mayo 29, 2012

Este 1ro de julio votarás por percepción o por razón


'Narciso' por Paco Calderón





No veas 24 horas porque oculta la verdad

Poncho Vera (@ponchovpof)
ponchov@exafm.com
La Crónica de hoy

Muchos piensan que cuestionar a los medios de comunicación en México es algo reciente pero no lo es. Es común vivir en el aquí y ahora, y pensar que si se está involucrado en un movimiento de creación reciente, no hay nada más.

Son muchos ejemplos del pasado. Lo que pasa es que antes no había redes sociales, y los temas no se ponían tan de moda. Por ejemplo, algunos piensan que ahora es la primera vez que se cuestiona en protestas de una manera directa a Televisa, no, por ejemplo, yo recuerdo claramente cuando en aquellas penosas elecciones de 1988, numerosos grupos de personas salían a las calles a promover un veto contra el noticiario más importante de aquellos días, 24 Horas.

“No veas 24 Horas porque oculta la verdad”, se gritaba, se escribía en pancartas, y se imprimía en calcomanías que se distribuían de la manera más masiva posible.

La queja generalizada dentro de grupos de inconformes con los medios, va en relación al control de la información.

Justificada inconformidad, que me imagino, tiene que ver con la imposibilidad de ejercer el derecho a la información que tenemos los ciudadanos en este país.

¿En verdad no existe derecho a la información en México?, no, sí existe, pero hay que saber ejercerlo, aprovecharlo.

Aunque, claro está, cada medio de comunicación no debe de ser tendencioso, es completamente lógico entender que los al ser éstos realizados por personas, la objetividad absoluta es imposible de conseguir, de hecho tal no existe. Lo que para un periodista resulta lo más importante del día, no lo es para todos, no puede serlo.

¿Cómo decidir, por ejemplo, qué es lo más relevante de un mitin político sin que entre la visión personal del profesional de los medios de comunicación?

Sí, claro, se debe de buscar interpretar que sería lo más relevante para la audiencia, para los lectores, pero eso no deja de tener una dosis de juicio individual, el cual no es para todos el mismo.

Por eso, hay opciones, y de ahí, la necesidad de que para estar realmente informados sea necesario tomar varias fuentes.

No podemos decirnos bien informados con únicamente leer un periódico, escuchar un programa de radio, o ver un noticiario televisivo.

Se requiere de un esfuerzo, de un análisis. Es parte de la pluralidad, que en este país existe.

Las respuestas

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Comentábamos el jueves pasado acerca de las causas de la crisis global, porque aunque ha pasado ya tiempo, no parece convencerse todo mundo de que el origen de todo es un exceso de gasto. Pero una vez ocurrida la crisis, tampoco crea usted que todo mundo tiene la misma respuesta preparada

En una cosa, creo, sí había acuerdo. Inmediatamente, lo que había que hacer era evitar una quiebra generalizada del sistema financiero, o lo que es lo mismo, había que aportar los recursos necesarios para respaldar deudas que muy probablemente serían impagables. Eso hicieron los bancos centrales de todos los países desarrollados, empezando por la Fed, que inventó un par de billones de dólares (de doce ceros) para cubrir los huecos. Así como lo lee, se inventó dinero de la nada, igual que en México se inventó Fobaproa. Así se hacen los rescates bancarios.

Una vez evitada la catástrofe (algo que no se hizo bien en 1929), viene la segunda parte del asunto, que es en donde no hay acuerdo. Según unos, lo que se debe hacer es inyectar a la economía dinero para reducir en lo posible la caída de la demanda. Esta postura es la que se llama genéricamente “keynesiana” y que ha defendido todas las semanas Paul Krugman. La otra solución propone que los gobiernos vayan reduciendo su déficit para evitar más problemas, aunque eso pueda causar algunas dificultades en el corto plazo. Es la solución “austriaca”, que han defendido otros economistas menos famosos que Krugman.

La solución keynesiana, que el gobierno entre a sostener la demanda, incurriendo en un déficit, tiene su origen en un concepto de Keynes que se llama “multiplicador”. De acuerdo con esta idea, cada peso que el gobierno mete a la economía se convierte en varios pesos a través del consumo. Por ejemplo, digamos que el gobierno regala cien pesos a una persona que va pasando por la calle (no se ría, es una de las posibilidades). Esta persona va a usar esos cien pesos para, digamos, ir a comer. Va a comer y gasta 80 pesos, se queda con veinte. La señora de la fonda en la que comió tiene ahora 80 pesos, con los cuales va a comprar su recaudo para el día siguiente. Gasta 65 pesos, y se queda con quince. El señor de la tienda de abarrotes tiene ahora 65 pesos que no tenía, y puede con ellos pagar la luz, que no había pagado. Gasta 55 pesos y se queda con 10. La empresa de electricidad puede contratar ahora a alguien que vaya a limpiar las oficinas, a la que le paga 45 pesos, y así seguimos. Vea usted lo que ocurrió, los cien pesos son ahora 80 de la comida, 65 del recaudo, 55 de la luz, 45 de la limpieza, más lo que se quedó cada quien: 20 del primero, 15 de la señora, 10 del abarrotero, 10 de la compañía. La suma es grande: 80+65+55+45+20+15+10+10=300. Los cien pesos del gobierno se han multiplicado por tres, y eso que nada más los seguimos durante cuatro operaciones. Con los datos que le presentaba, el multiplicador es de 5, es decir, los cien pesos del gobierno acabarán convertidos en 500 pesos.

Por eso la propuesta de Keynes es tan popular con los gobiernos, porque les da un argumento para poder tener déficit. Si el gobierno tiene un déficit, digamos, de 1% del PIB, el efecto multiplicador lo convertirá en un crecimiento de la economía de 5%. Es tan atractivo este argumento que uno se pregunta por qué no los gobiernos tienen déficit de 20% anual y con ello duplican su economía cada año, ¿o no?

El problema es que este argumento no es correcto. Los cálculos que se han hecho en Estados Unidos para estimar el tamaño real del multiplicador concluyen que es, cuando mucho, de uno. Es decir, con suerte la economía recupera el dinero que el gobierno gastó de más, pero no siempre se logra.

Una de las razones por las que esto ocurre la planteó David Ricardo más de cien años antes de Keynes: cuando las personas ven que el gobierno se endeuda, se imaginan que tarde o temprano van a subir los impuestos, y al prevenirse de ello, el efecto del déficit en la economía desaparece. Esta idea de Ricardo fue replanteada en los años ochenta por Robert Barro (por eso se conoce como la hipótesis Ricardo-Barro). De acuerdo con esta versión, el efecto del déficit será de muy corto plazo, y rápidamente desparecerá. Hace unos días, el 10 de mayo, Barro publicó un artículo en The Wall Street Journal explicando por qué el estímulo económico en Estados Unidos no está teniendo resultado.

Para dejarlo más claro, déjeme regresar al famoso multiplicador. Le decía que, con los datos que planteaba, el multiplicador era de cinco. La razón es que este multiplicador es el inverso del porcentaje que ahorran las personas en la economía. Puesto que en mi ejemplo cada persona ahorraba 20%, el inverso de este número es precisamente 5. Si las personas ahorraran 50%, entonces el multiplicador sería de 2. Y aquí viene el problema. Si usted tiene una economía en donde las personas tienen deudas inmensas, que no van a poder pagar, y usted le regala dinero a estas personas, ¿qué van a hacer con él? Claro, pagar sus deudas, o ahorrar para hacerlo. Es decir, es muy probable que 100% de este dinero adicional que obtienen se quede detenido en la primera persona. En nuestro ejemplo, en lugar de ir a comer con los cien pesos recibidos, el señor corre al banco y adelanta un pago de su tarjeta de crédito. Si el ahorro de las personas es 100%, el multiplicador es 1.

La hipótesis de Ricardo-Barro no depende de la deuda, sino de que la población, cuando ve que el déficit se incrementa, supone que le van a cobrar más impuestos, y empieza a guardar para ello, con el mismo resultado del párrafo anterior. Así, el “estímulo fiscal” tiene un impacto durante unos meses, y luego deja de tenerlo. En pocas palabras, la idea de que el gobierno puede impulsar la economía mediante un déficit es equivocada. Pero es una idea atractiva, y por eso no desaparece.

Cuando los opinadores insisten en que para recuperar las economías hay que olvidarse de la austeridad, son apoyados por millones de personas que quisieran tener más dinero. Pero es una idea equivocada, que sólo aumenta el sufrimiento, conforme las deudas crecen, y por lo mismo se encarecen. Pero decirle a la población que no hay otra solución que trabajar más y comer menos, es indudablemente poco popular. Ni modo.

PAN: sin vocación de poder

María Amparo Casar
Reforma

Curioso fenómeno el del PAN. A juzgar por su comportamiento en estas elecciones, habría que definirlo como un partido sin vocación de poder.

Fue el único que se embarcó en una selección interna para definir a su candidato a la Presidencia. Josefina Vázquez Mota ganó a la buena la candidatura. No era la favorita del Presidente. Los funcionarios públicos que ocupaban una cartera y en sus tiempos libres hacían política partidaria se volcaron a favor de Ernesto Cordero. No recibió el apoyo de los gobernadores del PAN que en su mayoría operaron a favor del candidato del Presidente. Otro tanto puede decirse de la burocracia nacional del partido que tampoco estuvo con ella. Presidente, gobernadores y Comité Ejecutivo optaron por poner la estructura y recursos al servicio de otro candidato. A pesar de ello la hoy candidata de Acción Nacional ganó en una campaña interna que aunque no exenta de irregularidades tuvo la virtud de que arrojó a una clara ganadora y de que los perdedores reconocieran su triunfo de manera inmediata.

Sucesos como este ocurren en muchas democracias en las que, porque así lo obliga la ley o por decisión propia, seleccionan a los candidatos a puestos de representación a través de procesos de elección entre su militancia. Las contiendas internas suelen ser encarnizadas y es perfectamente normal y legítimo que se expresen las preferencias y apoyos de los órganos de dirección de un partido y de los militantes por un candidato u otro.

Lo que no suele ocurrir es que una vez concluido el proceso de selección interna el candidato triunfador sea abandonado a su suerte o que reciba apoyos que en el mejor de los casos se pueden calificar de exiguos. Eso es precisamente lo que, a diferencia de otras experiencias internacionales o nacionales, vemos en el PAN de hoy.

Santiago Creel, el candidato preferido por Fox para ocupar la candidatura presidencial, perdió las internas del partido. Contra los pronósticos iniciales, Calderón se alzó con el triunfo. De manera inmediata y como era natural en una organización política que buscaba preservar el poder, todo el partido incluidos el Presidente, el candidato perdedor, los gobernadores, las estructuras territoriales y la dirigencia nacional se alinearon detrás de Calderón. El candidato contó con toda la autonomía necesaria en sus decisiones de campaña y conformó su propio equipo pero el resto de los militantes y sobre todo la élite dirigente se pusieron a su servicio. Con una fuerte desventaja frente a su más cercano competidor pero con toda la fuerza del partido Calderón terminó ganando las elecciones.

Las cosas en 2012 cambiaron. Como en la época de Fox, Calderón tuvo un favorito. Como entonces, ese favorito perdió. Como en aquel tiempo, el perdedor reconoció su derrota. Pero aquí terminan las similitudes. El reconocimiento del triunfo de la candidata del PAN no se tradujo en un apoyo ya no se diga incondicional sino tan solo lógico. Lo menos que se hubiese esperado de su partido, incluidos el Presidente, la dirigencia nacional y los gobernadores, hubiera sido una alineación detrás de quien resultó vencedora. No fue así. La porción del partido que no estuvo con ella se limitó a dejarla pasar, pero ni se resignó, ni se reconvirtió, ni se alineó detrás de su abanderada. La dejó a sus aires arriesgando una derrota.

A uno le enseñaron que el principal objetivo de un partido era obtener o mantener el poder, pero al PAN no parece quedarle claro. O Acción Nacional es un caso anómalo y no tiene esa vocación o decidió que se siente más cómodo en su papel de oposición o se tragó la píldora de que hay ventajas irremontables.

Es cierto que la mayoría de las variables del triunfo electoral están del lado de Peña Nieto y el PRI: más dinero, más medios, más estructura, más gobernadores, mejor equipo de campaña. Pero sobre todo tienen todas estas cosas alineadas a un solo objetivo: el triunfo de su candidato.

En términos objetivos el PAN está en una posición menos ventajosa. Pero tampoco está manco: tiene al Ejecutivo federal y solo o en coalición a 9 estados entre los que se encuentran 3 de los de mayor padrón electoral; su estructura partidaria cubre prácticamente todo el territorio y después del PRI es el partido con mayores recursos y acceso a medios. Lo que no tiene es unidad de propósito y, en procesos electorales, la unidad se expresa en torno al candidato y el propósito en torno al triunfo.

Quedan 30 días de campaña, en muchos países democráticos ésta es la duración total de las campañas, la interrogante es si el parque que necesita su candidata va a llegar.

El protagonismo de Sicilia

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

La nota la dio Sicilia con López Obrador. Lo llamó autoritario, mentiroso, resentido, mesiánico, intolerante...

Javier Sicilia repartió besos —AMLO no se dejó— y regaños. Pontificó, juzgó, cuestionó, descalificó a los candidatos presidenciales a los que convocó a “dialogar” en el Alcázar de Chapultepec. Era, al mismo tiempo, abogado, fiscal y juez.

A sus seguidores les gustó el tono. “Les dijo sus verdades a los cuatro”, repitieron en las redes sociales. Otros se preguntaron: “¿Quién lo nombró representante del pueblo?” Yo confirmé lo que vi alguna vez en el Congreso, cuando le gritó al diputado del PVEM Pablo Escudero, yerno de Manlio, en el Palacio Legislativo de San Lázaro: Perdió piso.

La nota la dio Sicilia con López Obrador. Fue la más leída en algunos portales. Lo llamó autoritario, mentiroso, resentido, mesiánico, intolerante, cómplice de represores y algunas linduras más. Le sacó a relucir su alianza con Manuel Bartlett, el mismito al que se le cayó el sistema.

El Peje le reviró: “No me pueden meter en el mismo costal. No soy nada de eso que tú mencionas. No hay soberbia, yo me formé de otra manera, no soy un político mentiroso, corrupto. Llevo 35 años luchando por mis ideales, por mis principios”.

Al terminar el turno del tabasqueño, el poeta lo acompañó hasta la salida del Alcázar. Lo hizo con todos. Tomó su tiempo. El equipo de campaña de Andrés asegura que uno de sus asistentes del poeta lo previno. “‘Javier, ya está listo Gabriel (Quadri)’. Con el brazo le dijo que se esperara”, asegura la fuente.

Los camarógrafos se quedaron con ganas de grabar “el beso al mesías.” Nomás no se produjo. López Obrador explicó, después, por qué se resistió a Sicilia. “A veces, por estas imágenes se pierde lo sustancial. Sicilia no lo hace con propósitos propagandísticos. No es un frívolo, pero no quiero presentarme así”, le dijo a Joaquín López-Dóriga en Radio Fórmula.

A Peña lo trató de emisario de un pasado de corrupción. Abonó a Ulises Ruiz, Mario Marín, Arturo Montiel a la cuenta del candidato del PRI. Equilibró con el clásico beso con el que recibió al priista.

Sicilia dejó a Trinidad Ramírez, de Atenco, las palabras más duras contra el priista.

“El dolor de nuestros pueblos es para ti un trofeo. El 3 y 4 de mayo de 2006 tú ordenaste un operativo contra nuestro pueblo. La violencia la provocó tu gobierno. Fue una venganza tuya. ”, dijo la esposa de Ignacio del Valle, dirigente del Movimiento en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco.

El priista repitió lo que ha venido diciendo sobre el caso: “Soy el primero en reconocer los excesos, atendí las recomendaciones de la CNDH”. Dijo que este caso le dejó la lección de que el uso de la fuerza debe estar basado en protocolos.

Josefina fue la primera en llegar al Alcázar. De los cuatro candidatos es la más cercana al poeta. Aun así, Sicilia le reprochó que los gobiernos del PAN hayan convertido a México en un camposanto, pero también que no haya limpiado a su partido. Le reconoció, eso sí, su honestidad. Fue la menos regañada.

Ella pidió perdón a las víctimas por el clima de inseguridad. Más tarde, en su cuenta de Twitter, la candidata del PAN agradeció a Sicilia la oportunidad de compartir sus propuestas para una paz con justicia y dignidad.

Le pedimos un comentario a Santiago Creel, quien acompañó a la candidata del PAN al Castillo de Chapultepec. “El discurso fue duro, el trato personal, afable”, sintetizó.

En las redes le tundieron al poeta. “¿Quien nombró a Javier Sicilia representante del pueblo?”, preguntó @BG_Diego. Otros lo acusaban de incoherente, de judas, de erigirse en la conciencia nacional…. @Pueblapeje de plano le reclamó: “Oye, te portaste grosero con López Obrador, ¿sólo porque no aceptó beso? Pues sé feliz con EPN.” Y @visionciudadano: “Les hablaron duro y le siguen dando protagonismo al poeta”.

En el IFE recibieron con beneplácito la anunciada decisión de Emilio Azcárraga de transmitir el segundo debate entre los candidatos presidenciales por el Canal de las Estrellas. El mero mero de Televisa

Marco Baños, consejero del IFE, integrante de la comisión para los debates, saludó el gesto. “Es una buena noticia para el desarrollo del proceso. Muy saludable, el Canal 2 es el de mayor cobertura. Hay que destacar que lo hace de manera voluntaria. Espero que TV Azteca tome una decisión similar”, nos dijo.

Fernando Balaunzarán, ex dirigente del CEU, se hizo eco de la afirmación que se repitió con insistencia: “Es un triunfo del movimiento #YoSoy132”.

Casi simultáneamente, representantes de ese movimiento estudiantil llegaron al IFE y a la Secretaría de Gobernación para entregar un documento en el que solicitan cadena nacional para la transmisión del segundo debate entre presidenciales, a celebrarse en Guadalajara el próximo 10 de junio. “Es un proceso electoral de trascendencia nacional para todos los ciudadanos”.

Rudeza necesaria

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

De la mano del incipiente movimiento estudiantil, las campañas del PRD y el PAN han despertado para comenzar una serie de ataques contra Enrique Peña Nieto. Los simpatizantes de López Obrador llevaron la campaña al mismísimo Tlatelolco, donde trataron de vincular con mayor claridad el movimiento universitario con el candidato de la izquierda. Diversos actores afines al lopezobradorismo se han adueñado con éxito de las redes sociales. A tal grado han hecho suyos los trending topics de Twitter que ya es posible decir que esa batalla, la del universo de la comunicación horizontal, la ha ganado López Obrador. Escritores, músicos, actores y periodistas (algunos colegas debutando en un poco ortodoxo papel de proselitistas), han comenzado a advertir de los “riesgos” que implicaría, de acuerdo con su lectura, el regreso del PRI a Los Pinos. Académicos afines al proyecto de izquierda ya aprovechan foros internacionales para explicar por qué, en su opinión, el candidato del PRI representa “el viejo México, de poder corrupto y privilegios”. John Ackerman, conocido columnista de La Jornada y Proceso, publicó la semana pasada un texto en Los Angeles Times que resultó muy popular. En él, Ackerman opina que “la versión mexicana del politburó soviético está listo para regresar” para luego asegurar que Peña Nieto es “un lobo con piel de oveja” cuya “sonrisa telegénica” sólo esconde sus vínculos con el pasado priista. “Peña Nieto amenaza con traer de vuelta los modos autoritarios del pasado”, remata Ackerman. El artículo se llama —dígame si le suena conocido— “El peligro del PRI para México”. Lo mismo ha hecho Josefina Vázquez Mota, que ha comenzado una serie de anuncios en distintos medios atacando al puntero. En suma, perredistas y panistas (y gente cercana a dichos proyectos) han echado a andar, finalmente, una campaña negativa contra el candidato que ocupa la delantera, recurriendo al PRI y su historia para tratar de erosionar la ventaja de Peña Nieto.

Todo esto es completamente natural (y deseable) en una democracia sana. Lo sorprendente es que nos impresione que haya marchas contra el puntero, que jóvenes le armen alharaca en una universidad (y en plazas, y en conferencias), que voces varias traten de explicar por qué el candidato sería un riesgo para el país. También es normal que actores diversos de la sociedad manifiesten su predilección por un candidato o su rechazo a otro (es menos común que periodistas olviden la imparcialidad indispensable del oficio para hacer proselitismo, pero en fin). En 2008, en Estados Unidos, Barack Obama se benefició enormemente del apoyo abierto e intenso de Oprah Winfrey, la reina de la televisión matutina. Nadie se quejó de que Oprah fuera parcial; nadie la acusó de usar su prestigio y su espacio para hacer patente su respaldo a un candidato y un proyecto. No tiene nada de malo. Tampoco tienen nada de raro las campañas negativas. Es más: los estudiantes deberían poder recaudar fondos y comprar tiempo para anunciarse en medios, pero como eso lo prohibió la muy “equitativa” reforma electoral, pues no es posible. Y deberían porque todo ello es parte de una democracia. Una democracia ruda, sí. Pero no sucia, ni desleal. Es rudeza necesaria porque, entre muchas otras cosas, revela el carácter del puntero.

Por lo pronto, me alegra que, a diferencia de 2006, los distintos actores políticos tomen con cierta naturalidad este devenir de la democracia electoral. El propio Enrique Peña Nieto, antes que indignarse o decirse perseguido, ha dicho que valora y (va de nuevo la palabrita) “respeta” las protestas en su contra. Hace bien. Lo que un candidato tiene que hacer cuando las cosas se ponen rudas no es quejarse y denunciar una supuesta y corrupta guerra sucia en su contra, sino apretar el paso y responder con inteligencia. Está por verse qué hará Peña Nieto con los 30 días que le restan. No serán fáciles. Por lo pronto ha resistido la tentación de confundir a la opinión pública. No sobra decir que, si Andrés Manuel López Obrador hubiera reaccionado con esa misma naturalidad después de la durísima (pero también enteramente normal) campaña del 2006, este sexenio habría sido muy distinto. Todo esto —esta rudeza necesaria, esta campaña negativa— es normal en 2012 y lo era también hace seis años.