junio 06, 2012

“Soy yo o el fraude…”

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Aún faltan 24 días para las elecciones. Casi todas las encuestas nos dicen que López Obrador mejora en las preferencias electorales, pero que aún está a dos dígitos de Peña Nieto. La ventaja del candidato del PRI todavía es considerable, aunque no irremontable.

Aun así, el tabasqueño ya retomó su vieja cantaleta. Volvió a ser el Andrés de siempre. Dice que sus adversarios van a recurrir a la guerra sucia, pero que si no les alcanza, van a ir al fraude.

El hombre no pierde oportunidad para descalificar al IFE. No confía en la autoridad electoral, a pesar de que hubo relevos en el Instituto por presiones de sus simpatizantes. Salió prematuramente Luis Carlos Ugalde como consejero presidente. Entró Leonardo Valdés, que era propuesta del PRD. Los cambios de otros consejeros fueron aprobados por los partidos de izquierda.

Pues no, no y no. Descaradamente nos dice: “Soy yo o el fraude…” Así, ni cómo ayudarlo.

El tema es preocupante. Hay muchos chavos involucrados y organizados que creen ciegamente en él. Es un ingrediente que no existía en 2006. La frustración puede hacer su aparición si los augurios de las encuestas se cumplen. El problema es mayúsculo. Vamos a necesitar de mucha habilidad política, que no abunda, o de lo contrario el plantón de Reforma se quedará pálido.

Sus adversarios parecen empeñados en engrosar el arsenal del tabasqueño. Los nuevos spots de Josefina auguran que Andrés llevaría al país a la quiebra económica (¿recuerdan lo de un peligro para México). Hay otro promocional con la escandalosa frase “al diablo con las instituciones”.

El PRI no se queda atrás. Recuerda al Señor de las Ligas y difunde las grabaciones sobre el pase de charola en casa del empresario Luis Creel, para juntar seis millones de dólares.

Vicente Fox trae pleito casado con Felipe Calderón. No le perdona al Presidente que le haya mandado policías a su casa. Detesta al Peje. No hay que olvidar que intentó desaforarlo. Pero hay un motivo suplementario para entender su posición a favor de Peña. La necesidad de recursos para el Centro Fox.

Un encumbrado panista jura que Juan Manuel Oliva, ahora ex gobernador de Guanajuato, prohibió a los presidentes municipales azules contratar los servicios de ese Centro, cuya manutención es cara. Los priistas aprovecharon la coyuntura. Ellos sí contrataron esos servicios. “La candidatura de Rubén Moreira se fraguó allí”, asevera la fuente.

Fox reiteró ayer su apoyo al priista. En un confuso comunicado (¿dónde andarán Jorge Castañeda y Rubén Aguilar?) volvió a hacer un llamado a cerrar filas alrededor del priista. “Si la gente se manifiesta libremente a favor de un puntero y logra que ese puntero obtenga el triunfo, reafirmemos la voluntad popular”, dice el ex mandatario. Jura, eso sí, que sus ideales políticos permanecen intactos y que antepone su “amor por México”.

El Centro Fox fue creado en 2006, imparte seminarios y forma líderes políticos. De eso se sostiene oficialmente. Los cursos están abiertos a todos los partidos.

Nos asomamos ayer al acto en el que Peña Nieto firmó el plan Concertación Mexicana con destacadas figuras que pertenecieron a otros partidos. Pero más que la suscripción de un pacto en donde abundan los buenos propósitos, era una muestra de respaldo al candidato presidencial del PRI.

En la mesa estaban cinco ex dirigentes nacionales de diversas agrupaciones políticas: Manuel Espino, PAN; Rosario Robles, PRD; Alberto Begné y Jorge Carlos Díaz Cuervo, ex dirigentes del PSD; José Antonio Calderón, que fue dirigente del hoy desaparecido PAS. José Manuel Luna Encinas, presidente de la Unión Nacional Sinarquista, formaba parte del elenco. Firmaron también René Arce, Víctor Hugo Círigo, Lía Limón, Ramón Sosamontes, Patricia Olamendi, Tere Vale y Martín Rincón Gallardo.

“Reconocemos que la coalición Compromiso Por México va a ganar la Presidencia de la República y que Enrique Peña Nieto cargará con la responsabilidad de cerrar con éxito la etapa de transición e insertar a México en una nueva forma de gobernar con y para la sociedad”, dice el documento. René Arce, ex guerrillero, aclaró que los firmantes no son tránsfugas. Es decir, que no intercambian sus posiciones políticas por dádivas. Tampoco una especie de “cargada” plural a favor del puntero en las encuestas. ¿Reunión para subirse al carro de Peña Nieto? “Se equivocan. Quienes estamos, tenemos años de lucha”, dijo el ex perredista.

Espino andaba ayer muy reservado. Quisimos saber de su estancia en El Torito. “A todo dar. Luego te platico…”, evadió. Insistimos. “Hay algo importante que te quiero decir. Yo te busco”, reviró, misterioso. Indagamos entre los presentes. El panista expulsado les dijo que no andaba borracho, que le pusieron un cuatro, pero que va a regresar al Torito a cumplir voluntariamente con las horas que le faltan. Al ex jefe panista lo agarraron en el cruce de Gabriel Mancera y Félix Cuevas. Les dijo que se metió a un OXXO “a comprar donas” y al salir se topó con el operativo. En esta última avenida no hay circulación, por las obras del Metro.

¿Quién es un peligro para México?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Todos sabemos que en una campaña electoral, sobre todo en el tramo final de la misma, las declaraciones grandilocuentes se transforman en consignas y pocas veces tienen relación con la realidad. En los últimos días ha habido muchas declaraciones, muchos juicios terminantes y pocas, muy pocas, confrontaciones con la realidad. Vamos con algunas de esas afirmaciones que no se asientan en la realidad.

¿Quién es un peligro para México? Algunos dicen que López Obrador porque propicia la devaluación del peso frente al dólar (10% sólo en mayo); otros dicen que el regreso del PRI, porque sería el retorno de las crisis. Lo cierto es que ninguna de las dos cosas son verdad, por lo menos no en esos términos. El peso no se ha devaluado por López Obrador, quizás ha tenido una influencia marginal en ese deslizamiento, pero la causa fundamental de la misma reside en Europa y particularmente en Grecia. Todas las divisas internacionales han tenido caídas porque, ante la incertidumbre sobre Grecia, que tiene elecciones el 17 de junio para decidir si continúa o no con el plan de ajuste impuesto y por ende si sigue o no en la Unión Europea, y por el futuro de la zona euro, los mercados han decidido refugiarse en el dólar. En este sentido, la situación del peso no es crítica ni mucho menos, el país tiene las mayores reservas de su historia, será el segundo en crecimiento económico de toda la OCDE y no ha habido, no hay razón para que la haya, una corrida contra el dólar. El número de transacciones ha sido incluso escaso. Todos los precios a futuro del dólar están por debajo de la cotización actual. ¿Influye entonces López Obrador en la cotización del peso? Sólo marginalmente. Ha creado cierto nerviosismo la encuesta publicada por Reforma, y es sólo marginal porque no coincide en nada con todas las demás encuestas serias publicadas hasta el momento. ¿Qué debería preocuparnos económicamente de López Obrador? El protagonismo que le da al Estado en la economía, la cerrazón en el terreno energético, la visión de una reforma fiscal que no impulsará la producción, el rechazo a una reforma laboral, y proyectos sin sentido, como el tren bala Cancún-Palenque, entre otros temas.

Tampoco es un peligro Peña Nieto para México ni su llegada propiciará automáticamente el regreso de las crisis. Sus propuestas económicas son ortodoxas, no se apartarán demasiado de las que se han seguido en las últimas décadas y, en todo caso, Peña apuesta mucho más a la generación de expectativas que detonen inversiones. Es partidario de la apertura del sector energético y de una reforma fiscal. Impulsará, porque sabe que es necesaria, una reforma laboral. ¿Qué puede ser preocupante? Que programas tan atractivos como el de diez puntos que anunció el fin de semana en Tijuana se lancen sin implementar antes o simultáneamente las reformas energética, fiscal y laboral, porque si es así desequilibrarán las finanzas públicas. Pero no se percibe un escenario de crisis porque gane el priismo. En todo caso, las diferencias deben ponerse en la política y en los políticos que podrían acompañar a Peña.

Otra declaración con poco asidero en la realidad es la que se generó en torno a las afirmaciones de Vicente Fox. No dudo que el sentido que quiso darle el ex presidente a sus declaraciones haya sido impulsar la candidatura de Peña Nieto, pero a pesar de lo que se dijo y publicó, el ex presidente nunca dio ese apoyo en forma textual. Sí creo que dijo algo cierto: hay que apoyar, institucionalmente, a quien sea que gane la Presidencia de la República para salir del estancamiento que vivimos en el país desde hace muchos años. Alguien me preguntó en Twitter si diría lo mismo si López Obrador fuera en primer lugar.Con reservas, diría lo mismo, en la medida en que Andrés Manuel no sólo se comprometiera de palabra sino también en los hechos a cumplir con lo que ha prometido, en el sentido de no avanzar en un camino autoritario, no hacer nacionalizaciones y respetar el pluralismo, la libertad de expresión y la Constitución. Si respeta esos principios, podría no estar de acuerdo con él, pero no lo calificaría como un peligro para México. Como por supuesto que no lo sería que Acción Nacional repitiera en el gobierno.

Las declaraciones de Fox no moverán el escenario electoral, como tampoco lo hará en forma significativa el movimiento #YoSoy132. Desde distintas perspectivas, ambos, Fox y el movimiento, están pensando más en el día después de las elecciones que en el primero de julio. Saben que para los comicios difícilmente podrán mover en forma significativa los números. Lo que también saben es que, después de las elecciones, se quieren convertir en interlocutores, en uno u otro sentido, importantes, y apuestan a jugar ese papel, uno desde la derecha, los otros, desde la izquierda.

Luz contra el Alzheimer

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

El mal de Alzheimer es una enfermedad terrible: no destruye el cuerpo, sino el alma. Deteriora paulatinamente las capacidades mentales, comenzando por la memoria, y avanza perturbando la respuesta emocional, la capacidad de hablar, y en etapas avanzadas dañando funciones motoras y respiratorias.

Hasta hoy no existe ningún tratamiento realmente efectivo para prevenirla o demorar su avance. Se sabe que la destrucción del tejido cerebral se debe a la acumulación de un fragmento de desecho (llamado amiloide beta) de una proteína del cerebro, que en vez de ser eliminado normalmente, se aglomera formando placas entre las neuronas.

Por ello el descubrimiento, publicado en marzo en la revista Science, de un fármaco que podría resultar efectivo para combatir este mal ofrece una pequeña luz de esperanza.

Se trata de un compuesto anticancerígeno llamado bexaroteno. El grupo de investigación de Gary Landreth, en Cleveland, Ohio, había descubierto en 2008 que la activación de la apolipoproteína E (apoE) —molécula involucrada en el metabolismo del colesterol— era importante en el proceso que normalmente elimina los fragmentos de amiloide beta del tejido cerebral. En pacientes con Alzheimer este mecanismo falla.

Landreth y sus colaboradores razonaron que el bexaroteno podría resultar efectivo contra el Alzheimer, pues activa al gen que fabrica la ApoE. Probaron su efectividad en ratones, con resultados sorprendentes. En solo 72 horas la cantidad de amiloide beta en el cerebro de los ratones disminuyó en 50%; la presencia de placas bajó 25% en seis horas, y su memoria y función neural mejoraron también notablemente.

Son resultados extremadamente prometedores, pero preliminares. Lo que funciona en ratones no siempre funciona en humanos, y el camino de un descubrimiento como éste al desarrollo, aprobación y comercialización de un medicamento es largo y tortuoso. Pero si hay mucha suerte, en 5 a 10 años quizá tengamos un fármaco eficaz contra este mal.

La mal llamada “ciencia básica”, por abstrusa que parezca, muestra una vez más que tarde o temprano acaba por ofrecer un poco de luz en la oscuridad del combate incluso a las situaciones más desesperadas.


AMLO vs. México: ¿quién es más fuerte?

Armando Román Zozaya (@aromanzozaya)
armando.roman@anahuac.mx
Investigador de la Facultad de Economía y Negocios Universidad Anáhuac
Excélsior

...bien puede ser que esté yo equivocado y que, a final de cuentas, López Obrador sea nuestro próximo presidente.

Me parece difícil que López Obrador gane la elección: si bien se ha acercado a Peña Nieto, no creo que le alcance para vencerlo. De hecho, como lo he expresado en este mismo espacio, estoy convencido de que, de confirmarse su derrota, AMLO intentará reventar, de nuevo, a las instituciones. Sin embargo, bien puede ser que esté yo equivocado y que, a final de cuentas, López Obrador sea nuestro próximo presidente.

No voy a discutir si el candidato del PRD es una persona mesiánica, sicótica y mitómana; lo es y sobra evidencia al respecto. Así, asumamos que cabe la posibilidad de que el siguiente titular del Ejecutivo tenga las características mencionadas. La pregunta relevante es, entonces, ésta: ¿si López Obrador gana la elección, el país aguantará o se quebrará? Pongámoslo así: con un individuo como AMLO en la Presidencia, ¿nuestras leyes, organizaciones públicas y privadas, así como la sociedad en general, soportarán lo que López Obrador significa?

La pregunta es pertinente porque, dado que López Obrador piensa que el problema de México es moral y que el mundo se divide en los que están con él y todos los demás (siendo éstos unos traidores y/o unos malos e inconscientes mexicanos), buscará transformar al país a favor del “bien”, de las “buenas” conciencias. Si para eso tiene que aplastar a “todos los demás”, lo intentará (sólo él tiene la razón; sólo él puede “salvarnos”). Por ejemplo, si el Congreso de la Unión no quisiese pasar alguna legislación que AMLO favoreciera, aventaría a la gente a la calle para presionar a los diputados, diría que éstos son hijos de Santa Anna y trataría que hicieran lo que él desease, fuese como fuese. Lo mismo pasaría si quien se opusiera a los designios de López Obrador fuera el Poder Judicial o los empresarios o algunas ONG o los estudiantes o algún partido político o quien sea.

Situaciones como las descritas polarizarían al país y, eventualmente, podrían reventarlo, como ocurrió en Venezuela con Chávez, quien ha hecho y deshecho incluso si eso ha implicado que rompió y “reconstruyó” los poderes Legislativo y Judicial venezolanos, dividió al ejército, etcétera. ¿Qué habría pasado en Venezuela si sus instituciones hubieran sido más fuertes que Chávez? ¿Habría sido éste exitoso y estaría en camino a gobernar hasta que se muera?

En concreto, ¿quién sería más fuerte: AMLO o México? Si la respuesta es México, López Obrador no sería un problema —ninguno de los posibles presidentes lo sería, de hecho—, pues estaría acotado tanto por los otros poderes, los gobernadores, las instituciones, los empresarios y la sociedad en general. Por supuesto que imprimiría su sello particular y cambiaría lo que esté en sus manos. Pero de ahí a que se hiciera siempre y plenamente su santa voluntad habría una enorme brecha, incluso si acusara a medio país de traición a la patria, sacara a las calles a miles de sus fanáticos y atribuyera sus eventuales derrotas políticas a una eterna conspiración. No obstante, si López Obrador resultara más fuerte que el andamiaje institucional, que la sociedad misma, sí encararíamos un problema serio; México estaría en manos de un individuo mesiánico, sicópata y mitómano.

No tengamos miedo, entonces, de AMLO, sino de nuestra endémica debilidad institucional, socioeconómica y política. De hecho, López Obrador no pone en riesgo a México; lo que genera el peligro es que vivimos en un contexto en que la legalidad nos vale, nos encanta la impunidad y no damos un comino por el prójimo. En estas circunstancias, un presidente estilo López Obrador sí sería, insisto, una dificultad… y grave. Así, ojalá que no gane López Obrador: a mi parecer, México no es, todavía, más fuerte que él y los suyos. Pero, bueno: si finalmente es presidente, espero estar totalmente equivocado; espero que México pueda más que las eventuales locuras del presidente AMLO.