mayo 20, 2012

¿VERIJAS LIBERABIT NOS? por Paco Calderón




A la sombra de Grecia

Manuel Gómez Granados
manuelggranados@gmail.com
La Crónica de Hoy

Parece que las elecciones del 6 de mayo en Grecia sólo sirvieron para demostrar qué tanto poder han ganado los neonazis del partido Dorado Amanecer, una organización racista, nacionalista, similar al Partido Republicano alemán y al Frente Nacional de Francia, que logró algo impensable hace diez años: el siete por ciento del voto. Este resultado es muy poco para gobernar un país, pero es mucho si se considera que el partido que más votos obtuvo, el demócrata-cristiano Nueva Democracia, apenas logró el 18.9 por ciento.

Después de dos semanas de intentos fallidos para formar gobierno, deberán celebrarse nuevas elecciones. No está claro qué pudiera resultar de esta nueva consulta, pero los electores griegos están profundamente polarizados, y hay pocas probabilidades de que alguien logre una mayoría cómoda que permita superar el vacío electoral. La situación es tan grave, que el Fondo Monetario Internacional anunció la suspensión de las pláticas con el gobierno griego hasta que se conozca el resultado de las nuevas elecciones.

La lógica indicaría que se necesita una coalición entre demócrata-cristianos y socialdemócratas. Sin embargo, al panorama político griego no es convencional. Aunque los demócrata-cristianos tuvieron el primer lugar, en segundo aparece la Coalición de la Izquierda Radical, con el 16.8 por ciento.

Los socialdemócratas apenas lograron el tercer lugar de la contienda con el 13.2 por ciento, por lo que la fórmula del gobierno de unidad nacional, que usó Alemania para paliar la crisis de principios de la década pasada, es inaplicable. La derecha o la izquierda moderadas, tendrán que limar diferencias y sumar a un tercer y quizás un cuarto socio para conformar gobierno.

No será fácil. Después de los socialdemócratas están los llamados Independientes Griegos, que cosecharon el 10 por ciento del voto y podrían sumarse a un gobierno de coalición, pero en el quinto lugar están los comunistas griegos, con el 8.5 por ciento. Luego siguen los neonazis de Nuevo Amanecer, y más abajo la Izquierda Democrática con 6.1 por ciento; y después seis partidos con entre 1.2 y hasta 2.9 por ciento, que suman 13.6 por ciento del total, al que se debe agregar un 5.5 por ciento capturado por formaciones todavía más pequeñas.

En pocas palabras, la atomización del voto involucra a 19 por ciento, casi la quinta parte, de los votos emitidos en la elección anterior; síntoma claro de la incapacidad creciente de los partidos para representar a los electores, así como de las dificultades de los dirigentes para procesar sus diferencias y concentrar el voto en un menor número de partidos que faciliten la estructuración de un gobierno.

No sorprende que las voces que hablan de un fracaso del modelo se reproduzcan como hongos. Es más, se habla ya de la necesidad de que Grecia abandone el euro y renegocie, con una dracma resucitada, su salida de la crisis actual. Es difícil saber si esa es la solución.

El caso griego evidencia el fracaso del modelo europeo de integración regional y globalización económica que no consideró las necesidades de las personas. Evidencia también qué tan grave es que no existan controles a los flujos de divisas. Buena parte de la crisis griega se explica por el hecho de que los fondos de muchas de las familias más ricas de la cuna de la democracia están depositados en los paraísos fiscales europeos: Suiza, Liechtenstein, Luxemburgo, entre otros, y no existen mecanismos que acoten la fuga de esos capitales. Además, claro está, de la mala administración de los gobiernos que gastan sin disciplina y sin sujetarse a un presupuesto.

El caso griego también evidencia los problemas de un modelo que le apostó demasiado a la creación de una “economía de servicios”, desindustrializada y con un fuerte componente especulativo en el mercado inmobiliario, que no era sostenible, pues asumía un flujo incesante de recursos financieros y se olvidó de atender las necesidades concretas de las personas: crear empleos y garantizar con actividad económica real, que no dependa de la especulación financiera, la dinámica económica de ciudades y regiones enteras.

Y no es solamente Grecia. Ahí está la crisis española, que se despliega furiosa como un miura que embiste a un matador inexperto y torpe. En América Latina hay signos de un agotamiento de modelos basados en la especulación financiera, pero lejos de apostarle a una economía de proyectos productivos sustentables, se regresa a la receta de la expropiación de los bienes privados y la creación de nuevos monopolios públicos. ¡Como si no hubiéramos vivido esa película!

Telelobotomía

Jean Meyer
Profesor e investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

En nuestros tiempos frenéticos de bombardeo televisivo, por causa de campañas presidenciales y elecciones de tres tipos, vale la pena señalar que la televisión es un peligro público, porque “puede tener un efecto destructivo sobre la cognición y el comportamiento de los niños, pero también sobre la esperanza de vida de los adultos” (Le Monde/Science, 8 /X/ 2011). Érase una ciudad de Canadá que no recibía la televisión por su posición. Cuando iba a llegar, una sicóloga decidió estudiar sus efectos.

En la tranquila ciudad “sin”, en dos años, las agresiones verbales en la escuela duplicaron, las peleas triplicaron y la capacidad de lectura disminuyó, así como la creatividad de los niños. Entre los adolescentes la participación comunitaria bajó a la mitad y la práctica del deporte en 25% entre los jóvenes, 40% entre los adultos. Todos los resultados se encuentran en el libro de Tannis MacBeth Williams, The Impact of Television. A Natural Experiment on Communities.

Michel Desmurget, a quien robo el título de su libro en francés, TV Lobotomie, denuncia no solamente la televisión, sino todas y cada una de las mil y una pantallas que invadieron nuestra vida. Pocas veces se encuentra un consenso absoluto entre los científicos, basta con ver el tema del recalentamiento global o las discusiones sobre el colesterol; en este caso todos afirman que la televisión, tal como existe actualmente (no la televisión en sí), es nociva. “Ver la televisión antes de tener dos años está asociado a retrasos en el lenguaje, retrasos en el aprendizaje y, más adelante en la vida, a resultados escolares más bajos y perturbaciones de la atención, con un tiempo de concentración reducido” (Dimitri Christakis, Universidad de Washington).

El adolescente estadounidense pasa ocho horas al día frente a las pantallas… ¡qué miedo! Nuestra situación no es mejor, sólo que tenemos pocos estudios. ¿La violencia visual aumenta el riesgo de agresividad entre niños y adolescentes? La Academia Americana de Pediatría, con base en 3 mil 500 estudios, concluye categóricamente que “la exposición a contenidos violentos aumenta el riesgo de comportamiento agresivo para algunos niños y adolescentes al apagar su sensibilidad a la violencia”.

¿Y nosotros, los adultos? Pues, agárrense y vean lo que afirma el universalmente respetado Journal of the American Medical Association, verano de 2011: las personas que ven más de dos horas de televisión al día aumentan 20% la probabilidad de sufrir diabetes de tipo 2, y en 15% una posible enfermedad cardiovascular. Los efectos sobre la obesidad, nuestra enfermedad nacional, son indiscutibles, no por lo que se ve en la pantalla, sino porque la teleadicción implica la sedentaridad; uno se queda sentado o acostado, sin moverse, y desarrolla malas costumbres en cuestión de alimentos y bebidas.

Además, sí, el hecho de ver la televisión tiene consecuencias cerebrales y mentales, por la pasividad del espíritu del espectador. Créalo o no, pero cada hora diaria de televisión, entre los 40 y 60 años, aumenta de manera indirecta la probabilidad de sufrir la enfermedad de Alzheimer. Es que la televisión es todo lo contrario de una actividad intelectualmente estimulante.

Entonces, ¿por qué ignoramos estos hechos demasiado reales de acuerdo con los especialistas? Porque las compañías actúan exactamente como, en su tiempo y hasta hace poco, las compañías tabacaleras; aquéllas decían que el efecto dañino del cigarro no estaba comprobado, que los estudios eran partidistas, que la vanidad de algunos científicos explicaba su postura, más ideológica que científica… Hoy los abogados de la televisión denunciarían la dictadura de las neurociencias contra la libertad. Y ustedes ¿cómo la ven?

Votar por la Maestra

Juan E. Pardinas
Reforma

Un amigo de profundas convicciones liberales me cantó su voto para presidente de la República: "¡Mi gallo es Gabriel Quadri!". Su asertiva confidencia me generó una ominosa premonición: algunos mexicanos inteligentes y de buena fe piensan sufragar por el candidato de la Maestra. Quadri está en un mal lugar y en una pésima compañía para ostentar sus credenciales liberales.

La esencia del pensamiento liberal se basa en el principio de que existen ciertos derechos individuales que están por encima de los asuntos del Estado y los intereses de grupo. Un verdadero liberal le daría prioridad al derecho a la educación de cada niño mexicano sobre el catálogo de privilegios que defiende el gremio de los maestros. Como un individuo de raza negra que busca afiliarse al Ku Klux Klan, Quadri está rodeado por personas que en los hechos desprecian las ideas que él defiende. Visto con afecto, un candidato liberal postulado por un partido corporativo es una contradicción. Mirado con dos gotas de malicia es una farsa que busca engañar a un número suficiente de ciudadanos para preservar el registro de Nueva Alianza.

Un partido político creado expresamente para defender los intereses de una líder y su gremio no puede abanderar la cruzada del interés colectivo. Gabriel Quadri es el embajador y abogado de uno de los poderes corporativos más influyentes de México. Una pieza útil y sacrificable en el ajedrez de Gordillo, un alfil al que le dejaron ocupar la posición de rey por un trimestre. Entre abril y junio, Quadri jugará en las grandes ligas de la política nacional. Mientras el candidato de la Maestra se divierte con los focos de los reflectores, el gobierno federal ha dado y perdido una de las batallas fundamentales para el futuro de México.

En mayo de 2011, la SEP y el sindicato magisterial firmaron un convenio donde se establecía la obligatoriedad de las evaluaciones para directores, maestros y asesores pedagógicos de primaria. Sin embargo, bajo la consigna de que firmar no implica cumplir, el SNTE logró que la participación de los docentes en las pruebas de evaluación sea una decisión voluntaria. Más que defender los derechos laborales de sus afiliados, el sindicato lucha por preservar una de las prebendas fundacionales del viejo sistema político: el derecho a no rendir cuentas. Los maestros se quieren aferrar a los usos y costumbres del siglo XX mexicano, donde las distintas versiones de la autoridad no estaban acostumbradas a enfrentar el contrapeso de una evaluación.

La imposibilidad de someter a examen a los maestros es un desafío a la gobernabilidad de México. Un grupo de particulares, el gremio magisterial, descarrila la estrategia del gobierno federal. La política educativa de México la dicta el SNTE y no la SEP. En un abierto desdén a las formas y a los mínimos de cortesía, Elba Esther Gordillo aprovechó una invitación a la casa presidencial de Los Pinos para atacar a Josefina Vázquez Mota. Ese es un desafío natural para un poder que ni rinde cuentas ni conoce límites. Ganar la Presidencia es una cosa muy distinta a conseguir el poder. La persona que se tercie la banda presidencial el 1o. de diciembre tendrá todo el poder que dan los votos, pero no tendrá en sus manos las riendas de la política educativa. Esas correas tienen la misma dueña desde hace varios sexenios.

Con tu sufragio, tú puedes hacer algo muy importante para ayudar a que el Estado mexicano recupere su rectoría sobre la política educativa: no votes por Elba Esther Gordillo y su articulado títere de lentes con bigote. Si el brazo electoral de la Maestra sufre un revés el 1o. de julio, aumentarán las posibilidades de que los niños mexicanos sean educados por maestros que han pasado por el tamiz elemental de una evaluación.

Está columna sólo refleja las posturas de su autor.

¿Seguir al líder?

Fernanda de la Torre (@FernandaT)
fernanda@milenio.com
Neteando con Fernanda
Milenio

El jueves pasado celebramos el Día Mundial del internet, la herramienta de información y comunicación más poderosa con la que contamos en la actualidad. Muestra de ello son las redes sociales, un reflejo de lo ocurre en la sociedad. En cuestión de segundos un solo hashtag nos une sobre cualquier tema de actualidad. Estando en tiempos electorales es lógico que este plagado de opiniones políticas y proselitismo lo cual es muy positivo. Desafortunadamente estas expresiones han aumentado en las redes sociales de manera alarmante generando el odio y la intolerancia. Estas “masas virtuales” siguen una tendencia y pobre de aquel que se atreva a cuestionarlas o disentir, porque es víctima instantánea de descalificaciones, insultos, calumnias y en algunos casos hasta amenazas.

El cuestionarnos, obtener conclusiones propias y ser responsables de ellas es complicado. Resulta mucho más fácil endilgarle la culpa a otro, ser parte de la “masa políticamente correcta” y quedar bien con muchos en vez de ser señalado por diferente y ser víctima de la intolerancia.

Tuve la suerte poder hablar con Marcos Aguinis. Originario de Córdoba, Argentina. Ha publicado novelas, ensayos, cuentos y biografías. Colabora en diversos diarios y revistas de América Latina, EU y Europa. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Fue Secretario de Cultura de su país. Hombre crítico. Durante la última dictadura la circulación de sus libros fue limitada. En la conversación previa a la entrevista sobre su más reciente novela El joven Trotsky, Marcos reflexionó acerca de las masas y el peligro que éstas representan.

“Los pueblos padecen alienaciones. Durante un tiempo se comenzó a idealizar a las masas, creyendo que por representar una mayoría están siempre buscando y siguiendo a la verdad. Yo interpreto a las masas de una forma distinta. Creo que las masas son una regresión a nuestra etapa zoológica. Los animales andan en masa. Los pájaros en bandadas, los peces en cardúmenes, las ovejas en manadas y siguen al líder que va adelante. Si el líder que va adelante va por buen camino, la manada o el cardumen va bien. Pero si el líder está mal, es un desastre. Y es lo que pasa con los seres humanos. Cuando nos convertimos en masa, perdemos lo más notable de la calidad humana que es la capacidad de pensar, de ser un individuo, de ser diferente a todos los otros, de poder razonar. La alienación es algo que se da muy frecuentemente y que se ve claramente ahora que tenemos información en el mundo moderno”.

Aguinis se pregunta durante la conversación cómo fue posible que Alemania, que era el pueblo más culto de Europa, haya caído a las rodillas de un loco mediocre histérico como Hitler y seguirlo con ese fanatismo, como si fuera una manada de ovejas alienadas. Con tristeza reconoce que esta alienación ocurre también en América Latina y ahora en su país. “Me produce una gran tristeza hablar de esto. Y lo digo con dolor. Pero tengo que denunciarlo, así como denuncié en su tiempo a las dictaduras militares, la presencia de desaparecidos y las aberraciones que cometieron los dictadores. Ahora estoy denunciando las aberraciones que comete un gobierno elegido por el pueblo. La elección no es suficiente para que haya una democracia. Es el primer paso de la democracia, ésta se consolida después de la elección, cuando se respeta el diálogo, se respeta a la oposición y se respeta a la discrepancia. Esto se está perdiendo en Argentina y como consecuencia, está en un un proceso de decadencia, de degradación, muy pronunciada”.

Es imposible negar que en México cojeamos del mismo pie. Estamos muy lejos del diálogo y respeto a la oposición. Dimos el primer paso para la democracia, pero no queremos dar el segundo. El problema es que sin este paso no vamos a poder avanzar. Se vale apasionarse, se vale discutir, pero no se vale la intolerancia y falta de respeto. Ya vimos las fatídicas consecuencias del odio en el 2006, pero parecería que lo olvidamos. Muchas veces se ha mencionado que los pueblos tienen los dirigentes que se merecen. Marcos Aguinis dice que más bien son los dirigentes que se les parecen. La sociedad genera dirigentes que son como ella.

Si queremos un cambio, si queremos avanzar tenemos que es imposible clamar por una democracia si no estamos haciendo nada para respetar la discrepancia, en vez de pensar preferimos ser parte de la masa y dejar de razonar. Más que seguir a un líder, hay que razonar, tener convicciones y seguirnos a nosotros mismos antes que a nadie. En el año 2000 aprendimos que podemos ser democráticos. Vamos por más, demos el segundo paso.