junio 26, 2012

Paco Calderón





Voy a votar por...

Genaro Lozano (@genarolozano)
www.reforma.com/blogs/genarolozano
Reforma

En los últimos meses escribí una serie de artículos titulados ¿Y si voto por...? en los que planteé las razones por las que votaría o no por Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador o Gabriel Quadri. Ha llegado el momento de decidir mi voto.

Confieso que me mantuve indeciso a lo largo de toda la contienda electoral y no decidí mi voto presidencial sino hasta apenas este fin de semana, luego de volver a leer las propuestas de l@s candidat@s presidenciales y de repasar mis apuntes de sus libros, que reseñé también para estas páginas.

Primero argumentaré brevemente mis votos para Jefe de Gobierno, diputados y senadores federales, así como jefe delegacional y asambleístas de la ALDF y cierro con mi voto para la presidencia.

Jefatura de Gobierno: Esta es tal vez la decisión de voto que menos trabajo me costó tomar. Votaré por Miguel Mancera porque representa la continuidad del proyecto de Marcelo Ebrad. Mancera ha sido un candidato que escucha y que se compromete. Estuve con él en un evento sobre la diversidad sexual y me sorprendió su capacidad para escuchar y su disposición al diálogo. Sólo espero que no se rodeé del equipo de comunicación de Ebrard, que vea los errores en ese rubro que le costaron la candidatura presidencial a éste. Me preocupa que Mancera será un jefe de gobierno sin contrapesos, tema del que pocos hablan en esta Ciudad, pero creo que muchos en la sociedad civil y en los medios cumplirán la función que la Asamblea Legislativa no hará, dado que seguramente Mancera será un ejecutivo con un legislativo muy afín.

Senadores: Votaré por Alejandra Barrales y espero que mi voto sea también para Mario Delgado. Conozco el trabajo de ambos. Ella fue una buena asambleísta y él un buen Secretario de Educación local. Barrales además se comprometió en el ITAM a retomar la agenda de la Coalición Ciudadana por la Educación una vez en el Senado.

Diputados federales y locales: Mi voto será también para los candidatos del PRD. Solo si se me aparece algún apellido relacionado con Bejarano o Padierna dudaré mucho. Agustín Barrios y Angélica Bravo son los candidatos que me tocan. El primero representa una candidatura ciudadana y la segunda sí está relacionada con esos apellidos, así que revisaré aún más sus propuestas antes de decidir si voto por ella o si anulo.

Jefatura delegacional: Mi voto es para Víctor Romo porque es el candidato que tiene la propuesta más detallada y clara para la Miguel Hidalgo, porque tiene con él a gente como David Razú y porque también considero que hizo un buen trabajo como asambleísta.

Finalmente, espero que el Partido Verde, el Partido Nueva Alianza y los partidos satelitales de izquierda Movimiento Ciudadano y el PT pierdan el registro. México merece una sacudida en su sistema de partidos y estos partidos pequeños no me parecen los adecuados. Ojalá surja pronto un verdadero proyecto de partido socialdemócrata. Creo que justamente en ello está pensando Ebrard.

En resumen, hasta aquí tacharé todas las opciones de color amarillo, por una izquierda progresista y moderna y porque creo que el trabajo que han hecho en Ciudad de México y a favor de la diversidad sexual son ejemplares.

Presidencia: Votaré por Josefina Vázquez Mota porque después de repasar una y otra vez todas las propuestas, las suyas en materia de economía, política exterior y energía me parecen las más responsables de todas. Además Josefina es la única que habla a favor de los temas de reforma política y gobiernos de coalición. Josefina es quien a mi parecer entendió mejor al movimiento #Yosoy132. Incluso creo que Josefina ganó el #Debate132. Mi voto por ella fue el que más tiempo pensé y reflexioné.

Conocí a Josefina en el 2007, en un camerino de TV Azteca, mientras me estaban preparando para entrar a un noticiero para analizar la relación entre la SEP y el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación. Josefina iba a entrar a la mesa justo después de que yo hablara. Recuerdo que me saludó muy amable y que yo me puse nervioso porque minutos después la estaría criticando al aire. Entré a la mesa y ella se quedó en el foro, escuchando. Al terminar sólo recuerdo que me levanté de la mesa y que mientras le ponían un micrófono me dijo "muy bien, Genaro", con una sonrisa. Me quedé perplejo pues acababa de criticar al gobierno de Calderón por su tibieza ante el poder de Gordillo.

Unos años más tarde, en 2011, volví a verla en un desayuno con académicos, periodistas y activistas por la diversidad sexual. Confieso que creo que el PAN merece perder los votos de los grupos de la diversidad sexual, pero no emitiré mi voto presidencial pensando sólo en un tema. Creo que Josefina sí es diferente en este tema. Creo que si no fue más contundente con respecto a lo que ella personalmente cree al respecto, fue porque su partido es mucho más conservador que ella. Confío en su palabra y si gana se la recordaré cuanta vez pueda.

Respeto a López Obrador, pero él no tiene pretexto alguno para abanderar las causas de la diversidad sexual. Su partido es el que más ha apoyado estos temas, pero él sigue ofreciendo la peor herramienta para el avance de los mismos: las consultas públicas. Si Marcelo hubiera sido el candidato, creo que hasta campaña habría hecho por él, pero no fue el caso. Ya voté por AMLO una vez, en el 2006, pero este 2012 mi voto no es por el PAN, es por Josefina.

Por qué votar por Josefina

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Progresivamente se han ido expresando los indecisos, alrededor de 20% del potencial electorado. Importa escucharlos, habida cuenta que representan entre 10 y 12 millones de votos que hoy se encuentran en duda, deseosos de más elementos para tomar su decisión con fundamentos creíbles, alejados de simples actos de fe o por salir de su incertidumbre sin convicción. Tantos indecisos (lo normal sería del orden de 5%) reflejan la dificultad que muchos ciudadanos han tenido para definir los candidatos de su preferencia.

La prioridad de los mexicanos es asegurar la estabilidad económica. En un mundo turbulento y con países como Grecia, España, Irlanda, Argentina y Brasil bordeando recesión y crisis, la disciplina financiera ha hecho de México un islote de estabilidad. Todo depende de la seriedad con que se tome el equilibrio de las finanzas. El PAN ha demostrado que lo toma muy en serio. El PRI no pudo, al estar atado históricamente a la corrupción, respetar compromisos, nacionales e internacionales de prudencia en el manejo financiero y de ahí sus constantes crisis al final de cada sexenio. El PRD es un partido anclado en la idea de gastar, no de producir. No tiene, ni ha tenido, una propuesta productiva. Su plan alternativo es una simple idea de gastar dinero de “otra manera”. Ante estas distintas historias, sabemos que la condición económica es, en última instancia, todo.

Sin estabilidad económica no se puede pretender aumentar la productividad que el país está demandando: mayor crecimiento. Para atender esta urgente necesidad, este año el PIB crecerá 4%, en contraste con Estados Unidos que va a crecer apenas uno por ciento. No se están requiriendo los recortes de personal, como en Grecia y España, ni existe la amenaza de reducir programas sociales, como en gran parte de la eurozona. México tiene un déficit público de 2.5%, por 8% de EU. En México las exportaciones representaban 17% del PIB en 1980, hoy son 61 por ciento. Y 80% de nuestras exportaciones son bienes manufacturados, no materias primas. La deuda de México se mantiene estable en 27% del PIB, mientras que en EU llega a 98 por ciento. El promedio de la inflación anual que padecimos durante los gobiernos del PRI era de 43%; hoy, durante los del PAN, es de 4.4 por ciento.

Estos datos nos dicen que, de continuar con una administración correcta y honesta de las finanzas públicas, el país puede aspirar a crecer económicamente y, de ahí, atender un reparto más justo del ingreso nacional, por la vía preferente de empleos con salarios satisfactorios. La única candidatura que puede garantizar ese logro es la de Josefina Vázquez Mota. El modelo contrastante con el mexicano en América Latina se da en Venezuela, Brasil y Argentina. Básicamente operan bajo la premisa del gasto estatal para incentivar la economía y no generan suficiente confianza en el sector privado de inversionistas. Brasil ha querido cancelar un acuerdo automotriz con México por su falta de capacidad de manutención de la productividad del sector, y prefiere depender más y más de la exportación de materias primas.

En resumidas cuentas, el PRI no es confiable por su liga estructural con la corrupción y la izquierda es incompetente porque quiere gastar, y no sabe, ni le interesa, promover la producción. Ambos llevarían al país cerca del despeñadero económico, al repetir esquemas gastados y fracasados antes. Solamente el PAN y Josefina podrán ser confiables para cuidar la estructura económica de la nación y asegurar su estabilidad y crecimiento.

Hoy por hoy, apoyarla con el voto no sólo tiene mucho que ver con que es mujer y que la mirada de mujer goza de una solidez que no tienen los otros candidatos, sino también porque es lo que el país requiere para superar y trascender esta difícil coyuntura histórica.

¿Cómo se compran los votos?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

¿Qué votos se pueden comprar? O, mejor dicho, ¿qué personas son las que venden su voluntad a un partido político? Y, sobre todo ¿a cambio de qué? ¿De unos regalitos en un mitin? ¿Se dan por bien servidos con una despensa o se contentan de obtener camisetas y gorras? ¿Reciben pagos en dinero contante y sonante? Y, si es el caso ¿cómo comprueban que votaron realmente por el candidato indicado si el trámite, aparte de “libre”, es “secreto”? ¿Alquilan su credencial de elector? Siendo así, los funcionarios de casilla y los representantes de los partidos ¿no se dan cuenta de que el individuo que acude a votar no es el que aparece en la fotografía del documento? Esta estrategia de prestar la cédula del IFE, ¿no resulta tremendamente complicada de implementar? Digo, por cada persona que cede su documento hay que contar con otra dispuesta a acudir con él a una casilla diferente a la suya o, por lo menos, en otro momento del día si es que le toca la misma. ¿Puede un mismo sujeto presentarse en diez casillas diferentes provisto de diez credenciales ajenas? Y, ¿cómo se realiza la previa selección de los distintos ciudadanos dispuestos a traspasar su documento para que no pertenezcan todos a la misma casilla y que no sea un mismo recadero el que se aparezca una y otra vez en el mismo lugar? La gente que vende su voto —que uno imagina bastante necesitada y de muy escasos recursos— ¿tiene un teléfono celular con cámara fotográfica para cumplir con la exigencia de comprobar el acatamiento de la encomienda o acaso le prestan un teléfono “inteligente”? Los recursos para comprar los votos ¿de dónde provienen y quién los administra? El que reparte dichos recursos ¿de qué manera justifica su aplicación ante sus superiores? ¿Qué personas están encargadas, en los diferentes partidos políticos, de realizar estas tareas? ¿Quiénes son los que diseñan la estrategia de compra de votos y, a su vez, a quiénes rinden cuentas? Los diferentes candidatos ¿están enterados de estas prácticas?

Son preguntas que me hago por las noches, antes de dormirme.