mayo 30, 2012

Alerta roja en el PAN

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

>La encuesta presentada ayer por Roy Campos, de Consulta Mitofsky, no solo reitera la ventaja de 18 puntos que mantiene el priísta Enrique Peña Nieto sobre sus competidores sino que confirma lo que muchos panistas se niegan a aceptar: que Josefina Vázquez Mota está en tercer lugar.

Los datos de la encuesta de Roy, con algunas variaciones, coinciden con el resto de los sondeos en los que se ve a Andrés Manuel López Obrador como segundo lugar y en crecimiento en tanto que la panista no logró capitalizar los yerros del candidato tricolor.

Habrá que ver si en estos días, a 32 días de la elección presidencial, Vázquez Mota da otro golpe de timón que la coloque nuevamente en la carrera por la Presidencia. Cierto, no está decidido, pero si llega al segundo debate en tercer lugar, se desgranarán sus apoyos.

>Habrá que poner atención a lo que el Departamento de Estado de Estados Unidos declare hoy en relación con los incendios provocados en varias bodegas de Sabritas en Guanajuato y Michoacán.

Ayer se informó que el Departamento de Estado recopilaba información para hacer un pronunciamiento hoy, que seguramente será de condena.

Porque cualquiera que tiene un negocio, del tamaño que sea, sabe que esta muestra de violencia es una advertencia de lo que le pueda ocurrir a cualquiera que no pague derecho de piso al crimen organizado.

>¿Pues no que el movimiento “#soy 132” era apartidista? La pregunta vale porque ayer circuló en la red un conjunto de tuits de miembros del movimiento en los que agradecían al productor Epigmenio Ibarra, prominente lopezobradorista, su apoyo para la realización de un spot.

El productor aclaró por la misma vía, que no realizó un spot “solo prestamos y con mucho gusto apoyo y medios técnicos a @soy132MX y lo seguiremos haciendo si lo desean”.

¿O sea, sí pero no?

>No se sabe quién le recomendó a los organizadores del evento que el Partido Nueva Alianza celebró ayer en el Auditorio Nacional, la contratación de la edecán Julia Orayen, la misma que saltó a la fama luego del primer debate entre presidenciables.

El mal tino tiene que ver simplemente con el hecho de que su candidato presidencial, Gabriel Quadri de la Torre, fue el único de los tres hombres que “admiró” por más tiempo a la edecán.

Ayer mismo comenzaron a circular chistes sobre el por qué habiendo un mercado tan grande en el mundo de las edecanes, el Panal decidió por la controversial chica.

¿A poco alguien de dentro del partido se quiso congraciar con Quadri? Qué mal tino.

>Tómelo por ahora como un simple rumor, pero en algunas oficinas de gente importante ha comenzado a surgir el rumor de que podría haber otro Pemexgate en puerta. Al parecer solo se está amarrando la información técnica para reventar el asunto.

Si fuera cierto, ¿pesará igual que en la elección del 2000? ¿Será simplemente un borrego?

A ver.

Futuro y desesperanza

Rafael Cardona (@cardonarafael)
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

De un plumazo, o mejor dicho, de cuatro golpes de verbo y pluma (una fuente de sangre con cuatro chorros), Sicilia los puso en su sitio y no le quedó en su sitio cabeza títere alguno. Bravo.

Resultaría inútil a estas alturas cualquier intento por regatear la importancia del movimiento de Javier y los sicilianos. La Paz con Justicia y Dignidad es una real aspiración mexicana más allá del excelente fraseo con el cual Sicilia prolongó el célebre, colectivo y sincero grito de estar hasta la madre. Hasta la “mega madre”, dice una voz popular.

También resultaría insensato negar el sacudimiento de los jóvenes del 132 y cuanto se vayan acumulando en estos días. Ya lograron dos grandes conquistas nacionales: confundir la programación del duopolio con una Cadena Nacional y hablar sin rejas con Obdulio Ávila en la secretaría de Gobernación. Todo un hito en la historia nacional.

Pero en el caso inicial de estas líneas llama la atención el diagnóstico de Javier Sicilia en cuanto al verdadero significado de cada candidato, juicio inevitablemente alusivo y extensivo a los partidos propulsores, impulsores y activos en los respaldos respectivos. De un plumazo, o mejor dicho, de cuatro golpes de verbo y pluma (una fuente de sangre con cuatro chorros), Sicilia los puso en su sitio y no le quedó en su sitio cabeza títere alguno. Bravo.

A Josefina Vásquez le dijo:

“Para muchos, usted, señora Vázquez Mota, significa la continuidad de una política que nos ha sumido en el horror, la miseria y el despojo, el señalamiento duro a las corrupciones de los otros partidos, pero la incapacidad autocrítica para ver las del suyo y la protección o la simulación frente a delincuentes o malos funcionarios de su partido que ocupan y ocuparon cargos políticos, incluso de Estado.

“Usted representa a un partido que nos debe la transición y que se ha corrompido a grados ignominiosos con el poder. Usted representa un partido que después de doce años deja como una de sus herencias un inmenso camposanto como patria”.

A Enrique Peña la advirtió:

“Usted representa el regreso al pasado, es decir, el regreso al origen de la corrupción de las instituciones que hoy se desborda por todas partes y cuyo rostro no es sólo la violencia, el dolor, la corrupción, la impunidad y la guerra, sino la imposición de la presidencia imperial, el uso patrimonialista de la nación y la represión –Atenco, la respuesta descalificadora a los muchachos de la Ibero, la manipulación mediática frente a sus legitimas protestas, son sus señales más claras. Representa también el voto corrompido, el voto comprado, el voto no ciudadano, el de la miseria moral y el de la arrogancia y los intereses de los monopolios de la comunicación”.

Para Andrés Manuel fueron estas palabras:

“Para muchos, usted, señor López Obrador, significa la intolerancia, la sordera, la confrontación –en contra de lo que pregona su República Amorosa– con aquellos que no se le parecen o no comparten sus opiniones; significa el resentimiento político, la revancha, sin matices, contra lo que fueron las elecciones del 2006, el mesianismo y la incapacidad autocrítica para señalar y castigar las corrupciones de muchos miembros de su partido que incluso, contra la mejor tradición de la izquierda mexicana, no han dejado de golpear a las comunidades indígenas de Chiapas y de Michoacán o a los estudiantes de Guerrero. Significa también la red de componendas locales con dirigentes que años atrás reprimieron a quienes buscaban un camino democrático, el señor Bartlet es sólo la punta del iceberg”.

Y para Gabriel Quadri este diagnóstico implacable:

“…Usted, señor Quadri, significa la usurpación de las candidaturas ciudadanas –que nos negaron junto con la Reforma Política—, la arrogancia y una doble moral que pretende reivindicar el liberalismo y criticar los monopolios mientras usted sostiene su campaña apoyado en la mafia…”

Concedamos absoluta certeza en esos diagnósticos. Pero preguntémonos también si ante esa muestra de desesperanza en las circunstancias del mundo real, del juego político, de la “Realpolitik”, podemos encontrar siquiera una rendija por la cual, salir. Quizá la haya pero en las palabras de Sicilia este redactor no las mira, al menos no en el corto plazo.

Claro, se dirá la organización cívica, ciudadana, social. Y es cierto, pero así como los ciudadanos les exigen a los políticos el cómo más allá del qué, también se le debería exigir a un movimiento de tanta profundidad política, de tan veloz inserción en la vida pública y de tan aguzado sentido para el diagnóstico de la desgracia, una real fórmula de colaboración interinstitucional más allá de la ley de víctimas con todo y su edulcorada inoperancia.

Claro, también hay un camino: abolir las instituciones políticas actuales; los partidos por delante, y sustituirlas por cofradías de buenos cristianos en pos del reino de los cielos en la tierra.

¿Transparencia? ¿cuál transparencia?

Mauricio Merino
Investigador del CIDE
El Universal

En los últimos días, la prensa crítica y un grupo cada vez más amplio de organizaciones sociales se han ocupado de llamar nuestra atención sobre la falta de información completa, confiable y precisa sobre las candidaturas que, además de la presidencial, votaremos el próximo 1 de julio. Elegiremos un jefe de gobierno del DF, seis gobernadores, 128 senadores, 500 diputados federales, 579 diputados locales y 892 ayuntamientos. Pero solamente tenemos información suficiente sobre el grupo de candidatos que se disputa los ocho poderes ejecutivos. Del resto hay retazos e información fragmentada, en medio de una oscuridad ominosa.

El IFE nos pide que votemos a conciencia, luego de juzgar los programas de trabajo y de evaluar las trayectorias de los candidatos que se han presentado a las elecciones. Pero los ciudadanos no tenemos información suficiente para actuar de esa manera, porque los partidos se niegan a darla. No lo hacen, protegidos por la legalidad que ellos mismos se han dado: el Artículo 41 del Cofipe, que regula el acceso a la información que producen los partidos políticos, remite a un reglamento que se aprobó en el 2008 y cuyo artículo 67 establece, sin más, que la entrega de información relativa a la currícula de los candidatos que buscan puestos de elección popular será voluntaria. Esto significa, en otras palabras, que las y los candidatos no tienen obligación alguna de poner sus trayectorias profesionales al escrutinio del público. Y apenas si tengo que subrayar la flagrante contradicción que esa regla supone con los principios más elementales de la democracia.

Para animarlos a actuar con criterios más proclives a la transparencia, el IFE ha dispuesto una ventana electrónica —accesible desde la página web del propio instituto— cuyo título parece escrito con sorna: “Candidatas y candidatos: ¡conócelos!”. A esa convocatoria solamente han respondido de manera voluntaria 127 candidatos de entre 6 mil 442 (según la información que ofreció ayer el Comité Conciudadano con los datos de la Unidad de Información del IFE) cuidando mucho el contenido de sus currículum; mientras que el resto ha considerado, junto con las dirigencias de los siete partidos que los postulan (sin excepción) que la trayectoria de las mujeres y de los hombres que nos están pidiendo su voto para el 1 de julio es cosa confidencial y que, en todo caso, no hace falta entregarla. Y de los candidatos locales ni hablamos: saber quiénes son y de dónde vienen es una aventura digna del premio a la investigación en ciencias sociales.

Esta falta de respeto a los ciudadanos es grave por varias razones: además de negar los principios básicos de la competencia electoral y obligarnos a votar por siglas, fotografías y proclamas y no por trayectorias completas, confirma la arrogancia de los dueños del monopolio de la representación política. ¿Para qué conocer las trayectorias de los candidatos si podemos votar por partidos? ¿Para qué ocuparnos de los poderes legislativos si los medios electrónicos nos tienen entretenidos con los candidatos a los poderes ejecutivos y éstos prometen investirse de semidioses para cambiarlo todo, más allá de las voluntades de quienes representen al pueblo en las Cámaras? Por lo demás, si nos habían prometido blindar las candidaturas de la influencia del crimen organizado, ¿cómo podemos saber que cumplieron con su palabra?

Apenas esta semana los cuatro candidatos presidenciales escribieron en estas páginas sendos artículos en los que ofrecen un conmovedor apego a la transparencia. Si eso fuera verdad, no tendrían que esperar hasta el resultado del 1 de julio: pueden y deben hacerlo desde ahora, pidiendo a sus partidos políticos que revelen la trayectoria completa, precisa y confiable de los candidatos a todos los demás puestos que se disputan. No necesitan esperar tanto para demostrar su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas. En esta materia, lo queremos todo y lo queremos ya.

El voto útil

Manuel J. Jáuregui
Reforma

Estamos a escaso mes de las elecciones presidenciales del 2012 y cada día que transcurre queda más claro que para muchos mexicanos votar por su favorito no será opción el primero de julio.

Esto, por supuesto, si acaso pretenden que su sufragio haga la diferencia, es decir, que sea ÚTIL para impedir el desenlace que NO QUIEREN bajo ninguna circunstancia.

Deberán de escoger no pocos electores entre desperdiciar su voto sufragando por el que les gusta, pero que no tiene opción de ganar, o emplearlo para que no acceda al poder EL QUE NO DESEAN que lo haga.

Con el alto número de encuestados que dicen pertenecer al engañoso apartado de los "indecisos" es imposible pronosticar con certeza cuál será el resultado, no obstante queda más que claro que una competencia entre TRES potencialmente divide el voto global en aproximadamente tres tercios.

Con uno de los candidatos llevando aparentemente una marcada delantera, LA SUMA CIEN que es un resultado electoral hace que los dos rezagados compitan entre sí quitándose unos a otros los votos "anti", pero que sumados PUDIERAN SER LA MAYORÍA: ¡y ésta es la clave!

Llegará un momento, por ejemplo, si es que acaso el PAN llega a la víspera de la elección en lejano TERCER lugar, en el que los fervientes panistas y simpatizantes deberán sopesar sus opciones reales.

Esto es, emitir un sufragio por el tercer lugar, que para este fin no sirve a ninguna causa que no sea emocional, o sumarse al segundo lugar para evitar que llegue el que está en primero, si acaso no les parece buena opción, esto es, si no es su segunda preferencia.

Para unos será AMLO el indeseable, para otros el Gavioto.

Si se perfila una derrota estrepitosa para su abanderado, el votante habrá de pensar en la opción menos mala (su segunda preferencia) y no en su óptima o deseable.

Triste, pero cierto, es que desde hace tiempo en México nos enfrentamos en los procesos electorales a tener que escoger no entre lo bueno y lo mejor, sino de entre lo malo ¡lo MENOS MALO!

Hagamos como ejercicio los números probables, a como hoy pinta el asunto, para ir familiarizándonos con los posibles escenarios del 2 de julio.

Un candidato, según encuestas recientes, trae poco más del 40 por ciento de los votos, otro registra cerca de 30 por ciento y el tercero alrededor del 25 por ciento: la pizcacha que falta para completar el 100 por ciento se la dejamos a las comparsas.

(Coloque, amigo lector, al que usted desee en cada espacio, ya que para el ejercicio que realizamos da igual).

Si así acaba la elección, lo cual es posible y aun probable, resultará "triunfador" un candidato que cosecha MÁS VOTOS EN CONTRA que los que tiene a favor.

Es decir, ganaría y sería Presidente el que MUCHOS NO QUERÍAN porque el antivoto se dividió y quedó nulificado.

Precisamente es por esto que muchos países avanzados, como Francia recientemente, tienen la "segunda vuelta", logrando que el gobierno que llega al poder lo haga con lo más cerca posible a un claro mandato mayoritario.

Si la democracia es el Gobierno de las mayorías, resulta una contrasentido que "gane" la elección presidencial alguien que apenas logra cuatro votos a favor ¡Y SEIS EN CONTRA!

(Como es factible que suceda en México.)

No es para nada fácil, ni automático, para el ciudadano votar con la cabeza y no con el corazón, sabido es que los procesos electorales frecuentemente se deciden con actos viscerales, más que razonados.

Todo indica que el 1 de julio ésa será la disyuntiva que enfrentarán los ciudadanos conscientes que contemplan emplear el sufragio, "su" voto, como herramienta del cambio: como agente para la renovación de nuestro México, hoy tan maltrecho por tanta corrupción e impunidad.

Para los fines de los que hoy les platicamos no hay cupo para comentar el fenómeno del abstencionismo o aquellos "movimientos" para promover el voto NULO, como protesta.

Nos parece un contrasentido darle tan pobre USO a la poderosa herramienta que puede ser el voto -siempre en condiciones de que éste se respete cabalmente- y sí, por el contrario, luce mucho mejor empleo de éste el estar dispuesto a emitirlo de una manera ESTRATÉGICA para impedir que acontezca el desenlace que nos parezca más intolerable.

El peligro de una corrida bancaria en España

Julio Serrano
Apuntes Financieros
Milenio

Después de negar que los problemas de su sistema financiero fueran muy graves, el gobierno español ha tenido que entrar al quite para evitar su colapso. Hasta ahora ha inyectado más de 40 mil millones de dólares a sus bancos, con Bankia, el cuarto más grande del país, recibiendo más de la mitad de los apoyos.

Aún así, la tempestad está lejos de calmarse. El gran peligro es que la precaria situación que vive el sistema bancario español se agudice por la falta de confianza de los ahorradores. Por desgracia, no se puede descartar incluso una corrida de pánico sobre los bancos más débiles.

El temor es justificado. Ante las constantes noticias negativas sobre el sistema financiero español, la fuga masiva de ahorro es una posibilidad real. Después de todo, es difícil entender por qué alguien va a estar dispuesto a mantener sus depósitos en un banco cuando todos los días escucha que puede quebrar. Muchos ahorradores ya han sacado su dinero de las instituciones más riesgosas para meterlos en bancos españoles percibidos como sólidos o de plano de otros países. El peligro es que su número se multiplique.

Claramente los problemas de la banca española son reales. Durante varios años de bonanza prestaron demasiado, sobre todo al sector inmobiliario. Cuando la burbuja se reventó y los precios de la vivienda cayeron, los bancos se quedaron con un colateral mucho menor al monto de sus créditos, lo cual ha generado pérdidas millonarias.

Pero ahora con la desconfianza se corre el peligro de que estos problemas se magnifiquen. Un banco que pierde ahorro porque sus clientes lo perciben como frágil, se va a debilitar, generando un círculo vicioso. No cabe duda que Bankia tenía serios problemas. Pero fue la percepción de su fragilidad lo que lo empujó al precipicio. Y fue el miedo, mejor dicho temor, de que la desconfianza en el sistema financiero español aumentara y se expandiera lo que provocó que el gobierno español rescatara a Bankia con dinero de los contribuyentes.

Vale la pena notar que los dos bancos más grandes de España, Santander y BBVA, han librado relativamente bien la crisis. Su secreto fue tener una fuerte presencia fuera de su país, principalmente en Latinoamérica incluyendo, por supuesto México. No deja de tener cierto grado de ironía, que sean las filiales mexicanas de estos bancos, vistos como salvadores cuando adquirieron instituciones nacionales tras nuestra propia crisis financiera, las que ahora estén contribuyendo a que sus casas matrices no se desmoronen.

Víctimas, besos y esquizofrenia

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La verdad es que los besos de Javier Sicilia, recibidos o no por los candidatos presidenciales que estuvieron el lunes con los integrantes de su Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad, me importan muy poco. Lo mismo que con los jóvenes del movimiento #YoSoy132, lo importante en todo caso es comprender qué está detrás, qué lecturas, qué avances y qué insuficiencias muestran estos movimientos, pero también la forma en que los partidos, los candidatos, los grupos de poder, actúan ante ellos.

Y, en todo esto, tenemos una combinación de factores que van desde el evidente avance de la sociedad civil hasta los reflejos autoritarios que siguen marcando no sólo a los actores políticos sino, también, en muchas ocasiones, a estos mismos movimientos, con una actitud esquizofrénica ante la democracia.

Vamos, por ejemplo, a la reunión del lunes de los candidatos y la candidata con Javier Sicilia. Por una parte, se trató de un encuentro importante, necesario, en el cual, se esté o no de acuerdo con la forma en que Sicilia maneja su movimiento (sombrero de Indiana Jones y besos incluidos), era imprescindible que quienes aspiran a gobernar el país se toparan de frente con una realidad que no podrán soslayar: el de las víctimas de estos años de violencia, muerte e inseguridad que han vivido millones de mexicanos. En el movimiento de Sicilia hay de todo: hay víctimas de la violencia de los grupos criminales, los hay víctimas de la violencia del Estado, de los caciques y los grupos de poder, hay quienes han hecho del ejercicio de la violencia también su sello y han terminado siendo víctimas de la violencia que generaron. Pero nadie podrá gobernar México sin enfrentarse a esa realidad para tratar de darle respuesta, incluso para estar en condiciones de deslindar a los distintos grupos, las distintas realidades que conviven en un movimiento unido hoy por algunos intereses políticos muy concretos, pero más allá de ellos, por algo tan tangible como el dolor. Y no se puede construir algo nuevo sin restañar las heridas del pasado.

En este sentido, no me gusta el protagonismo de Sicilia. Por supuesto que tiene todo el derecho de decirle a los candidatos todo lo que piensa de ellos, pero también me parece que, enfrentados los aspirantes a las víctimas y sus testimonios, el discurso y los adjetivos de Sicilia terminan estando de más, se perciben como la búsqueda de un protagonismo vacío. Y es tan contraproducente que al final la nota termina siendo qué les dijo Sicilia a los candidatos y no los compromisos que éstos asumieron o dejaron de asumir con las víctimas. Son los reflejos del autoritarismo en un movimiento que pretende ser profundamente democrático, pero que no siempre cree en la democracia a la que sienten demasiado liberal para su compromiso militante.

Algo similar ocurre con el movimiento #YoSoy132. Luis González de Alba lo describió el lunes en forma excelente en su artículo en Milenio. Reclamar cadenas nacionales no es una actitud precisamente liberal y que busca darle peso y autonomía informativa a la sociedad: es imponerle algo, en este caso el debate o lo que sea. La cadena nacional era el método por excelencia del viejo régimen y lo es hoy de los Chávez y anexas y lo fue de las dictaduras de extrema derecha en todo el mundo. El derecho a la información, en última instancia, hay que reclamarlo a todos los actores políticos, comenzando por los que impulsaron, incluyendo en un papel protagónico, a López Obrador, la reforma de 2007 que le quitó a la sociedad su derecho a expresar sus puntos de vista y opiniones en los medios de comunicación electrónicos o a tener candidatos independientes. La manipulación informativa no se combate con cadenas nacionales sino con una mayor y verdadera apertura de los medios a base del acceso a los mismos: no se puede impulsar la apertura de los medios legislando para cerrarlos.

Y eso fue lo aprobado en la reforma de 2007 y se refrendó con la negativa de sacar una nueva reforma política para este proceso electoral.

En esa lógica se admite tanto el luchar contra una candidatura como el apoyarla. De lo que se trata es muy sencillo: se debe diferenciar la opinión de la información. Y eso el movimiento #YoSoy132 muchas veces no lo hace.

Finalmente y para mostrar una vez más esa contradicción, no deja de ser algo más que significativo que muchos de los mismos sectores y personajes que un día sí y otro también reclaman al sindicato de maestros y a Elba Esther Gordillo por frenar la educación en México, no digan una palabra e incluso se dejen apoyar política y electoralmente por los grupos de maestros de la llamada disidencia, del CNTE, que no trabajan ni educan, que tienen paralizada la educación en varios de los estados más pobres del país, como Oaxaca y Michoacán, y que se plantan en el Zócalo para exigir que no haya ningún tipo de evaluación de los maestros.

Son bastante peores que lo que dicen combatir.