junio 15, 2012

Se judicializó la elección

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

· El PRI presentó formalmente una queja ante el Instituto Federal Electoral en contra del jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard Casaubón, por el spot en el que habla de lo que haría en caso de ocupar la Secretaría de Gobernación.

El PAN presentó igualmente una queja ante el IFE contra el PRI, al que pidió investigar por la denuncia de un empresario norteño que asegura que el tricolor obtuvo 56 millones de dólares de “dudosa procedencia”.

En tanto, el PRD también presentó una queja, pero en contra del presidente Felipe Calderón, por el twitt que envió el domingo pasado durante el segundo debate presidencial para corregir las cifras ofrecidas por Andrés Manuel López Obrador.

La judicialización pues, de la campaña a dos semanas de la elección presidencial.

La queja, sin embargo, es endeble y tiene pocas posibilidades de progresar, debido a razones estrictamente legales.

Las quejas del PRI y el PRD, tienen pocas o nulas posibilidades de progresar debido a que Ebrard y Calderón no utilizaron recursos públicos, el primero en su spot y el segundo en el twitter.

El spot de Ebrard se inscribe en los tiempos oficiales a los que tiene derecho el PRD; en el caso del presidente Calderón, nadie puede demostrar que “utilizó recursos públicos” para enviar un mensaje desde su computadora.

Porque, a menos que cambie el espíritu de la ley, lo que se castiga es precisamente la utilización de recursos públicos para la promoción personal, ¿o no?

En el caso de la demanda en contra del PRI, está tampoco podrá progresar porque el IFE ya determinó que las auditorías a la campañas presidenciales se harán después de la elección.

Además el IFE no tiene facultades extraterritoriales como pedir información a las autoridades de Estados Unidos sobre una demanda y/o investigación en curso; para esto está la PGR.

Cierto, mucho ruido pero poca sustancia.

· El coordinador de Comunicación de la campaña de Peña Nieto, David López Gutiérrez, informó que todos los involucrados por un empresario norteño en una demanda por presunto fraude, radicada en California, interpondrán una demanda ante la Procuraduría General de la República.

La demanda será particular independientemente de la que presentó el PRI como partido ante lo que denunció como un intento de extorsión.

· Televisa-Iusacell al cumplimiento de algunas condiciones que la empresa de Ricardo Salinas Pliego consideró “excesivas y onerosas”.

Y es que entre las siete condiciones impuestas para consumar el matrimonio, la CFC establece que si en 24 meses no se ha licitado una tercera cadena de televisión, la sociedad tendrá que liquidarse y alguna de las partes deberá vender sus acciones a la otra.

Las condiciones se refieren más a la televisión y menos a la telefonía móvil, que es supuestamente el fin de la sociedad; las empresas tienen cinco días para responder que aceptan, si no lo hacen, entonces no habrá matrimonio.

Moscú, tenemos un problema

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, llegará a México el martes para participar en la cumbre del G-20 en Los Cabos. Si, para matar el tiempo en el avión, se le ocurre agarrar un periódico occidental con noticias atrasadas —precisamente de esta semana— se encontrará con fotos muy impactantes de Moscú: policías con pasamontañas asaltando casas de disidentes, y en otras, rusos sin miedo (repito, rusos sin miedo) manifestándose en su contra, muchos de ellos con carteles en los que aparecía su foto con bigote y flequillo hitlerianos.

Imaginen el rostro hierático de Putin descomponiéndose y, al mismo tiempo, tratando de aparentar control, algo que sin duda aprendió de sus años al frente del KGB. De ocurrir esta hipotética escena a bordo del avión presidencial, me atrevería a decir que la causa de su ira no radicaría en el hecho de verse asociado a la persecución de disidentes, como hacía Stalin, o que lo caricaturicen como a Hitler —por cierto, los dos personajes que más rusos asesinaron en la historia—; lo que realmente irritaría a Putin es que sus súbditos le estén perdiendo el miedo. Pese a las maniobras intimidatorias de Putin, por no hablar de abierta represión, los opositores están desafiando su autoridad, están saliendo a la calle a protestar y están organizándose a sus espaldas en las redes sociales.

Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación en Rusia? ¿se trata de otro gobernante en la diana de los indignados?

Todo indica que sí y que esta creciente indignación rusa contra Putin se debe básicamente a dos razones: una, que regresa al poder deslegitimado, en medio de graves denuncias de fraude electoral; y dos, que no soporta que lo critiquen y que desafíen su autoridad. Todo esto es consecuencia de un pecado original que arrastra desde que se enroló como espía al servicio de la Unión Soviética: no tiene fe ciega en la democracia; para ser más exactos, acepta las reglas democráticas, pero sólo cuando éstas le benefician; de lo contrario, tratará de torcerlas hasta lograr su objetivo, que no es otro que mantenerse en el poder.

En este club de manipuladores de la democracia se encuentran aliados cercanos a Putin, como el venezolano Hugo Chávez, experto en gastar recursos del Estado para intimidar a sus rivales, acosar a la prensa independiente, mantener permanentemente la propaganda antiimperialista y denunciar periódicamente una inminente invasión del enemigo, ante la que, por supuesto, se presenta como el único salvador de la patria. Fruto de esta alianza Moscú-Caracas ha sido el anuncio esta semana del ensamblaje de los primeros 3,000 fusiles AK103, salidos de la fábrica montada en Venezuela por los rusos, a los que Chávez ya compró otros 300 mil fusiles Kalashnikov en 2004, precisamente el año en que Putin lograba la reelección presidencial. En estos ocho años, por cierto, el índice de asesinatos en la capital venezolana se disparó y pasó a ser de los más altos del mundo.

Pero el presidente ruso cultiva unas amistades mucho más peligrosas: el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y el presidente sirio, Bachar al Asad. Con el primero acaba de reunirse en China esta semana para asegurarle que Rusia vetará el uso de la fuerza contra Irán y también la aprobación de nuevas sanciones, como amenazan las potencias occidentales, si Teherán no frena su carrera hacia la fabricación de la bomba nuclear. Esta misma estrategia es la que está aplicando el Kremlin en Damasco, solo que con resultados al día de hoy mucho más dramáticos. Putin ha dejado claro al resto de potencias del Consejo de Seguridad de la ONU que Asad no es Gadafi y que Rusia nunca permitirá que Siria sea la nueva Libia, y no lo hará porque el régimen de Damasco es su aliado, que le permite tener una base militar rusa en el Mediterráneo. En otras palabras, advierte que Asad es intocable.

Esta licencia para matar que otorga Putin a su aliado sirio choca dramáticamente con lo expresado en febrero, cuando era todavía primer ministro ruso. Ante un grupo de líderes religiosos mostró su vena pacifista declarando que condena “cualquier forma de violencia, venga de donde venga”; llegó incluso a denunciar el “culto a la violencia” que se ha instalado en el mundo y, sobre el caso sirio, declaró: “Limitemos su capacidad para usar armas, pero no interfiramos en sus asuntos bajo ninguna circunstancia”.

Pues bien, el momento pacifista se le pasó nada más llegar al poder. Ahora se parece más a aquel que ordenó aplastar a los separatistas chechenos. Esta misma semana Hillary Clinton denunció el envío de helicópteros militares rusos a Siria, los mismos que vemos bombardeando ciudades rebeldes, y culpó, por ello a Rusia de empujar a Siria a una guerra civil.

Y el mandato de seis años de Putin no ha hecho sino empezar. No sólo corren malos tiempos para los opositores rusos y sirios, sino para las relaciones entre las dos antiguas superpotencias. Así que, efectivamente, en Moscú tenemos un problema.

AMLO, de cuerpo entero

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Como medida cautelar, el IFE retiró el spot del PAN donde se recogen distintos momentos del verdadero Andrés Manuel López Obrador, incluida una frase de su discurso ante jóvenes en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco el pasado 21 de mayo. El argumento es que esa frase está descontextualizada y que ello violenta la legislación electoral. Habrá que ver cómo se resuelve el fondo y de dónde se saca la hipótesis legal para sustentar una violación, pero mientras eso llega, hay que señalar que lo referido en ese brevísimo segmento, así fue pronunciado, no hay alteración ni edición.

En efecto, se sacan de un largo discurso de 37 minutos unos cuantos segundos, pero todos textuales y en plena sintonía con la idea que quiso transmitir: “no despreciamos a quienes piensan que es la vía armada una posibilidad para lograr la transformación de los pueblos”. Luego, expresando “todo su respeto” a los violentos, López Obrador se dice comprometido con la vía pacífica democrática. Como si los demócratas pudiéramos serlo, exentos del requisito de repudiar con toda contundencia y claridad la violencia.

Y he aquí el asunto mayor que quiero destacar: la ambigüedad —que linda en la contradicción— con la que López Obrador se maneja frente al uso de métodos violentos para cambiar el gobierno. La misma ambigüedad con la que afirma que ya va adelante en una encuesta que él mandó hacer, y al mismo tiempo anticipa que sus adversarios le preparan un “nuevo fraude”. La ambigüedad con la que dice confiar en el proceso electoral, porque “confía en los ciudadanos”, pero llama deshonestos a los consejeros del IFE. La ambigüedad como estrategia, como salida a una profunda contradicción retórica que trae consigo, como arena de una batalla interna: entre el auténtico, genuino, vigoroso, autoritario e intolerante que es, y el hipócrita, falso conciliador amoroso como ha querido presentarse.

Al principio me impresionó la trabajada nueva faceta que López Obrador puso en marcha. Sin embargo, nada pudo la llamada serenidad, la desesperación electoral ha impuesto su cuota y el candidato que tanto trabajó en su nueva capacidad de simulación, quedó nuevamente al descubierto en el programa Tercer Grado de la semana pasada. No tuve oportunidad de verlo en su transmisión en vivo, pero los múltiples comentarios, de decepción y desconcierto de varios jóvenes, me llevaron a YouTube.

Los conductores del programa llevaron con cierta facilidad a López Obrador a presentarse como en verdad es, así como se comporta: intolerante y obtuso, sin otra fuente para la verdad que su propio dicho como verdad absoluta; la encuesta verdadera es la de él, las demás mienten, están cuchareadas o no están bien hechas; los datos del INEGI están mal, las evaluaciones de Transparencia Mexicana están fuera de la realidad, el IMCO se presta a la manipulación. Quien afirme, con base en esas instituciones, que cuando López Obrador fue jefe de Gobierno del DF tuvo el lugar 32 en materia de corrupción, el peor, y que así lo dejó cuando se fue, no es más que un calumniador. Porque los únicos datos duros los tiene él, y además, quién le va a enseñar nada, él se dedica a hacer encuestas desde hace 15 años.

La petición de 6 millones de dólares que hicieron sus más cercanos “para ganar la Presidencia”, no la considera falta grave. De la manera más ridícula culpó a Juan Francisco Ealy Ortiz, director del periódico que desveló el encuentro, como si éste hubiera urdido pasar la charola y luego ventilarla. Porque su ambigüedad le da también para eso: eludir cualquier responsabilidad cuando se le descubren sus inconsistencias, su incongruencia. Así lo ha hecho desde el caso de Ponce y de Bejarano, a quienes termina desconociendo en los hechos como si al primero no fuera él quien lo nombró tesorero y al segundo su secretario particular.

Si Javier Sicilia fue criticado por algunos de los seguidores de López Obrador debido a la descripción que hizo “de lo que para muchos usted significa”, basta ver el programa completo de Tercer Grado. Están ahí encarnadas, vivas como en ningún otro momento, cada una de las duras palabras del poeta, pero indiscutiblemente ciertas: la intolerancia, el resentimiento político, la revancha sin matices, el mesianismo, la incapacidad autocrítica para señalar y castigar las colusiones de su partido. Ahí sí estuvo López Obrador de cuerpo entero, como en efecto, tuvo mucho cuidado de no presentarse así al debate. Y esa simulación es el verdadero riesgo.

Tiempo perdido

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

En las dos elecciones presidenciales democráticas que hemos tenido, dos terceras partes de los mexicanos, más o menos, han optado por uno de los partidos revolucionarios. En 2000 la mayoría de ellos votó por el PRI; en 2006, por el PRD. En la elección de 2012, según se percibe en las encuestas, seguimos en lo mismo, aunque ahora con mayor inclinación al PRI en ese grupo, incluso mayor que la de 2000.

No debería sorprender a nadie esta proporción, bastante estable, de votantes revolucionarios. Es lo que aprenden desde niños, todavía hoy. Nuestros libros de texto gratuitos, nuestros maestros, nuestras costumbres y tradiciones, nuestra estética, está todo hecho para mantener vigente el mito fundacional del Estado mexicano del siglo XX. Un discurso religioso en el que hay un padre todopoderoso, dador de vidas y fortunas, frente al que hay que subordinarse; una clara dirección del pueblo todo, rumbo a un futuro promisorio, que nunca llega; y un constante religar del pueblo con los sacerdotes laicos a través de las limosnas clientelares. Insistiré en que el régimen de la Revolución fue incluso más exitoso que los soviéticos en el adoctrinamiento de la población. A pesar de haber sufrido un fracaso de magnitud similar, nuestra Revolución sobrevive mientras la otra ha acabado en el famoso basurero de la historia.

Por eso dos terceras partes de los mexicanos quieren el retorno de la Revolución, en alguna de sus dos formas, ambas autoritarias, corporativas y clientelares. Es lo que aprendieron de niños, y no pueden quitárselo de la cabeza, sin importar cuánto más hayan estudiado, en qué países hayan vivido ni qué tan capaces sean para otras cosas. Para criticar, es decir, para entender, son incapaces.

Frente a estas convicciones no hay evidencia alguna que sirva. De poco vale mostrar que Pemex ha sido, y sigue siendo, un gran fraude. Que no sólo está quebrada, sino que aporta al fisco menos de lo que aportaría una empresa privada. De poco ayuda demostrar que nunca, durante el siglo XX, tuvo México un comportamiento económico exitoso y que nunca, hasta 1997, hubo programas sociales destinados en verdad a los más pobres. Es una religión, y por lo mismo no hay crítica que sea aceptable. No hay duda que el capitalismo de compadrazgo que vive México es una construcción de la Revolución, y que si hoy tenemos un puñado de “empresarios” multimillonarios se debe a su relación con ese régimen. Sus negocios existen porque el viejo régimen se los entregó y los protegió de toda competencia. Sus fortunas no son producto de habilidad empresarial o capacidad frente al riesgo, sino de connivencia política con el régimen de la Revolución.

Tampoco hay duda que el crimen organizado se desarrolló bajo ese régimen, creció amparado por las “fuerzas de seguridad” que actuaban como árbitros a su interior. Ni mucho menos puede dudarse que los líderes sindicales fueron todos producto de ese viejo régimen. Pero, insisto, nada de esto importa. Las creencias aguantan todo. Y para defenderlas la razón es rápida y se inventan pronto explicaciones. Todas absurdas pero suficientes para tranquilizar la conciencia y regresar a lo conocido, a lo aprendido.

Toda nación tiene un mito fundacional, pero hay algunos que resultan dañinos, y ése es el caso del nuestro. La ideología de la Revolución, aunque sea blanda, es profundamente antiliberal. Y no hay manera de tener un país democrático, competitivo y justo si no es a través del liberalismo. No hay hoy más democracia que la liberal, ni hay forma alguna de generar riqueza si no es a través del capitalismo liberal, y no veo justicia básica más efectiva que los derechos humanos, también resultado del liberalismo.

Pero los defensores del régimen son capaces de inventar una “democracia económica” o de creer que hay economías mixtas que generan riqueza, y todavía peor, de hablar de una justicia que supera a los individuos y sólo puede entenderse desde el “pueblo”. Todo eso es falso, pero además es muy costoso. México pagó durante el siglo XX, como sabemos. Si hubiésemos mantenido el ritmo de crecimiento del porfiriato, hoy todos seríamos dos veces y media más ricos. El régimen de la Revolución nos costó, y mucho.

La desgracia es que en estos 15 años de interregno no hemos logrado enterrar todavía el mito revolucionario. Ésa es la revolución educativa que México necesita, la que nos abrirá el camino del México democrático, competitivo y justo que podemos ser. Pero ya tiramos otra generación a la basura. Ojalá fuese la última.

El merenguero

Juan Villoro (@juanvilloro56)
Reforma

Ciertos oficios se ejercen para que exista la fortuna. El croupier que reparte barajas en un casino, el jockey que acicatea un caballo o el entrenador de perros de pelea trabajan para estimular las supersticiosas ambiciones de los otros.

También hay apostadores profesionales, personas que viven de negociar con el azar y desconocen el salario fijo.

El más extraño oficio vinculado con la suerte es el de vendedor de merengues. De niño, me encandilaba la llegada de ese hombre a mi colonia. Sostenía una tabla de madera, cubierta de plástico para alejar las moscas, que dejaba ver el brillo rosáceo de las golosinas.

Nunca conocí a nadie con auténtico apetito de merengue. Se trata de un dulce que empalaga demasiado pronto. Aunque hay merengues de alta escuela, que se disuelven en la lengua y saben a aire sutil encapsulado en cáscara crocante, los que se ofrecen en la calle tienen la chiclosa consistencia de lo que se hace con descuidada prisa. Su color -blanco o rosa, a veces azul pálido- no destaca en un país enamorado de los vértigos visuales, donde las pepitorias integran un cromático abanico, como si posaran para ser pintadas por Tamayo, y la combinación de la panadería industrial y los dibujos animados llegó a producir el transitorio pero inolvidable Tuinky Dálmata.

Lo singular del vendedor de merengues es que está obligado a rifar sus productos. Una pregunta ritual inicia el trámite: "¿De a cómo el merengue?". Esto no significa que el cliente vaya a comprarlo. Desea saber con qué moneda apostará.

Una arraigada costumbre obliga al hombre de la tabla a rifar sus mercancías. No se puede hacer lo mismo con el que ofrece gelatinas en una vistosa caja de cristal. Tampoco el panadero detiene su bicicleta para entregar a la suerte las
conchas que decoran su canasta. Sólo el merengue se cotiza en nombre del azar.

¿Cómo surgió esta tradición? Es posible que su origen se deba a la dudosa condición de esos dulces que salen al mundo para competir con el virtuosismo de las cocadas de fleco incendiado, los jamoncillos de leche y las peritas de anís.

Ni siquiera sus defectos son supremos. Para alguien en verdad afecto a lo pegajoso, el merengue resulta soso. ¡Cuán preferible es el muégano, que impregna los dedos, las encías y la conciencia!

Incluso los caramelos de fábrica han encontrado formas de ser más originales. El Pelón Pelo Rico demuestra lo que el delirio puede hacer a favor de los dulces. ¿Qué Salvador Dalí de la confitería ideó esa criatura a la que le brotan pelos de tamarindo?

El merengue es tedioso pero tiene un destino sorprendente. Su vida es la de un burócrata que acaba como aventurero.

No estamos ante el caprichoso vicio de un vendedor. El gremio entero está dispuesto a trocar sus dulces por apuestas. En un país donde la ley no se cumple, los merengueros respetan el severo contrato que jamás firmaron.

Una tarde imposible de olvidar fui testigo de un drama singular. Carlos Induráin, a quien decíamos La Cebolla porque en los días de frío usaban tres camisas, fue un niño sin gracia hasta que descubrimos que también era un ludópata. Le ganó tres volados al merenguero y los ojos le brillaron, animados por un poder desconocido. Quiso seguir tirando la moneda. Fiel a su código ético, el vendedor aceptó.

Los dulces fueron cedidos uno a uno. Hubo un momento en que pedimos que suspendiera la tortura, pero el merenguero dijo que ése era su trabajo. Su voz suave, mesurada, tenía tal dignidad que nos redujo al silencio. El desconocido soportó la mala suerte como si no le afectara. Mientras tanto, La Cebolla celebraba el triunfo como un imbécil. Daba saltitos, alzando los puños, convencido de que la chiripa es un mérito personal. Debíamos detenerlo, decirle que no tenía derecho a presumir, que no era más que un maniático que usaba tres camisas. Pero la integridad del merenguero impedía otra reacción. Había llegado ante nosotros para dar ejemplo. Su superioridad paralizó nuestras conciencias de doce años. Lo vimos como se ve a un santo o a un héroe, o alguien tal vez más misterioso: un merenguero.

Cuando la tabla quedó desierta (los merengues fueron a dar a una cubeta absurda), aquel hombre de pelo negrísimo, peinado obsesivamente hacia atrás, continuó su camino. Al cabo de unos pasos se detuvo y regresó hacia Carlos. Temimos un altercado, pero recibimos otra enseñanza. El merenguero había olvidado devolver la moneda, que pertenecía a su adversario.

Acaso sin saberlo, los apostadores del merengue integran una secta dispersa en la Ciudad de México. Recorren las calles para permitir que el mudable destino se asocie con la suerte. Su significado más profundo es el siguiente: aceptan la pérdida como una sencilla posibilidad del alma y exhiben a los que se consideran merecedores de la fortuna.

En una época de competencias, donde triunfar es una celebrada impostura y pocos reconocen la derrota, los hombres del merengue ofrecen una lección moral. Sabios, silenciosos, predican con el ejemplo y demuestran que nadie es dueño de su suerte.

Zetas, Colorado, Villarín: la pista del dinero

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

En los sucesos de violencia no suele haber casualidades. Hagamos un rápido recuento de los principales hechos ocurridos en las últimas horas. José Treviño Morales, el hermano de Miguel Ángel Treviño Morales –El Z-40, uno de los dos líderes de Los Zetas–, fue detenido y acusado de coordinar una operación de lavado de dinero para dicho cártel a través de la compra-venta de caballos de carreras; arrestado junto con su esposa Zulema en el rancho de su propiedad, Zule Farms, en Lexington, Oklahoma, donde operaban un criadero de caballos cuarto de milla; será trasladado a Texas, para enfrentar los cargos. En el rancho se lavaron millones de dólares, pero también en muchas ocasiones, de forma ilegal, se ganaron millones en diferentes competiciones.

La caída de José Treviño, además de ser la de un hermano de uno de los líderes de Los Zetas, es quizás el mayor golpe en términos de lavado de dinero que ha sufrido esa organización. Pero es más grave aún, porque sucedieron toda una serie de hechos en cadena. Por otra parte, fue acusado formalmente por la DEA y la PGR de lavado de dinero para el cártel de Los Zetas, Francisco Colorado, propietario de la empresa ADT Petroservicios, que ha ganado diversas licitaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y que hacía de intermediario para comprar caballos para Treviño. Según Excélsior, sólo entre 2009 y 2011, ADT Petroservicios obtuvo contratos en Pemex que suman más de mil 466 millones de pesos. Y recordemos, por si fuera necesario, que cada vez más el negocio de las organizaciones criminales está en la construcción y los servicios, por eso, si en el pasado los cárteles presionaban para tener control sobre los jefes policiales locales, ahora presionan para tener, también, el control de los responsables de obras públicas, sobre todo a nivel municipal.

El gobierno de Estados Unidos acusa a Colorado de ser prestanombres de Óscar Omar y Miguel Ángel Treviño, El Z-40, segundo al mando de Los Zetas, hermano de José Treviño, el dueño del criadero de caballos de Oklahoma.

Mientras el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos anunció que congelará los bienes de Colorado, la PGR ya emitió una alerta de búsqueda contra el empresario, al que investiga, dice, desde 2005. Pero, al mismo tiempo, el ex candidato al gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, acusó al ex gobernador Fidel Herrera de proteger a Los Zetas y a las actividades de Colorado. El nombre de Pancho Colorado tomó particular relevancia pública cuando en marzo de 2007 una carrera ilegal de cuarto de milla en Villarín, en el municipio de Veracruz, con apuestas de cientos de miles de dólares, terminó con una balacera que dejó dos muertos, cinco heridos, entre ellos un menor de edad, y cinco detenidos, entre ellos un policía federal.

Entre los muertos estaba un hombre que fue identificado como Roberto Carlos Carmona Gasperín, cuyo cuerpo fue entregado a quien se había presentado como su madre. Un día después de sepultado en un cementerio de Poza Rica, el cuerpo fue robado durante la noche. Siempre se especuló que se trataba de uno de los principales jefes de Los Zetas, aliados, todavía entonces, con el cártel del Golfo.

En el operativo de Villarín, donde fueron detenidas numerosas personas, participó el comandante Gerardo Gutiérrez Monraga, quien fue acribillado 15 días después. Allí comenzó una batalla entre grupos criminales que continúa hasta el día de hoy. Desde entonces también Francisco Colorado se mantuvo en la sombra, aunque eso no impidió que su empresa siguiera ganando licitaciones y haciendo servicios para Pemex. Sin embargo, en abril pasado, al rancho Flor de María, de Pancho Colorado, lo catearon y en el lugar fueron detenidas 14 personas.

Al mismo tiempo que todo esto sucedía, se dio otra captura durísima para Los Zetas, con influencia en sus finanzas: fue detenido y presentado, ayer, por el Ejército mexicano, Gregorio Villanueva Salas, apodado El Zar de la Piratería, uno de los presuntos responsables de los ataques con granadas a escuelas, medios de comunicación, negocios e instalaciones militares pero, además, un operador importantísimo, precisamente, en el terreno de la piratería. Villanueva Salas tenía a su cargo directo el control de la red de producción y distribución de discos pirata en por lo menos cuatro estados del país.

Y anoche era secuestrado y asesinado un reconocido periodista veracruzano, colaborador de Milenio de Xalapa, Víctor Manuel Báez Chino, al que el gobierno de Veracruz calificó, a través de la vocera Gina Domínguez, como un “hombre querido por todos”. Y hoy estará en Tierra Blanca, Veracruz, Enrique Peña Nieto, en el mismo lugar donde anteayer abandonaron una camioneta con 14 cuerpos. No hay casualidades, hay éxitos en la captura de importantes capos, caída de lavadores de dinero, provocaciones e intimidaciones.

Qué penoso, nunca le cuadró la cifra a AMLO

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Qué osadía la de AMLO de mentir con la cifra del supuesto ahorro de 300 mil millones de pesos de recortar sueldos y gastos de los funcionarios del gobierno.

Fernando Turner —secretario de economía de AMLO— publicó un artículo en el que asegura que en el presupuesto federal el rubro de “servicios personales” llega a 861 mil millones de pesos. Luego le suma otros rubros y llega a un total de 1.133 billones. Más adelante asegura que los “empleados de élite” representan 22% en sueldos y prestaciones. Yo le dije a Turner que no me cuadraba su cifra: si uno multiplica cualquiera de esas dos cantidades —que para ellos son las válidas— por 22 por ciento, no se llega a los 300 mil millones de pesos. A lo sumo, le dije al aire con Adela, antier, “tu cifra da 249 mil millones”.
Respondió:

“Es una cifra muy considerable para empezar. Solamente es de sueldos. También Andrés Manuel ha dicho que los ahorros van a provenir de ahorro en gastos y de una cultura de austeridad. En eso estamos hablando de muchísimos gastos que no son justificables en un gobierno que se considera republicano; en un país donde el 52 por ciento de la población están en la pobreza. (…) Y es una meta a lograr”. Total que nunca explicó cómo integró los 300 mil millones. Es desesperante que los izquierdistas no presenten una tabla detallada con los rubros que integran la mágica suma de Andrés Manuel.

También es ominoso escuchar que AMLO se quiera apropiar, cual paladín justiciero, de la lucha contra la corrupción. Por ejemplo, en la entrevista, Adela le dijo a Turner: “Nadie, don Fernando, puede estar en contra de acabar con la cultura del dispendio y de la corrupción. Nadie, de ningún partido. Es una meta colectiva”. Turner respondió: “Y ¿por qué los demás partidos no lo están ofreciendo? Esa es la pregunta que yo me haría”.

Sí lo ofrecen. Enrique Peña dijo en el debate: “Propongo (…) una Comisión Nacional Anticorrupción formada por ciudadanos, que pueda conocer de las denuncias de actos de corrupción en los tres niveles de gobierno. (Propongo) establecer un Sistema Nacional de Fiscalización (…) para que los ciudadanos entiendan claramente dónde gasta el gobierno los recursos que son del pueblo…”.