de Cádiz, porque son un momento determinante para entender el fracaso de América Latina. No quisimos, en 1812, sumarnos a la modernidad. Optamos por separarnos de España para poder seguir siendo conservadores. Cien años después, los intentos liberales en casi todo el continente empezaron a venirse abajo, sobre todo a partir de la Revolución Mexicana. Otros cien años después, aquí seguimos, sin decidirnos a entrar en la modernidad y el liberalismo.

Doscientos años de negarnos el futuro aferrados a creencias absurdas e inútiles. Siempre colectivistas, ya sean católicas o comunistas; siempre tradicionalistas y nacionalistas. Siempre costosas para las mayorías, pero benéficas para los pequeños grupos que han sabido mantenerlas.

Como se gritó entonces: ¡Que viva el liberalismo! ¡Que viva la Pepa!

De mitos y prisioneros

Federico Reyes Heroles
Reforma

En México cualquier pequeño pueblo que se respete a sí mismo cuenta con al menos una calle llamada Revolución. Sin embargo los mexicanos somos muy conservadores. Ante el dilema más vale malo por conocido que bueno por conocer nos inclinamos por la primera opción. Con todas las deficiencias de nuestro país cuando se plantea "el cambio" muchos mexicanos lo rechazan. Un asesor muy cercano a Cuauhtémoc Cárdenas regresó convencido de que el michoacano debía utilizar esa expresión -cambio- como eje de su campaña, tal y como lo hizo Clinton. El resultado fue un fracaso. No somos lo que aparentamos o lo que decimos de nosotros mismos. Algo de esquizofrenia nos visita.

Cualquiera diría que México es un país muy católico. Poco menos del 90% se declara seguidor de esa fe. Sin embargo esos mismos católicos admiten no seguir los mandatos del Vaticano, aceptar las relaciones sexuales premaritales y el uso del condón. Bautizar, hacer la primera comunión, casarse por la iglesia son rituales muy populares. Pero leer la biblia o estudiar una encíclica es algo muy diferente. Las visitas de Juan Pablo II paralizaban al país. Pero el "México siempre fiel" pierde católicos cada año. Si los católicos mexicanos fueran a misa los domingos al menos dos veces al mes, se necesitaría construir varias veces el número de iglesias existentes. Somos ritualistas, guadalupanos, mitoteros, pero la práctica de la fe católica no empata con la vida cotidiana, sobre todo entre los jóvenes. Es un catolicismo mexican style.

Y ya que en inglés andamos, otro mito muy común es el del lobo feroz de Estados Unidos. Los malos de la película siempre son ellos. Nos quitaron la mitad de nuestro territorio, somos víctimas de su imperialismo, son la explicación de nuestros males. Eso decimos y eso se publica como explicación que garantiza aplauso. Pero resulta que cuando se le pregunta a los mexicanos cuál es el país que más admiran, ¡sorpresa!, Estados Unidos ocupa el primer lugar. Somos muy pragmáticos, nos gusta su riqueza antes que su democracia. Preferimos hacer negocios con ellos antes que con otras naciones. Muchas de las colonias nuevas en las ciudades mexicanas están construidas a semejanza de las zonas suburbanas de aquel país. Es curioso ver techos de dos aguas ideados para soportar toneladas de nieve que nunca verán. O sea que el nacionalismo estridente no soporta la menor confrontación con la realidad.

Y qué decir del México de los brazos abiertos, ese que con Lázaro Cárdenas a la cabeza recibió al exilio español. La imagen no podría ser más conmovedora. Pero resulta que los mexicanos somos bastante xenófobos. De hecho la única inmigración que consideramos benéfica es la europea. Hacia nuestros "hermanos centroamericanos" tenemos niveles de rechazo cercanos al 80%. Hace poco Daniela Gleizer publicó una sólida investigación -El exilio incómodo- que muestra las inconsistencias del gobierno mexicano hacia el exilio judío durante el Holocausto. Ni siquiera en los ámbitos académicos se permite que los puestos directivos recaigan en personas no nacidas en México. Rodolfo Tuirán no pudo sustituir a Alonso Lujambio en la SEP por no haber nacido en el país. Aquí no podría haber un Henry Kissinger o una Madeleine Albright. Todavía hay estados que exigen ius sanguini para poder ocupar una presidencia municipal. ¿Abiertos? Otro mito.

Y qué decir del país de campesinos y obreros, el de Zapata, el de los murales de Rivera con un alto contenido indígena, nuestro gran orgullo decimos. Pues resulta que la gran mayoría de los mexicanos hoy viven de los servicios, ni siquiera sumando al sector primario y al secundario se alcanza al terciario. La población indígena disminuye proporcionalmente de manera acelerada y, lo más doloroso de todo, los mexicanos discriminamos a los indígenas todos los días. ¿Orgullo? Sólo en el discurso de lo políticamente correcto. La gran mayoría de los mexicanos se autodefinen hoy como miembros de las clases medias (Ver ENVUD, BANAMEX-FUNDACIÓN ESTE PAÍS) y además inclinados al centro derecha. ¿Obreros, campesinos, revolucionarios?

Leyendo mitos es muy difícil entender al México contemporáneo. La idea de alternancia como algo benéfico para México se ha venido extendiendo desde hace décadas. Alternancia en cualquier sentido. Primero los municipios, después estados y finalmente en el Ejecutivo federal. La alternancia se instaló. Hace 12 años se inventó el cuento de los 70 años de oscuridad que tanto daño nos ha hecho. Pero resulta que el PRI ha recuperado muchas posiciones y podría regresar a la Presidencia. ¿Cómo explicarlo? ¿Acaso somos suicidas? Ese cuento es una bofetada al sentido común que no prendió. La mayoría de los mexicanos siente que vive mejor que la generación previa. No ven en el pasado esa oscuridad. Una gran mayoría está segura que sus hijos vivirán mejor. Los inventores del mito de la oscuridad hoy no entienden el 48%, 30%, 22%. Son prisioneros de su propio mito.

Disensos y rupturas

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Las elecciones internas en el PAN del DF, el pasado fin de semana, dejan un saldo repleto de claroscuros. Desde hace tiempo ha habido reportajes y comentarios en la prensa que empañaban los procesos internos más notables en las delegaciones de Benito Juárez, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo. Todos giraban en torno a prácticas cuestionables en lo relativo a la obtención de votos, por un lado y, por el otro, las alianzas ilegales entre algunos empresarios y las áreas delegacionales de licencias, construcciones y permisos de operación. Quienes conocen el funcionamiento de las delegaciones saben que la segunda es la razón de peso, mientras que la primera es de operación y soporte para lograr el verdadero objetivo.

La atención pública y mediática se ha centrado en la compra de votos, la oferta de despensas, el reparto de láminas y botes de pintura, además del acarreo de votantes. Un tema también muy comentado ha sido la integración del padrón del PAN. Esto último es de enorme importancia, pues debiera ser la piedra angular de cualquier elección. Un padrón confiable permite realizar una elección. Al carecer de este elemento, es imposible pensar en elecciones internas legítimas. Al no tener padrones confiables, tanto el PRI como el PRD han optado por otros métodos de selección —que no elección— de sus candidatos, donde combinan el dedazo, la negociación, los acuerdos internos, las movilizaciones, pleitos y enfrentamientos.

Pero todo lo anterior puede provocar graves disensos internos, a tal grado que genera, incluso, rupturas. Primero se da la ruptura de confianza. Después la del diálogo. Y, finalmente, la ruptura institucional. Muchos de estos procesos corren ese riesgo, especialmente cuando los instrumentos (métodos usados para la obtención de votos) están al servicio de los acuerdos ilegales.

Lía Limón, por ejemplo, renunció al PAN, como protesta por los métodos utilizados en la obtención del voto, cuando ella misma promovió el uso de esos métodos en su campaña. Su incongruencia está a la vista. Empero, renuncia por razones esquivas. Si hubiera sido por compra de votos sería una cosa. Pero no puede renunciar por eso, pues ella incurrió en esa falta, al igual que el reparto de materiales de construcción. Entonces renuncia por algo no imputable a ella ni a ningún precandidato: las fallas del padrón. En realidad, quería renunciar al PAN con cualquier pretexto por sus negociaciones privadas (ojo: no digo secretas, digo privadas) con el PRI.

En realidad, la pregunta esencial sobre los resultados tiene que ver con los compromisos que hay en el fondo de la operación político-electoral. Es importante poder discernir entre operación y acuerdos ahí sí secretos.

Al partido le diría: bienvenido a la realidad. Pero, también, qué decepcionante que, ante esa situación, nuestros métodos internos para elegir a nuestros candidatos resultan insuficientes para dar fuerza y coherencia a la presencia social y policlasista que sí se tiene. El PAN ya es un partido internamente diverso, en múltiples sentidos. El proceso lectivo en el DF demuestra la necesidad de encontrar nuevos espacios para las expresiones dentro del partido. Ya no es uno de voces uniformes. Es ya uno de voces discordantes que exigen ser escuchadas y atendidas.

El reto está en el crecimiento de la afiliación, que debiera ser aplaudido, no rechazado o cuestionado. El problema no es tener más y más afiliados, sino atenderlos adecuadamente. Son los dolores naturales del crecimiento y, por tanto, el cambio en la naturaleza de los procesos lectivos internos. La realidad exige ese reconocimiento. La legalidad interna deberá ajustarse a ella. Y es la mejor forma de afrontar los disensos internos y las rupturas en toda organización política.

Por eso no le creemos a AMLO

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

A partir del día de hoy 20 de marzo, en China, el precio de la gasolina y el diésel costará 95 dólares más por cada tonelada, según informó ayer el gobierno de Pekín. El ajuste, señaló la agencia de noticias Xinhua, elevará “el precio de referencia al menudeo de la gasolina en 0.44 yuan por litro”.

Añadió: “La decisión de elevar los precios es resultado de una elevación de más de 10 por ciento en el precio internacional del crudo desde el pasado 24 de febrero”. Ayer el barril de Brent costaba más de 125 dólares, y el barril de WTI costaba 107 dólares.

El domingo pasado, día en que se conmemoró la (patética) expropiación petrolera, el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, lanzó una promesa temeraria: bajar el precio de la gasolina. Aseguró: “Bajar el precio de los energéticos. Ese es mi compromiso: bajar el precio de las gasolinas en beneficio de todos, de las medianas empresas…” (También se comprometió a sacar de la pobreza a 15 millones de mexicanos en su primer año de gobierno).

¿Qué tan creíbles son las palabras de AMLO en un contexto de precios crecientes? ¿Es factible que un presidente baje el precio de la gasolina cuando importamos la mayor parte de ella (Estados Unidos nos la vende a precios internacionales)? ¿La quiere subsidiar? ¿De dónde obtendría el recurso para hacerlo?

Nadie en el mundo está pensando que los precios del crudo pueden bajar en el corto plazo. Mientras las clases medias sigan prosperando por doquier —como ocurre en China—, el consumo de hidrocarburos irá hacia arriba, a menos que la humanidad encuentre otra fuente de energía que los sustituya. Esto empuja los precios al alza. Un principio básico de economía nos dice que, a mayor demanda, cuando la cantidad permanece fija, corresponde mayor precio.

El jueves pasado Estados Unidos empezó a barajar la idea de recurrir a su reserva estratégica para liberar petróleo de sus bodegas y contener el alza del precio. Asimismo, el banco Goldman Sachs publicó que durante este año la oferta de petróleo será “críticamente estrecha”, sugiriendo que el precio del barril puede dispararse más.

¿De dónde saca entonces AMLO que puede bajar el precio de la gasolina en México? ¿Quién le cree?