abril 14, 2012

El nuevo López

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Un voto por AMLO es un voto por el conflicto poselectoral, por la toma de Reforma y por "la presidencia legítima". Es un voto por las hordas de juanitos que intimidan a quien disiente del enviado divino

Una buena y una mala para el rayito de esperanza. La buena: según el sondeo de Milenio, AMLO empató con Josefina. La mala: no porque López haya incrementado sus intenciones de voto, sino porque JVM ha descendido.

El empate se registra entre 23 y 24 por ciento. Todo indica que los errores que se cometieron en la campaña de la abanderada de Acción Nacional le han costado caro. Y ya nadie sabe si podrá conservar el segundo lugar en la contienda.

Pero eso no significa que la campaña de AMLO por la Presidencia de la República repunte. ¿Por qué no? Porque su oferta huele a naftalina. Primero, porque sus propuestas son rancias. Segundo, porque su gabinete está integrado por miembros de la tercera edad.

Leo Zuckermann lo analizó en Excél- sior con exactitud: AMLO ha anunciado 20 nombramientos de su gabinete, el promedio de edad de esos "notables", que lo acompañarían en su gobierno, es de 63 años.

AMLO es incapaz ya no digo de plan- tearse, sino de reconocer un dato elemen- tal: la pirámide pobla- cional y la elección. En 2012 el 38 por cien- to de la Lista Nominal se sitúa entre 20 y 34 años, es decir, aproximadamente 30 millones de electores.

López no apunta mal, simplemente no apunta. No entiende ni se comunica con esos jóvenes que no recuerdan el pasado priista del país, porque no lo vivieron.

Pero recuerdan puntualmente los zafarranchos y desfiguros de Andrés Manuel en 2006. La toma de Reforma, la presidencia legítima y, por supuesto, el intento de descarrilar al país el 1o. de diciembre de 2006, impidiendo la toma de posesión del presidente Felipe Calderón.

Además, la estrategia de AMLO no es creíble porque es inconsistente y disparatada. Habla de un cambio verdadero e identifica al PRI y PAN como la misma cosa. Ninguna persona en sus cabales se traga semejante rueda de molino. Priistas y panistas no son lo mismo y se están disputando con todo la Presidencia de la República. Lo que se ve, no se pregunta.

La propuesta del rayito de esperanza de revivir la Compañía Luz y Fuerza del Centro lo retrata de cuerpo entero. La empresa era un ícono de ineficiencia. Uno de los grandes logros de Felipe Calderón fue haberla liquidado. Los costos de ese coto de poder rondaban los 3 mil millones de dólares anuales.

¿Por qué López se metió en semejante berenjenal? Por una razón muy simple: Martín Esparza, líder del sindicato de trabajadores de Luz y Fuerza, se comprometió a garantizarle millones de votos. ¿De quiénes? De los electricistas que perdieron sus privilegios. Se trata de un regreso al pasado en el peor de los sentidos.

No sobra recordar que al sindicato de Luz y Fuerza le fueron liberados, en 2011, 21 millones de pesos de cuotas que reclamaba con un plantón en el Zócalo de la Ciudad de México. La "negociación" ocurrió en septiembre del año pasado para permitir que se realizara el grito y pudieran desfilar las Fuerzas Armadas el 16 de septiembre.

Entre las innovaciones de López está el reciclamiento de Manuel Bartlett. El exsecretario de Gobernación de Miguel de la Madrid fue responsable, según Cuauhtémoc Cárdenas, del fraude electoral del 6 de julio de 1988. Pero nada de eso importa ahora. Manuel Bartlett es candidato a senador por el movimiento de AMLO por una razón muy sencilla: se ha declarado incondicional del rayito de esperanza.

Las inconsistencias de López son de antología. Desconoce las encuestas y denuncia que están copeteadas. Sin embargo aceptó sus resultados para su postulación y por eso se impuso sobre Ebrard. No ha cuestionado, tampoco, los números que sitúan a Mancera muy por encima de sus contrincantes en el DF. Así que dos varas y dos medidas: si le son favorables, son bienvenidas; si no, son cuchareadas y copeteadas.

Entre los promotores de la campaña de López está Alfonso Romo. Si las razones del empresario regio para ponerse la camiseta de Morena son misteriosas, las de AMLO son completamente oscuras. En alguno de sus libros sobre la mafia que le robó la elección de 2006 aparece Romo como un integrante más de la cosa nostra. Pero, por alguna forma de alquimia, Romo se purificó -al igual que Bartlett- y ahora figura a la diestra de dios hijo, es decir, de López Obrador.

¿Hasta dónde llega la república amorosa? Parece, y no es una respuesta ociosa, que tiene límites severos. La muerte del expresidente Miguel de la Madrid no le mereció, siquiera, un mensaje de pésame, vía Twitter. ¿Por qué? Porque López considera que el ciclo de la Revolución Mexicana se cerró con López Portillo.

De la Madrid habría traicionado los principios revolucionarios que encarnaban Luis Echeverría y López Portillo. Las insignias de LEA y JLP eran proteccionismo, estatismo y autoritarismo.

López encarna la nostalgia por el viejo sistema priista. El más ortodoxo, irracional y conservador. No es casual que a sus 29 años, el rayito de esperanza haya compuesto un himno al PRI en Tabasco, cuando era presidente estatal de ese partido. Esa es la convicción y la oferta real de López.

Un voto por AMLO es un voto por el conflicto poselectoral, por la toma de Reforma y por "la presidencia legítima". Es un voto por las hordas de juanitos que intimidan a quien disiente del enviado divino.

Pero es, por lo mismo, un voto por el PRI verdaderamente autoritario y conservador. Por la vuelta al pasado más remoto y anquilosado. Por el PRI lopezportillista y echeverrista. Por el estatismo y la ineficacia.

Un voto por AMLO es un voto por la Compañía Luz y Fuerza del Centro, por Martín Esparza, por Echeverría, por López Portillo y, por supuesto, por Bartlett.