marzo 21, 2012

Otra vez: ¿de qué vive López Obrador?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Lo escribimos en mayo de 2008 y desde entonces ha circulado en forma incesante en las redes sociales, muchas veces con adiciones, algunas groseras, que no son de mi autoría. Pero ahora, cuatro años después, debemos volver a preguntarnos de qué vive el candidato López Obrador. Ahora con más razón porque el que sacó a colación el tema fue él, al asegurar que vivía sólo con 50 mil pesos que le daba una fundación llamada Honestidad Valiente, que no conocíamos, así como que no tiene tarjetas de crédito, sólo una cuenta de cheques con escasos 20 mil pesos y que de su propiedad solamente posee un rancho heredado de sus padres en Palenque, el ahora famoso rancho La Chingada.

Los hechos muestran otra cosa. Vamos a recuperar lo que escribimos en mayo de 2008, cuando decía que ganaba 60 mil pesos mensuales. Hacía entonces dos años que había terminado la elección y tres que había dejado el gobierno capitalino y no sabíamos de qué vivía López Obrador. “En su momento, escribíamos entonces, informó que le pagaba su partido, como presidente legítimo, 60 mil pesos mensuales, pero la verdad es que las cuentas no cuadran: ¿Cómo, con 60 mil pesos mensuales, puede mantener por lo menos cuatro casas? Porque en una vive con los hijos de su primer matrimonio, en otra, mucho más lujosa, con su nueva esposa y su otro hijo; con las inundaciones (de 2007), hemos sabido que tiene un condominio horizontal de lujo en Villahermosa que estaba en ampliación y remodelación y posee por lo menos otra propiedad, un rancho, en Macuspana, también en Tabasco (y ahora sabemos que tiene otro en Palenque)”.

Hace tiempo que López Obrador no utiliza el famoso Tsuru blanco, se mueven en camionetas, él, su mujer, sus hijos. Sus hijos han tenido la fortuna de ir a buenas escuelas, uno de ellos por lo menos ha estudiado en el extranjero y trabaja en la Procuraduría capitalina, lo vimos en una marcha utilizando tenis de ocho mil pesos el par. Su ropa, sus trajes, sus corbatas, son finas, elegantes, de marca, no es ropa escandalosamente cara, pero distan de ser de saldo y no lo vemos repitiendo constantemente un mismo vestuario.

“No se trata de ahorros, decíamos entonces, porque nunca en su vida ha trabajado en el sector privado ni ha sido un profesionista exitoso en algún ámbito (él mismo dice ahora que sólo tiene 20 mil pesos en una cuenta bancaria). Luego de una década en la universidad, trabajó en el gobierno federal, en posiciones muy modestas, de allí se fue a Tabasco, tuvo cargos medios en el gobierno estatal y fue por un corto periodo presidente del PRI en esa entidad. Cuando abandonó esa posición, por diferencias con el gobernador Enrique González Pedrero, estuvo un año fuera de toda actividad (cuando permaneció unos meses en Cuba) y reapareció ya como candidato del entonces naciente PRD en su estado: estamos hablando de hace 20 años, en 1988.

“Desde entonces, decíamos en la columna de 2008, y hasta 1997 su ocupación fue ser dirigente opositor, no tuvo ningún trabajo remunerado. Ese año se convirtió en presidente de su partido, el PRD, e imagino que recibió un sueldo por ello y en 2000 fue jefe del Gobierno capitalino hasta 2005, cuando volvió a ser candidato. En el GDF dice que percibió un salario máximo de 60 mil pesos mensuales. No es ni fue jamás legislador, no escribe, no ofrece conferencias, no pertenece a ninguna institución académica ni a una organización pública, no da asesoría a ninguna empresa u ONG, no tiene ninguna empresa propia, se supone que no recibe ingresos de ninguna otra fuente, ¿de qué vive entonces el ex candidato presidencial?”

Decíamos entonces y reiteramos ahora que “no me parece mal que tenga un nivel de vida digno, pero vuelvo a preguntar, ¿de qué vive? Y lo pregunto porque él lo pregunta a sus adversarios. Por supuesto, no es el suyo un caso único, pero sí asombra que, sin haber aclarado jamás algunos de esos y otros capítulos de su vida, López Obrador se quiera convertir en inquisidor de muchos otros, acuse, descalifique, se burle y se queje. Tiene derecho a defender su vida privada, lo que desconcierta es que una y otra vez utilice la vida privada de los otros, de sus adversarios, para justificar posiciones políticas, sin responder siquiera esas preguntas tan sencillas: ¿de qué vive?, ¿quién lo mantiene?, ¿paga impuestos?, ¿hay algún mecanismo de transparencia que permita acceder a esos datos y verificar si son ciertos, como ocurre con cualquier otro funcionario público federal? Durante su gobierno en el DF, el manejo de los recursos se dio en la mayor opacidad. Hoy no es diferente”.

Lo publicamos hace cuatro años y hoy tenemos las mismas preguntas y ninguna de las respuestas. Me quedo, sin embargo, con una de ellas: ¿paga impuestos el señor López Obrador?, ¿tiene un registro fiscal de contribuyentes? Porque si no tiene tarjeta de crédito, si todo lo paga en efectivo, si su salario es lo que le otorga una fundación, me imagino que tampoco está en la economía formal. Son sólo preguntas en un día juarista.

De lo grande a lo mejor

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Primera de dos partes)

Hace unos días la empresa calificadora Standard & Poor’s predijo que en el año 2020, ¡y faltan solamente ocho años!, la mexicana será la economía número siete a nivel mundial, predicción que fue aplaudida por más de uno, comenzando por el Presidente de la República. Ocupar el séptimo lugar entre 190 economías nacionales no estará mal, nada mal. Pero, exactamente, ¿qué significa, por ejemplo en términos del bienestar de la gente, ocupar un lugar en el top ten mundial?

Lo primero que hay que considerar es qué significa, a partir de la situación actual, que en el 2020 la mexicana ocupará, entre todas las economías nacionales, la séptima posición. Para responder hay que tener en cuenta que, según los datos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, en 2010 la mexicana ocupó, entre 190 economías nacionales, el lugar número trece, no tan bueno como el séptimo que se supone ocupará dentro de ocho años, pero nada malo. De cumplirse la predicción de Standard & Poor’s la economía mexicana irá pasando, en los próximos años, del lugar trece al séptimo. Eso, y nada más que eso, es lo que significa, partiendo de la situación actual, que en el 2020 la mexicana será la séptima economía del mundo. Se prevé una mejora a partir de una posición, la treceava, que no es mala. Es más, es buena.

¿Qué significa, por ejemplo: en términos del bienestar material de la población, que la mexicana sea hoy la treceava economía del mundo? Para responder tengamos en cuenta que, pese a esa buena posición, en México sobrevive en pobreza alimentaria (gente incapaz de generar un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades alimentarias) el 18.8 por ciento de la población; en pobreza de capacidades (gente incapaz de generar un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de alimentos, educación y atención médica) el 26.7 por ciento; en pobreza de patrimonio (gente incapaz de generar un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de alimentos, educación, atención médica, vivienda, vestido y transporte público) el 51.3 por ciento. Resumiendo: en la treceava economía del mundo sobrevive en la pobreza el 51.3 por ciento de la población, lo cual, a primera vista, parece contradictorio. Sin embargo, no lo es.

¿Qué quiere decir que la mexicana sea, a nivel mundial, la treceava economía? Que en materia de generación de ingreso (Producto Interno Bruto, PIB) ocupa, entre todas las naciones, el lugar número trece, generación de ingreso que es una variable cuantitativa, que revela mucho, pero no todo, tal y como lo muestra el siguiente ejemplo. México ocupa, en términos de PIB, el lugar número trece, al tiempo que Luxemburgo se encuentra en la posición setenta, muy lejos de México. ¿Quiere decir lo anterior que la mexicana es una mejor economía que la luxemburguesa? No, de ninguna manera: lo único que quiere decir es que la mexicana es una economía más grande que la luxemburguesa, pero no, ¡de ninguna manera!, que sea mejor, tal y como se verá en la siguiente entrega de esta serie

El sismo en la memoria

Rafael Pérez Gay (@RPerezGay)
El Universal

Algunos terremotos ocurren una y otra vez en la memoria, su intensidad aumenta en el recuerdo y enloquece al presente con fuerza devastadora. A este linaje de sismo terrible pertenece el que remeció la ciudad de México en el umbral de la primavera. No recordaba un movimiento telúrico tan intenso desde el gran sismo de 1985. Apenas pude llegar a la puerta de la calle, caminé el largo de una planta baja en bandazos y con el corazón en la boca a latidos gigantes.

A todos los que tienen edad para recordar aquel año les habrá pasado lo mismo. Como si quisiera constatar la catástrofe de mi memoria, me fui a la calle a caminar. Los celulares no recibían señal, los transformadores de luz en lo alto de los postes reventaron en chispazos de cohetes como en feria de pueblo, los edificios no paraban de mecerse. Un miedo corto, raro, en la boca del estómago.

La avenida Reforma era un hormiguero desesperado. No hubo daños mayores en la ciudad de México, pero los empleados del gobierno salían por las puertas de los edificios públicos con el alma en un hilo, las caras desesperadas en calles paralizadas. Desde ese momento empezaron las bofetadas con las cifras, al parecer la cercanía de los números nos perturba: primero 6.5, luego algún sismológico dio 7.1 grados en la escala de Richter, otro más pujó desde Estados Unidos y presentó un aterrador 7.9. Si entendí bien, al final estuvimos metidos en la olla urbana a 7.8 grados Richter. Algunas fuentes periodísticas e informativas subieron el listón y afirmaron que los temblores de 1995 no fueron tan intensos. Caminé a lo largo de Reforma, me detuve frente a Cuauhtémoc y a Colón. Nada, todo en orden, pero el hormiguero en pánico.

Mientras camino por avenida Juárez y veo ríos de personas que van a ninguna parte, tengo la certeza de que los que habitamos el Distrito Federal esperamos algo grande y terrible. A las doce y dos minutos del día 20 de marzo de 2012 parecía la hora de esa cita, pero nadie conoce el destino. De eso hablan los rostros, la actividad nerviosa, la postergación, la ansiedad de lo que ocurrirá a la espera del desastre.

El científico Cinna Lomnitz dijo hace algún tiempo, no sin humor e ironía: “No recuerdo qué filósofo afirmó que predecir es especialmente difícil cuando se trata del futuro. Pero estoy cien por ciento seguro de que ocurrirá un gran sismo porque han ocurrido regularmente en el pasado. Un sismo como el de 1985 ocurre solamente dos o tres veces cada siglo”. Los temblores nos recuerdan que nuestra traza urbana se encuentra en el lugar menos indicado para construir una gran ciudad y que las medidas de precaución siempre serán pocas cuando se construye en el fango. Dice Lomnitz: “Somos muy necios, o muy audaces, hemos diseñado un ciudad sobre un lago flotante”. (Bermúdez y García: El desastre que viene. Debate. 2009)

En la esquina de Eje Central y Juárez cavilo una obviedad del tamaño de la Latinoamericana: en el centro de los poderes políticos y financieros del país tiembla y sobrevienen sismos monstruosos. En el último siglo hubo 150 sismos mayores de 6.5 grados en la escala de Richter. Hemos logrado récords extravagantes: en otros países, un temblor de 6.5 suele ser catastrófico; en México, un sismo se vuelve crítico a partir de los 7.5 grados. Somos paradójicos incluso a la hora de medir y enfrentar los terremotos.

Sobra, pero no sobra, preguntarse qué esperamos cuando nos mueve la tierra un temblor de magnitud excéntrica como el que se sintió ayer en la ciudad de México. Tiro un cordel con la mirada a los largo del Eje Central y veo en mi memoria una nube de polvo provocada por el derribo, los escombros, el polvo y el olor a gas y muerte. Volteo hacia atrás y veo un espacio vacío, un raro jardín donde vi el letrero de Hotel Regis a ras de suelo el 19 de septiembre de 1985, la mañana en que Zabludovsky narró la destrucción de una parte, las más antigua y emblemática, de la ciudad de México. Del mismo modo, mis padres pensaron que el final se acercaba una noche de julio del año de 1957, cuando el Ángel de la Independencia bajó a la tierra. La memoria de las ciudades descansa en gran parte en las aristas de sus desastres.

Una mañana excepcional. No exagero si digo que trascurrían horas de calor agradable bajo un extraño cielo azul en la ciudad. A los lejos se veían los volcanes en ese horizonte cuyo veneno diario puesto en el aire los oculta. Se cumplió entonces la intuición poética: la sorpresa y el estupor son elementos esenciales de la belleza.

Kamer Daron Acemoglu

Manuel J. Jáuregui
Reforma

Mucho les recomendamos, amigos, que se aprendan este nombre que hoy empleamos de encabezado, y más aún, que lean el extraordinario libro que este profesor de Economía del MIT acaba de publicar: "Por Qué Las Naciones Fracasan: Los Orígenes del Poder, la Prosperidad y la Pobreza".

No exageramos cuando les decimos que esta obra que les recomendamos sea igual de importante que el libro de texto fundamental de la economía, "La Riqueza de las Naciones" de Adam Smith.

En colaboración con su colega de Harvard, James Robinson, el Profr. Acemoglu, de 44 años de edad y nacido en Estambul, Turquía, responde a la pregunta milenaria: ¿por qué unos países son pobres y otros ricos?

Diferentes intentos se han hecho en el pasado para responder a esta interrogante, todos de alguna manera cojos e incompletos: que si la geografía, los recursos naturales, la religión, clima, etnia, cuerpos de agua navegables, etcétera.

Mas para cada explicación surgían excepciones, las cuales indicaban lo inaplicable de las respuestas.

Daron Acemoglu, sin embargo, ha desarrollado una teoría completa que rompe paradigmas y parece explicar TODOS los casos de riqueza y pobreza, su existencia y diferencias, de manera convincente y es por ello que pensamos que su obra es verdaderamente significativa y estamos seguros de que en las semanas y meses venideros escucharán mucho sobre este economista y sobre su espléndido libro.

Especialmente interesante para nosotros debe ser este opus por el solo hecho de que emplea a MÉXICO como ejemplo (y no positivamente, cabe agregar).

Esto tanto a nivel país como a nivel comunidad, ello cuando hace una comparación de desarrollo entre dos ciudades con poblaciones y condiciones similares, una pobre en México y una desarrollada en Estados Unidos: NOGALES.

Si les da flojera leer, amigos, en YouTube podrán encontrar una plática que dio Acemoglu en la Universidad de Scranton, antes de la publicación de su libro, en la que él explica en una hora y media de qué se trata su profunda teoría.

Si estuviera en nosotros el poder lograrlo, amigos, den ustedes por seguro que obligaríamos a los TRES principales candidatos presidenciales, y a sus equipos de colaboradores, a leer el libro de Daron Acemoglu, o mínimo escuchar su fenomenal CÁTEDRA.

En suma, la diferencia entre la riqueza y la pobreza en el mundo tiene que ver con INCENTIVOS a producir, a comerciar, a ser eficientes y contribuir a la suma de la economía.

Para ello se requieren INSTITUCIONES INCLUSIVAS (versus las que él llama "extractivas"), que le dan a los individuos que integran la sociedad CERTEZA jurídica, derechos de propiedad, e imparcialidad en la aplicación de leyes equitativas igualitarias que no privilegian a ciertas clases políticas o económicas.

Cuando estas condiciones se dan, las naciones PROSPERAN; cuando no se dan y predominan en la sociedad instituciones "extractivas" tanto económicas como políticas, se genera la pobreza pues los incentivos
GENERALES se esfuman y se concentran sólo en unos cuantos, que son los que "extraen" los beneficios económicos excluyendo a los demás.

De ahí las enormes brechas económicas que el mundo está viendo y que no tienen paralelo, pues se han disparado desde el siglo 19.

Cuando Adam Smith escribió su libro histórico la brecha entre ricos y pobres en el mundo era de más o menos CINCO veces. Hoy la brecha es más de CUARENTA VECES, en algunos casos mucho más.

De acuerdo con Acemoglu cuando las instituciones de un país impiden que los pobres se beneficien de su trabajo, nada los saca de su miseria: ni programas gubernamentales, ni ayuda externa, nada; el índice de prosperidad está correlacionado con el grado de participación de los individuos en la actividad económica del conjunto.

Dentro del sistema EJIDAL mexicano, por ejemplo, en el que la tierra es de todos, pero de nadie, ¡no hay incentivos para hacerla productiva!

¿Qué nos sorprende entonces que predomine en México la pobreza en el campo?

Créanos cuando les decimos: ¡andamos mal! Y lo peor es que no hemos escuchado en boca de ninguno de los aspirantes presidenciales algo que siquiera se asemeje a los "círculos virtuosos" que debemos crear para darle vida a la prosperidad generalizada que México requiere con urgencia.

Léanlo y luego platicamos a ver qué piensan.

Pues sí, el sismo

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Por fortuna, no hubo nada que lamentar, la desafortunada tradición sísmica nos ha educado muy bien al respecto y apenas hubo, aunque no menos importantes, daños en algunos edificios en lugares como la Condesa, Azcapotzalco y en estructuras viales sobre la calzada Ignacio Zaragoza, en el oriente de la ciudad.

No se había registrado sismo tan fuerte en la Ciudad de México desde 1985, aquel recuerdo imborrable en la memoria colectiva de los mexicanos y que ayer apareció de nuevo al mediodía. Fueron 7.8 grados en la escala de Richter lo que registró el Servicio Sismológico Nacional. Y no, por fortuna, no hubo nada que lamentar, la desafortunada tradición sísmica nos ha educado muy bien al respecto y apenas, que no menos importantes, daños en algunos edificios en lugares como la Condesa, Azcapotzalco y en estructuras viales sobre la calzada Ignacio Zaragoza, en el oriente de la ciudad.

Marcelo Ebrard y Felipe Calderón respondieron muy rápido ante la emergencia, por las redes sociales, que se vuelven una de las herramientas más al alcance cuando los servicios telefónicos y de energía eléctrica se colapsan. Y vaya que sí, pues al menos 95% de la red de telefonía móvil estuvo sin servicio varias horas, al igual que el servicio de luz, restablecido en 98% alrededor de las 17:30 horas.

Y quienes también estuvieron, si no sin servicio, al menos sí muy ausentes, fueron los aspirantes a la Presidencia: Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador. Y es que ni uno de ellos, y siendo a las 4:40 de la tarde, cuando se empiezan a escribir estas líneas, había hecho declaración alguna al respecto ni escrito algo en sus redes sociales. Y sí, asombra porque, finalmente, en momentos de emergencia como éste es necesario que todos aquellos que ya están, y aquellos que buscan estar al frente (y en este caso de Presidencia, ni más ni menos), tengan rápida capacidad de respuesta, siquiera como mera sensibilidad.

Así lo hizo el aspirante del PRD a la Jefatura de Gobierno del DF, quien tuiteaba sobre los datos que del sismo se iban generando, lo mismo hizo Isabel Miranda de Wallace, la abanderada blanquiazul. Y no, no es acto de campaña (que siguen sin estar permitidos por la veda electoral) si pensamos que muchos de nosotros hicimos lo mismo desde nuestra cuenta de Twitter, con sentido informativo y, por supuesto, solidaridad y sensibilidad hacia los que, esperan, sean sus gobernados. Pero no, de ellos ni sus luces, ¿así pensarán gobernarnos? Porque si el pretexto es la veda, pues no tendrían que aparecer en ninguna plataforma mediática, ni siquiera las redes, sino hasta que empiecen las campañas de forma oficial.

Finalmente, qué fortuna que no hubo vidas perdidas muy a pesar de la intensidad, que no fue nada, pero nada leve, y qué bueno, también, que la reacción de las autoridades correspondientes estuvo al nivel de la emergencia y que, como sociedad, hemos aprendido a reaccionar mejor ante estas contingencias que esperamos no se vuelvan parte de lo cotidiano porque, sí, qué sustazo nos metió a todos.

El internet "vs". el SNTE

Julio Serrano
Apuntes Financieros
Milenio

Hasta ahora nadie ha podido con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Ni el gobierno, ni las organizaciones civiles, ni los padres de familia. Sin embargo, un adversario comienza a surgir que podría representar una grave amenaza a su poderío. Me refiero al internet.

El internet tiene la capacidad de transformar de fondo la educación, incluyendo la relación maestro-alumno, al facilitar la enseñanza a distancia. Es verdad que se han hecho intentos de educación remota en el pasado, en particular vía la televisión, sin mucho éxito. Pero mientras que con la televisión el alumno se sienta pasivamente frente a un aparato tratando de digerir lo que se transmite, con el internet se vive una experiencia interactiva.

A diferencia de una clase tradicional, donde el alumno depende en gran medida de la capacidad para enseñar de su maestro, una clase virtual puede incorporar las mejores prácticas de enseñanza mundiales y permitir la interacción con los mejores maestros del país. Además, un curso virtual puede ajustarse para atender las habilidades particulares de cada alumno, con atención personalizada a sólo un click de distancia.

Ya es posible percibir la influencia de internet en la educación mexicana. Algunas escuelas dejan tareas que se resuelven en línea y respaldan parte de sus clases con herramientas virtuales. En Estados Unidos el avance es aún mayor. En el estado de Florida, por ejemplo, más de 200 mil niños se inscriben cada año a un curso que se ofrece en su totalidad por internet.

Una consecuencia evidente de la educación virtual es la menor dependencia a los maestros, y por ende al SNTE. Si hay un paro o si un maestro no asiste a la escuela, los niños pueden aprender. El número de maestros necesario para enseñar y enseñar bien a los niños de México será cada vez menor gracias a la educación virtual. En mi opinión, por más que avance la tecnología las escuelas físicas no desaparecerán y la participación de los maestros locales seguirá siendo indispensable. Aún así, me queda claro que la tendencia hacia la enseñanza virtual le irá quitando fuerza al sindicato.

Todo esto no se dará en el corto plazo. Para sentir el verdadero impacto de la educación por internet en México todavía faltan varios años. La conectividad de la red nacional de escuelas, pese a esfuerzos del gobierno y de organizaciones como UNETE, sigue siendo inadecuada. Encima está el problema de enseñar a maestros y alumnos a utilizar el internet educativo. Pero que no nos quepa duda que para allá vamos.