junio 29, 2012

Mariguana, banana y mucha hipocresía

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

En los últimos ocho días, tres noticias del Cono Sur han logrado meter ruido en el atronador concierto electoral que ensordece a México.

La primera saltó el jueves de la semana pasada. El gobierno de José Mujica anunciaba que estaba redactando una ley con carácter de urgencia para que el Estado tenga el control de la producción y distribución de la mariguana.

La segunda ocurrió el día después en Asunción, donde los dos grandes partidos paraguayos —el Colorado y el Liberal— conspiraron para echar del poder al presidente Fernando Lugo, y lo lograron mediante una votación sumarísima en el Senado, en la que el jefe de Estado no tuvo posibilidad de defensa.

La tercera llegó el lunes desde Argentina. El gobierno de Cristina Fernández anunciaba unilateralmente que había decidido incumplir el acuerdo automotriz que había suscrito en su día con México. La excusa no pudo ser más convenenciera: como el pacto resultó ser deficitario para Argentina, ya no interesaba importar automóviles mexicanos.

En el caso de la intención de Mujica de despenalizar la mariguana, el anuncio generó una cascada de reacciones, desde estupor hasta admiración por su valentía y audacia. El viejo ex guerrillero justificó su sorprendente decisión señalando lo que ningún gobernante se ha atrevido a decir: “Alguien tiene que ser el primero”. Al menos no ha querido ser tan hipócrita como otros colegas de la región, como el brasileño Cardoso, el colombiano Gaviria o el mexicano Zedillo, que sólo se atrevieron a reconocer que la lucha contra las drogas es un completo fracaso cuando dejaron el cargo.

Mujica explicó su decisión de una manera sorprendentemente sencilla y a la vez absolutamente lógica. En el tiempo que lleva gobernando, dijo que había comprobado que el aumento creciente de uruguayos adictos a la cocaína era debido a que los que suministraban la mariguana en la calle vendían también cocaína, por lo que, tarde o temprano, el fumador de hierba se animaría a probar el polvo blanco. ¿Cómo resolver este problema? Fácil; arrebatando a los narcos el control de la producción y la distribución de la mariguana, para que sea el propio Estado el que lo haga. De esta manera se conseguiría, primero, apartar al consumidor de mariguana de la peligrosa cocaína, y segundo, asestar un duro golpe a los criminales, que perderían así un nicho de mercado importantísimo.

Mujica está tan convencido de que la “errónea guerra que declaró Nixon hace 40 años ha sido ganada por los narcos” que quiere actuar cuanto antes. En tres meses pretende que Uruguay sea el primer país con campos de cultivo legales de mariguana.

La reacción internacional no se hizo esperar. La Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito advirtió a Uruguay que si legaliza la mariguana “sería una violación a la Convención contra el Narcotráfico, de la que Uruguay es signatario”. Si así responde la siempre cautelosa ONU, imagínense la reacción de Estados Unidos.

Mientras esperamos que la DEA vierta furibundas amenazas contra Uruguay, sobre la crisis paraguaya la reacción de Hugo Chávez a la destitución de su aliado Lugo ha sido tan rápida e injusta como lo fue la destitución del ex obispo: el presidente venezolano ordenó castigar a Paraguay cortando en seco el suministro de petróleo. Tantos años repudiando al “imperialismo yanqui”, porque impone un cruel embargo a la población cubana, y ahora resulta que él hace lo mismo, a sabiendas de que golpeará duramente a la empobrecida población paraguaya. En fin, que el intenso olor a hierba que llega de Uruguay (de mate, de la otra todavía está por ver) se mezcla estos días con el tufo a banana podrida, propio de esas repúblicas donde parece imposible que avance una democracia sin sobresaltos.

Y finalmente llegó Cristina Fernández con la última de sus ocurrencias. La presidenta argentina está convencida que la mejor manera de tapar los fracasos del modelo de economía kirchnerista es violando acuerdos internacionales o expropiando directamente a multinacionales. Ya se han visto perjudicados por esta política EU y España, y ahora le ha tocado el turno a México. A estas alturas es inútil subrayar que la presidenta argentina gobierna a base de sobredosis de soberbia, populismo y demagogia; por eso mejor “disfrutemos” de extractos del discurso que dio en el Senado de México en mayo del año pasado y saquen sus propias conclusiones: “Querido Felipe [se entiende que Calderón], nunca hubo [como ahora] un grado de relación tan profundo y tan cordial entre México y Argentina (…) Cómo ha crecido nuestro comercio, pero sin embargo debe crecer aún más porque las posibilidades de articulación entre Argentina y México no tienen techo, fundamentalmente porque integramos esta región de Latinoamérica llamada a tener un papel preponderante en el siglo XXI, no solo porque se han modificado los términos de intercambio comercial, que históricamente parecía que, casi como una maldición gitana, nos condenaban a los países emergentes al atraso y al subdesarrollo, sino porque además creo que nuestra región, libre de enfrentamientos ideológicos, ofrece realmente oportunidades de integración”.

Una de tres: o Cristina miente descaradamente, o es una hipócrita o cualquiera sospecharía que se la pasa fumando esa hierba que Mujica quiere legalizar.

Por qué es importante esta elección

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Hace justamente 15 años el Partido Revolucionario Institucional perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Con eso, el régimen que había gobernado México durante casi todo el siglo XX se derrumbó. El presidente dejó de ser la piedra angular del sistema político, las corporaciones se independizaron y transformaron en los “poderes fácticos”, como se les dice ahora, pero el sustrato cultural, el gran éxito del régimen, se mantuvo intacto: el mito de la Revolución Mexicana no había muerto.

En estos 15 años, México ha tenido una gran cantidad de avances: estabilidad económica, que ha significado poder de compra para todos (más de 6 millones de familias han adquirido vivienda, automóvil y electrodomésticos en estos años); libertad de pensamiento, opinión y prensa como no se conocía; poco crecimiento, pero suficiente para mantener a México en los primeros lugares de América Latina y reducir la pobreza, incluso después de las dos grandes crisis externas, la de precios de 2007 y la financiera de 2008.

Pero todos esos avances no compensan la falta de rumbo. En estos 15 años no hubo la decisión necesaria para transformar la narrativa, para enfrentar el mito. Ante la disonancia, los mexicanos se angustian y prefieren regresar a lo conocido. Mientras que de 1997 a 2009 el voto por los partidos políticos de la Revolución se fue reduciendo, en los últimos años su recuperación ha sido muy importante. Es el miedo a la libertad es el conflicto entre la creencia y la evidencia.

Este domingo los mexicanos decidiremos si continuamos por el camino de los gobiernos divididos, con contrapesos reales, o regresamos al carro completo. A diferencia de muchos colegas, estoy convencido de que un partido político con la mayoría en ambas cámaras del Congreso y con amplia experiencia en controlar elecciones, demostrada año tras año en las entidades federativas, es una restauración del viejo régimen. No digo, como la broma que circulaba en las redes sociales, que este domingo hay cambio de horario y hay que ajustar el reloj, retrasándolo 70 años. Pero tampoco veo solidez en las instituciones que hemos construido en estos años para enfrentar al autoritarismo.

Por eso, este domingo, más que nunca, es de la mayor importancia ir a votar. Participar en la decisión que tomaremos los mexicanos acerca de si seguimos por este camino o nos regresamos a lo conocido. Vaya a votar.

La alegría de vivir en democracia

Clara Scherer
claschca@hotmail.com
Licenciada en pedagogía
y especialista en estudios de género
Excélsior

Para las mujeres, sí que es una gran fiesta la que se aproxima. El próximo 1 de julio, en unos cuantos días, muchas candidatas obtendrán el triunfo. ¿Cuántas? Lo sabremos por la noche. Por primera vez en México las mujeres candidatas han sido más de mil: el 40% del total de candidaturas para la Cámara de Diputados y para el Senado. Y todas ellas, lo sabemos, han puesto un gran empeño en conseguir el triunfo. Algunas no lo obtendrán, pero la satisfacción y la experiencia vivida nadie se las quita. Hemos avanzado un gran paso.

Tiempos hubo que ni el derecho a la expresión teníamos, y aún muchos dicen a las mujeres una y otra vez: ¡Cállate! Tiempos hubo en que las niñas no podían ir a la escuela. Todavía hoy, en algunos hogares, se piensa que es mejor que los niños estudien y que ellas se queden cuidando el hogar. La pobreza obliga a optimizar recursos y se cree que la inversión en las mujeres es “como regar el jardín del vecino”, ¡porque se van a casar!

Afortunadamente, la cultura está cambiando, nuestras costumbres, también. Pero el futuro más próximo nos advierte que las mujeres llegarán a cargos de toma de decisiones para seguir en la ruta de mejorar la democracia y, con ella, la calidad de la vida de todos y todas. No es varita mágica. Hace falta esforzarnos y especialmente este domingo la tolerancia debe ser una virtud que nos conmine a esperar y respetar los resultados.

Las mexicanas y los mexicanos lo merecemos. Estamos empeñados en tener una convivencia civilizada donde el respeto a la otra, al otro, debe ser regla de oro para salvaguardar nuestra dignidad y no buscar más motivos de encono entre nosotras/os.

Seguramente este domingo estaremos cumpliendo con una de las metas que México se comprometió ante el mundo: tener más de 30% de mujeres en el Congreso federal. Y muchas de ellas llegarán mejor preparadas y con mucho más apoyo de la sociedad, por lo que debemos exigirles un mucho mejor trabajo. No deben olvidar que aún las brechas de desigualdad de género hacen que la pobreza sea mucho más numerosa y mucho más difícil de abatir para las mujeres.

Las cuotas de género, que a tantas personas no gustan, están demostrando su eficacia. La historia de los países tiene un gran peso en las conciencias ciudadanas. En 50 años, desde aquel 17 de octubre de 1953, las mujeres que llegaron al Congreso lo hicieron venciendo una multitud de obstáculos, pero el más fuerte fue el de la costumbre. Nadie imaginaba en 1940 que una mujer podía estar legislando. Cincuenta años después de aquel octubre del 53, sólo un triste 10% de mujeres había podido derribar la costumbre de elegir a hombres.

A partir de esta elección, cada vez habrá más mujeres buscando estar en ese lugar: el Congreso de la Unión, y estará a la vista de todas y todos que sí, que las mujeres somos iguales y valemos lo mismo que los hombres. Nuestras capacidades, nuestro talento abonará a un mejor desarrollo, porque estará encaminado a hacer valer los derechos a los que todas/os tenemos derecho. Enhorabuena para las que triunfen.


El voto de la estabilidad

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Las campañas electorales han concluido. A los candidatos, a los partidos políticos y a la ciudadanía sólo nos cabe ejercer el voto, desear que sea lo más masivo posible y esperar los resultados. No creo ni en el voto razonado ni en el voto útil ni en el voto en blanco: creo en la decisión de votar, en tener la convicción de que debemos optar, cada uno en lo individual, por quien consideremos, en cada una de las instancias que estarán a decisión este domingo, el mejor. Obviamente mi voto será un voto cruzado: estoy convencido de que hay políticos y aspirantes mejores que otros, que el sistema de partidos no reemplaza, aún, esa capacidad que podemos tener para elegir a los mejores, independientemente de que sean candidatos del PRI, del PAN, del PRD, de cualquiera de los partidos pequeños. Yo, por lo pronto, votaré por quienes considere los mejores y esos se distribuyen en distintas fuerzas políticas.

Había tres fantasmas en esta campaña: el fantasma de la violencia, como ocurrió en varias oportunidades pero en forma notable en 1994; el fantasma de la crisis económica y el fantasma de la ingobernabilidad. Ninguno de los tres se presentó. Por supuesto que hay violencia en el país y ha habido casos en el ámbito local, donde ha habido desde presiones hasta secuestros y muerte de algunos aspirantes. También es verdad que la violencia se asomó en algunos actos de Peña Nieto y en menor medida de Josefina. También que los señores del SME cerraron, por decirlo de alguna manera, su peculiar campaña electoral montando toda una provocación frente a la Secretaría de Gobernación. Pero la violencia no estuvo en la campaña electoral: ninguno de sus candidatos o sus principales operadores la sufrieron o la ejercieron. La campaña, hasta hoy, ha tenido prácticamente un saldo blanco. Y de eso debemos felicitarnos todos.

Tampoco se presentó el fantasma de la crisis. El mundo, lo sabemos, está viviendo desde septiembre de 2008 una crisis económica y financiera de impredecibles consecuencias. En estos meses, sobre todo Europa, se ha visto azotada por una recesión con enormes costos sociales y políticos. Estados Unidos apenas comienza a recuperarse. Los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) no han podido mantener sus tasas de crecimiento y los alcanzó su propio fantasma: no se puede pensar en el desarrollo sin disminuir la enorme desigualdad en la que viven sus pueblos. México ante todo esto ha tenido un comportamiento económico ejemplar: llevamos 29 meses consecutivos de crecimiento económico; las reservas están en su nivel más alto en la historia; la inflación está controlada, como también el desempleo; las tasas de interés se encuentran en un nivel muy aceptable y, si bien no sobra el crédito, el mismo está accesible para quien lo necesite; el campo y el turismo, a pesar de lo que se dijo en algunos spots electorales, han tenido un superávit histórico. Hacer una campaña en la estabilidad económica es muy diferente a hacerla en medio de una crisis galopante. Que el precio del dólar tenga tendencia a la baja a unas horas de las elecciones y que en la Bolsa no haya habido un movimiento abrupto por causas políticas o electorales es una buena demostración de ello. Hay que votar por la estabilidad.

Eso es lo que ha permitido otro de los logros ignorados de esta campaña: por lo menos tres de los cuatro aspirantes (incluso podríamos decir tres y medio si nos basamos en las propuestas programáticas) están de acuerdo en que se debe implementar una reforma energética, una fiscal, una laboral, que permitan potenciar esa estabilidad con un programa de crecimiento. No descarte usted que, si no hay sorpresas electorales, esas reformas se puedan procesar, incluso, entre septiembre y el primero de diciembre, antes de que asuma el nuevo gobierno.

Tampoco tuvimos, en ningún sentido, ingobernabilidad. Ni la presencia del crimen organizado en varios estados ni las dificultades que plantea el proceso electoral distorsionaron el mismo. La reunión del G20 en Los Cabos, con la asistencia de jefes de Estado de todo el mundo, en la que México resultó ser un buen interlocutor e intermediario de muchas naciones, es otro buen ejemplo.

El presidente Felipe Calderón no estuvo en las campañas. Nadie puede decir, probándolo, que el presidente Calderón tuvo un intervencionismo público a lo largo de estos meses. En ese sentido me parece que la suya fue una actitud profesional y democrática. Y debe ser valorada como tal. Y en buena medida gracias a eso se pudo mantener la gobernabilidad.

Llegamos al 1 de julio sin violencia en las elecciones, sin crisis económica y con estabilidad, sin rasgos de ingobernabilidad. Es la primera vez que ello ocurre (quizás con la excepción, relativa, de 2000) desde que la democracia mexicana puede llamarse así. Deberíamos felicitarnos por ello. Y la mejor forma de hacerlo es ejercer nuestro derecho y nuestra obligación de votar el próximo domingo.

Firman candidatos presidenciales Compromiso de Civilidad



La agresión a Marín

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

No quisiera pasar por alto la agresión de que fue víctima Carlos Marín, director de este diario, de parte de varios seguidores del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Lo identificaron en las calles de la Ciudad de México, por fortuna cerca del periódico MILENIO al que iba a trabajar, y lo fueron insultando varias cuadras, amagándolo físicamente, hasta el punto de escupirle.

Marín ha sido víctima durante mucho tiempo de un infamante acoso verbal en las redes sociales lopezobradoristas. Él mismo se ha encargado de leer muchos de esos ataques, en su programa de MILENIO Televisión, Asalto a la razón, y de responderlos con invencible humor.

Antier, algunos émulos de las pandillas que acosan a Marín en las redes se le aparecieron en la calle, saltaron del espacio virtual al real, y pudimos ver lo que hay tras la violencia virtual de sus palabras: la violencia efectiva de sus actos.

Este es el hecho de antier: los insultos y la intimidación cruzaron de las redes intangibles del tuit, a las calles de la Ciudad de México, pasaron del espacio virtual al espacio público, de la agresión verbal a la agresión física. Marín no es el único periodista al que persiguen por sus opiniones las redes sociales del candidato de la izquierda. Digo “persiguen” porque eso es: el marcaje personal ejercido sobre la tarea de un periodista para infamarlo por sus escritos y sus opiniones. Ejerce la persecución un circuito de tuiteros por lo general anónimos, pero claramente identificados con una causa.

Los dirigentes de la causa que inspira los circuitos de acoso, en primerísimo lugar el propio López Obrador, deberían desautorizar públicamente tales actitudes, deslindarse plenamente de ellas, pues se trata de una violencia en los tuits que, como demuestra el caso de Marín, puede ser la antesala de una violencia en los hechos. La violencia verbal suele anteceder a la violencia física. A menudo la convoca.

Marín no es el único periodista que ha sido amenazado, insultado e infamado en las redes sociales por sus opiniones y su trabajo periodístico. Hay muchos otros, y también una buena lista de intelectuales, escritores y académicos.

Hay que terminar con esta otra forma de acoso sistemático a la libertad de expresión que han adquirido las expresiones de odio en las redes sociales. No hay que dejarlas pasar, porque pasan... a los hechos.