junio 16, 2012

Vicente Fox

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Su reciente pronunciamiento a favor de Enrique Peña Nieto ha provocado una lluvia de insultos y descalificaciones sobre su persona, que van desde los panistas hasta López Obrador

Vicente Fox ya pasó a la historia. Fue el hombre que sacó al PRI de Los Pinos. Pero fue también quien le entregó la estafeta a un panista. En ese sentido, está más allá del bien y del mal. Porque, además, no fue el PAN quien lo llevó a la Presidencia de la República sino al revés.

Nadie puede negar que fue un formidable candidato a la Presidencia. Su fuerza y carisma fueron claves para obtener la victoria. Ya como presidente de la República no cometió uno, sino varios errores. Desde la integración de su gabinete hasta haber convertido las negociaciones con el EZLN en la prioridad de su gobierno.

Quemó, de ese modo y de manera infructuosa, el famoso "bono democrático" que había ganado el 2 de julio de 2000. Porque hay que recordar que hacia noviembre de ese año su popularidad rebasaba el 70 por ciento.

Pero igualmente hay que reconocer que no fue un Presidente mojigato ni remotamente autoritario. Amén que supo preservar la estabilidad económica.

Su reciente pronunciamiento a favor de Enrique Peña Nieto ha provocado una lluvia de insultos y descalificaciones sobre su persona, que van desde los panistas hasta López Obrador, quien lo acusa de haber traicionado a su partido.

Lo menos que se ha dicho y escrito es que se vendió a los priistas porque en el centro Fox se imparten cursos de capacitación a funcionarios de gobiernos tricolores.

Y no ha faltado quien afirma que se le puede definir como el "alto vacío". En otras palabras, o es un oportunista de poca monta, porque se vende por un plato de lentejas, o carece de materia gris y un día hace una cosa y al siguiente la contraria.

Reducir el debate y convertir al personaje en una suerte de caricatura habla mal no de Fox, sino de sus detractores. Las descalificaciones en su contra son pedestres.

Porque sus razones y argumentos pueden estar equivocados o se le puede tachar, incluso, de ser excesivamente pragmático, pero eso no significa que sea un traidor sin principios o un limítrofe mental.

De hecho, su argumentación se funda en hechos simples y constatables que muchos de sus adversarios niegan o desechan.

Voy punto por punto. Peña Nieto arrancó la contienda por la Presidencia con una ventaja de casi 20 puntos sobre el segundo lugar. Tres meses después la diferencia se ha reducido, pero sigue siendo enorme.

El promedio de cuatro encuestas (Mitofsky, Excélsior, OEM, Milenio) a mediados de junio arroja los siguientes números: EPN 43.5 por ciento, AMLO 28.5 por ciento, JVM 25.5 por ciento y GQ 2.7 por ciento. Esto significa que la diferencia que separa al puntero del segundo lugar es de 15 puntos.

A lo que hay que agregar lo evidente. Faltan apenas dos semanas para que se celebre la elección presidencial. Como referentes anteriores vale señalar que a estas fechas la contienda entre Fox y Labastida estaba empatada y que lo mismo ocurrió seis años después, cuando todas las encuestas daban un empate entre López Obrador y Calderón.

Frente a la contundencia de estos números hay tres respuestas. Una es la de AMLO: las encuestas están copeteadas y son pura propaganda. La segunda es la de JVM: la elección se va a definir en los últimos días. Y la tercera, que es la de Vicente Fox, este arroz ya se coció.

Viene, luego, el corolario del razonamiento de Fox. Josefina ya no puede ganar, pero debe esforzarse por ubicarse como segunda fuerza porque sería desastroso para el PAN quedar relegado al tercer sitio.

Pero además, porque considera que AMLO no ha cambiado un ápice y, en consecuencia, desconocerá el resultado de la elección.

La advertencia del expresidente no es irracional. López Obrador en los últimos días afirmó que, primero, le harían una campaña negra y, después, vendría el fraude electoral.

Poco después rectificó y corrigió. Sus asesores le advirtieron que su denuncia del fraude le alejaría a los votantes. La pregunta es si se le puede creer al rayito de esperanza que se levanta amoroso por las mañanas y se acuesta rijoso por las noches.

Vicente Fox no le cree. Por eso hace un cálculo adicional: la fuerza y magnitud de las protestas electorales dependerán de la distancia que separe al primer lugar del segundo. Si la diferencia es mínima las protestas serán muy fuertes. Si la distancia es mayor el movimiento contestatario será débil.

De ahí el llamado de Fox a cerrar filas detrás del puntero. Con un agregado. Todos los presidentes desde 1997 a la fecha han tenido que enfrentarse a un Congreso donde no tienen mayoría y eso limitó su fuerza y capacidad de poner en operación su programa de gobierno.

Fox está convencido que llegó la hora de conferirle la mayoría al candidato que obtenga la victoria para darle instrumentos que le permitan aplicar su programa de gobierno.

Y frente a quienes advierten que esa mayoría significaría el retorno del viejo régimen autoritario, el expresidente responde en tres tiempos.

Primero, el país ha cambiado en 12 años y no es el mismo que antes. No hay condiciones, en consecuencia, para la restauración del autoritarismo.

Segundo, la mayoría en la Cámara de Diputados es por tres años, nada más. En la elección intermedia los ciudadanos podrán premiar o arrancarle la mayoría al gobierno de la República.

Tercero, el gobierno necesitará el voto del PAN para operar las reformas constitucionales que Peña Nieto propone en su plataforma de gobierno.

¿Está equivocado Fox en sus planteamientos? ¿Son demasiado pragmáticos? Está por verse. Pero hay algo completamente cierto: el "alto vacío" reconoce hechos que otros niegan, tiene un planteamiento que ve más allá del 1o. de julio y ofrece una estrategia y visión de largo plazo al PAN.

Por quién no votaré

Luis F. Lozano (@LlozanoO)
Abogado y opinante
llomadrid@gmail.com
Excélsior

Creo que las campañas han demostrado nuestras sospechas iniciales en cuanto a la medianía de los candidatos presidenciales, a la absoluta desaparición de los candidatos a las legislaturas federales y a una declarativa de qués sin cómos; ni siquiera los candidatos presidenciales consideran la existencia del Congreso en sus discursos. Por lo tanto, es difícil hacer una evaluación de los candidatos por sus propuestas y tenemos que hacer una evaluación de sus puntos negativos (el menos peor). No sé por quién votaré el 1 de julio, pero ya tengo claro por quién no lo hare. No votaré por AMLO porque:

1. Entra en una contienda en la que acepta todos los beneficios que le otorgan las leyes como es el dinero público para a su campaña pero, dolosamente, introduce un elemento de trampa e incertidumbre en su contra.

2. No concuerdo con su programa económico lleno de mensajes encontrados, cuando le dice a los banqueros que respetará las variables macroeconómicas y luego habla del incremento de subsidios basados en cuentas alegres que, además, benefician a los mexicanos que menos los necesitan.

3. No concuerdo con el hecho de que el Estado deba ser el motor de la economía a través de Pemex y CFE. Ambas empresas han probado históricamente su incapacidad real de ser rentables, a pesar de ser monopolios, debido a los intereses creados dentro de los cuales sí, hay corrupción, pero también hay sindicatos que se han aprovechado de dichas empresas para sacar condiciones ventajosas e irreales para los trabajadores. Fue el caso del SME con LyFC, cuyos miembros tienen varias averiguaciones previas y que están en su esfera de apoyos electorales.

4. No concuerdo con reabrir una empresa como LyFC ni con las ayudas económicas gubernamentales a empresas privadas como Mexicana, sólo por obtener apoyos electorales.

5. Tampoco concuerdo con la idea de nombrar a personajes ilustres a puestos por antecedentes históricos o idealistas. El ingeniero Cárdenas será muy respetable por muchas cosas, pero ¿qué credenciales tiene para dirigir una petrolera?

6. No olvido que en 2006 los presidentes de los partidos políticos firmaron el Acuerdo Democrático por la equidad, la legalidad y la gobernabilidad con los entonces consejeros del IFE, para acatar los resultados de la elección 2006, donde reconocieron al IFE y al Tribunal Electoral como las únicas autoridades competentes para llevar a cabo y concluir el proceso. No obstante dicho compromiso, AMLO desconoció todo lo acordado.

7. No olvido que basado en la idea de un fraude que jamás se probó, tomó Paseo de la Reforma y, mas grave aún, promovió la interrupción del orden constitucional al intentar evitar la toma de protesta del presidente Calderón.

8. No ha propuesto una reforma estructural seria, aunque el resto de México y el mundo están convencidos de su necesidad. Esto es como aceptar que todo está bien, salvo por el dispendio gubernamental.

9. El asunto Juanito, cuando con base a una marrullería le dio la vuelta a la ley electoral para imponer a una candidata previamente descalificada por las autoridades electorales.

10. Deslizar la ilegitimidad del proceso 2012 es irresponsable. Sus asesores le han pedido moderar su discurso esta semana y ha aceptado firmar un nuevo compromiso para aceptar los resultados electorales. No le creo.

No obstante lo anterior y, otras más, si AMLO gana legalmente las elecciones, respetaré y defenderé su triunfo, porque así es el juego y creo que lo importante es fortalecer a las instituciones y a la ley. Otra cosa más en la que no coincido con AMLO.