junio 25, 2012

¿Por qué por Vázquez Mota?

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Francisco García Pimentel ha publicado (http://dalelavuelta.org/2012/05/28/vota-ahora-o-calla-para-siempre-diez-claves-para-votar-bien/) un muy interesante decálogo cuyo objetivo es ayudarnos a razonar el voto, algo que, a estas alturas del partido, ¡faltando seis días para las elecciones!, no está de por más, sobre todo ahora que quienes invitan a votar se han divido en dos grandes grupos:

1) los que insisten en que hay que votar en función de ciertos principio, y hacerlo por quien nos convence, al margen de cualquier otra consideración (por ejemplo: su posición en las encuestas);

2) los que insisten en que hay que emitir un voto útil, lo cual implica suponer que quien nos convence, dada su posición en las encuestas, no va a ganar, y entonces hay que sufragar por la segunda opción, para evitar que gane la tercera, y hacerlo independientemente de cualquier otra consideración (por ejemplo: sus principios ideológicos).

Según estas posiciones dos, y solamente dos, deben ser las consideraciones para elegir por quién votar: votar por principios, sin tomar en cuenta nada más, o emitir un voto útil, sin considerar nada más. Lo que nos dice García Pimentel es que el voto razonado, ¡verdaderamente razonado!, debe tomar en cuenta más variables. Enunciarlas y explicarlas es el objetivo de su decálogo, mismo que reproduzco a continuación:

I) El partido del candidato sí importa;
II) ¿Quiénes son los padrinos del candidato?;
III) El candidato, ¿tiene experiencia?;
IV) No creas lo que el candidato ha dicho, sino lo que ha hecho;
V) ¿Cómo es el candidato en su vida privada?;
VI) El candidato, ¿me representa?;
VII) Matiza sus propuestas;
VIII) Desconfía de los medios;
IX) Ignora las encuestas;
X) No regales tu voto.

Breve explicación, en palabras del autor, de cada punto.

I) El partido del candidato sí importa. “Si (el candidato) está allí, al frente de su partido, es porque se encuentra muy cerca del núcleo ideológico y el partido sabe que (…) protegerá los intereses, principios y valores del partido”.

II) ¿Quiénes son los padrinos del candidato? “Todos (los candidatos) llegan apoyados por grupos políticos, sociales o empresariales. Y todos estos grupos exigirán a su candidato cuentas una vez que gane la elección. Y al candidato no le quedará otra que rendirles cuentas”.

III) El candidato, ¿tiene experiencia? “Es importante que (el candidato) por quien vas a votar cuente con la experiencia suficiente (…) para no tener que pagar las novatadas al inicio de su gestión”.

IV) No creas lo que el candidato ha dicho, sino lo que ha hecho. “Las promesas de campaña y los discursos tienen el mismo valor probatorio o informativo que la página de Facebook de un adolescente: salen sólo las mejores fotos, sólo los mejores eventos y representan, a lo mucho, una visión ideal del ego del candidato (…) Es más sencillo y rápido observar qué hicieron los candidatos cuando no estaban en campaña”.

V) ¿Cómo es el candidato en su vida privada? “¿A qué candidato le daría yo las llaves de mi casa? ¿A quién dejaría que jugara con mis hijos? ¿A quién dejaría que saliera al cine con mi hija?”

VI) El candidato, ¿me representa? “¿Me lo imagino hablando en el Congreso, o en la ONU, o en otros países, y me siento tranquilo?”

VII) Matiza sus propuestas. “Ahórrate el trabajo de dilucidar cuáles propuestas son peores, mejores, ciertas o falsas. Ignóralas todas y ve lo que han hecho anteriormente. Cuando ya tuvieron el poder, ¿realmente hicieron todo lo que hoy proponen?”.

VIII) Desconfía de los medios. “Todos los medios de comunicación tienen agenda. Todos tienen su favorito (…) Por eso recomiendo: entérate a través de medios distintos”.

IX) Ignora las encuestas. “Vota por quien tú creas que sea el mejor, independientemente de si ‘va ganando’ o ‘va perdiendo’. Se gana o se pierde el día de la elección”.

X) No regales tu voto. “El concepto del voto útil es no votar por tu candidato si sabes que va a perder. Es un concepto maquiavélico y destructivo. Desde 1939 y hasta 1994, los panistas votaron por el PAN, sabiendo que iban a perder, pero seguros de que, a largo plazo, su voto haría un cambio. Tu voto tiene una resonancia no sólo en corto, sino también en el largo plazo. Haz valer ese derecho, cree y defiende lo que tú creas. No entregues tu voto a un partido o candidato que no te convence sólo porque ‘es el puntero’ o ‘está más cerca del puntero’ en las encuestas”.

Si aplico el decálogo de García Pimentel llego a la conclusión de que mi voto debe ser por Josefina Vázquez Mota, y he aquí las razones.

1) De todos los partidos el PAN, con todos sus excesos y defectos, es el menos malo, con varios puntos buenos a su favor.

2) Ninguno de los padrinos de Vázquez Mota, por lo menos los visibles, los considero impresentables, como sí considero impresentables a muchos de los padrinos de los otros candidatos.

3) Vázquez Mota tiene experiencia, tanto en el Poder Ejecutivo, como en el Legislativo.

4) Vázquez Mota ha dicho muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, pero muchas menos, y menos graves, en comparación con las que han dicho los otros candidatos (a excepción de Quadri).

5) Conozco a Josefina desde hace muchos años y me consta su honestidad. Sí le dejo las llaves de mi casa.

6) De todos los candidatos (a excepción de Quadri), la que más me representa, en el sentido literal del término, es Vázquez Mota.

7) Matizando las propuestas de Vázquez Mota, y comparándolas, también matizadas, con las de los otros candidatos (a excepción de Quadri), son, en términos generales, menos malas, y algunas son buenas.

8) Desconfío de algunos medios, confío en otros, y la mayoría de los periodistas que respeto están a favor de Vázquez Mota.

9) Si bien es cierto que no ignoro las encuestas, tampoco me guío por ellas.

10) Al final de cuentas, después de haber meditado y discutido el asunto del voto útil, que en mi caso, y suponiendo a Vázquez Mota sin posibilidad de ganar (pero ya lo dije: no ignoro las encuestas, pero no me guío por ellas), implicaría votar por Peña Nieto, con el fin de cerrarle el paso a López Obrador, es algo que, por principio, no puedo hacer. Y sí, sigo creyendo que, ¡siempre!, hay que actuar en función de principios.

Voy a votar por Josefina Vázquez Mota por considerar que su gobierno representará una menor amenaza en contra de la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal -los tres pilares del liberalismo-, mucho menor que las amenazas que representarían los gobiernos de Peña Nieto o López Obrador.

Para terminar unas palabras relacionadas con Gabriel Quadri, el candidato liberal al que mencioné tres veces, y con quien, como liberal que es, más me identifico, pero por el cual, dado el partido al que representa (¿de veras el Panal es un partido liberal?), y lo que supondría votar por él (apoyar la permanencia de partidos políticos rémoras), no puedo votar.

Por todo lo dicho voy a votar por Josefina Vázquez Mota.

A votar

Gabriel Guerra Castellanos (@gabrielguerrac)
Internacionalista
gguerra@gcya.net
El Universal

Tenemos una de las democracias más caras del mundo, y no sólo por las enormes cantidades de dinero que nos cuesta. Es cara también porque no ha logrado, 12 o 15 o 18 años después de su surgimiento, consolidarse en la mente y en el ánimo de muchos mexicanos. La democracia más costosa no es cara si los ciudadanos la valoran: no es el caso de México.

Hace ya casi 22 años de la creación del IFE, y no obstante todas las reformas politico-electorales una proporción alta de ciudadanos sigue sin confiar en las instituciones electorales, en la limpieza de las elecciones, en la claridad y transparencia del proceso. En la legitimidad de la democracia mexicana, pues.

Una parte se explica por nuestra historia. México acumula tal cantidad de elecciones viciadas que no es sorpresivo que muchos sigan creyendo que las cosas son como antes. Y si una parte la explica la memoria excesiva, la otra se debe al olvido fácil. Muchos ya no recuerdan todos los pasos que se han dado desde aquellos viejos y pésimos tiempos en que los propios dirigentes del país ignoraban cuántos de los votos que recibía el candidato en turno de su propio partido eran de verdad.

Eran aquellos los tiempos de los acarreos en serie de votantes; de los carruseles en masa; de las operaciones tamal; de las urnas embarazadas; de los conteos lentos y de los resultados predeterminados. Esas eran las reglas: así eran las elecciones en México y si un candidato opositor quería ganar necesitaba no solamente convencer a una mayoría de los votantes, sino además ganar por un margen tal que pudiera sobreponerse a todos esos abusos.

Poco a poco, con cuentagotas tal vez, eso ha ido cambiando. El registro nacional de electores primero y el IFE después lograron que la credencial para votar fuera una herramienta de uso generalizado en una nación sin cédula de identidad. Más importante, lograron con eso (y con la tinta indeleble y los listados nominales) disminuir la posibilidad de que un solo ciudadano votara varias veces.

La ciudadanización de los órganos electorales fue también un paso relevante, pues le quitó herramientas de control al gobierno para manejar las elecciones. Hoy los partidos se han adueñado en buena parte del IFE, pero aun esa deficiencia es preferible a cuando el Secretario de Gobernación todo lo determinaba, por instrucciones del Presidente, obviamente.

El mismo IFE, hoy tan criticado y cuestionado sólo aplica las reglas que el Congreso, ese en el que nadie tiene mayoría. Y no podemos olvidar que la sustancia y la apariencia son cosas distintas: de seis años para acá el IFE ha hecho una pésima labor de comunicación, que ha contribuido a su descrédito. Los integrantes son otros y los niveles incomparables, pero este es esencialmente el mismo instituto por el que nos felicitábamos hace doce años.

Las leyes y las reglas son confusas y mejorables. La integración de IFE quizá también. Su comunicación con la ciudadanía indudablemente debe cambiar. Pero los verdaderos motivos del escepticismo y la incredulidad social tienen mucho más que ver con el papel que juegan los actores políticos. Partidos, candidatos, voceros, que durante los últimos años han mantenido el discurso de antaño, el de denunciar trampas y fraudes cada vez que pierden, a veces incluso antes de que se lleven a cabo las elecciones, y que optan por descalificar al adversario, al proceso y al árbitro.

No me refiero, aunque asi pudiera parecerle a algunos, a un partido o candidato. Todos son, en mayor o menor medida, corresponsables del aparente tiradero de la democracia mexicana, que en realidad no es tal.

Estamos a años luz del México de los años 80 o 90, de las elecciones a la antigüita, y eso hay que reconocerlo, cuidarlo. No hay pretexto para no ir a votar, ni para cuestionar los resultados a priori. Flaco favor le hace a la democracia quien actúa de manera contraria.

México: La tentación del pasado

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

CIUDAD DE MÉXICO - Ahora que virtualmente todas las encuestas dan como ganador de las elecciones mexicanas del 1 de Julio al telegénico candidato Enrique Peña Nieto, la gran pregunta es si su victoria significaría un retorno a las prácticas corruptas y autoritarias que caracterizaron a su Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el pasado. La respuesta es que habrá una gran tentación de seguir ese camino.

La candidatura de Peña Nieto por el PRI -el partido que gobernó este país durante siete décadas hasta que fue derrotado en las elecciones del 2000- encabeza las encuestas con una ventaja considerable, de alrededor de 15 puntos porcentuales.

Según la última encuesta Mitofsky, Peña Nieto tiene el respaldo del 44.4 por ciento de los votantes, seguido por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, con el 28.7 por ciento, y la candidata de centro derecha Josefina Vázquez Mota, con el 24.6 por ciento.

Es cierto que podría haber una sorpresa de último momento. En las últimas semanas ha surgido un creciente movimiento estudiantil anti-Peña Nieto conocido como "Yo soy 132". Pero aunque hay 14 millones de mexicanos de menos de 23 años que votarán por primera vez, y muchos de ellos apoyan a López Obrador, también es cierto que alrededor del 75 por ciento de los jóvenes mexicanos no votan.

Además, está el "factor miedo". López Obrador asustó a muchos en 2006, cuando perdió las elecciones de ese año por menos del uno por ciento, se negó a aceptar su derrota y encabezó enormes manifestaciones para protestar por el resultado. Sus críticos, incluyendo al ex Presidente Vicente Fox, lo pintan como un populista radical al estilo del venezolano Hugo Chávez.

López Obrador siempre ha tomado distancia de Chávez, y -aunque su campana se basa en la misma promesa vaga de acabar con la corrupción que le permitió a Chávez ganar su primera elección- ha asegurado repetidamente a los mexicanos que no liderará una revolución que pueda polarizar a la sociedad.

Pero a diferencia del Presidente de Perú, Ollanta Humala, un ex candidato izquierdista que ganó las elecciones de 2011 gracias al crucial apoyo del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, López Obrador no tiene una figura similar que lo ayude a calmar los miedos de muchos votantes.

López Obrador necesita un Vargas Llosa, pero salvo una gran sorpresa -como por ejemplo si el mega-millonario Carlos Slim le diera su apoyo-, no lo conseguirá a tiempo para ganar. Los mexicanos tienen un temor innato de la inestabilidad y la violencia política, algo que se remonta a la Revolución Mexicana de 1910-1917, que dejó más de un millón de muertos.

Peña Nieto, un ex Gobernador del Estado de México que es más conocido por su cara de galán de telenovelas y su publicitada boda con una actriz que por ser un gran pensador, promete un "cambio responsable". Sus principales asesores económicos son casi todos economistas ortodoxos.

Sus colaboradores cercanos rechazan la idea de que su Gobierno podría ser autoritario, argumentando que gran parte de los poderes presidenciales han pasado a los gobernadores en los últimos años, hay una Corte Suprema independiente, y que Peña Nieto es por naturaleza un político conciliador.

Según el candidato del PRI, sus prioridades serían aprobar las muy demoradas reformas en las áreas de salud, trabajo, impuestos y energía, así como la reducción de la violencia que ha dejado alrededor de 50 mil muertos en los últimos cinco años.

Los críticos del PRI afirman que el partido no podrá despojarse de su tendencia a la corrupción. Durante casi un siglo, el PRI ha sido privilegiado los grandes negocios con sus amigos -que dieron lugar a muchas de las grandes fortunas mexicanas de hoy-, la compra de votos, el fraude electoral y el soborno y la intimidación para controlar los medios. Aunque el equipo de Peña Nieto incluye algunas caras nuevas, la mayoría pertenecen al viejo PRI, dicen sus críticos.

"Se van a endeudar, y van a usar el presupuesto público para perpetuarse en el poder", me dijo Julio Castellanos, un congresista del Partido de Acción Nacional (PAN) del presidente Felipe Calderón. "Lo que buscan no es regresar al poder por un sexenio, sino por el resto del siglo 21, creando una dependencia ciudadana de los subsidios del gobierno".

Mi opinión: Aunque la elección será mucho más reñida de lo que sugieren las encuestas, es probable que Peña Nieto gane. Tiene el partido mejor organizado, ha gastado mucho más dinero que sus rivales en propaganda televisiva, y muchos mexicanos parecen dispuestos a aceptar niveles tolerables de corrupción a cambio de menos violencia y la promesa de mayor prosperidad.

Una victoria de Peña Nieto probablemente no convertiría a México en la "dictadura prefecta" que fue en los gobiernos del PRI durante gran parte del siglo pasado -muchas cosas han cambiado- pero probablemente convertiría al país en una democracia más imperfecta de la que ha sido durante la última década.

El fraude es imposible; la compra-venta, no

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El senador Pablo Gómez jamás ha votado ni puesto pie en una casilla. Sólo así se explica el método fantaseado por él, en MILENIO del viernes 22, para cometer el anunciado fraude electoral: “La operación tamal la hemos visto en muchos lugares del país. Desde temprano se concentran votantes en alguna casa, se les da el desayuno —de ahí el término de tamal— y se les va enviando a las casillas durante toda la mañana. El primer votante regresa a la casa de concentración con la boleta en blanco y allí se cruza a favor del PRI [o del PRD, ¿no?], el segundo elector introduce en la urna la boleta antes marcada y entrega a su regreso la suya propia en blanco, el último votante acasillado deposita dos boletas”.

Y ese primer votante ¿cómo hace para salir ante funcionarios de casilla, escrutadores, representantes de partidos, observadores nacionales e internacionales, los del Soy132, sin depositar voto alguno en la urna vigilada por 30 pares de ojos? No puedes llevarte esa primera boleta ni depositar dos, a menos que vayan dobladas juntas y entonces, al abrir la urna y encontrarlas así se evidencia el fraude. De ahí el nombre tamal, no del desayuno. Era un tamal porque tenía muchas hojas dobladas juntas. Es físicamente imposible que boletas metidas una a una se ensamblen solas en un tamal dentro de la urna. El solitario PAN pedía anulación. Le respondían echándolo a la calle.

Eran los tiempos de elecciones organizadas por el PRI desde la Secretaría de Gobernación, en 1988 por Bartlett, hoy candidato a senador por la “izquierda” de AMLO. Todos los funcionarios de casilla eran nombrados por el PRI.

Eso se acabó. ¿Es tan difícil de entender? No lo permitirán los funcionarios de casilla, todos ellos vecinos elegidos al azar. Ni los observadores que, afirma AMLO, cubrirán todas las casillas. O se venderán todos, como acusó en 2006 a su propia gente. Y no debe haber ni uno sólo, en sus declarados dos millones, que se niegue y denuncie.

Lo que sí ocurre es la compra de votos. Lo hacen todos los partidos, pregunten a los Bejarano-Padierna y sus métodos en el DF. La enorme diferencia es que en este delito electoral hay un ciudadano que participa. No es menor el asunto de los celulares con cámara fotográfica: si me llega la foto con mi partido cruzado (no sólo el PRI puede pedirlo), te entrego los prometidos pesos. Para que haya un corruptor debe haber un corrompible.

La solución es sencilla si el votante es forzado por algún partido, digamos que arriesga su trabajo: toma la foto con el partido corruptor cruzado, la envía, luego tacha todos los demás: la boleta se anula. A futuro, la ley debe adecuarse a los nuevos tiempos y si ya prohíbe entrar a la casilla con armas, para otra elección se puede prohibir los instrumentos que permitan fotografiar la boleta. Por ahora no pueden funcionarios de casilla evitar lo que la ley no prohíbe.

Habrá ése y otros vericuetos de la tecnología, hoy no previstos en la ley. Pero siempre que alguien corrompe hay un corrompible. No imagino a un ciudadano japonés aceptando yenes por su voto.

No es el único peligro la compra de votos. También los candidatos pueden lanzar “fango sobre la democracia”, según el buen título de Roger Bartra, ex miembro del Partido Comunista. Jorge Fernández Menéndez en Excélsior: “López Obrador perdió por medio punto, mientras que Angela Merkel ganó su primera elección como primera ministra de Alemania por unos dos mil votos y nadie protestó; Al Gore ganó la elección de 99 en EU, pero terminó perdiendo la presidencia en un proceso mil veces más confuso y cuestionado que el mexicano y no se está cortando las venas desde entonces o denunciando el supuesto fraude. En las democracias se gana o se pierde.”

Terminado el reparto de materiales para la elección, “el IFE se disuelve: ha puesto en manos de ciudadanos toda la parafernalia necesaria para que se lleven a cabo las elecciones”, señala en Reforma José Woldenberg. Ante la natural suspicacia de los mexicanos, causada por 70 años de fraudes, “la respuesta fue diseñar un método que deja en manos de cientos de miles de ciudadanos la recepción y cómputo de los votos de sus vecinos, vigilados por los representantes de los partidos. Se trataba y se trata de una sola cosa: transparentar el cómputo de los votos para construir confianza”, concluye quien estuvo al frente de ese diseño.

Todo voto por Quadri es un remache al partido del Elba Esther. No se lo des. Tampoco a otros partidos-negocio: Verde, PT, MC.