junio 28, 2012

Obradorlandia

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Terminaron las campañas. Las expresiones de alivio se multiplicaron. Dos palabras que se escucharon repetidamente ayer hacen evidente el hartazgo ciudadano: ¡Qué bueno!

Fueron 90 días de intenso bombardeo en los medios de comunicación. No habrá más spots de candidatos. No más discursos para enlodar al otro o prometer el paraíso. No más sondeos de opinión.

Entramos en un periodo de reflexión del voto de 72 horas. El domingo por la noche sabremos el nombre del próximo presidente. Leonardo Valdés, consejero presidente del IFE, promete resultados a las 23:45 horas, sin importar el margen.

Todas las encuestas —hasta Covarrubias y Asociados— colocan al candidato de la coalición PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, como puntero en las preferencias electorales.

Pero El Peje las descalifica y repite que tiene una que lo pone tres puntos arriba. Hasta anticipa que su ventaja “se va a ampliar” el primero de julio. ¿Qué encuesta? ¿Quién la hizo? ¿A cuánta gente? ¿Qué metodología se utilizó? Misterio.

Ojalá la tregua dure. El fantasma del conflicto poselectoral nos amenaza. Los cuatro candidatos firmarán un pacto de civilidad este jueves, en el IFE. Pero un papel no garantiza que se reconozcan los resultados oficiales y menos cuando repetidamente se anticipa un fraude. Puro rollo mediático. La ley los obliga a comportarse civilizadamente.

Andrés Manuel López Obrador cerró campaña en el Zócalo. Fue su mejor acto. Movilizó más que ningún otro candidato en la Ciudad de México.

Eran ríos de gente. Una multitud incalculable. Muchos ni siquiera pudieron llegar a la Plaza de la Constitución. No había cupo. Se quedaron en las calles aledañas.

El grito más escuchado en la marcha y en el mitin: “¡Pre-si-dente..!, ¡pre-si-dente..!” El clásico: “Es un honor estar con Obrador…” El grosero: “¡Detrás del copetón, está el puto pelón..!”

Larguísimo discurso. Casi una hora. Reapareció Obradorlandia, un lugar sin pobres, sin grupos marginados, con mejores salarios, sin inflación, con gasolina barata y con un crecimiento anual de seis por ciento. Pero también sin monopolios, sin rechazados en las universidades, sin violencia, sin funcionarios corruptos.

Magia. No subirá impuestos ni se endeudará para hacer realidad las promesas de campaña. No habrá guerra al narco. “El mal —aseguro— no se combate con el mal”, y sí tranquilidad ciudadana.

En el país del Peje basta una administración honesta, acompañada de la baja de salarios de la alta burocracia y la erradicación de los privilegios fiscales para alcanzar las metas trazadas.

Las cuentas alegres, pues.

Está claro que el tabasqueño no tiene la menor intención de irse a La Chingada (hablamos de su finca, por supuesto) si los resultados oficiales no le favorecen.

Destacó la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas. Andrés Manuel lo agradeció en su discurso, a pesar de que poco se vio al ingeniero en la campaña del Peje. La relación no ha sido buena. Ni con él ni con Lázaro, el ex gobernador de Michoacán.

El distanciamiento quedó evidenciado cuando el fundador del PRD asistió a la apertura de la campaña de Miguel Mancera. La nota entonces fue que ni siquiera mencionó al tabasqueño.

Aquel día invitó a los ciudadanos a celebrar el triunfo la noche del domingo primero de julio, pero del candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México quien, según las encuestas, tendrá un día de campo en esa fecha.

Su ventaja es mayor que la de Peña Nieto. ¿Será que no creía en la victoria de AMLO?

El último mitin de Peña fue en la Macroplaza de Monterrey. Ocasión para expresar lo que, a todas luces, le preocupa: que no se reconozcan los resultados oficiales. Pidió a partidos y candidatos una actitud seria, madura y responsable. Josefina lo hizo en Guadalajara. Prometió ser la “sorpresa”. Las encuestas la colocan en tercer lugar, pero ella se siente “más fuerte que nunca” y en espera de la única encuesta que cuenta.

En la SEP celebran la evaluación de la carrera magisterial como si hubiesen ganado la Copa del Mundo. Presume el secretario José Ángel Córdova que nunca antes se había tenido una participación de 73% global. El proceso se completará el próximo 6 de julio, cuando los maestros de primaria que no están inscritos en carrera magisterial se presenten a la evaluación. Los resultados se darán a conocer en septiembre próximo.

Creo en México

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

No votaré por el pasado, votaré por el futuro; no votaré por la mediocridad, votaré por la eficiencia; no votaré por el rencor, votaré por la armonía.

NUEVA YORK.— Creo en México, no en el México de la violencia, de la corrupción y la impunidad, creo en el México que ha luchado por siglos para ser un país digno y amable para vivir. Al igual que usted, estimado lector, creo en México, no en sus malos políticos, en sus malos dirigentes o sus malos funcionarios, sino en los millones de mexicanos que trabajan cada día para forjarse una vida mejor, en los millones de hombres que se levantan temprano para llevar el sustento a su casa, en los millones de mujeres que trabajan doble, porque son amas de casa, jefas de familia y además trabajan para vivir. Creo en los millones de campesinos y agricultores que sufren estoicamente las sequías y las inundaciones. Creo en los profesores que enseñan, en los médicos que curan, en las enfermeras que se desvelan por sus pacientes, en el comerciante que abre puntualmente su tienda, en el obrero que hace bien su trabajo, en el albañil que construye rascacielos o pavimenta carreteras, en todos los compatriotas que buscan cada día una vida mejor.

Creo en México, ese México que se sacudió de la dependencia de la Colonia y ha buscado durante 200 años ser lo que merece ser. Creo en ese México que ha superado día con día las agresiones del exterior y los saqueos del interior. Creo en ese México que tiene vocación de democracia y anhela dejar atrás las luchas fratricidas de la Independencia y la Revolución, y las siniestras y mortales luchas por el poder en el el siglo XX.

Creo en ese México que puede llegar a ser lo que siempre hemos soñado, ya que tiene todo para ser un país con democracia plena, en el que todos tengamos voz, donde sepamos hablar, pero sobre todo escuchar, en el que haya adversarios, pero no enemigos irreconciliables.

Los mexicanos hemos transitado un largo camino para tener, como tendremos en unos días, unas elecciones competidas, sí, pero pacíficas, respetuosas y respetables.

Creo en México y por eso voy a votar. No votaré por el pasado, votaré por el futuro. No votaré por la mediocridad, votaré por la eficiencia. No votaré por el rencor, votaré por la armonía.

En estas semanas en que la lucha electoral fue más recia y más tensa, pienso en el México que quiero dejar a mis hijos y a mis nietos, y por eso voy a votar.

Como es de esperarse, en estos últimos días se mezclan verdades con mentiras y los rumores quieren oscurecer el panorama político y ocultar la verdad, por eso quiero que mi voto cuente y sea la cienmillonésima parte de la mejor decisión por el futuro del país.

Creo en México, soy optimista. Algunos amigos me dicen una y otra vez que soy “patológicamente optimista”. Yo no lo creo, porque si miro hacia atrás, me entusiasma porque hemos avanzado y, si miro hacia adelante, me entusiasma porque tenemos aún mucho por avanzar.

Creo en México, regresaré a tiempo para votar, como creo que usted lo hará, estimado lector, porque estoy seguro de que usted, como millones de compatriotas, quiere que todos vivamos en concordia.

Concordia…, hermosa palabra. ¿Se imagina usted a cien millones de corazones latiendo juntos por el bien del país?

Cavilaciones paranoicas sobre el día D

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En la izquierda existe la certeza, más o menos generalizada, de que el 1 de julio habrá un fraude inducido por la compra o la coacción del voto. También, de que la elección ha sido decidida de antemano por el contubernio de Televisa con Peña Nieto, y se trata de una imposición.

Fuera de la izquierda hay también una certeza más o menos generalizada: que López Obrador no aceptará el veredicto en las urnas y repetirá la protesta del 2006, solo que adelantada: una protesta que empezará el mismo día de la elección.

Oigo y leo sin parar augurios en este sentido, e incluso descripciones puntuales de lo que puede suceder. Lo que sigue es un recuento de esas cavilaciones, paranoicas si se quiere, pero muy vivas en la imaginación de muchos, camino al Día D.

Resumo en seis puntos lo escuchado sobre lo que hará la izquierda ese día.

1. Plantear al IFE demandas imposibles de cumplir para poder alegar desde el principio falta de transparencia. Por ejemplo: que los miembros de YoSoy132 sean aceptados como observadores electorales aunque lo solicitaron extemporáneamente, que les permitan estar presentes en el cómputo electoral y tener acceso a las bases de datos de ese conteo, que haya miembros de ese movimiento en cada consejo distrital como observadores del PREP y en las deliberaciones de la publicación del conteo rápido del IFE. Todas estas cosas son imposibles física o legalmente.

2. Retrasar el proceso electoral en las casillas favorables a otros contendientes, mediante diversas astucias: retrasar su instalación, multiplicar las impugnaciones escritas, retrasar el conteo de los votos exigiendo repetidos recuentos. Todo esto con el doble objetivo de impedir que se cumplan los horarios previstos (al punto de que no se den ese día los resultados del conteo rápido) y hacer que López Obrador arranque adelante en el PREP, porque han llegado más votos suyos que los de otros.

3. Que los representantes de la izquierda en las casillas no firmen suficientes actas (25%) como para poder pedir la anulación de la elección por irregularidades sistemáticas.

4. Interceptar el traslado de los votos y las actas correspondientes a los consejos distritales del IFE para interrumpir el flujo de la información y/o alegar robo de urnas.

5. Tomar las instalaciones de las Juntas Ejecutivas del IFE en los estados y las instalaciones del IFE en la Ciudad de México.

6. Desconocer el proceso electoral antes de los conteos rápidos o el anuncio oficial de los resultados por el IFE.

¿Paranoias? ¿Anticipaciones?