junio 23, 2012

Josefina

Ivonne Melgar (@IvonneMelgar)
Retrovisor
Excélsior

Las coordenadas del desempeño de Josefina Vázquez Mota pasan por el vacío que le hicieron en Los Pinos, el desfondamiento sexenal del PAN, las limitaciones de su equipo de campaña para frenar los golpes y la incertidumbre cultural del tema de género.

En estos 80 días, la panista no experimentó grandes cambios. Sin embargo, fue hasta el final de la competencia cuando subió, a nivel de los medios masivos, la imagen de una candidata en la batalla, con un mensaje de clara continuidad y actos proselitistas caracterizados por el entusiasmo.

El proceso electoral deja evidencias de las capacidades de diálogo, propuesta y argumentación de Vázquez Mota en los debates del IFE y del movimiento #YoSoy132, así como en las diversas pasarelas donde se midieron los abanderados y cuyos convocantes la dieron por ganadora en varios casos.

Los testimonios están ahí: el foro de intelectuales Preguntas cuyas respuestas pueden cambiar a México, la reunión de los ambientalistas; el encuentro con víctimas de la violencia de Javier Sicilia, la Cumbre Ciudadana de Organizaciones Civiles, la Convención Bancaria, la Universidad Iberoamericana y Diez preguntas por la educación, entre una veintena de iniciativas similares.

¿Por qué entonces avanzó la versión de que era una candidata sin armas para competir?

Los Pinos. El balance en la casa de campaña es contundente: a Josefina la dejaron sola. Ni en la Presidencia ni en la primera línea de la administración de Felipe Calderón hubo arropamiento.

Ella nunca formó parte del círculo íntimo de Los Pinos. De modo que sus aspiraciones fueron vistas por el calderonismo como un desafío. Y su triunfo en la elección interna de Acción Nacional es una herida que no cicatriza.

Por supuesto que la reforma electoral puso candados al Presidente. Pero eso no significaba distancia, apatía ni abandono. Y eso es lo que hubo. Jamás se hizo un llamado al cierre de filas ni al acompañamiento por parte de un gabinete que habría podido tomarse los fines de semana para manifestarse.

El PAN. Con la expectativa de que Acción Nacional sería el territorio de los acuerdos, Josefina cedió espacios a los calderonistas al conformar las listas de aspirantes al Congreso.

Pero tampoco el partido contó con el liderazgo de Calderón para aglutinar sus activos. Dejó de actuar como el primer panista de la nación que había sido hasta entonces.

Al margen de la conducta ética del ex presidente Vicente Fox, que se adhirió al priista Enrique Peña Nieto, lo cierto es que como conocedor de las operaciones electorales supo que si a la candidata le habían dado la espalda en Los Pinos, el PAN carecería de los pertrechos para sacarla adelante.

Y el guanajuatense se lo hizo saber, acuñando además la frase pública que resume la circunstancia de Josefina: “Sólo un milagro”.

Sin una estructura electoral poderosa, con divisiones en los estados, sin padrones confiables, casi inexistente en el Distrito Federal y con un dirigente, Gustavo Madero, al que el Presidente dejó de considerar su interlocutor, el PAN no tuvo la fuerza para sumar a grupos empresariales que ya simpatizaban con el candidato del PRI, puntero desde antes de que se resolviera la contienda blanquiazul.

Sólo cuando observaron el repunte de Andrés Manuel López Obrador, algunos representantes del poder económico se acercaron a Vázquez Mota, pero más con el interés de parar al perredista que de apuntalarla.

El equipo. En la casa de campaña tampoco se supo frenar la estrategia tricolor en el arranque de la competencia, destinada a proyectar a una Josefina a la que sólo le pasaban situaciones incómodas.

No es que la abanderada blanquiazul haya mejorado. Lo que mejoró hacia el último tercio fue el margen de maniobra de sus operadores para construir percepciones favorables. Y esto porque la irrupción del movimiento universitario modificó la correlación de fuerzas al traducirse en un empujón para López Obrador.

Resulta falaz señalar que andaba dormida o que al fin se decidió por defender al gobierno. Siempre hubo eventos y mítines competitivos tanto en audiencia como en ánimo. Sin duda superiores a los actos panistas de hace seis años.

El género. La incapacidad financiera, política y de operación para posicionarse en la batalla en los primeros dos meses tiene sus causas en las coordenadas de Los Pinos, el PAN y su equipo de campaña.

Existe sin embargo una cuarta coordenada que merecerá en su momento un análisis a fondo: la del género. ¿Qué tanto pesó el hecho de ser mujer en las valoraciones que se hacen de su desempeño? ¿Y qué tanto el género determinará la evaluación sobre la capacidad de la candidata para encarar de otra manera la negativa de apoyo por parte de Los Pinos, la crisis del PAN y la falta de reacción de su gente?

Acaso su error radicará en haber sostenido la bandera de la continuidad a cambio de nada. Y en permitir que su diferencia, la de ser una política conciliadora, actuara en su contra.

El despeñadero

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

La ruta, pues, está claramente trazada. La derrota de AMLO será la confirmación absoluta de un fraude electoral. La única prueba aceptable de comicios limpios y transparentes es su victoria

A la memoria de Humberto Torres.

Todas las encuestas recientemente publicadas le otorgan una enorme ventaja a Enrique Peña Nieto. El promedio de seis casas (Reforma, Mitofsky, OEM, Excélsior, Milenio, El Universal) arroja los siguientes números: EPN 43.5 por ciento, AMLO 28 por ciento, JVM 25.4 por ciento y GQ 3.1 por ciento.

La más sintomática de todas es la de Reforma. A finales de mayo, registraba una competencia muy reñida: 38 por ciento EPN vs. 34 por ciento AMLO. La diferencia, ahora, es de 12 puntos (42 por ciento vs. 30 por ciento).

La verdadera incógnita no está en quién ocupará el primer sitio, sino en el empate técnico que se registra en el segundo lugar. El promedio de las seis casas es de 2.6 por ciento a favor de AMLO sobre JVM, que se sitúa dentro del margen de error (+ - 3 por ciento). Así que la moneda está en el aire.

La distancia que separa al puntero del segundo lugar ha sido consistente. A principios de la contienda, Peña Nieto llevaba una ventaja de casi 20 puntos. Esa diferencia se ha reducido, pero continúa siendo enorme. Baste recordar que en 2006, según los números de Covarrubias y Asociados (C&A), casa encuestadora de la Coalición por el Bien de Todos, AMLO tenía una ventaja de 12 puntos sobre Calderón.

Sin embargo, López Obrador y sus camaradas insisten en dos cosas: a) las encuestas publicadas son pura propaganda; b) ellos tienen sus propios sondeos donde van arriba. Escuchar al rayito de esperanza repetir esa tarabilla no sorprende. Fue exactamente lo que dijo hace seis años. Pero resulta penoso que Jesús Zambrano y Jesús Ortega se monten en semejante disparate.

El antecedente está allí y es conocido por todos ellos. La ventaja de 12 puntos con la que arrancó la elección de 2006 se fue reduciendo paulatinamente hasta que, a finales de marzo y abril, se registró un empate entre AMLO y Calderón. Estos números no sólo eran de la mayoría de las casas encuestadoras, sino también de C&A.

Y según el testimonio de Ana Cristina Covarrubias, por esas fechas dejó de publicar los resultados de sus encuestas, porque ¿qué necesidad tenía de divulgar tendencias que no favorecían a su cliente?

Por cierto, la última encuesta publicada por C&A en este proceso electoral fue el pasado mes de mayo y otorgaba una ventaja de 10 puntos a EPN. Desde entonces a la fecha, la casa encuestadora de AMLO ha guardado un prudente y elocuente silencio, como en 2006.

El hecho es que hace seis años en el Auditorio Nacional, a principios de abril, López Obrador empezó a difundir sus propios números: AMLO 40 por ciento, FCH 30 por ciento y Madrazo 30 por ciento. Las cifras de C&A para ese mismo mes eran completamente distintas: AMLO 34 por ciento, FCH 31 por ciento, Madrazo 21 por ciento.

López Obrador repitió como un mantra que llevaba esa ventaja de 10 puntos hasta el 1o. de julio de ese año. No importaba que todos los sondeos, incluido el de su casa encuestadora, arrojaran un empate técnico entre él y Calderón. La pregunta a formular es quién y con qué metodología le proveyó esas cifras.

La respuesta sigue siendo un misterio. Nunca lo dijo. Pero no hay duda de que es la misma "casa encuestadora" que ahora lo sitúa, según él, 2 o 3 puntos arriba de Peña Nieto. El hecho es que la negativa a reconocer las tendencias de los sondeos de opinión en 2006 se convirtió en el paso previo a la denuncia de un gran fraude.

Las mentiras y los delirios no terminaron allí. Pasadas las 11 de la noche del 2 de julio en el Hotel Marquis Reforma y hacia la una de la madrugada del 3 de julio en el Zócalo, afirmó que los conteos rápidos le otorgaban una ventaja de 500 mil votos. Pero la realidad era completamente diferente.

La noche del 2 de julio sólo una encuesta de salida, la de C&A, le otorgó una ventaja de 2.4 puntos. Tres declaraban empate: Parametría, Ipsos-Bimsa y Mitofsky. Y las siete restantes le otorgaban una pequeña ventaja a Felipe Calderón: BGC, Gaussc, Arcop, Presencia Ciudadana Mexicana, GEA-ISA, TV Azteca y Mirac.

Y lo más importante. Todos los conteos rápidos, basados en las actas de casillas, incluido el de Covarrubias y Asociados, le otorgaron la ventaja a Felipe Calderón, coincidiendo con los números del Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE. En otras palabras, López Obrador mintió a sabiendas en el Zócalo y en el Hotel Marquis de Reforma.

Él sabía que los 500 mil votos de ventaja eran inexistentes y sabía también que los resultados de los conteos rápidos le eran adversos. Pero nada de eso importó. La estrategia había sido delineada desde el mes de abril, cuando el empate con Calderón era un hecho. Porque hubiera resultado completamente contradictorio reconocer esas tendencias y, luego, denunciar un fraude.

Hoy, la historia se repite a pie juntillas. Si bien de manera mucho más acusada. Por eso no reconoce que la ventaja de Peña Nieto es, cuando menos, de 12 puntos. Hacerlo equivaldría a cancelar la posibilidad de denunciar un fraude.

De ahí la ambigüedad. Un día declara que le harán la guerra sucia y, si falla, tramarán un fraude en su contra. Al día siguiente corrige y dice que respetará el resultado de la elección. Pero luego señala que las televisoras pretenden imponer a Peña Nieto.

La ruta, pues, está claramente trazada. La derrota de AMLO será la confirmación absoluta de un fraude electoral. La única prueba aceptable de comicios limpios y transparentes es su victoria. Nada más y nada menos.

La tarde y noche del 1o. de julio veremos la reedición del 2 de julio de 2006. López Obrador se proclamará vencedor y desconocerá el resultado de la elección.

La gran pregunta es si Marcelo Ebrard y Nueva Izquierda lo seguirán en su aventura hacia el despeñadero.

El fichaje de Clouthier

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

“La invitación es a su gobierno, no a la campaña”, advierte. Y remata: “No hay utilización de nadie a favor de nadie”.

Corría el año de 1999. Manuel Clouthier, director del periódico Noroeste, recibió una sorpresiva llamada. Era Andrés Manuel López Obrador, entonces presidente nacional del PRD.

Cuenta el sinaloense que El Peje quería tratarle un asunto de capital importancia: las supuestas amenazas proferidas contra el Maquío, su emblemático padre, por un sujeto de apellido Calderón Ojeda (no recuerda el nombre).

Eran tiempos de relevos locales. El priista Juan S. Millán llegaba ese año al Palacio de Gobierno de Sinaloa con la intención de controlar la oposición desde la silla. Calderón Ojeda aspiraba a la presidencia estatal del PRD. El gobernador del PRI lo cobijaba, un motivo más para oponerse a la postulación.

Clouthier hijo le confirmó al Peje la versión de las amenazas contra su padre. “Hay una carta póstuma en la que hace responsable a Calderón Ojeda de cualquier cosa que pudiera sucederle”, le dijo Manuel, palabras más, palabras menos.

López Obrador le prometió que el mencionado Calderón no sería presidente del PRD en Sinaloa. “Me lo cumplió”, reconoce con gratitud el actual candidato presidencial independiente.

El dato lo comentó el propio Clouthier, cuando le llamamos para preguntarle por qué aceptó la propuesta de convertirse en “contralor ciudadano Anticorrupción” en un eventual gobierno de López Obrador.

La noticia no deja de sorprender. Andrés Manuel es el candidato de tres agrupaciones de izquierda opuestas radicalmente a Acción Nacional, partido que hizo diputado externo a Manuel y que postuló a su fallecido padre como candidato presidencial en 1988.

Clouthier confirmó que no ha visto personalmente a López Obrador. Busca una fecha para reunirse con él. Aceptó la oferta, dice, porque la lucha contra la corrupción es parte de su agenda. “Hace falta una cruzada para abatir este problema. En los doce años de gobiernos federales del PAN no se ha hecho nada”, asevera.

Aclara, sin embargo, que no le da un “cheque en blanco” a López Obrador. Tampoco se va a sumar, ni va a declinar a favor del candidato presidencial del Movimiento Progresista. “La invitación es a su gobierno, no a la campaña”, advierte. Y remata: “No hay utilización de nadie a favor de nadie”.

Manuel J. Clouthier murió en un accidente de automóvil el primero de octubre de 1989, a la edad de 55 años. En esa época se habló de un atentado. A pesar de la mencionada “carta póstuma”, el hijo del Maquío descarta que Calderón Ojeda haya tenido que ver en la muerte de su padre. “Era un pleito viejo, databa de los setentas”, dijo.

Fin de semana de cierres en la Ciudad de México. Josefina lo hará hoy a medio día en la Plaza México, esperan 40 mil almas. Peña Nieto se aventó el tiro de hacerlo en el Estadio Azteca (105 mil personas). López Obrador lo hará hasta el miércoles en el Zócalo.

En la casa de campaña de Josefina esperan un lleno al estilo José Tomás. Va el gabinete, los gobernadores, diputados, senadores. Margarita Zavala será la gran ausente, pero se habla de que el presidente Calderón puede dar la sorpresa. “Vamos a salir con orejas y rabo”, aseveran.

En algún sector del PAN no les gustó lo que escribimos ayer bajo el titulo Le mueven el piso a Madero. “Ofende que tenga tan malas fuentes en el PAN”, reprochó una voz de ese partido. Está de acuerdo en que el presidente del azul tendrá que irse en caso de debacle electoral, pero no en los nombres de sus posibles sucesores que aquí manejamos.

“Con el escenario como viene, ni Roberto Gil ni Carlos Pérez Cuevas (ambos josefinistas) tienen chance. Juan Manuel Oliva (el yunquista gobernador con licencia de Guanajuato) depende del resultado en su tierra.

“El factor de la permanencia (de Madero) depende de la ponderación de costos del corderismo (nótese que ya no se habla de calderonismo) y el yunque. Ambos grupos deben pactar. El Consejo, en su mayoría, lo integran estos dos bloques”.

La fuente asegura que otros tres panistas están “apuntados” para suceder a Madero: Rogelio Carbajal, Salvador Vega y Mariana Gómez del Campo. “Han levantado la mano al interior del grupo corderista, pero aún no se tiene una posición fija y debaten la pertinencia de ocupar la jefatura nacional en esa coyuntura”, puntualizan.

Moraleja de la semana (cortesía de Antonio Machado, poeta español), la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.