junio 18, 2012

La “experiencia” de AMLO

Gabriela Cuevas Barrón (@gabycuevas)
gabrielacuevasbarron@hotmail.com
Orden del día
El Universal

Esta es la tercera entrega que dedico a evaluar el desempeño de López Obrador como jefe de Gobierno del DF. En esta ocasión aclararé una de las afirmaciones que de manera recurrente espeta el candidato de las izquierdas en su contienda por la Presidencia y que, invariablemente, mencionó en el debate del domingo pasado:

“Tengo experiencia en el gobierno. Tengo experiencia en todos los campos de administración pública, pero en lo que más tengo experiencia es en el desarrollo social”.

Los datos, sin embargo, muestran que es una experiencia con poco mérito. Veamos algunos ejemplos en un comparativo de 2000 a 2005 durante su gestión al frente del gobierno de la Ciudad.

El derroche en el gasto social

Según datos del CONEVAL, en el DF la pobreza de capacidades pasó de 9.9% a 10.3%, mientras que la pobreza patrimonial pasó de 28% a 31.8%. Es decir, al finalizar la administración de Andrés Manuel, alrededor de dos millones 775 mil capitalinos no contaban con el ingreso suficiente para cubrir sus necesidades de alimentación, salud, vestido, vivienda, transporte y educación. Por otro lado, la pobreza alimentaria mostró un levísimo descenso de 5.8% a 5.4%.

En términos de educación también se reportan datos que llaman la atención. Según el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, con datos del CONAPO, el porcentaje de población analfabeta de 15 años o más se mantuvo casi igual al bajar de 2.9 a 2.6, mientras en el resto del país se redujo en más de un punto porcentual (de 9.5 a 8.4).

Según el mismo estudio, el porcentaje de ocupantes en viviendas sin drenaje y sin excusado en el DF pasó de 0.4 a sólo 0.2, en tanto que a nivel nacional se redujo de 9.9 a 5.3. El porcentaje en viviendas sin agua entubada se mantuvo igual en 1.5%, mientras el promedio nacional descendió 11.2 a 10.1. De igual manera, el porcentaje en viviendas con piso de tierra en el DF descendió de 1.3 a 1.1; en el país descendió de 14.8 a 11.5%.

El índice de marginación local se mantuvo en -1.5 durante el referido periodo.

¿Qué nos dicen estos datos? Más allá de ajustes estadísticos, las variaciones en los indicadores de desarrollo social y marginación fueron mínimas durante la gestión de López Obrador. En todo caso, demuestran que el impacto real de todo el gasto social fue muy poco significativo. Además, estos números contrastan con los avances que en los mismos rubros se obtuvieron a nivel nacional, fruto de programas como Oportunidades.

¿Y la seguridad?

El candidato de las izquierdas repite como un mantra que si no se combate la pobreza la violencia persistirá. Sin embargo, cifras del Inegi indican que de 2000 a 2005 el número de delincuentes en el DF aumentó. A principios del periodo de López Obrador se registró 17 mil 591 presuntos delincuentes; para 2004 se registraron un total de 24 mil 430, la cifra más alta en el periodo descrito.

De acuerdo con el Sistema de Seguridad Pública, el DF ocupó el segundo lugar nacional con el mayor número de violaciones registradas ante las Agencias del Ministerio Público entre 2000 y 2002, mientras que de 2003 a 2006 pasó a la tercera, después del Estado de México y Veracruz.

Según datos proporcionados por el Inegi y la Secretaria de Salud, entre 2001 y 2004 se observó un incremento en el número de homicidios de mujeres. Este dato es importante, pues aunque el aumento es relativamente pequeño (2.3, 2.4, 2.5 y 2.6) se da en un contexto en el que una parte de las entidades mostraron descensos en este indicador.

Más aún, 2004 fue el año en el que se registró la tasa de homicidios más alta dentro del periodo analizado.

Por todo lo anterior, no resulta extraño el resultado de una encuesta realizada en septiembre de 2004 a habitantes del DF por Mitofsky, en la cual 80% mencionó que la inseguridad era el problema principal de la capital, seguido del desempleo y la corrupción.

Conclusión: tiene razón Andrés Manuel al decir que tiene experiencia si entiende como tal estar en una jefatura de gobierno intentando hacer las cosas que ahora propone hacer a nivel nacional, pero si por experiencia quiere dar a entender la capacidad de mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, las cifras hablan por sí mismas.

La Farsa

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

La idea de que un conflicto poselectoral se está gestando al interior de algunas formaciones políticas, se origina del antecedente inmediato del 2006. Cuando López Obrador mandó al diablo a las instituciones y denunció el “fraude electoral” jamás comprobado, pero existente en el imaginario colectivo de la izquierda lópezobradorista, fue construyendo durante los últimos seis años un arma disponible para su utilización en caso de ser necesario. Del activista rijoso que mandó a la izquierda a un lejano tercer lugar en la elección intermedia del 2009, al amoroso del inicio de la campaña presidencial, López Obrador mantiene viva la posibilidad de descalificar el proceso si, a su entender, se cometen irregularidades que signifiquen su derrota.

Pero hoy de nuevo la cita de Carlos Marx en el 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte tiene vigencia: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar una vez como tragedia y otra vez como farsa”. En el 2006 el liderazgo carismático del tabasqueño arrasó con cualquier oposición interna que intentara evitar la caída de la izquierda al abismo, impulsada por la aventura de AMLO denominada “resistencia civil pacífica”. El resultado es conocido. El PRD perdió prácticamente todas las gubernaturas en su poder, y donde mantiene influencia como Oaxaca y Guerrero, lo hace en alianzas con otras fuerzas alejadas de López Obrador y su grupo.

El rechazo de López a mayores alianzas con el PAN para evitar el triunfo priísta derivó de una lógica muy simple. Cada triunfo aliancista era un punto en favor de Marcelo Ebrard y una marca en contra suya. La decisión de Ebrard de entregar la candidatura a AMLO partió de un análisis simple. Dejar al tabasqueño ir solo en el camino de la derrota y garantizar el último bastión de la izquierda en el país con un candidato ebrardista como Mancera, que arrasara en la elección para hacer de la capital la catapulta del futuro político de Marcelo.

Y es aquí donde la historia de 2006 sólo se puede repetir como una farsa. Ni Ebrard ni los Chuchos están en posición de ir nuevamente al suicidio colectivo en otra aventura de “resistencia civil” que dañe severamente a la aplanadora perredista en la ciudad de México, y con ello el futuro de Marcelo Ebrard al frente del partido para los próximos años. De hecho el propio Andrés Manuel ha tenido que moverse entre las dos aguas para evitar una catástrofe. En un momento descalifica al IFE y a las instituciones que hay que refundar de origen, y en otro acepta las condiciones de civilidad planteadas por los empresarios como forma de reconciliarse con la institucionalidad democrática.

La única posibilidad de que López Obrador intente reproducir escenarios similares a los del 2006 está ligada a un resultado tan cerrado como el de entonces, lo que hoy no se ve probable de acuerdo con la mayoría de las encuestas. Perder por más de cinco puntos porcentuales eliminaría el potencial de la movilización, independientemente de los intentos manipuladores de los grupos de profesionales de la protesta ligados a López, y que a partir de una rebelión juvenil cooptada están dispuestos a lanzar a cientos de ellos a las calles en nombre del rechazo a la “imposición”.

En esta ocasión Marcelo no le permitirá cerrar la avenida Reforma, ni el PRD descalificar todo un proceso electoral a nivel nacional, lo que volvería a situar al partido en la marginalidad política en el corto plazo, y a Miguel Ángel Mancera en una posición endeble frente al nuevo gobierno. Si Andrés Manuel desconoce el resultado de las urnas, la tragedia de 2006 sería la farsa de 2012, donde sus compañeros de viaje de la izquierda se reducirían significativamente en aras de empezar a construir desde el liderazgo de Ebrard la opción de izquierda socialdemócrata que requiere el país.

Final de fiesta en Argentina

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

Todo indica que Kirchner culpará al mundo de la caída provocada por su fiesta económica de los últimos años

BUENOS AIRES.- Para un visitante que regresa a la Argentina tras una ausencia de diez meses, es asombrosa la rapidez con la que han cambiado las cosas: la mayor bonanza económica de la historia reciente de este país se ha convertido en una desaceleración aguda, y el optimismo ha dejado lugar a un estado de ansiedad generalizado, que de seguir las cosas así podría convertirse en pánico. La fiesta argentina de los últimos ocho años ha terminado.

Pese a los apasionados discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en los que afirma que su difunto esposo y ex Presidente Néstor Kirchner descubrió un nuevo "modelo económico" que produjo récords de crecimiento del 8 por ciento anual durante gran parte de la última década -un crecimiento que casi todos los economistas atribuyen a factores externos, tales como las masivas compras chinas de las exportaciones de granos argentinos-, por todos lados se ven signos del final del boom.

El índice de popularidad de Fernández ha caído del 63 por ciento tras ganar su reelección en octubre hasta el 39 por ciento actual, según una nueva encuesta de Management & Fit. Aunque su reciente estatización de la empresa petrolera YPF le consiguió un breve repunte en las encuestas, ya hay cacerolazos de protesta en los barrios más pudientes de esta capital.

Lo que es más amenazante para el Gobierno, la mayor unión sindical del país -la CGT, hasta hace poco aliada del Gobierno- ha iniciado paros esporádicos reclamando un aumento salarial del 30 por ciento, y las organizaciones de productores agrícolas amenazan con huelgas nacionales contra los impuestos que el Gobierno impone a las exportadores de granos.

El tema del día en Buenos Aires es dónde comprar dólares en el mercado negro, y a qué precio. La inflación, oficialmente del 9 por ciento, se estima mayor del 25 por ciento. Temiendo una devaluación del peso, la gente compra dólares en la calle a vendedores del mercado negro apostados en las esquinas, muy apropiadamente apodados "arbolitos".

Después de varios años en que la Presidenta Fernández se jactaba de que Argentina estaba entre los países del mundo que más estaba creciendo, la economía argentina pasará de un crecimiento del 9 por ciento el año pasado a un 2.2 por ciento este año, según las últimas estimaciones del Banco Mundial. Muchos economistas independientes dicen que el país podría terminar el año con crecimiento cero.

"Creemos que tarde o temprano esta historia termina en una gran devaluación", decía un reciente informe el economista Javier Kulesz, del banco UBS, y añadía que la devaluación se daría junto con un gran aumento del precio de los servicios, mayor tensión social y crecimiento bajo o incluso negativo. "Estas son cosas con las que los argentinos están familiarizados. Han visto diversas versiones de esa película unas cuantas veces en las últimas décadas".

¿Por qué se cayó la economía argentina? China no ha dejado de comprar materias primas argentinas, no ha habido ningún tsunami o terremoto que haya destruido la infraestructura del país, y el entorno internacional sigue siendo favorable al país gracias a que los precios de las materias primas siguen siendo relativamente altos.

A juzgar por las docenas de entrevistas que hice aquí la semana pasada, hay una sola razón de la actual declinación argentina, y es la usual: el populismo. El Gobierno de Fernández de Kirchner ha regalado dinero a diestra y siniestra, sin pensar mucho mas allá de la próxima elección.

De manera semejante a lo ocurrido en la Venezuela de Hugo Chávez, el aumento constante de los subsidios funcionó mientras las exportaciones no dejaban de subir, pero dejaron al país al borde de la quiebra una vez que los precios mundiales de las materias primas pararon de aumentar.

Mientras Chile, tanto bajo Gobiernos de centro-izquierda como de centro-derecha, ahorraba en los años buenos para mantener sus programas sociales en los años malos, Argentina hizo exactamente lo contrario: gastó incluso más de lo que podía en los años buenos, sin construir mucho para el futuro. El Gobierno malgastó la mayor bonanza económica del país en casi cien años en subsidios para millones de personas -muchas de las cuales han dejado de trabajar, porque viven mejor de las dádivas del Gobierno que si tuvieran un empleo- así como también para el transporte y la energía.

Gracias a los subsidios del Gobierno, el transporte en Buenos Aires esta entre los más baratos del mundo: un viaje en autobús cuesta el equivalente de 22 centavos de dólar, y un viaje en tren unos 26 centavos de dólar.

Roberto Lavagna, el ex Ministro de economía durante el Gobierno de Néstor Kirchner, a quien se le atribuye haber revivido la economía argentina después del default del 2001, estima que los subsidios del gobierno al transporte y la energía aumentaron de mil 200 millones de dólares a fines del 2005 a 19 mil millones el año pasado.

Aunque el sentido común sugiere que Fernández de Kirchner debería empezar a reducir el gasto público debido a la desaceleración económica, la Presidenta parece estar redoblando su apuesta. La semana pasada anunció un gigantesco plan para dar 400 mil préstamos hipotecarios de bajo interés y construir 400 mil viviendas en el curso de los próximos cuatro años.

¿De dónde saldrá el dinero? De fondos del sistema de seguridad social. El Gobierno dice que el plan creará 100 mil empleos en el sector de la construcción, y contribuirá a reactivar la economía. Los escépticos dicen que el dinero desaparecerá en manos de funcionarios corruptos, como ha ocurrido tantas veces antes, y los futuros jubilados no verán ni un centavo de sus jubilaciones.

"Tienen una visión cortoplacista, y estrictamente política, de la economía", me dijo el ex Ministro Lavagna. "Y es muy difícil que eso cambie", agregó.

Lo más preocupante es que un gran número de argentinos, aunque cada vez más escépticos respecto del relato que Fernández Kirchner hace del supuesto nuevo modelo económico del país, no se oponen a un mayor rol del Estado en la economía, dijo Lavagna.

"Hay un estatismo creciente, muy aceptado por la sociedad", explicó Lavagna. "Las últimas encuestas revelan que los argentinos apoyan las políticas estatistas por un margen de 2 a 1".

Mi opinión: Todo indica que Fernández de Kirchner culpará al mundo exterior -los medios, Grecia o Washington- de la caída provocada por su propia fiesta económica de los últimos años. Emitirá cada vez más dinero para comprar lo votos que le permitan ganar las elecciones legislativas de octubre de 2013 -si es que nos se adelantan- y rezará por una nueva suba de los precios internacionales de las materias primas -que muy pocos consideran probable- para equilibrar las cuentas del país.

Mientras tanto, habrá malgastado la mejor oportunidad que ha tenido Argentina en un siglo de usar su bonanza económica para mejorar los estándares educativos, atraer inversiones para crear nuevas industrias y crear empleos productivos para sacar de la pobreza de manera permanente a millones de personas.

Espero estar equivocado, y que Fernández de Kirchner, durante los 3 años y medio que le quedan de su Gobierno, empiece a pensar en el futuro del país con una visión menos cortoplacista, y menos ideológica. Salvo una drástica corrección de rumbo, Fernández de Kirchner llevará a la Argentina a su próxima gran devaluación, que será totalmente auto-infligida.

El voto útil de la izquierda

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

Sería un acto de mezquindad no reconocer los grandes avances que ha tenido la izquierda mexicana. El desarrollo es patente: desde dejar atrás la intransigencia hasta la capacidad de admitir la propia derrota, sin olvidar una capacidad de gestión que es reconocida por los ciudadanos y no puede dar lugar a duda.

Sin embargo, esta izquierda moderna y progresista no se presenta a las elecciones que tendrán lugar en apenas unos cuantos días. Marcelo Ebrard, quien sin duda será recordado como uno de los grandes gestores de la Ciudad de México, se hizo a un lado en la carrera presidencial, tal como lo había prometido, sin cuestionar los resultados de una encuesta que también lo podría haber dado a él como ganador. Ebrard tuvo visión de estadista, y no dudó en anteponer el bien que consideró superior a sus ambiciones personales: lo importante, en ese momento, era que la izquierda fuera capaz de plantear una candidatura sin fracturas internas. Y lo logró.

Es indudable que México necesita de la izquierda, ahora más que nunca. El auge de la economía de mercado ha dado por resultado, en todo el mundo, niveles de desigualdad que son francamente alarmantes. La reducción de los niveles de pobreza debería ser un tema medular en la agenda nacional, y la correcta distribución de la pobreza es una necesidad acuciante. El estado de bienestar, como es entendido en las democracias más avanzadas, debería ser una prioridad a ser consensuada entre los diferentes partidos, así como la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. El concepto de la igualdad, en el sentido más puro y como es explicado por Bobbio, en contraposición a una libertad desenfrenada que, en sus manifestaciones más perversas, no tiene como consecuencia sino la explotación de las clases menos privilegiadas.

Es comprensible que los sectores más ilustrados de nuestra sociedad se identifiquen con las causas de la izquierda. Es una obligación moral. En la medida en que la igualdad deje de ser un concepto abstracto, para convertirse en una realidad, México será un mejor país. No es sólo importante, sino urgente. Es imperativo que la izquierda tenga un papel activo en la democracia nacional, independientemente del resultado de la elección. Es por esto que es pertinente cuestionarnos el papel que ha jugado, y jugará, la izquierda en el panorama político nacional en los próximos años. Existen dos escenarios plausibles. La izquierda que triunfa en estos comicios, y la izquierda que se asume como oposición.

En el primer caso, López Obrador accede al poder, como lo ha venido buscando de manera activa desde hace más de una década. El mismo Andrés Manuel combativo, comprometido con sus propias causas, de las que a su juicio no debe responder a nadie. El Andrés Manuel de la opacidad, de las conferencias en las que respondía de acuerdo a lo que decía su dedito. El que insultaba al Presidente y mandaba al diablo las instituciones. El que quería vivir en la recámara de Juárez. El que alegaba fraudes cibernéticos, a la antigüita, y denunciaba la complicidad de sus propios observadores. El que presentó cajas vacías como pruebas. El que no tuvo empacho en estrangular la ciudad que se le había entregado incondicionalmente. El que se declaró presidente legítimo en una asamblea a mano alzada. El que no tuvo el valor de convertir su movimiento en un gabinete de sombra, por el bien del país entero. El que no se enteró de las ligas ni de los casinos, aún cuando ocurrían bajo su propia vista. El de los segundos pisos de información reservada, el de los viejitos con padrón desconocido. El que ha sido capaz de vivir durante seis años sin un ingreso visible, recorriendo todos los municipios del país varias veces. El que trató de reinventarse como amoroso mientras seguía siendo el mismo de siempre.

El mismo, el mismo de siempre. Este es el Andrés Manuel que quiere ser presidente, y que ahora deja ver su intención de cuestionar el resultado de la elección, en un acto de deslealtad no sólo a los demás partidos sino a la ciudadanía que entregará su voto en un par de semanas. Esta es una de las posibilidades del segundo escenario, en el que la izquierda no conseguiría ganar la elección: el pueblo bueno que le pide a Andrés Manuel que no se deje, que luche por lo que corresponde, que le pide que pelee por ellos. Él, magnánimo, obedece sus designios, obligado por la gente a romper el compromiso de respetar los resultados adquiridos durante la campaña. Lo que sigue, en este orden de ideas, es de pronóstico reservado.

La otra posibilidad, dentro del segundo escenario, es que la izquierda sufra una debacle similar a la de la derecha y se vea obligada a replantearse los grandes paradigmas que la han atado a los mismos liderazgos hasta el momento. Así, sería el momento de una renovación que daría lugar a que las figuras que han tenido un papel preponderante durante los últimos doce años dejen el lugar a quienes, a la par de una gestión exitosa, cuentan con el apoyo de la gente, reflejado en sus propias sucesiones. En pocas palabras: la crisis que sacudiría al PRD tras una derrota electoral abriría el espacio para que la modernidad representada por Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera redefiniera el modelo de país, y de hacer política, de la izquierda mexicana.

Es muy respetable el afán de la clase media que apoya a Andrés Manuel para lograr que la izquierda mexicana acceda al poder. Sin embargo, si la izquierda llega en este momento, sería aquella heredera del antiguo PRI y los viejos partidos comunistas que sigue gritando consignas con reivindicaciones que quedaron atrás hace décadas en el resto del mundo. Si la izquierda pierde, y se deshace de los liderazgos caducos a favor de propuestas más modernas y acordes a la realidad, tendría la oportunidad de lograr sus objetivos a través de la acción de los grupos parlamentarios, en un primer momento, y de acceder al poder en un escenario desprovisto del miedo que naturalmente provocan quienes desprecian la institucionalidad. En este orden de ideas, ¿cuál es el voto realmente útil, a largo plazo, para la izquierda?

Lo peor de Calderón

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Felipe Calderón resultó pésimo negociador y se equivocó de aliado: no era el PRD, que ha gritado urbi et orbi su rechazo a todas las reformas para el desarrollo propuestas por el PAN, sino el PRI, que, además, le dio el quórum para que tomara posesión. Ha sido atroz publicista de sus logros. Y no es uno menor que a los mexicanos hasta se nos hayan olvidado las crisis sexenales del PRI, con devaluación del peso, huída de capitales e inflación de dos y hasta tres dígitos. La última, y peor, al terminar Salinas de Gortari y entrar Ernesto Zedillo, la de “los alfileres”, fue bien resuelta por éste, último presidente del PRI y quien, contra los usos y costumbres de ese partido, aceptó la derrota la noche misma de las elecciones del 2000, cuando ganó Fox. Si el PRI llevara por candidato a la reelección a Ernesto Zedillo, votaría por él.

López no cesa de clamar contra un PRIAN inexistente, lo que hemos visto son alianzas PAN-PRD exitosas contra el PRI en elecciones estatales.

Tuvimos una crisis mundial en 2008 que no ha concluido y puede empeorar según vemos en Grecia, España y Portugal, y si no ha pegado fuerte en México es gracias a las medidas tomadas por Calderón y su equipo. Pocos lo saben.

Con Fox y Calderón el país se llenó de casas en renta y los inquilinos pudimos pedir reducción de la mensualidad. Fue así porque en todo México hubo casas al alcance de 10 millones de familias en estos años. Dato perdido. Los 40 mil millones que se llevaban los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro y su sindicato, el SME… La reforma de pensiones que salvó al Seguro, la ampliación del Seguro Popular…La relativa constancia en los precios que no veíamos hacía 15 años. ¿Y los gasolinazos?, clamará al cielo todo jeremías: no han sido suficientes para que los dueños de auto paguemos la gasolina siquiera al precio de compra y no con subsidio a las clases media y alta, que tienen coche y mayor acceso a los medios para gritar su rechazo. Subsidio arrebatado a escuelas rurales, becas y abasto de medicinas en IMSS e ISSSTE.

La peor crisis de inseguridad en el DF la tuvimos con López Obrador: los asaltos en taxis hicieron que todos pidiéramos servicio por teléfono; secuestros, asesinato de secuestrados; asaltos en camiones, en plena calle a la luz del día, a la salida de bancos, de cajeros automáticos. Aceras privatizadas por ambulantes a cambio de ir a mítines, venta allí mismo de mercancía robada o pirata. Una marcha de personas vestidas de blanco llenó desde Chapultepec hasta el Zócalo, un millón de manifestantes contra la inseguridad. La respuesta de Obrador fue llamarlos “pirrurris”.

Ahora aplaude el mismo personaje las marchas que, a su favor, realizan los hijos y hermanos menores de aquellos pirrurris. Y tienen algo muy extraño: las marchas son para exigir algo: derogar una ley injusta, encarcelar a un político, mayor acción del gobierno contra la delincuencia. ¿Qué exigen las organizadas por YoSoy132? ¿Que Peña no sea candidato? Cubre los requisitos legales y no ha incurrido en alguna conducta que produjera una conmoción como sería cancelar el registro a un candidato porque así lo piden pocos o muchos. Si no nos gusta ese candidato no votamos por él: eso es todo. ¿Qué piden y, sobre todo, a quién?

“¡No a Peña Nieto!”, de acuerdo, ahora digan ¿qué hacemos con él? “¡Democratización de los medios!”. Definan eso: ¿será que Televisa ponga a votación nacional sus programas? ¿Que los apruebe un grupo selecto de ciudadanos? ¿Los 132? Se llama “censura previa” y suena a Cuba, Corea del Norte (o viejo PRI hasta 1982), donde el gobierno, porque se autodefine como el pueblo en el poder, decide lo que el pueblo puede o no puede ver. Y nunca puede ver críticas al gobierno porque son contra la patria.

TRIVIALIZACIÓN

La trivialización de las campañas políticas parecía haber tocado fondo con los pocos segundos en que, un candidato tras otro, nos pide nuestro voto sin dar mayores razones o dar las que todos, sin excepción compartimos. Pero estaba equivocado. Faltaba la mejor: la misma avioneta que, contra la ley, vuela a ras de azoteas llevándose tenderos con calzones para anunciar el circo Atayde, ahora pasa vociferando que Perico el de los Palotes nos prrrr… pide, prrr, vota…prrrr, pe-erre-de, soy prrr, prrr… Entre el ruido del motor y que ya la avioneta va lejos, no se entiende nada.

QUADRI. Todo voto por Quadri es un remache al partido del Elba Esther. No se lo des.

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