abril 20, 2012

'La nueva campaña del PAN...' por Paco Calderón




Jaque al rey

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

No hace mucho escuché a un compatriota, un español, comentar en tono jocoso que ha contribuido más a la causa republicana el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, que la presión que hayan podido ejercer durante años organizaciones y partidos que apoyan la restauración en España de la república.

No le falta razón. La derrota en política o en la guerra llega muchas veces por una errónea elección. Esto lo saben muy bien los ajedrecistas: las partidas no sólo se ganan por una estrategia ofensiva bien planteada, sino también por un movimiento fatal del adversario.

En esa imaginaria partida de ajedrez entre la monarquía española y la república una peligrosa serie de movimientos del alfil Urdangarin acabó con su caída. El yerno del rey está ya fuera del tablero por estar imputado en un caso de corrupción y aún desde fuera pueden acabar haciendo muchísimo daño a la Corona si, como sabremos dentro de unos meses, el marido de la infanta Cristina acaba siendo condenado.

Ante una situación tan grave como la que está pasando la monarquía española, un buen jugador de ajedrez habría hecho una contraofensiva para proteger precisamente a la ficha más poderosa y a la vez más vulnerable: el rey. Ha ocurrido justamente lo contrario. Ha sido el propio monarca español el que decidió moverse por su cuenta en una huída hacia delante que lo ha dejado vulnerable, expuesto al fuego del adversario.

Marcharse a Botsuana para cazar elefantes, dos o tres semanas después de decir en público que los cinco millones de desempleados que ha dejado la crisis le quitaban el sueño, fue un acto tan estúpido como cuando le dijeron a la reina Maria Antonieta que el pueblo protestaba porque no tenía pan, a lo que ella respondió “pues que coma pasteles”.

Puede que la esposa de Luis XVI, que como él acabó guillotinada, nunca hiciera ese comentario, las palabras muchas veces se tergiversan, pero una foto no miente y la que hemos visto de don Juan Carlos estos días ha sido lamentable.

De todas las fotos que se habrá hecho en su vida, primero como príncipe y luego como rey, mucho me temo que en el imaginario popular sea ésta la que se quede grabada, porque recuerda tristemente a un pasado que repudiamos, en el que el blanco prepotente se hacía la foto de recuerdo, escopeta en mano, con un elefante, o un rinoceronte, o un tigre, o cualquier animal que tuviera la mala suerte de vivir en un país colonizado. Sólo faltó un negro abanicándole.

No importa que la foto no corresponda a la actualidad —es del año 2006—o que la caza en Botsuana sea legal; no importa nada de eso: lo que escandaliza es que, en lo más profundo de la crisis en España, el rey haya decidido irse a cazar a África, en un jet privado, y que nos hallamos enterado por casualidad; lo que irrita es que sea presidente de honor de World Wildlife Fund (WWF) para protección de los animales y se dedique a todo lo contrario, a cazar animales salvajes.

De sabios es pedir perdón. El rey de España acaba de pasar por el mismo trance que la reina de Inglaterra, cuando literalmente fue obligada a comportase de manera humana ante la trágica muerte de su nuera Lady Di. Tras varios días aguantando el chaparrón, mientras se recuperaba en Madrid de la rotura de cadera, don Juan Carlos dijo lo siguiente: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. En total once palabras, menos caracteres que lo que cabe en un tweet.

A mí me sabe a poco. Si soy “un súbdito del rey”, como me dijeron con sorna cuando llegué a México, por el hecho de venir de un país donde perdura la monarquía; si por eso mismo no tengo derecho a elegir jefe de Estado, como sí lo tienen los mexicanos, al menos sí pretendo ejercer otro derecho, el de la libertad de expresión, el de poder criticar que el rey ha metido la pata y el de sumarme a los que exigen saber en qué se gasta cada euro que recibe de los presupuestos del Estado y cuánto piensa recortarse, en solidaridad con los sacrificios que van a hacer el resto de los españoles.

Esta serie de movimientos ayudaría a devolver la confianza en un rey que debe entender que seguirá siéndolo mientras lo quieran los españoles y que el debate sobre el modelo de Estado está más vivo que nunca; debe entender pues que la partida de ajedrez no ha acabado y que la amenaza de jaque mate está ahí, latente.

El verdadero cambio

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La semana pasada comentaba con usted que el discurso de cambio que ha enarbolado el candidato del PRI no parece tener sentido. No ofrece nada diferente de lo que ya está haciendo el gobierno de Felipe Calderón, salvo aprobar reformas legislativas que el mismo PRI obstaculizó en los últimos dos sexenios. Sin embargo, este punto puede ser el verdadero cambio que ofrece el PRI.

Hace ya un par de años (16 marzo 2010), en estas páginas, Peña Nieto defendía la necesidad de contar con una mayoría legislativa, aunque para ello fuese necesario otorgar una sobrerrepresentación significativa a un partido. En su opinión, bastaría con que un partido alcanzase 35% del voto para que pudiera tener mayoría en el Congreso. Su texto se titulaba “Mayorías en el Congreso para un Estado eficaz”. Es decir, que Peña necesita tener la mayoría en el Congreso para poder ser eficaz. Por eso la única aportación que ofrece a lo que ya hoy se hace es aprobar reformas en el Congreso, porque parte de la idea de que tendrá mayoría. Y es que sin ella no podría hacer sino lo que el PAN ha hecho en la Presidencia. Cuando mucho.

La petición de principio que hace Peña es de la mayor importancia. Si efectivamente tuviese la mayoría, ¿qué impediría que gobernase como el PRI lo hizo siempre? ¿O como lo hacen en los estados? Vuelvo a insistir en que no estamos dando el justo valor al cambio que hemos vivido en estos últimos 15 años, es decir, desde que nadie tiene mayoría (en particular el PRI). En estos tres lustros hemos logrado: la autonomía de la Corte (que impide expropiaciones como la de Cristina Kirchner en Argentina), la autonomía del Banco de México (que impide que se manipule el dinero), la creación y sobrevivencia (aunque sea con dificultades) del IFE, el IFAI y la CNDH. Muy importante, tenemos prensa libre, incluso para suicidarse. No le recito la letanía de las diferencias económicas entre estos 15 años y los anteriores porque es innecesario: no hay ninguna variable que haya estado mejor antes que ahora, aunque las de ahora no nos gusten.

Pero como hay quien no recuerda, vale la pena insistir en que antes de 1997 no había en México más ley que la palabra presidencial, que igual podía expropiar la banca que privatizarla, que igual podía agotar las reservas del Banco de México que defender el peso “como un perro”.

Aunque no es necesario irse al pasado, basta con ir a los estados. Los gobernadores reproducen ese poder absoluto: controlan a su congreso local y a su tribunal, a su órgano electoral y de transparencia, a su comisión de derechos humanos y, sobre todo, controlan a los medios de comunicación. Insisto mucho en ello porque no hay democracia viable sin libertad de expresión y prensa, y en México no la hubo por décadas y no la hay hoy en los estados.

Muchos colegas me insisten en que no hay marcha atrás en el proceso político de México. Afirman que no hay manera de volver a tener un régimen autoritario. Todavía no he escuchado un argumento sólido, sin embargo. Las instituciones con que contamos son muy débiles, como lo mostró el sainete contra el IFE en 2006, que terminó violando la autonomía de la institución, removiendo a parte del Consejo y estableciendo una ley que, sin duda alguna, es un retroceso. Y eso ocurrió sin que hubiesen ganado los restauradores del viejo régimen.

Si el PRI gana la elección presidencial y tiene la mayoría en el Congreso, no veo por qué no harán lo que saben hacer, según mostraron durante el siglo XX a nivel nacional y muestran hoy, todos los días, en los gobiernos estatales: aplastar. Ejemplos de esta actitud sobran en América Latina, aunque tal vez el caso argentino sea hoy el más ilustrativo: por la vía democrática llega al poder un grupo que va destruyendo los contrapesos hasta que puede ejercer el autoritarismo pleno. En muy poco tiempo, destruyen todo.

¿Cuál es el contrapeso para un presidente priísta con mayoría en el Congreso? Ni la Corte ni el Banco de México pueden enfrentar a los dos poderes juntos. Mucho menos los gobernadores. Ningún órgano de Estado. Los medios de comunicación ya optaron por el suicidio. No en balde fue la televisión la que impuso a Peña Nieto. Los demás se han sumado, como las ranas que eligieron rey en la fábula de Esopo: una garza que después se las fue comiendo.

Éste es el cambio verdadero que ofrecen Peña Nieto y el PRI: la restauración del viejo régimen. Lo llaman Estado Eficaz para no espantar.

A lo mejor sólo vivimos 15 años de tregua.

Argentina: ¿a contramano del mundo?

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

Lo haya querido así o no, la decisión de la Presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, de nacionalizar la mayor compañía petrolera de su país ha hecho que Argentina sea vista en gran parte del mundo como un país que se ha pasado plenamente al bando populista "Bolivariano" de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Pero lejos de integrarse a un club de países en plena expansión, la expropiación de YPF aislará aún más a Argentina en el campo económico y diplomático, porque se produce en un momento en el que el bloque encabezado por Venezuela parece estar desinflándose, y en el que Brasil, Perú, Uruguay, El Salvador y otros países con gobiernos de centro-izquierda se están moviendo en la dirección opuesta.

Argentina ya había nacionalizado antes el correo en 2003, la empresa de agua Aysa en 2006, y la línea aérea Aerolíneas Argentinas en 2009. Más recientemente, el Gobierno de Fernández expropió los fondos de jubilación privados, y cambió las leyes para poder usar reservas del Banco Central, que hasta hace poco era independiente.

Pero YPF, cuyo 51 por ciento de las acciones estaban en manos de la empresa española Repsol, era considerada la mayor empresa de Argentina. Ante los ojos de los inversores extranjeros y la mayoría de los países industrializados, Fernández cruzó la raya.

En un artículo sobre la nacionalización de YPF titulado "Fernández imita al (Presidente de Venezuela, Hugo) Chávez", la agencia de noticias Bloomberg dijo que "las semejanzas de las políticas argentinas con las de Chávez ha aumentado desde la reelección de Fernández" en octubre. Un día antes, el Financial Times había dicho: "Argentina puede olvidarse de que los inversores la consideren un país serio durante una generación más".

El Gobierno español ha protestado duramente contra la acción de Argentina. La Unión Europea seguramente suspenderá las retrasadas negociaciones para un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y quizás pida sanciones internacionales contra Argentina.

Pero incluso dentro de Latinoamérica, el momento elegido por Argentina para desplazarse hacia el populismo radical es poco propicio. Argentina ingresa ante los ojos del mundo
en un bloque en franco deterioro, y en momentos en que el anémico crecimiento económico mundial hace poco probable un alza de las materias primas que le dé un segundo viendo a su economía.

Ya han pasado los días en que Chávez viajaba por el mundo distribuyendo petro-dólares en busca de apoyo para su modelo narcisista-leninista, anunciando oleoductos que unirían Caracas con Buenos Aires y otros proyectos faraónicos. Hoy, Chávez lucha por su vida contra un cáncer que lo obliga a pasar casi todo el tiempo en terapias en Cuba, y se enfrenta a una Oposición cada vez mejor organizada en las elecciones del 7 de octubre de su país. No le queda dinero ni energías como para ayudar a otros.

Brasil -pese a su retórica de apoyo a Venezuela y Argentina- ha anunciado recientemente la privatización de sus cinco aeropuertos más importantes. Uruguay acaba de lograr la calificación de "grado de inversión", que lo coloca junto a Chile, México, Brasil, Perú, Panamá y Colombia.

En México, el candidato favorito para las elecciones presidenciales de junio, Enrique Peña Nieto, ha dicho que quiere convertir el monopolio petrolero estatal en una industria con mayor participación privada, como Petrobras de Brasil. La empresa brasileña, a su vez, emprendió recientemente su mayor apertura al sector privado.

El Gobierno de Fernández dice que Repsol no estaba invirtiendo en YPF, había "vaciado" la empresa, y estaba llevando a Argentina a convertirse en importadora de energía.

La nacionalización de YPF goza de un amplio apoyo popular en el país, entre otras cosas porque -gracias a los altos precios internacionales de las materias primas- la falta de inversión externa no ha impedido al país un rápido crecimiento en los últimos años.

"Los argentinos hacen esto una y otra vez: rompen los contratos, no pagan las deudas", dice Susan Kaufman Purcell, directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami. "Desafortunadamente, mientras la reacción inmediata es decir que los inversores ya no irán a Argentina, en realidad no dejan de ir".


Mi opinión: Argentina no tendrá mucho problema para encontrar un inversor extranjero que compre una porción minoritaria de YPF. Los inversores de la industria del petróleo están acostumbrados a trabajar con países inestables, y siempre habrá alguien nuevo -tal vez los chinos- dispuesto a invertir en las fabulosas reservas petroleras argentinas.

El problema es que -además del hecho de que el control estatal hará más ineficiente a YPF, tal como ocurrió con PDVSA en Venezuela- aunque lleguen nuevos inversores al sector petrolero, se irán los pocos que había en el resto de la economía. Salvo un giro de 180 grados, Argentina será un país aún más dependiente de las materias primas, lo que acelerará su proceso de desindustrialización y hará aumentar la pobreza.

Matando un elefante

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Dice el poeta Luis Miguel Aguilar que George Orwell tiene un ensayo autobiográfico llamado “Matar un elefante”. Narra ahí cómo tuvo que matar uno cuando era comisario de policía en un pueblo de Birmania.

El elefante había enloquecido, como suelen enloquecer los elefantes, normalmente por razones territoriales, y se había zafado de la cadena que lo retenía, pues era un elefante domesticado, causando luego estropicios en la aldea y la muerte de un coolie al que había pisado y hundido medio metro en el fango, pues era tiempo de lluvias.

El dueño del elefante no estaba y alguien debía encontrar y matar al elefante como se mata a un perro rabioso. Ese alguien era el comisario Orwell. No tenía sino un rifle Winchester de dudosa potencia, por lo que mandó pedir otro, alemán, del calibre adecuado, y salió a buscar al elefante.

Fue preguntando por la aldea dónde se le había visto por última vez. Y conforme preguntaba, corría por el pueblo la noticia de que un blanco con un rifle iba a matar al elefante, por lo cual Orwell empezó a ser seguido por una muchedumbre de nativos curiosos. Todos amarillos.

Luego de varias pistas falsas encontró al elefante comiendo en santa paz en un paraje. Bajaba con la trompa ramas de un arbusto y las golpeaba contra sus rodillas para desbrozarlas antes de ponérselas en la boca. No había ya necesidad de matar al elefante, podía esperarse que llegara su dueño.

Pero la excitación de la muchedumbre hizo sentir a Orwell que no podía dejar de matar al elefante sin renunciar a su papel en el juego de máscaras de la civilización.

Orwell era en ese momento y en ese lugar la representación del hombre blanco y en defensa del prestigio del hombre blanco, a su vez encarnación del prestigio del Occidente, debía matar al elefante.

Se dispuso a matarlo con las cinco cargas del rifle que llevaba. No sabía entonces que a los elefantes hay que dispararles en la frente, entre los dos ojos, y disparó a un punto junto a la oreja, buscando el cerebro. El elefante se dobló, hincando las patas delanteras, pero no murió. Orwell disparó otra vez al mismo punto. La admirable enorme bestia cayó entonces por completo, panza arriba, pero al acercarse Orwell descubrió que seguía respirando. Vació lo que quedaba de carga del rifle, buscándole el corazón. Pero el elefante siguió respirando. Tardó media hora en morir.

De todo esto sacó Orwell una de las mayores vergüenzas morales de su vida y un rechazo absoluto al papel del hombre blanco en sus distintas representaciones, empezando por el imperio británico y terminando por la mismísima Corona.

Madrear al candidato

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

>El candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, canceló su participación en un foro con estudiantes del Instituto Tecnológico Autónomo de México, que se realizaría hoy, y de paso anunció que no acudirá al “debate” propuesto por Carmen Aristegui, el lunes próximo.

La razón de la cancelación del evento en el ITAM, según la explicación oficial, es que tendrá una reunión con “la estructura de la CROC en Baja California”.

En tanto, Peña decidió no acudir al “debate” propuesto por Aristegui porque su equipo consideró que no se trataría de tal, sino de una “celada” en la que el tema sería “madrear a nuestro candidato”.

Hasta ahora, el equipo que rodea al candidato tricolor no ha querido exponerlo en auditorios críticos, en una estrategia clara por mantener la ventaja que hasta ahora tienen.

La regla no escrita de la política es que quien va adelante no debate; los que quieren “una confrontación de ideas”, son generalmente los que van detrás como una fórmula para obtener algunos puntos.

Peña no acudirá a debates antes del 6 de mayo, fecha en la que por ley se efectuará el primero de dos encuentros entre los cuatro aspirantes a la Presidencia de la República.

Cierto es que la decisión de no acudir al ITAM y de negarse a participar en el evento de Aristegui le generará críticas, sobre todo los lopezobradoristas, los más feroces en las redes sociales, pero en el balance el equipo prefirió pagar ese costo que arriesgarse a perder puntos en un encuentro que para fines legales, no está obligado a atender.

Dicho de otra forma, Peña sigue jugando con el librito; al fin que tiene la ventaja.

>Una vergüenza que la Comisión de Radio y Televisión de la Cámara de Diputados, encabezada por Juan Gerardo Flores Ramírez, “olvidara” que una vez iniciado el proceso electoral no puede haber reformas a leyes precisamente en esa materia, la electoral.

Ayer la Comisión turnó al Pleno el dictamen para reformar la Ley de Radio y Televisión, que tiene meses de discusión en San Lázaro. Pero cuando se votó, el presidente de la mesa directiva, Guadalupe Acosta, recordó que la Constitución establece que no puede haber reformas en materia electoral “sino hasta noventa días antes de iniciado el proceso electoral”, que para efectos prácticos comenzó la primera semana de octubre pasado.

Entonces, la ley fue devuelta a comisiones porque una de sus modificaciones establecía, entre otras modificaciones, cambios al método mediante el cual el IFE supervisa la transmisión de los spots de los partidos políticos en todas las cadenas de radio y televisión.

¿De verdad el diputado Gerardo Flores, que fue Director General de Resoluciones y Acuerdos de la Comisión Federal de Telecomunicaciones ignoraba la disposición constitucional o fue plan con maña mandar a la congeladora, porque quién sabe cuánto tiempo las reformas a la Ley? Por eso estamos como estamos.