mayo 06, 2012

Primer Debate 2012 - Domingo 6 de mayo, 20:00 horas



'Hoy, hoy, hoy' por Paco Calderón





El mundo oculto de Estados Unidos

Jorge Ramos Ávalos (@jorgeramosnews)
Reforma

NUEVA YORK.- Llegué a cenar a un restaurante que tiene la reputación de ser uno de los mejores en Manhattan. Pero nadie me había dicho que casi toda la comida es preparada por indocumentados. Y eso es algo que los dueños del restaurante, al igual que los inmigrantes, prefieren mantener en secreto.

En la superficie, Estados Unidos parece un país que no esconde nada. Ni sus guerras ni sus crisis. Aún queda mucho de la tradición del protestantismo, que tanto destacó Max Weber, y que premia a quienes dicen la verdad y son transparentes. Sin embargo, basta rascar un poquito para darnos cuenta del mundo oculto que permite funcionar a Estados Unidos.

Este restaurante es el mejor ejemplo de lo que mucha gente no sabe. Al llegar, me hicieron esperar a pesar de tener una reservación; señal de que era un lugar de moda. Luego, nos dieron un menú a mí y a mi acompañante. Ordenamos y seguimos esperando. De pronto su secreto quedó al descubierto. Los dos muchachos que servían el agua y el pan en las mesas hablaban español. Y también uno de los meseros, quien, al final de la noche y con los jefes distraídos, me invitó a la cocina.

Ahí encontré a una decena de mexicanos, de los estados de Puebla, Tlaxcala y Michoacán, que cocinaba a la perfección el pato, la chuleta de puerco y el branzino del mediterráneo a la sal. La conversación era sobre el último partido de futbol y el clima antiinmigrante en Estados Unidos. En esa cocina no había un solo norteamericano. Ni uno.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, la crisis económica no ha enviado a millones de norteamericanos desempleados a las cocinas de los restaurantes y a los campos de cultivo. Tampoco a limpiar cuartos de hoteles ni a despellejar pollos. La realidad es que la mayoría de los estadounidenses no quiere los trabajos que realizan los indocumentados porque son los más difíciles y los peor pagados. Muchos norteamericanos prefieren seguir desempleados que hacer esas tareas.

El éxito de este restaurante consistía en una imagen de mucha exclusividad y en un talentoso grupo de indocumentados que cocinaba para celebridades, abogados, doctores y nuevos ricos. Pero quien no se ha metido a su cocina, jamás se podría imaginar esto.

Lo mismo ocurre en miles de empresas. Lo tienen muy calladito, pero sin indocumentados, muchas industrias no sobrevivirían. El número de indocumentados bajó a 10.8 millones, según el Departamento de Seguridad interna. Son cifras menores que las de años anteriores. Es lógico: a menos trabajos, menos inmigrantes. Pero mi pronóstico es que, tan pronto se note una ligera recuperación económica, tendremos una nueva ola migratoria.

Mientras tanto, las tragedias continúan. Una desesperada madre de Nueva Jersey me envió un conmovedor correo electrónico sobre su hijo, quien, tras terminar su high school con mención honorífica, no podrá ir a la universidad por ser indocumentado. Esto es lo más cruel y absurdo del sistema educativo norteamericano. Permite a los niños indocumentados estudiar la primaria y high school, pero les prohíbe ir a la universidad. Así, 60 mil jóvenes indocumentados se quedan sin ir a la universidad cada año. Demócratas y republicanos siguen jugando futbol con el Dream Act y, al final, ninguno de los dos partidos ha hecho nada.

Todo forma parte del mundo oculto que se vive en Estados Unidos. Hay millones de trabajadores y de estudiantes que dan lo mejor de sí para salir adelante y para hacer de este un país mejor. Pero nadie los reconoce. Están escondidos en escuelas, bodegas, fábricas y cocinas.

Las sonrisas y bromas en el restaurante al que fui en Manhattan desaparecerían si sus elegantes y poderosos clientes se dieran cuenta de que sus suculentos alimentos fueron preparados por indocumentados que viven ocultos, con miedo a ser deportados, separados de sus familias, y en la más absoluta clandestinidad.

Así nada sabe bien.

Debatan

Pascal Beltrán del Río (@beltrandelriomx)
Bitácora del director
Excélsior

Quiero ver a los candidatos ponerse a prueba y eludir la respuesta fácil. Me gustaría que todos intenten meter en aprietos al puntero

El debate de candidatos presidenciales que se realiza esta noche es el que más interés ha generado en la opinión pública desde que se llevó a cabo el primero de su tipo, hace 18 años.

Aquella vez mi curiosidad como reportero llegó a tal punto que brinqué la reja del Museo Tecnológico en Chapultepec —junto con mi colega Álvaro Delgado— con la finalidad de dar la primicia sobre el set que utilizarían los candidatos presidenciales Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Ernesto Zedillo.

No sé si volvería a hacerlo, porque al momento de retirarnos del lugar, después de ver el set, nos salió al paso un teniente coronel del Estado Mayor Presidencial —a cargo de la vigilancia del sitio elegido para el debate— para informarnos que los soldados estuvieron a punto de disparar sobre nosotros cuando advirtieron nuestra presencia.

Lo cierto es que la expectativa que se generó en 1994 era enorme. Aquel primer debate se celebró apenas 50 días después del asesinato de Luis Donaldo Colosio.

La negociación para que se pudiera llevar a cabo aquel encuentro había sido muy complicada. Los opositores pusieron como condición que se prohibiera la difusión posterior de la imagen y el audio de manera fragmentada, a fin de evitar, como me dijo Adolfo Aguilar Zinser (qepd) —quien participó en las pláticas en representación de Cárdenas—, una edición que favoreciera al aspirante priista.

Para los partidarios de Fernández de Cevallos la experiencia del debate fue espectacular. El candidato panista zarandeó a sus contrincantes.

Atacó a Zedillo, llamándolo “un buen chico, con altas calificaciones, pero reprobado en democracia”, a quien habría que creerle “15 veces menos de lo que dice”, porque el crecimiento del país estaba “15 veces más abajo de lo que pronosticó… y eso que su fuerte es la economía”.

A Cárdenas lo acusó de falso demócrata. Le echó en cara la ley electoral que promulgó como gobernador de Michoacán, en los 80, “que vulnera la dignidad del pueblo”. También le dijo que comprarle al candidato perredista su imagen de hombre tolerante y plural equivalía a “creer que Mario Aburto es un pacifista”.

Quizá porque se habían preparado para otro tipo de debate, Zedillo y Cárdenas respondieron tibia y tardíamente a la estrategia de Fernández de Cevallos. El priista le reprochó lucrar con el asesinato de Colosio, mientras que Cárdenas recordó que un día llamó “descalzonados” a un grupo de solicitantes de vivienda.

No ha habido otro debate como aquel, del que El Jefe emergió victorioso, lo que lo impulsó al segundo lugar de la contienda, claro retador de Zedillo.

Los de 2000 y 2006 son recordados por sus anécdotas —como escribió en estas páginas, el viernes pasado, José Elías Romero Apis—, sobre todo por los errores que cometieron los candidatos que resultarían derrotados en esas elecciones.

Se ha dicho que el formato de los debates es uno de los mayores culpables de que resulten aburridos e intrascendentes. El formato del primer debate era muy similar al que tendrá lugar esta noche. Sin embargo, aquella noche del 12 de mayo de 1994, quienes vimos el encuentro de candidatos estuvimos al filo de la butaca.

Es decir, el formato no es el mejor para propiciar el contraste de posiciones, propuestas y biografías —lo que uno esperaría de un buen debate—, pero hay modo de superar ese escollo, como lo demostró Fernández de Cevallos.

Incide más, en mi opinión, el número de participantes. En 1994 hubo nueve candidatos presidenciales, pero solamente tres participaron en el debate. Seis años después hubo dos debates, el 25 de abril y el 26 de mayo. En el primero participaron los seis candidatos presidenciales registrados; en el segundo, sólo los tres principales: Vicente Fox, Francisco Labastida y Cuauhtémoc Cárdenas.

Obviamente, a mayor número de participantes —sobre todo si se considera el formato rígido que ha existido, que no permite interrupciones o réplicas de botepronto— mayor el número de turnos que tienen que esperar los candidatos para responder a los señalamientos de sus contrincantes.

Se ha hablado mucho del debate que sostuvieron el miércoles pasado los candidatos presidenciales en Francia. Es verdad, el formato de allá ayuda a que el encuentro sea más dinámico, pero no olvidemos que el sistema francés contempla una segunda vuelta —que, por cierto, culmina hoy—, en la que sólo compiten dos candidatos.

Entonces, el debate de esta noche ¿será trascendental o no? Quiero pensar que sí, pero dependerá de qué tanto ajusten los participantes su estrategia al formato.

Como Fernández de Cevallos en 1994, esta noche llegan dos candidatos con la oportunidad de utilizar el debate como un motor para impulsar sus campañas. Igual que hace 18 años, hay un claro puntero en la contienda, Enrique Peña Nieto, y, más de 20 puntos atrás, dos candidatos que luchan a codazos por mejorar su lugar en la persecución, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador.

El priista, igual que los punteros de 1994, 2000 y 2006 tratará de que el debate le cause el menor daño posible. No tiene por qué atacar. Seguramente mirará directo a la cámara, volteará poco o nada hacia los otros podios del set y se concentrará en hablar con los televidentes y radioescuchas.

En el debate sobre el debate, que se dio en las últimas dos semanas, ha sido lugar común decir que Peña Nieto lleva las de perder porque, según sus críticos, es incapaz de hablar en un foro sin usar el teleprompter.

Esa afirmación se pondrá a prueba esta noche. Por lo pronto, ha servido para disminuir las expectativas sobre el desempeño del candidato de la coalición Compromiso por México (PRI y Partido Verde). Los rivales de Peña le han hecho el favor de que nadie espere nada bueno de su actuación. Eso puede ayudarlo, pues cualquier punto que anote esta noche se verá como un logro extraordinario.

En cambio, el peso recae sobre los rivales, no sólo porque son ellos quienes tienen mayor obligación de aprovechar el debate, sino porque han sostenido públicamente no sólo que Peña no sabe debatir, sino que quiere eludir los debates alternos a los dos oficiales (convocados, mediante solicitud directa, por más de 40 medios de comunicación).

Más aún, Vázquez Mota, pero sobre todo López Obrador, han generado la impresión de que la decisión de Televisión Azteca de transmitir un partido de futbol de la liguilla a la hora del debate es una estrategia para apoyar a Peña y que el encuentro es clave —una especie de Día D de la campaña presidencial— para decidir el rumbo de la elección.

Eso ha generado, como decía al comienzo, una expectativa nunca vista desde 1994 para un debate de candidatos presidenciales. Tengo la impresión de que tendrá una audiencia enorme y que muchos mexicanos lo sintonizarán para ver cómo se desempeñan los rivales de Peña y si éste es capaz de improvisar.

Si las participaciones de Vázquez Mota y/o López Obrador son tan espectaculares o más que la de Fernández de Cevallos hace tres sexenios, se podrá decir que la expectativa se cumplió. Sin embargo, si sólo escuchamos cuatro soliloquios intercalados, la gente tendrá todo el derecho de sentirse decepcionada y, por qué no, cambiarle al futbol, a ver si el Morelia-Tigres es más entretenido.

Por lo pronto, a unas horas de que ocurra el sexto debate de candidatos presidenciales en la historia de México, yo deseo que el de hoy cumpla con las expectativas: que sea peleado, reñido y que los aspirantes metan la pierna.

Quiero ver a los candidatos ponerse a prueba y eludir la respuesta fácil. Me gustaría que Vázquez Mota, López Obrador y Gabriel Quadri intenten meter en aprietos al puntero y que éste no recurra al catenaccio. Que sea un encuentro abierto, de idas y venidas y muchos goles. Que sea un debate que rompa récord de audiencia y sea recordado en el tiempo por haber dado la vuelta a una campaña aburrida.

Si no sucede eso, la gente, que tendrá el control remoto en la mano, seguramente se irá a otro canal. Y qué bueno que tenga la libertad para hacerlo, porque la propuesta de endilgarle el debate a fuerza, en todos los canales, no es propia de la democracia sino del autoritarismo.

El debate y posdebate, por CadenaTres

Si, como espero, usted verá el debate, hágalo por CadenaTres, nuestra televisora hermana. Al momento de escribir estas líneas, ninguna otra ha anunciado que tendrá, como aquélla, una medición del desempeño de los candidatos en tiempo real. Luego, quédese en Círculo de Ideas, donde analizaremos lo sucedido en el encuentro en el World Trade Center e intentaremos hacer una prospectiva de su significado para el resto de la campaña. Nos vemos en el canal 28 de televisión abierta en el Valle de México (128 en Sky y Cablevisión).

Para mantener su fe, no piense

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Los journals semanales de mayor renombre en la publicación de investigaciones científicas originales, Science y Nature, presentan una acuciosa investigación: pensar nos aleja de la fe. ScienceNow, dice llanamente que para mantener la fe, no nos pongamos analíticos, nota de Greg Miller acerca del estudio realizado por Will Gervais y Ara Norenzayan, de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, Canadá. Philip Ball hace un comentario al respecto en Nature.

Para probar la hipótesis, buscaron diferencias entre personas que usan más la intuición o más el análisis. Tomaron un ejemplo empleado por el neurocientífico y filósofo Joshua Greene y sus colegas de Harvard. Hicieron a cientos de voluntarios tres preguntas, una era: “Un bat y una pelota de beisbol me costaron $1.10. Si el bat me costó $1.00 más que la pelota ¿Cuánto me costó la pelota?” La respuesta inmediata, e intuitiva, es 0.10. Pero no es la correcta. Lo sería si pregunto: el bat me costo 1 dólar, ¿cuánto la pelota? 0.10. Pero no es ésa la pregunta, sino un dólar más.

Debo admitir con cierta vergüenza, que no solo fue la mía, sino que tardé media hora en entender la buena: 0.05. El bat me costó 1.05, que es un dólar más que la pelota. Esa respuesta exige más pensamiento analítico, y “gente que elige respuestas intuitivas, mientras se controlan igual CI, educación, orientación política y otros factores, tiende a reportar creencias religiosas más fuertes”.

Chin… Entonces me hice autoanálisis: ¿creo en Zeus y Apolo? No. ¿En Osiris y Ra? ¿Krishna y Vishnú? Tampoco. ¿Por qué creer en Yahvé-Alá y sus furias bíblicas (en estricto sentido)? Porque mi familia medio cree en eso, sin mucho entusiasmo. Pero muestro “fuertes creencias religiosas”. No creo en el antropomorfismo de un creador y diseñador porque ya hace unos 2 mil 500 años, en Grecia (but of course) Xenófanes hizo escarnio de la religiosidad popular con una expresión de fuerza inigualable: “Si los leones y los caballos tuvieran manos, los leones dibujarían a los dioses como leones y los caballos como caballos”. Nadie lo ha dicho mejor.

El materialismo perfecto lo expresó Demócrito, hacia el 430 a.C. “El átomo y el vacío son las únicas realidades”. El átomo era una partícula indivisible. Pero en 1836 el inglés Michael Faraday anotó en su Diario: “Encontré que la electricidad al pasar (por un cable) produce magnetismo” en torno al cable… Ni átomo ni vacío, campo. El escocés James Clerk Maxwell unificó electricidad y magnetismo en un “campo electromagnético”. La física del siglo XX encontró que las partículas elementales, electrones y quarks, son los verdaderos átomos, y se comportan como ondas, añadió Louis de Broglie. El átomo es casi en su totalidad vacío. El sólido escritorio de Sherrington está hecho en su casi totalidad de nada.

“Otro grupo de voluntarios escribió un párrafo acerca de las ocasiones en que siguiendo su intuición o un razonamiento cuidadoso alcanzaron un buen resultado”. De nuevo, quienes escribieron acerca de intuición reportaron fuertes creencias religiosas. “El pensamiento analítico puede estimular la incredulidad”. Los voluntarios que resolvieron crucigramas con palabras como análisis, razón y similares reportaron creencias religiosas más débiles.

Un experimento final presentó un cuestionario común y otro en una tipografía de difícil lectura. Mismos resultados: hubo correlación positiva entre leer un texto difícil y tener creencias religiosas débiles. Un ejemplo local: el historiador católico y guadalupano Joaquín García Icazbalceta, encargado de fundamentar ante el Vaticano la coronación de la Virgen de Guadalupe en 1895, concluyó en carta al arzobispo: Entre más investigo, más dudas me surgen.

En la nota de Nature, Ball hace notar la cautela con que el texto de Science se adelanta a la furia de los creyentes, no sugieren que las creencias religiosas sean de forma inherente irracionales: “Solo decimos que así parecen…” Ups.

Vayamos a la columna central del dios judeo-cristiano-musulmán. Me regalan un boleto con el que, al seguir unas pocas reglas, me gano una villa en Amalfi, un piso completo en París y otro de dos plantas en Park Avenue, Nueva York. Amalfi, cercana a Nápoles y del mismo lado, está montada sobre un farallón y se entra por un túnel corto. A la entrada del túnel hay una placa que dice (perdón, es de memoria y quizá falle la ortografía): “Il Giorno del Giudizzio, per gli amalfitani che andrano in Paradiso, sarà un giorno comme qualche altro…” (El Día del Juicio, para los amalfitanos que vayan al Paraíso, será un día como otro cualquiera). ¡Bravo!

Pero, de no seguir las reglas o no haberme arrepentido antes de que suene una campana (que no sé cuándo sonará), seré sometido a terribles tormentos y a vida artificial para que el tormento no acabe con la muerte.

Sin dudar rechazo el boleto. No le entro a la rifa. Pero el boleto ya lo tengo y sin mi consentimiento. Las reglas también.

Novedad: Agápi mu (Amor mío) en eBook: http://www.amazon.com/dp/B007LX0TPU