julio 09, 2012

Defensa de la democracia y la libertad





Comentario postelectoral

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

No me consta que durante la campaña electoral se haya dado, ni la compra de votos, ni la coacción sobre votantes, al menos no en el sentido normal que se le da a esos términos, y que, a lo más, empañan una elección. No sé de alguien —pariente, amigo, conocido— al que se le haya coaccionado para votar de una u otra manera, como tampoco sé de alguien al que se le haya comprado el voto, todo ello, insisto, en el sentido normal que se le da a esos términos. Lo anterior no quiere decir que no se haya dado, durante la campaña electoral, ni la compra de votos, ni la coacción sobre votantes (otro asunto es en qué magnitud se dio y qué tanto empañó la elección). Lo anterior quiere decir, nada más, lo dicho: nada de ello me consta, sobre todo cuando por ello se entiende lo que normalmente se entiende.

Tampoco me consta que se haya hecho, durante la elección, algún fraude (que no hay que confundir con irregularidades), mucho menos uno de tal magnitud que, en contra de lo realmente votado por el electorado, le haya dado el triunfo, por una diferencia mayor a los seis puntos porcentuales, equivalentes a más de tres millones de votos, a Peña Nieto sobre López Obrador. No sé de alguien —conocido, amigo, pariente— que haya sido testigo de alguna conducta fraudulenta, conductas fraudulentas que, para conseguir ese margen de ventaja de Peña a favor de López, debieron de haber sido… ¿cuántas? ¿Miles? ¿Decenas de miles? ¿Cientos de miles? ¿Millones?

No me consta que durante la elección no se haya hecho fraude, mismo que, o se hizo a la hora del conteo original —casilla por casilla, voto por voto—, lo cual supone la deshonestidad de muchos de los ciudadanos que llevaron a cabo los conteos, siempre bajo la mirada vigilante de los representantes de los partidos políticos y de los observadores, tanto nacionales como extranjeros, o, segunda posibilidad para la realización del fraude, éste se llevó a cabo de manera cibernética, momento de no olvidar que la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional avalaron la confiabilidad del Programa de Resultados Preliminares, el PREP, con el que se contaron y publicaron los resultados. Por aquello de las dudas, tal y como lo establece la ley, se realizó el cómputo en los 300 distritos del país y, ¿realmente es sorpresa?, los tres conjuntos de cifras —conteos rápidos, PREP y cómputos distritales— cuadran. Conteos rápidos: EPN, entre 37.93 y 38.55 por ciento; AMLO, entre 30.90 y 31.86 por ciento. PREP: EPN, 38.15 por ciento; AMLO, 31.64 por ciento. Cómputos distritales: EPN, 38.21 por ciento; AMLO, 31.59 por ciento. No me consta que durante la elección no se haya hecho fraude, pero creo, más allá de cualquier duda razonable, que no se hizo.

Dicho lo anterior manifiesto, uno, que intentaron comprar mi voto y, dos, que sobre mí se ejerció coacción, sobre todo si por esos términos —compra de votos y coacción sobre votantes— entendemos algo distinto de lo que normalmente se entiende. Mi caso no fue el único, sino uno entre muchos otros, ¡los 79.4 millones de electores potenciales!, a quienes los cuatro candidatos intentaron comprarles su voto y coaccionarlos para que no votaran por el contrincante. Es más: para eso, para comprar el voto de los electores y para coaccionarlos, son las campañas electorales, ¡y vaya que dan resultado!, y yo soy una buena muestra de ello, debiendo confesar, en primer lugar, que vendí mi voto a cambio de algunas de las promesas de Vázquez Mota y, en segundo término, que cada uno de los cuatro candidatos me coaccionó, a veces con argumentos, otras con meras ocurrencias, para que no votara por sus contrincantes y, por lo tanto, para que votara por ellos, todo lo cual es propio de la democracia electoral que, en más de un sentido, se convierte en mercado electorero.

En el mercado electorero se llevan a cabo dos tipos de transacciones: las legales, permitidas por la ley, y las prohibidas por la misma, consideradas ilegales. Legal es vender el voto a cambio de las promesas de un candidato, ilegal es hacerlo a cambio de una torta y un refresco, compra ilegal de votos que, aunque no me conste un solo caso de ello, sin duda alguna tuvo lugar, y no sólo de parte de un partido, el PRI, sino de todos. El PRD, en general, y López Obrador, en lo particular, ¿están libres de ese pecado como para poder tirar, con autoridad moral, la primera piedra en contra de la compra-venta ilegal de votos?

Llegados a este punto hay que distinguir entre la compra de votos y la coacción sobre los votantes, todo lo cual sucede a lo largo de la campaña electoral, y por lo tanto antes de la elección, y el fraude electoral, que sólo puede tener lugar después de la elección, y tenerlo, o a la hora del conteo de los votos en las casillas, o a la hora de transmitir y recibir esos datos al y en el PREP. La compra de votos y la coacción sobre los votantes lo que hace, a lo más, es enturbiar la elección. Pero si, por las razones que hayan sido —porque el votante vendió su voto a cambio de un refresco y una torta, o a cambio de las promesas del candidato que lo convenció—, los electores votaron de una manera, y esa manera de votar se contó correctamente, quedó fielmente asentada en actas, y los datos así obtenidos se transmitieron adecuadamente al PREP y fueron recibidos correctamente en el PREP, ¿podemos decir que hubo fraude en la elección? Pudo haber habido, como de hecho las hubo, ¡y de parte de todos los partidos!, trampas a lo largo del proceso electoral, que fueron desde la compra ilegal de votos hasta la coacción ilícita sobre los votantes, momento de preguntar si tales trampas deben ser consideradas causas suficientes para anular la elección. La repuesta depende, de entrada, de la contestación a las siguientes preguntas: 1) ¿qué debe considerarse una compra ilegal del voto (¿no la entrega, por asistir a un mitin, de camiseta y cachucha, pero sí la entrega, a cambio de la promesa de votar por X, de sacos de cemento y varillas?)?; 2) ¿cuántas de esas trampas se pueden probar más allá de cualquier duda razonable?; 3) ¿cuántas de esas trampas se necesitan para que el resultado de la votación resulte distinto del que hubiera sido si no hubieran tenido lugar?, todo lo anterior sin pasar por alto lo siguiente: quien en su momento aceptó una torta y un refresco a cambio de votar por el candidato X, a la hora de votar, ¿realmente lo hizo por X? López Obrador les dio la receta a sus seguidores: “Si les ofrecen dinero acéptenlo, pero voten por mí”.

Si analizamos cuáles son las causales de nulidad de la elección presidencial en México no aparecen, ni la compra de votos, ni la coacción sobre votantes1, y no lo hacen, lo imagino, por la dificultad de poder probarlo más allá de cualquier duda razonable. Así las cosas, ¿qué supone la solicitud, que hará el PRD el próximo 12 de julio ante el máximo tribunal electoral, para que se anule la elección? ¿Mandar al diablo las instituciones?


1 Véase el artículo 75, párrafo 1, de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral

Los intereses del PRD

Gabriela Cuevas Barrón (@gabycuevas)
gabrielacuevasbarron@hotmail.com
Orden del día
El Universal

En este, y otros espacios, he denunciado la arbitrariedad y la falta de responsabilidad democrática con la que se ha conducido la mayoría perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

Continuamente se han opuesto a reformas que hagan más transparente, incluyente y representativo este órgano legislativo. En cambio, han aprobado reformas que tienden a proteger sus intereses y prerrogativas, haciendo uso de la “aplanadora” partidista.

Después de las elecciones del primero de julio este grupo vuelve a obtener la mayoría absoluta en el órgano legislativo. Aunque el denominado Movimiento Progresista (PRD-PT-Movimiento Ciudadano) obtuvo 38 de los 40 distritos electorales en el Distrito Federal, el Instituto Electoral local acordó que el PRD ganó 32 de esos distritos y que, por lo tanto, tenía derecho a dos escaños más gracias a la cláusula de gobernabilidad que todavía existe en la capital, según la cual “al partido político que obtenga por sí mismo el mayor número de constancias de mayoría y por lo menos el treinta por ciento de la votación en el Distrito Federal, le será asignado el número de diputados de representación proporcional suficiente para alcanzar la mayoría absoluta de la Asamblea Legislativa”.

De esta manera, el PRD contará con 34 de los 66 legisladores que integran la Asamblea Legislativa, conservando así la presidencia de la Comisión de Gobierno por los próximos tres años.

El asunto no es menor si tomamos en cuenta que este órgano de gobierno se encarga de dirigir el ejercicio de las funciones legislativas, políticas y administrativas de la ALDF y, además, que ha llamado los reflectores por la falta de transparencia en sus decisiones, especialmente en el tema de los recursos públicos.

Sobre esto quisiera recordar un asunto que vuelve a cobrar relevancia.

Los caprichos del PRD

El 28 de octubre de 2010, la ALDF modificó la Ley Orgánica de la Asamblea para eliminar el segundo párrafo del artículo 42, el cual señalaba que en caso de que algún partido político no contara con mayoría absoluta, la presidencia de la Comisión de Gobierno debería ser rotativa para los tres grupos parlamentarios con mayor representatividad.

El argumento que utilizaron en su momento los perredistas fue “armonizar” y “hacer coherente” las disposiciones de la Ley Orgánica con lo que establece el Estatuto de Gobierno. Sin embargo, esta modificación se realizó días después de que la diputada Edith Ruiz anunciara su renuncia a la bancada perredista, con lo que ese partido perdería la mayoría absoluta y, en consecuencia, el control de la Comisión de Gobierno.

Claramente, esta fue una reforma opuesta a los valores democráticos que deben regir la vida parlamentaria y, además, evidenció el miedo que tiene el PRD de perder los beneficios que obtiene de dicho órgano de gobierno.

Como consecuencia de este “albazo” legislativo, si algún diputado del PRD decide cambiarse de bancada en la próxima legislatura, la Comisión de Gobierno seguirá en manos del PRD sin respetar la pluralidad con la que debe integrarse este órgano legislativo.

Falta de transparencia

En su ensayo titulado “Legislar en la oscuridad. La rendición de cuentas en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal”, el investigador Khemvirg Puente señaló que el presupuesto de este órgano legislativo prácticamente se duplicó entre 2005 y 2009 sin que esto tuviera “como consecuencia ningún cambio significativo en la producción de mejores leyes, en el desarrollo de más actividades de control parlamentario, ni en una mejor calidad en la relación entre los representantes y representados”.

Esta falta de transparencia y rendición de cuentas ha incentivado al PRD a querer ejercer un control único sobre la Comisión de Gobierno, órgano que se ha distinguido por representar los intereses de una sola de las fuerzas políticas y por imponer la marcha y el funcionamiento de la Asamblea Legislativa como mejor conviene a sus intereses.

Hasta ahora la Comisión de Gobierno sigue en la opacidad y sin la obligación legal de rendir cuentas de los millones de pesos que maneja anualmente, especialmente del capítulo cuatro mil, tanto por su carácter de no auditable como por la discrecionalidad con que opera, según el referido autor.

De nueva cuenta, el PRD tiene una mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal con pocos pesos y contrapesos. De nuevo, y con mayor urgencia, se vuelve necesario otorgarle mayor dinamismo y participación a los grupos parlamentarios, generando un ambiente que incentive el diálogo y permita erradicar la opacidad que actualmente existe en el manejo de los recursos.

Aceptar la victoria

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

El problema no es solamente aceptar la derrota. También es difícil aceptar la victoria. La victoria exige una responsabilidad a la que no llama la derrota. Quien gana pierde un título: el de víctima. Ganar es despojarse de un cobijo; es abandonar el prestigio del sacrificado. Ganar es comenzar a rendir cuentas de lo que se hace y dejar de explicar el mundo por la maldad de los otros. Pero es cómodo aferrarse al discurso de la derrota. Insistir en la conspiración de los perversos simplifica el mundo y mantiene pura la conciencia. Ellos volvieron a imponer su trampa; nosotros seguimos teniendo la razón. Bajo la épica sacrificial, perder es la verdadera, la única justificación moral.

Sólo la miopía presidencialista podría negar las inmensas victorias de la izquierda en la jornada reciente. No ganó la Presidencia de la República pero tuvo un resultado extraordinario, una votación que muy pocos auguraban. La mejor campaña del 2012 fue la campaña de la izquierda mexicana, la única campaña que creció. Andrés Manuel López Obrador transformó su imagen pública, cambió su discurso, se empeñó en contrastarse con el candidato que fue hace seis años. Si en la elección previa habría ganado en una campaña más corta, tal vez en esta oportunidad habría ganado de haberse prolongado la contienda. Pero en la elección no se trataba únicamente de llenar una oficina y de encontrarle inquilino a Los Pinos. Se reconstituyó el Poder Legislativo federal y se relevaron un buen número de funcionarios locales. En el recuento de la elección es imposible ignorar los avances de la izquierda. En la capital ratificó y amplió su mayoría. En pocos lugares del país se registra el dominio tan franco de una fuerza política como el que aquí ejerce hegemónicamente el PRD. No solamente se reiteró la mayoría en el Distrito Federal, sino que conquistó nuevos espacios: Morelos y Tabasco son ya estados gobernados por la izquierda. Y en la plaza legislativa federal son enormes los avances de la izquierda.

Veo las elecciones del 2012 como un voto desconfiado por el PRI que apenas esconde las promisorias perspectivas de la izquierda. El PRI no ganó como se esperaba. Si no avasalló a sus adversarios fue porque la desconfianza que genera sigue siendo muy extendida, muy visible y muy ruidosa. Un partido que no ejerció nunca la autocrítica, que no aprovechó su derrota para renovarse merece, sin duda, ese recelo. Es ahí donde se abre una extraordinaria oportunidad para la izquierda. El PRD está llamado a hacer la oposición, a ubicarse con claridad como la opción crítica al gobierno priista. En la derecha, el PRI seguramente encontrará a un colaborador maltrecho pero útil, a un partido desdibujado que tardará tiempo en recomponerse. Por ello es la izquierda ascendente la que puede atraer el ánimo antipriista. Necesita defender su diferencia pero también proyectar responsabilidad. Sus tres nuevos ejecutivos (en el Distrito Federal, en Morelos y en Tabasco) representan por fortuna una renovación frente a la obcecación ideológica y el sectarismo que tanto daño le han hecho a la izquierda.

No debe llevarse el avance de la izquierda a la funeraria, decía Marco Rascón en su artículo reciente. ("La izquierda debe avanzar, no esperar...", Milenio, 4 de julio de 2012). Sabe bien que la ceguera puede transformar el avance en derrota. Cuando la victoria no es absoluta existe la tentación y la costumbre de negar cualquier progreso. No digo, de ninguna manera, que la izquierda deba aceptar acríticamente los resultados de la elección reciente: bajar la cabeza y callarse la boca. Sugiero exactamente lo contrario: alzar la mirada y hablar. La izquierda sigue teniendo un argumento contra el régimen político. Que no haya habido fraude en la elección no significa que nuestra democracia sea impoluta. La denuncia del clientelismo y la concentración mediática es indispensable para empujar la segunda generación de reformas democráticas en el país. Que se garantice la adición puntual de los votos no niega la subsistencia de esa costumbre de cambiar favores por votos. Que durante la campaña se hayan cumplido los criterios de equilibrio en la cobertura del radio y la televisión no niega la distorsiones de una oferta tan limitada de voces en los medios electrónicos. La izquierda no solamente tiene derecho a inconformarse: tiene razones para hacerlo.

Quiero decir con ello que la plataforma que la izquierda del 2012 tiene para la política futura no consiste solamente en posiciones, sino también en argumentos. Una izquierda moderna debe insistir en las perversiones políticas de la desigualdad y de la concentración del poder económico en una democracia de tan baja calidad como la nuestra. Por supuesto, creo que la única ruta para promover esta agenda es la estructura institucional, el acatamiento de sus veredictos finales y el reconocimiento de las autoridades que emerjan de ese dictamen. Acatar el veredicto de las urnas implica aceptar la medida de las derrotas y de las victorias.

Un paquete para Marcelo

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

En el GDF, por ningún motivo quieren una repetición de los plantones, marchas, bloqueos, asambleas informativas de hace seis años.

La bomba de tiempo en que se ha convertido Andrés Manuel López Obrador trae de cabeza al GDF. Temen que una vez agotadas las instancias legales, el tabasqueño escale el conflicto.

Fuentes vinculadas al ayuntamiento dicen que hay fundados temores de que saque a la gente a la calle si el TEPJF ratifica el triunfo de Peña —en septiembre— o si se intenta un albazo con alguna reforma estructural en el Congreso.

Por ningún motivo quieren una repetición de los plantones, marchas, bloqueos, asambleas informativas, que vivimos hace seis años. En corto manifiestan que sería un suicidio político volver a castigar a la Ciudad que le ha sido fiel en las urnas.

El paquete es para Marcelo Ebrard. El jefe de Gobierno del DF requiere de toda su sabiduría política para que la inconformidad no se le revierta. Ya lo hemos escrito aquí. Él no es Alejandro Encinas. No es un interino. Trae una agenda política muy clara. El voto de los capitalinos lo llevó al Palacio del Ayuntamiento. Sus lealtades son con el ciudadano, no con el jefe político de la izquierda.

Miguel Mancera puede salir raspado. También en su equipo hay inquietud. Sabemos que el jefe de Gobierno electo se va a tapar luego de recibir su constancia de mayoría. Todo el escenario es para Ebrard. En el equipo del próximo alcalde cruzan los dedos para que el relevo en la jefatura de Gobierno no se encuadre en una ciudad irritada.

Jesús Zambrano es un político que merece respeto. Es de esos que se jugaron la vida para mejorar el país. La cicatriz que lleva en la mejilla —lo dieron un balazo— es prueba de ello.

A Chucho lo involucran en el “pase de charola” de Villa Acero. Supuestos “apoyos” por 110 millones de pesos que el empresario Julio Villarreal habría dado al PRD. Nos enteramos por las grabaciones que dio a conocer El Universal.

Julio Scherer Ibarra, gestor del “préstamo”, quería un pilón de 30 millones. Villarrreal, también accionista de Banca Afirme, resistió hasta que pudo. ¡Ayúdalo! Suplicaba Scherer. “Está cabrón”, reviraba el empresario.

Zambrano niega que se trate de una dádiva. Dice que este asunto es parte de la “guerra sucia” contra la izquierda y su candidato. Promete exhibir documentos que prueban que fue un crédito. Las palabras no bastan. Está obligado a hacerlo.

La debacle electoral del PAN arrastró a dos de sus ex jefes nacionales. César Nava y Luis Felipe Bravo Mena iban para el Senado. No llegaron.

En el DF tampoco se la acaban los azules. Isabel Miranda de Wallace resultó un desastre. Ya son tercera fuerza en la capital de la República. “Allí se equivocó el presidente Calderón”, reprochan panistas capitalinos. El primer mandatario recurrió al dedazo para imponerla como candidata.

Otro tema polémico relacionado con las elecciones es el de las encuestas. Casi todas estuvieron fuera de rango. Le dieron a Peña Nieto una ventaja mucho más amplia de la que tuvo en las urnas. Contribuyeron a crear la percepción de que el candidato del PRI era imbatible.

En el Congreso ya hay una propuesta para regularlas. Es del senador del PRD, Leonel Godoy. El legislador michoacano presentó una iniciativa de reformas al Cofipe para que el IFE pueda verificar que las casas que las realizan se ajusten a lo establecido en la ley y a los lineamientos de carácter científico que emita el órgano electoral con ese fin.

Godoy Rangel está convencido de que la falta de observancia de estándares de calidad y profesionalismo en algunos encuestadores —no dice nombres— lesiona también el principio constitucional del voto libre.

“En los últimos años han proliferado encuestas o sondeos electorales que corresponden a agencias fantasmas o empresas cuyos resultados no se ajustan a los estándares científicos, éticos, profesionales y de transparencia”, advierte el texto de la iniciativa.

El gobernador Roberto Borge no tiene la menor intención de moverse de Quintana Roo. Sus operadores salieron al paso de las versiones que lo ubican como secretario de Turismo en el gabinete de Peña Nieto.

“Son falsas”, dicen. Aseguran que el chisme es alimentado desde la Ciudad de México para poner un interino. El clásico “quítate tu pa´ponerme yo…”

Moraleja de la semana (cortesía de José Luis López Aranguren, filósofo español): La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder.

Las respuestas de Andrés Manuel

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

En los meses previos a la elección del pasado 1 de julio se realizaron varios ejercicios para conocer mejor las propuestas de los diferentes candidatos, y la manera en que se presentaban a la contienda. Así, pudimos ver varias iniciativas ciudadanas, hechas por grupos de notables y por la sociedad en general. Una de ellas llamó especialmente la atención, tanto por su metodología incluyente como por la periodicidad con que se llevó a cabo: la iniciativa del Buen Ciudadano, cuyas preguntas y respuestas estuvieron disponibles en todo momento en su portal de internet, y a las cuales se sometieron los cuatro candidatos por igual.

En el caso concreto del candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, se le preguntó desde el inicio del ejercicio, hace unos cuantos meses, en primer lugar cuál sería la política de su partido en redes sociales y medios de comunicación para garantizar que no creciera el encono entre la población. Su respuesta fue clara y precisa: proponer y no confrontar, para no polarizar. Sin embargo, los ataques a los demás candidatos fueron creciendo cada vez más, y la virulencia se dejó sentir de forma inusitada en las redes sociales sin que hiciera nada para detenerla.

En segundo lugar, y ante el cuestionamiento de las acciones concretas para evitar el mal manejo de recursos en procesos electorales, aseguró que lo sucedido en 2006 no se repetiría, y que a tales efectos tendría comités de Morena en todos los municipios para cuidar el voto de todos los ciudadanos. Los comités estarían, supuestamente, capacitados de acuerdo a la legislación electoral del Cofipe, y se convertirían en verdaderos guardianes del voto. Sin embargo, y a pesar de las promesas, volvió a dudar de la honestidad de los funcionarios de casilla, y exigió de nuevo un recuento de la votación.

La tercera pregunta no dejaba lugar a dudas. ¿Bajo qué condiciones se compromete a respetar los resultados electorales? La respuesta de Andrés Manuel vale la pena leerse con atención: “En los años que llevo recorriendo el país he aprendido que el enojo y el rencor, así como las balas, sólo nos llevan al pasado, cuando la mayoría de los mexicanos estamos anhelando un mejor futuro. La realidad que vive México en este momento es muy distinta a hace seis años. Hoy, la mayoría de los mexicanos ya somos conscientes de los problemas derivados de los malos gobiernos. Estoy seguro que el proceso electoral de este año será la consolidación de la voz de millones de mexicanos, por eso mi compromiso con respetar los resultados electorales no tiene condición, porque sé que nuestras instituciones y los mismos mexicanos no permitirán que se repita un 2006. En este 2012 ya no será necesario protestar por malas prácticas electorales porque México ya despertó. México pide a gritos un cambio verdadero y no permitirá que le quiten la oportunidad de tenerlo. Ya no es necesario protestar, sino respetar, proponer y trabajar en conjunto para que este cambio que todos queremos se consolide”.

El cuarto cuestionamiento era sobre lo que haría su partido para garantizar una transición tersa, incluso si no resultaba vencedor. Andrés Manuel respondía, con decisión: “Si son los mexicanos quienes deciden que no es un cambio lo que quieren sino la continuidad, nosotros seremos respetuosos de esta decisión. Colaboraremos y aportaremos con quien resulte el elegido por los mexicanos, para que su transición y su mismo gobierno resulte en beneficio de los ciudadanos”.

La quinta pregunta, y su correspondiente respuesta por parte del candidato de las izquierdas, es igualmente clara. ¿Qué compromisos y acciones tomará para que el siguiente gobierno, sea cual fuere el vencedor, pueda comenzar a trabajar de inmediato sin obstáculos de la oposición? “Lo primero que haremos será respetar la decisión de los mexicanos, respetaremos a quienes ellos elijan como sus próximos gobernantes. Posteriormente trabajaremos para buscar puntos de conciliación y encuentro entre las distintas fuerzas políticas que sean representantes de los mexicanos no afines a nuestro proyecto. Porque la esencia de un gobierno es representar a los mexicanos sin importar su partido o preferencia política. Asimismo alentaremos a todos aquellos que sean electos en el Congreso y el Senado a trabajar en conjunto con el gobierno en turno. Apoyaremos la decisión de voto de los mexicanos antes y después del proceso electoral para que el próximo gobierno asuma el poder con la legitimidad con la que debe hacerse en una democracia”.

Unas semanas después se le volvió a preguntar, como a los demás candidatos, si consideraba que hasta ese momento se habían dado situaciones que pudieran comprometer el resultado de la elección, ya sea por parte de sus contrincantes o de las autoridades. Su respuesta fue meridiana: “Hoy el riesgo al que se enfrentan las elecciones y nuestro camino hacia un sistema democrático real ya no es latente: los mexicanos ya despertaron. Los mexicanos no solo ya descubrireon el riesgo, ahora también lo expresan a una sola voz: los mexicanos no sienten que sus intereses y preocupaciones estén representadas, los mexicanos no se sienten escuchados y, sobre todo, no ven en los medios la realidad que ellos viven día a día. Es decir, los mexicanos ya saben que aquello que hoy compromete el ejercicio democrático en nuestro país es la clara tendencia de muchos medios impresos y electrónicos por no replicar una versión veraz de la realidad que vive México”.

Tras los resultados de la elección, comienza a hablarse de la necesidad de una reforma política amplia, que se atreva a cuestionar los paradigmas bajo los cuales se han conducido los asuntos públicos y de gobierno hasta el momento. Esta reforma deberá incluir temas tan diversos como la segunda vuelta, las candidaturas ciudadanas, la reelección de alcaldes, el papel de las encuestadoras y de los medios de comunicación. Sin embargo, cabe hacernos, ahora, otra pregunta: ¿sirve de algo establecer nuevas reglas si los contendientes no están dispuestos a aceptarlas incondicionalmente y, sobre todo, a honrar su palabra?

Desvergüenza y desmemoria

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Parecíamos haber tocado fondo con el previsible regreso al 2006. Pero nos faltaba lo peor: Manuel Bartlett hablando contra el fraude y la imposición en 2012. En 1988, las elecciones las organizaba la Secretaría de Gobernación, por entonces a cargo de Bartlett, quien urdió el fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas y su Frente Democrático.

Ante la palmaria ignorancia del Quién es Quién, es fácil envenenar jóvenes con odio a base de las más estrafalarias mentiras, como esa, de carcajada al suelo, de que el PRD nunca ha comprado votos… ¿Me oístes Padierna? ¿Batres? La inoculación del odio asomó, torva, en una pancarta de los YoSoy132 que rogaba por un nuevo Mario Aburto, el asesino de Colosio, candidato del PRI en 1994. López no se atreve porque acabaría en la cárcel, pero lo siembra.

La jauría. Ya golpearon el auto donde iba el presidente del IFE. ¿Eran estudiantes de la Ibero o ya los rebasó el lumpen que ha hecho el trabajo sucio al PRI y ahora lo hace para el PRD? ¿Esperaremos a tener un herido grave porque sus opiniones no gustan a la República del Amor? Ya fabricaron una definición circular: Peña no puede ganar sino por imposición y “Si hay imposición habrá revolución”. El primero en tomarles la palabra fue el EPR… No, no saben qué es. Búsquenlo en Wiki. Y el EPR sí mata, sobre todo a gente de izquierda porque es más fácil.

El perdedor ya no acusó a sus observadores (dijo tener cinco millones) de haberse vendido como hizo en 2006. En 2012 diagnostica al 70 por ciento que no votó por él de estar enfermo de masoquismo (en Tercer Grado: No votar por mí será un acto de masoquismo). O de ser un pueblo, el mexicano, con 70 por ciento de corruptos. O de títeres manipulados a voluntad por “los de arriba” usando los medios electrónicos y escritos. El pueblo, para López Obrador, es un monigote de plastilina al que se le da forma desde la tele y los diarios vendidos al enemigo (todos, excepto uno). El pueblo no piensa, no razona, o se vende por obsequios, (pero tiene 90 millones de celulares: Mercadotecnia Digital). Es la postura más despectiva contra el pueblo de México.

Quien se definió a sí mismo en Televisa como apóstol tiene por costumbre no enterarse de nada:

Que a su nombre pasaron charola a un grupo de industriales porque hacían falta 6 millones de dólares para ganar la campaña de AMLO. Ni lo ordenó ni lo supo ni está de acuerdo. Que durante su gobierno subió 740 por ciento el narcomenudeo en el DF… No se enteró.

De Bejarano, Ponce y compañía tampoco supo. Y tampoco de que hubiera ocurrido algo el 2 de octubre y el 10 de junio: fue y llenó su hoja de afiliación al PRI. En el mismo programa de Televisa donde se declaró apóstol, intentó una timorata disculpa: él era muy joven y estaba en prepa. Es que tampoco supo que fueron adolescentes de la prepa 1 de la UNAM y de vocacionales del Poli quienes comenzaron la rebelión contra las acciones de la policía en 1968.

Cuando el nivel de agresión suba, la respuesta de AMLO ya la sabemos: con el pueblo no debe uno meterse. No dará la orden, pero “el pueblo se cansa de tanta pinche transa”… Así será cuando los fieles de su iglesia cometan un crimen contra alguien previamente descalificado, un vendido al complot de la mafia del poder. Él sólo ha predicado amor y se ha limitado a presentar denuncias de pre-fraude ante las instituciones correspondientes.

Con sonrisita torcida estilo “ésta no se la esperaban, weyes”, con retobo de adolescente malcriado, con soberbio desprecio al millón de ciudadanos que pasaron todo el día atendiendo las casillas de votación, algunos meándose porque no había baño, Dr. StrangeAMLove exigió nuevo recuento voto por voto. Se le cumplió la exigencia… y subió otro poco Peña Nieto. Conclusión: AMLO es el mejor aliado del PRI, su partido desde joven.

La UNAM certificó que el Programa de Resultados Preliminares (PREP) “es transparente y confiable”. El rector José Narro recalcó: “En la auditoría realizada no se encontró ninguna forma de manipular, de transformar, de cambiar, ese resultado”. No se detectó “ningún mecanismo informático, cibernético o electrónico que modifique la voluntad expresada en las urnas, la voluntad reflejada en las actas, ninguna, absolutamente ninguna”. El recuento voto por voto lo confirmó, el re-recuento también.

Pero es que ahora se hizo pre-fraude, dice quien lleva 12 años en campaña en base a fondos nunca transparentados y de procedencia oscura.

Novedad: Jacob, el suplantador en eBook: http://www.amazon.com/dp/B0087WMZHO.