mayo 16, 2012

Por una cultura de Paz

Vicente Fox Quesada (@vicentefoxque)
Ex presidente de México
El Universal

“Las armas son las herramientas de la violencia; todo hombre centrado, las detesta” - Tao Te Ching

Les escribo desde el monasterio donde se encuentra Ren Farong, líder del taoísmo en China, en una profunda reflexión sobre el tema de la paz y la armonía como estadios de condición superior para la convivencia y el crecimiento de las personas y las comunidades.

Él nos explica el concepto del Tao (vía o camino) entre paz y guerra: “Cuando un país está en paz y armonía, con el Tao se producen herramientas y bienes. Cuando un país va en contra de la paz y la armonía, acumula armas a las puertas de las ciudades. No hay mayor ilusión que el miedo, ni mayor error que disponerse a la defensa, ni mayor desgracia que crear un enemigo”. Destaca que “en paz y armonía el cielo es claro y espléndido, la tierra es sólida y plena, las criaturas florecen juntas en interminable multiplicación de los bienes que buscan”.

Estas concepciones filosóficas tienen sentido en quienes creemos en la cultura de la paz y la no violencia, en quienes creemos en el diálogo y la concertación, en el respeto y la tolerancia, en la justicia y en el consenso como árbitros supremos para dirimir diferencias. Nada más alejado del verdadero espíritu democrático que el uso de la fuerza para imponer ideas únicas.

La propia ONU hace un llamamiento a “la transformación de una cultura de guerra y violencia en una cultura de paz y no violencia” consistente “en valores, actitudes y conductas que plasman y suscitan a la vez interacciones e intercambios sociales basados en principios de libertad, justicia y democracia, todos los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad; que rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos, tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación, y que garantizan el pleno ejercicio de todos los derechos y proporcionan los medios para participar plenamente en el proceso de desarrollo de su sociedad” .

El vehículo por excelencia para inculcar la paz y para arraigar una conciencia cívica es, sin duda, la educación. También es el medio para crear las condiciones para el ejercicio de una ciudadanía activa y responsable.

Como en el Tao, la cultura de la paz hace del diálogo y de la negociación la base para la construcción de convergencias y acuerdos, y reconoce en ellos un medio idóneo para encontrar las mejores soluciones a los desafíos colectivos. Además, favorece la participación activa y solidaria, respetuosa de la pluralidad y promotora de la cohesión social.

La construcción de la cultura de la paz es un proceso de ida y vuelta. En la medida en que el gobierno actúe con trasparencia y propicie un contexto de mayor diálogo generará condiciones para que la ciudadanía actúe de manera activa, informada y responsable en la defensa y promoción tanto del interés público como de sus intereses legítimos.

Toca también al gobierno trabajar de manera permanente con la ciudadanía en la consecución de la paz. Sólo de esta manera se logrará que las y los ciudadanos se reconozcan como sujetos responsables de la acción política para la paz.

Esta labor no es fácil. La democracia exige la creación de espacios que permitan que nos escuchemos unos a otros; que existan condiciones para ejercer nuestros derechos y cumplir nuestras obligaciones; que existan foros donde se debatan propuestas sobre el tema; en suma, garantías para el bien común.

Si queremos una nación donde impere la armonía debemos acabar con los obstáculos de toda índole que impiden el desarrollo económico y social. De no hacerlo, nunca alcanzaremos la paz y la seguridad integral a la que aspiramos.

No debemos olvidar que la búsqueda de la paz no tiene otro sentido que proteger a cada mujer, hombre o niño que forma el tejido social de nuestro país; es decir, a quienes dan sentido a la noción de humanidad. Por eso, a los candidatos y candidatas pedimos que vean, que escuchen, que entiendan la verdadera situación y sus graves consecuencias, para que recojan los sentimientos ciudadanos de temor y angustia de los padres de familia, que su única demanda al Estado es que sus hijos e hijas regresen a casa vivos, sanos y salvos cada noche.

Pedimos que abran el debate sin limitaciones, sin temor y sin dar por hecho el pensamiento único. Hay alternativas, hay salidas de la trampa en que nos encontramos, hay caminos a la paz y a la concordia, hay vías para ver un cielo claro y espléndido, para sembrar una tierra sólida y plena, y para contemplar criaturas que florezcan juntas.

Pedimos sumar y no dividir al país. Es tiempo de jalar juntos y parejo. No es tiempo de enconos. No hay buenos ni malos. Hay ciudadanía, comunidad y familia.

Pedimos decir un... basta de guerra, alcancemos la paz.

Un deterioro moral

Lorenzo Servitje S.
Empresario, ex presidente de Grupo Bimbo
Reforma

Algo grave que está sucediendo en México y en el mundo es un deterioro moral en las familias y sobre todo en los jóvenes, que nos debe preocupar.

Un caso reciente que ilustra elocuentemente esto ha sido lo ocurrido en la Gran Bretaña el 6 de agosto de 2011 en la ciudad de Londres que se vio sacudida por violentas manifestaciones callejeras, sobre todo de jóvenes que provocaron destrozos e incendios.

Manifestaciones igualmente violentas se replicaron en distintas ciudades inglesas que dejaron 1723 detenidos, cinco personas muertas, policías heridos y cuantiosos daños materiales.

El primer ministro, David Cameron, regresó de sus vacaciones para hacer frente a la emergencia. Una semana después pronunciaba ante los medios de comunicación uno de sus discursos más emblemáticos en el que intentó encontrar una explicación de las razones profundas de la desconcertante revuelta social.

Para Cameron esto se debió a algo mucho más profundo; a la indiferencia ante lo que es correcto o incorrecto, a gente con un código moral distorsionado, gente con una total ausencia de dominio de sí misma.

Dijo: "Hemos, con demasiada frecuencia, evitado decir lo que es necesario acerca de cualquier cosa, desde el matrimonio hasta al bienestar y la cortesía".

Añadió que estaba en la política para construir una sociedad más fuerte, familias más fuertes, comunidades más fuertes.

En Estados Unidos se decía en los 1990's que los niños estaban siendo educados en una sociedad que rechaza un estándar de la verdad y de la moralidad, de lo que es bueno y de lo que es malo y que la verdad ha venido a ser cuestión de gusto y la moralidad cuestión de preferencia.

Queremos en nuestras niñas y niños admiración, inocencia, ternura... Queremos en nuestras jóvenes y nuestros jóvenes dignidad, virtudes, ideales... Queremos en nuestras familias respeto y responsabilidad de todos, apoyo mutuo, comprensión, afecto... Queremos que se aprecie el valor del matrimonio, la fidelidad de los cónyuges, la consideración de los mayores, los buenos modales, el decoro en el lenguaje...

Hoy esto que queremos se está perdiendo. La vida social está sufriendo un deterioro moral que ya es motivo de seria preocupación. Son manifestaciones de ello la violencia, las adicciones, la deshonestidad, la corrupción y la falta generalizada de respeto a la ley y a la autoridad. Incluso muchas personas ya no se atreven a pronunciar ciertas palabras que tienen una connotación moral y que aun están desapareciendo del lenguaje. Por ejemplo: bien, bondad, buenas costumbres, deber, virtud, nobleza, recato, modestia, vergüenza, pureza, decoro, decencia. Y hasta se rehúye el uso de la palabra "moral" y se prefiere decir "ética".

En Estados Unidos el deterioro moral, sobre todo de los jóvenes, ha llegado a extremos alarmantes. En 1940 los maestros se quejaban de que los alumnos en las clases hablaban sin levantar la mano, masticaban chicle, hacían ruido por los pasillos, se salían de las filas y se vestían inapropiadamente. Hoy se quejan del abuso de la droga y del alcohol, de los embarazos y las violaciones y de los robos.

Valclav Havel, presidente de la República Checa, decía que en todas las esferas de la convivencia humana hay que profundizar en nosotros y en los demás, la fuente de la moral que está en nosotros y por encima de nosotros, y que sin el cultivo integral de ella no se puede crear el respeto indispensable para las reglas de la convivencia.

Y con gran visión Octavio Paz decía: "Cuando la virtud flaquea y nos dominan las pasiones -casi siempre inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza- las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar nuestros apetitos, estamos listos para ser dominados por el extraño. A medida que la virtud se debilita, crece el río de sangre".

¿A qué se debe esta situación? Se debe, entre otras causas, a la falta de educación moral de los niños y jóvenes, sobre todo en el hogar, a causa de la desintegración de la familia y como consecuencia de ello al debilitamiento de su importante papel de educadora de los hijos. La familia, ese tesoro que los mexicanos apreciamos tanto.

Esta desintegración se debe, en gran parte, al deterioro del matrimonio como institución indispensable para la estabilidad y felicidad de la familia misma. Su crisis se debe, a su vez, entre otras causas, a una corriente generalizada que justifica y aun alienta la relación sexual fuera del matrimonio. Algunas manifestaciones de ello son la promiscuidad, la relación prematrimonial, la unión libre, la infidelidad conyugal y las perversiones.

Hay una influencia creciente de los medios de comunicación en la formación de la manera de pensar y en la conducta de la gente. Existe información de que la familia, en la sociedad clásica, influía en sus valores en un 45% y los medios de comunicación en un 5%. Hoy en la sociedad moderna los porcentajes son 27% y 23%.

Alguien ha dicho que hoy la mayor parte de la formación estética de los jóvenes (canciones, música, baile) se recibe fuera de la escuela y de la familia y también que la comunicación social ha llegado a ser el verdadero foro de la educación moral. Con frecuencia nos quejamos del ambiente de inseguridad, bajeza y corrupción que nos rodea, pero debemos preguntarnos si esto no se debe a esta descomposición de la fibra moral de las personas, que a su vez ocasiona la destrucción misma del tejido social.

Además hay que tener en cuenta un fenómeno actual que es lo que está sucediendo por el indudable éxito que están teniendo las llamadas redes sociales en los adolescentes y debemos preguntarnos por qué les atraen tanto.

Hay varias razones: porque les permite desarrollar muchísimas tareas al mismo tiempo. Porque les permite ampliar las áreas de conocimiento mutuo. Porque crean espacios de intimidad y privacidad. Porque les facilita cómo presentarse en público y sentirse diferentes. Y porque les permite el acceso a fuentes muy diversas.

Manuel Villalobos de Social Media ha dicho que por otra parte todo esto tiene riesgos, como la mala gestión del tiempo y la superficialidad; la poca profundidad de los mensajes generados; una gestión cerrada al consejo de los padres; y finalmente el que busquen en las redes o Internet respuestas a sus inquietudes más íntimas en lugar de buscarlas en sus padres o personas formadas.

Todo es parte de la compleja situación de deterioro moral de la sociedad que hemos descrito.

Todos aspiramos a vivir una vida digna, pacífica y civilizada. A la humanidad le ha costado mucho salir de la barbarie. Todos tenemos la responsabilidad de esforzarnos para no regresar a ella. Hace falta una verdadera renovación moral.

Fuentes, la pasión y la contradicción

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

“La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”, escribió un Carlos Fuentes que nos sorprendió a todos, ayer, con su partida.

Es un lugar común decirlo, pero vale la pena reiterarlo: con la muerte de Carlos Fuentes se va no sólo uno de los escritores más importantes de la historia de México sino también se cierra toda una etapa de la vida cultural, social, política, del país. Vendrán ahora los homenajes, los recuerdos, pero lo que quizá no se pondrá de manifiesto en la hora final de Fuentes será la contradicción que lo marcó en forma constante: profundamente mexicano nació en Panamá; murió en México, pero vivía en Nueva York y se educó, incluso literariamente, en Buenos Aires; escribió como quizá ninguno sobre la Ciudad de México o del campo mexicano y los desplazados en libros como La muerte de Artemio Cruz o en el invaluable La región más transparente, pero fue un hombre universal: vivió en Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, España. Puso el sexo en la literatura mexicana contemporánea en forma sutil con Aura, en forma explícita con Diana o la cazadora solitaria. Fue durísimo con los políticos y se consideró siempre, y a su modo lo fue, un hombre de izquierda, pero en su momento, como muchos otros, suscribió aquello de “Echeverría o el fascismo” y fue embajador en Francia, aunque renunció al cargo cuando Díaz Ordaz se convirtió en su homólogo en España; detestaba la posibilidad del regreso del PRI al poder, pero fue también un producto de ese sistema que repudiaba, como le ocurrió a muchos de su generación, una generación extraordinaria, compleja, irrepetible. Escribía siempre y de todo: sus primeros libros fueron extraordinarios, los últimos parecían ser la revisión, siempre impecablemente bien escrita, de otras historias ya publicadas. Era un gran articulista, pero le ganaba demasiadas veces la pasión, más que la racionalidad o la distancia. Vivió como un torbellino, pero le tocó vivir, también, la muerte de dos de sus hijos, muertes que lo destrozaron: “Hay que llegar a saber que los hijos, vivos o muertos, felices o desdichados, activos o pasivos, tienen lo que el padre no tiene. Son más que el padre y más que ellos mismos. Nuestros hijos son los fantasmas de nuestra descendencia. El hijo es el padre del hombre”, escribió, y vaya si lo había vivido en carne propia. Los hijos no deben morir antes que los padres.

Todo eso era lo que hacía fascinante a Fuentes. Un hombre sin contradicciones, sin genio, sin pasión, sin errores, sin saber lo que es el goce, el sexo y el dolor, es un hombre lamentable, monótono, gris, y Fuentes siempre fue lo más parecido a un estallido de formas, colores, expresiones, vitalidad e insistimos, porque ese era su rasgo esencial, de pasiones.

Si tuviera que quedarme con un Carlos Fuentes, me quedaría con el autor de La región más transparente, precisamente en esos años, fines de los 50, principios de los 60, en los que fue el abanderado, junto con otros, como José Luis Cuevas en la plástica o Fernando Benítez en la crítica y el periodismo cultural, o más tarde Carlos Monsiváis, de una nueva forma de entender y hacer, de generar una nueva vida cultural en el país, cuando era una pieza indiscutible de aquel boom de la literatura latinoamericana que lo hizo conocido y admirado en todo el mundo. Un hombre entusiasmado por una nueva izquierda que no tardó demasiado en demostrar que al final sufría de los mismos pesares que aquella que detestaba, la del partido único y el realismo socialista. Chocaba, claro que lo hacía, con el hombre que desde entonces representaba otra visión, otro enfoque, otra rigurosidad que en muchas ocasiones no iba con el espíritu de la época, con Octavio Paz, como más tarde lo hizo con Enrique Krauze o con Mario Vargas Llosa.

Pero el personaje Carlos Fuentes, lo que él representaba, era, precisamente por todo eso y más, fascinante. Qué bueno que fue contradictorio, que cometió errores, que se dejó llevar por la pasión: sin él nuestra literatura hubiera sido una más políticamente correcta, menos abismal, menos sensual y sexual, menos universal, hubiera roto menos estereotipos. En última instancia, Carlos Fuentes nos mostró, mucho más que otros, con su vida y con su obra, cómo somos realmente los mexicanos contemporáneos: los que vivimos en un mundo en tránsito y enfrentado con nosotros mismos, donde se puede admirar a Bill Clinton, pero antes puede haberse encandilado con Fidel Castro; donde el nacionalismo decimonónico se combina con el más sofisticado cosmopolita del siglo XXI. Adiós, don Carlos: con usted se va toda una época de México y de todos nosotros. Lo vamos a extrañar.

Twitter muestra su músculo electoral

Julio Serrano
Apuntes Financieros
Milenio

Puede que la visita de Peña Nieto a la Ibero haya estado sentenciada desde un inicio a la confrontación. Pero sin Twitter no habría sido tan contenciosa y jamás habría alcanzado la difusión que ha tenido. La fuerza de las redes sociales es cada vez más evidente en la elección presidencial.

Como en muchos otros países, el uso de estos medios de comunicación para compartir opiniones, incluyendo, por supuesto, sobre temas políticos, es cada vez más frecuente entre los jóvenes. La rapidez con la que se genera información en las redes sociales y la facilidad con la que se difunde de manera masiva las hace sumamente eficientes para ejercer presión política. El incidente de la Ibero es un claro ejemplo de su poder.

Pero lo que hace a Twitter y otras redes sociales particularmente influyentes en esta elección presidencial es que están fuera del alcance de la restrictiva Ley Electoral de 2007. Esta Ley prohíbe las campañas negativas en los medios tradicionales. Pero el internet, donde viven las redes sociales, no es un medio tradicional y por lo tanto está fuera de su alcance. En el mundo cibernético, twitteros pueden ser tan críticos y tan agresivos como quieran. Es por esto que gran parte de la guerra sucia electoral se está llevando a cabo en este medio.

De por sí las campañas negativas suelen tener un impacto significativo en formar las preferencias de los electores. Pero a diferencia de la mayoría de los países, donde las campañas negativas están permitidas en todos los medios de comunicación, en México las redes sociales tienen el monopolio de la “negatividad”, lo que hace que su influencia se vuelva desproporcionada. De aquí que los cuatro candidatos cuenten con sus tropas sociales, tanto para atacar como para defenderse. Algunas de estas tropas son clandestinas, y su eficiencia varía según el candidato. Pero todos reconocen la importancia electoral de las redes sociales.

Sin embargo, quienes están marcando la pauta en este campo de batalla no son los políticos, son los jóvenes. La juventud mexicana parece haber descubierto su fuerza política, siendo Twitter y Facebook sus armas de elección. Es verdad que es todavía pequeño el número de usuarios de redes sociales en México en relación con la población en general. Pero aunque son pocos, su opinión suele tener un peso significativo a la hora de marcar la agenda política. Será interesante ver cómo irán cambiando las campañas electorales conforme las redes sociales adquieran más músculo.