julio 18, 2012

Ecos del 2006

Salvador Camarena (@SalCamarena)
salvador.camarena@razon.mx
La Razón

El fin de semana en San Salvador Atenco alrededor de 300 organizaciones acordaron una agenda de protestas para rechazar la elección del 1 de julio. Se agruparon en la Convención Nacional contra la Imposición.

El programa de movilizaciones incluye el cerco a medios de comunicación, y al Congreso de la Unión en días clave, el 1 de septiembre y el 1 de diciembre, fechas del informe e inicio de la nueva legislatura, y de la toma de poder del presidente.

¿Quién va a atender y a negociar con estos grupos? ¿El gobierno actual? ¿El equipo del candidato ganador Enrique Peña Nieto? ¿Ambos? ¿Qué papel va a jugar en este trance la izquierda?

Fue Joaquín López-Dóriga quien mencionó el 2 de diciembre pasado que no había motivo alguno para considerar pan comido al final de una presidencia. “No hay duda del precio que hemos pagado los mexicanos en el último año de gobierno”, decía López-Dóriga ese día en Milenio al recordar, entre otras cosas, la crisis y la nacionalización de la banca en 1982, o el fatídico 1994.

A 20 semanas de la fecha del cambio de gobierno, luego de meses de movilizaciones de protesta en contra de Peña Nieto y tras la impugnación del proceso electoral por parte de la izquierda y su candidato Andrés Manuel López Obrador, el calendario luce como un rosario de dolores de cabeza, crisis seguras si no se instala un mecanismo que atienda los reclamos de estos grupos, para desactivar algunas de las demandas, para minimizar el impacto de otras.

A la hora de recordar cómo llegamos a este punto, citemos unas líneas de Manuel Camacho Solís: “El nuevo gobierno recibirá un balance dramático por lo que toca al empleo, el fracaso de la política educativa y un mayor rezago en la ciencia y la tecnología. En materia política y de justicia, recibirá un país con niveles de violencia no conocidos hasta ahora, enfrentamientos sociales, polarización en ascenso y una administración pública debilitada por la colonización de los intereses especiales”. Este diagnóstico tiene un agravante. Se trata del escenario previsto por el ex regente de la ciudad de México en mayo de 2006.

El desarreglo institucional que viene de antes de este sexenio será puesto a prueba en los siguientes meses. Con el relanzamiento de una tríada de iniciativas ya enunciadas durante la campaña —una para combatir la corrupción, otra para ampliar la transparencia y una más que promete clarificar la compra de publicidad de los gobiernos— Peña Nieto ha querido manifestar su compromiso de romper con el pasado de su partido. “Es momento de un verdadero diálogo democrático entre ciudadanos en favor del país”, publicó el candidato ganador en Reforma el lunes.

¿Tendrá Miguel Osorio Chong, nombrado por Peña Nieto como encargado del diálogo y acuerdos políticos, capacidad para una interlocución con la Convención Nacional contra la Imposición? La misma duda aplica para Gobernación. Pero, sobre todas, la pregunta es ¿qué podemos esperar de la izquierda, sus partidos y sus figuras?

De nuevo citemos a Camacho Solís, líneas también tomadas de El Desacuerdo Nacional (editorial Aguilar): “Gane quien gane tendrá, por lo menos, la mitad del país muy en contra. El curso actual indica una colisión; para evitarla, debe desviarse el enfrentamiento antes de que tope con las rocas de la realidad. Sólo hay una manera política de hacerlo: el diálogo”. Vigente en 2006, y en 2012.

El Bosón de Higgs

Arturo Menchaca Rocha
Investigador del Instituto de Física de la UNAM e integrante del Consejo Consultivo de Ciencias
consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx
La Crónica de Hoy

Hace unos días, cuando las noticias en México estaban dominadas por los resultados de la elección presidencial, en el panorama internacional surgió una noticia científica que logró distraer -aunque sea por unos instantes- el animado debate postelectoral. Se trata de una partícula denominada Bosón de Higgs, o de Dios, cuya posible existencia habría sido anunciada por grupos científicos del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, mejor conocido como el CERN. ¿Cómo, algo tan pequeño como una nueva partícula, pudo colarse en un debate tan serio y fundamental para los mexicanos? En este texto trataré de explicar los méritos del logro científico, dejando que el lector decida su trascendencia, relativa a la de nuestros rituales sexenales.

Para entender mejor el significado del hallazgo científico en cuestión, es necesario repasar brevemente la visión que hoy se tiene sobre la estructura de la materia. El llamado Modelo Estándar nos dice que la naturaleza está compuesta por unas cuantas partículas llamadas “elementales”, que interaccionan entre sí intercambiando emisarios (llamados “bosones de norma”) de las 4 interacciones fundamentales: la gravitacional, la electromagnética, la débil y la fuerte. La propiedad que distingue a los bosones (incluidos los de norma) es el “espín”, cuyo símil clásico es un movimiento de rotación sobre sí mismo, como el que produce el ciclo día-noche en la Tierra. Sin embargo, aquí se trata de una característica de origen cuántico, razón por la cual posee un valor particular (“cuantizado”). Así, el espín de los bosones es cero, o un múltiplo entero del espín del “fotón” (el cuanto de luz), mientras que el de las partículas elementales es “semi-entero” (la mitad del asociado el fotón), lo que las identifica como “fermiones”. El comportamiento estadístico de los bosones y de los fermiones es tan diferente que separa al mundo de lo elemental en dos.

Hablemos ahora de fuerzas: la gravitacional es la principal responsable de la dinámica de los objetos macroscópicos, desde los cúmulos de galaxias más extendidos, hasta la caída de las manzanas. Teóricamente, el objeto de intercambio asociado a esta fuerza se llama “gravitón”, aunque no tiene masa. Todo esfuerzo por detectar a este bosón de norma ha sido infructuoso. La segunda fuerza, llamada electromagnética, genera la estructura de los átomos y las moléculas, que componen desde el grano de arena más insignificante, hasta la vida humana. La partícula elemental que juega el rol más importante a este nivel es el “electrón”, que es la partícula cargada (eléctricamente) más ligera. El mensajero de la fuerza electromagnética es el ya mencionado fotón, que tampoco tiene masa.

A nivel nuclear la materia aparece como compuesta principalmente de dos partículas: el protón y el neutrón. Sin embargo, en una escala aún menor, estas partículas están compuestas de otras, denominadas “cuarks”. El único problema con estas últimas es que nadie ha podido, ni podrá, aislar una de ellas para estudiarla individualmente. Esto se explica argumentando que los cuarks poseen una propiedad especial, denominada “color”, que no les gusta mostrar. Con esto quiero decir que entre los cuarks actúa una fuerza (la fuerte) que garantiza que el color se mantenga como una propiedad interna de los “hadrones”, palabra cuya raíz germana significa “fuerte”. Por cierto, hay un conjunto de partículas elementales que incluye al electrón, que no es sensible a la fuerza fuerte, denominadas por ello “leptones”, al que volveremos más adelante.

Una peculiaridad de los constituyentes más elementales de la materia es que cada partícula (electrón, cuark, etc.) tiene asociada otra partícula cuyas propiedades son idénticas, salvo una. Para aquellas que poseen carga eléctrica, la diferencia es el signo de la carga. El ejemplo más sencillo es el electrón, cuya partícula asociada se llama “positrón” porque el signo de su carga es positivo, es decir, opuesto al del electrón. Lo sorprendente es que cuando un electrón y un positrón interaccionan, en determinadas condiciones, se aniquilan entre sí generándose dos fotones que viajan en direcciones opuestas. En este proceso lo que se conserva no es la masa, sino la energía. Más interesante aún, la aniquilación resulta ser reversible: en determinadas condiciones, a partir de fotones con suficiente energía se pueden producir “pares” electrón-positrón, o cuark-anticuark, etcétera.

Volviendo a los cuarks, la manera en que se combinan para formar “mesones” (hechos de un cuark y un anticuark) o “bariones” (hechos de 3 cuarks, como el protón y el neutrón), es tal que sus colores siempre se cancelan. ¿Cómo se logra esto? Al igual que los 3 colores fundamentales, al mezclarse producen el blanco (ausencia de color). En el caso de los mesones, resulta que el color de los anticuarks es “negativo”, es decir, se cancela con el de los cuarks. El bosón mediador de la fuerza fuerte se llama gluón, y tampoco tiene masa.

La cuarta fuerza fundamental es denominada débil, pues su intensidad es comparativamente menor que la fuerte y que la electromagnética. Este modo de interactuar es, en cierta manera, el más “democrático” (para no olvidar nuestra realidad política actual) de todos pues permite conectar partículas con (o sin) color, con (o sin) carga y con (o “casi” sin) masa. Los bosones de norma que transmiten esta fuerza son las W+- y la Z0 (los superíndices se refieren al signo y/o magnitud de la carga eléctrica). Una peculiaridad de estos bosones es que tienen masa, lo que explica que la extensión espacial de la fuerza que generan sea muy pequeña, casi puntual. Por comparación, la fuerza electromagnética tiene un alcance infinito, luego su bosón de norma (el fotón) no tiene masa.

Hemos ignorado hasta aquí a un conjunto muy importante de partículas elementales, los denominados “neutrinos”. Estos carecen de color y de carga eléctrica y cuya masa es tan pequeña (de ahí el “casi” del párrafo anterior) que a la fecha ha resultado imposible de medir con precisión. Por ser insensibles a la fuerza fuerte, pertenecen a la categoría de los leptones. Otras dos partículas de esta categoría, idénticas al electrón (en cuanto a sus propiedades electromagnéticas) pero más pesadas que éste, se denominan muón y tauón. El muón, es una partícula inestable cuya masa es intermedia (es decir, mayor que la del electrón, pero menor que la del tauón) y es el vestigio más fácil de identificar de la radiación cósmica en la superficie terrestre. El tauón es el leptón más masivo e inestable que se conoce. También se ha observado que la fuerza débil permite determinar, de manera muy clara, una relación muy íntima entre cada uno de los tres leptones cargados y un tipo específico de neutrino. Así es como sabemos que hay 3 tipos de neutrino (electrónico, muónico y tauónico).

Como hemos visto, una diferencia notable entre los bosones de norma es que unos tienen masa y otros no. Hace 50 años, cuando el Modelo Estándar estaba en construcción, se encontró que la formulación utilizada implicaba que ningún bosón de norma tuviese masa, lo que contradecía a la fenomenología del decaimiento débil. Una solución para este problema fue propuesta (entre otros) por el británico Peter Higgs en 1964, quien planteó la existencia de un campo de fuerzas omnipresente que interacciona con todas las partículas (en particular con las W+- y la Z0 ) provocándoles una “inercia” (masa). Una manera coloquial de explicar este fenómeno es imaginar que las partículas se mueven como inmersas en una piscina. Si la piscina está llena de un líquido viscoso (el campo de Higgs), las partículas se moverán con mayor dificultad (más lento) que si la piscina estuviese vacía. Quien observe ambos movimientos dirá que las partículas de la piscina viscosa son más “masivas” que las otras. El Modelo Estándar fija todas las propiedades del Bosón de Higgs, menos su masa, aunque hipótesis plausibles la ubicaban entre los 120 y los 180 GeV/c2. Como referencia, la masa de un protón es cercana a 1 GeV/c2, y la de un electrón es dos mil veces menor que eso. El Higgs tiene espín (y carga eléctrica) cero, y tampoco tiene color. Es decir, sólo interacciona a través del campo débil (además del gravitacional), lo que hace más difícil su identificación. La partícula reportada el 4 de julio por los grupos del CERN, en que (por cierto) colaboran mexicanos tiene una masa de 125 GeV/c2, o sea, es 133 veces más pesada que el protón.

Si el lector se pregunta: ¿qué tan importante es descubrir el origen de la masa? le invito a que por un momento se imagine un universo sin ella, es decir: sin gravedad, sin galaxias, ni estrellas, ni planetas, ni países, ni democracia (eso es más fácil), ni urnas, ni despensas, etcétera. Entender el origen de esta propiedad es tan importante para la ciencia que, aunque sea de broma, los propios científicos (característicamente agnósticos) han concedido a Dios ese designio. Cabe, sin embargo enfatizar que la noticia emitida por el CERN es cauta al mencionar que la partícula reportada el 4 de julio de 2012 es sólo “consistente” con el Higgs, y que queda mucho trabajo pendiente para descartar que se trate de otra partícula. Una vez que la “Higgsteria” se relaja, empiezan a aparecer voces que recuerdan la existencia de alternativas teóricas, partículas “impostoras” cuyas masas y modos de decaimiento emularían a los del Higgs único. Tampoco sería la primera vez en esta ciencia que una partícula sea confundida con otra, como fue el caso del muón en 1936, o que del CERN emanen anuncios espectaculares, como los neutrinos supralumínicos de la Navidad pasada, que luego no se confirmaron. Esta vez no hay duda de que hay algo nuevo e importante, pero en ciencia el tiempo es el mejor árbitro.

La izquierda de un solo hombre

Mauricio Merino
Investigador del CIDE
El Universal

Sería una lástima que este nuevo episodio desembocara, sin más, en una repetición escalada del 2006 y que perdiéramos otra vez la oportunidad de avanzar en la construcción de una agenda democrática compartida, igualitaria y honesta. Mientras López Obrador siga repitiendo que la única opción válida y digna para el futuro de México es él —y nadie ni nada más— y la izquierda lo siga avalando, el proceso democrático del país seguirá secuestrado por los agravios, la polarización y el conflicto. En algún momento será necesario dar vuelta a la página de las ambiciones del líder inmaculado, para tratar de construir un régimen democrático cuya validez no dependa de un hombre.

Peña Nieto no podrá gobernar solo; por fortuna, el PRI no obtuvo las mayorías que buscó en el Legislativo, ni gobernará tampoco en la capital del país. Y una vez más, la izquierda partidaria de México tiene el lugar de honor para convertirse en la clave de una agenda democrática renovada, que no sólo corrija los defectos y afirme las virtudes de los procesos y las instituciones electorales, sino que avance por fin hacia la democratización de la gestión de gobierno y del ejercicio de los poderes públicos. Ante la derrota de Andrés Manuel, la izquierda puede volver a dilapidar el capital político que ha ganado en una nueva aventura contra las instituciones políticas, la democracia y todos los críticos de su líder —dejando el espacio político al PAN, como antes se lo cedió al PRI— o puede recuperar las causas de la revolución democrática, del trabajo y los ciudadanos, que lleva grabadas en los nombres de sus partidos.

Como sea, esa agenda será indispensable. Si algo manchó las elecciones de 2012 fue la ausencia de reglas y procedimientos legítimos para controlar el dinero público, para transparentar su destino y para rendir cuentas sobre la forma en que se utiliza. Si hubo compra de votos y gastos excesivos es porque México carece de un sistema completo, articulado y coherente de rendición de cuentas, que impida desviar dineros para propósitos ajenos a los programas públicos, que permita vigilar públicamente las tareas del gobierno, detectar oportunamente a quienes roban las arcas públicas y castigar de manera ejemplar a los deshonestos. Y no es a la salida de un proceso electoral como todo eso puede impedirse, sino durante la gestión del gobierno.

Una agenda democrática honesta no podría prescindir, tampoco, de la construcción de reglas suficientes para impedir que los puestos y presupuestos del pueblo —es decir, públicos— sigan siendo botín de los partidos que ganan elecciones, en todo el país. La democracia de turnos que inauguró el PAN —quita a los tuyos para que vengan los nuestros— no consiguió más que consolidar las prácticas de corrupción y clientelismo burocrático que ya eran parte de la historia del PRI. Y el uso libérrimo de los presupuestos públicos sigue siendo, en todos los gobiernos de México, una fiesta de prepotencia e impunidad.

Desde 2000 se han creado varias instituciones públicas dedicadas a salvaguardar y garantizar el acceso a la información, a evaluar políticas públicas y a fiscalizar el dinero gastado. Esas instituciones han hecho bien su trabajo, pero aún están lejos de haber producido consecuencias definitivas para evitar el sistema de botín en la administración pública. Pero gracias a ellas hoy tenemos mucha más información y conciencia sobre la importancia de orientar el gasto público hacia los verdaderos problemas sociales de México, de gastarlo con probidad y de evitar que se siga usando para consolidar clientelas políticas.

Si la izquierda está preocupada por los votos comprados, debería trabajar para evitarlo desde el punto de arranque: desde la asignación de los presupuestos y la forma en que se utilizan, sin excepciones y sin matices políticos. Que me perdone Andrés Manuel, pero la honestidad del país no depende de un solo hombre.

Los aficionados

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
http://www.facebook.com/SergioAguayoQuezada
Reforma

Las 638 cuartillas del juicio de inconformidad presentado por el Movimiento Progresista reflejan una elección manchada y unos partidos de izquierda que reinciden en la improvisación.

Hace años un abogado litigante, Rodolfo Gómez Alcalá, sintetizó en una frase los principales ingredientes de un juicio: "una cosa es tener la razón, otra saberla alegar jurídicamente y otra que los jueces te quieran dar la razón". Para alzarse con una victoria legal hace falta voluntad, suerte, conocimientos jurídicos e información sólida como el acero.

El Movimiento Progresista presentó hace días ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación un recurso pidiendo la anulación de los comicios presidenciales. El escrito está bien razonado jurídicamente y los documentos de respaldo son el espejo de una elección viciada. Desconozco si satisfacen las exigencias de los siete jueces que tomarán la decisión; estoy convencido de que la impugnación pudo haber tenido información mucho más sólida si se hubieran preparado mejor.

Nuestra izquierda partidista actúa como si hubiera hecho votos de improvisación y desorganización. Sustento el juicio con la parcialidad de las televisoras a favor de Enrique Peña Nieto. El 23 de octubre de 2005 Jenaro Villamil informó en Proceso sobre el acuerdo mercantil entre la televisora y el entonces gobernador del Estado de México. En los siete años que han pasado desde entonces las izquierdas nunca crearon la unidad que fuera documentando, con validez jurídica, la parcialidad de las televisoras que iban denunciando en discursos y proclamas.

En la impugnación presentada el jueves pasado, el Movimiento Progresista demuestra la irregularidad de esos siete años con una investigación que ordenara el equipo de AMLO a una empresa con sede en Pune, India. La SG Research Analytics revisó entre 2005 y 2011 el trato dado a Peña Nieto por los canales 2 y 5 de Televisa pero sólo comparó entre abril de 2008 y junio de 2009 la cobertura concedida a López Obrador y a Enrique Peña Nieto. Luego comentaré este curioso estudio que es el único aporte propio del Movimiento Progresista al tema de la parcialidad de las televisoras.

Las otras 23 evidencias presentadas ante el Tribunal son muy heterogéneas. Trae cinco reportajes de Reforma, tres de The Guardian, uno de Proceso y una entrevista realizada por Carmen Aristegui para MVS Radio. También incluyen cables de WikiLeaks publicados por La Jornada en los cuales la representación diplomática estadounidense reconoce la parcialidad de la televisora que el Movimiento Progresista pudo haber demostrado de otras maneras.

La izquierda no investiga ni en defensa propia. El 12 de julio Andrés Manuel López Obrador pronunció un discurso sobre la evolución de la campaña. Recordó que el jueves 31 de mayo, el periódico Reforma difundió una encuesta que lo separaba cuatro puntos de Peña Nieto. El tabasqueño está convencido de que fue en ese momento que "iniciaron la guerra sucia" contra él. La hipótesis de un junio negro es plausible (y predecible) pero ningún partido de izquierda la demostró. De hecho, la única investigación de peso presentada por el Movimiento Progresista fue el gasto hecho por el gobierno priista de Zacatecas.

El coordinador de la campaña de López Obrador, Ricardo Monreal, reconoció el 12 de julio que "las pruebas [utilizadas en la impugnación], en su gran mayoría, son de ciudadanos que nos las han aportado". El trabajo voluntario de ciudadanos pudo haber rendido muchos más frutos si hubieran utilizado una misma metodología. Esa heterogeneidad se observa en los videos de ciudadanos que presenta el Movimiento ante el Tribunal para demostrar la compra de votos. Lo ideal hubiera sido establecer patrones nacionales, por ejemplo, en los 600 establecimientos que Soriana tiene en todo el país.

Considero correcto criticar al Movimiento Progresista en estos momentos porque la izquierda moderna nace del fraude de 1988 y me resulta incomprensible que 24 años después sigan siendo incapaces de organizarse para combatir y documentar irregularidades bastante predecibles. El 8 de febrero López Obrador solicitó al Consejo General del IFE diversas medidas para contribuir a la equidad. Recomendó al IFE nombrar una "comisión temporal" para mejorar la equidad de los "espacios noticiosos" cuando ellos hubieran podido hacer los estudios que se requerían. México tiene capacidad de investigación instalada y este año los partidos de izquierda recibieron más de mil 366 millones de pesos de dinero federal y unos 300 millones (estimación provisional y gruesa) de las entidades.

Este 2012 el Tribunal debe dar certidumbre democrática a la elección (lo que hizo en el 2006 fue vergonzoso). Como votante de izquierda también espero que los partidos de esa corriente sustenten recursos jurídicos con evidencia sólida. Ya basta de improvisaciones y novatadas; es tiempo de que dejen de actuar como aficionados.

Colaboraron Maura Roldán Álvarez y Rodrigo Peña González.

HSBC: washing machine

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

David Bagley, uno de los ejecutivos de alto rango de esa institución bancaria, renunció argumentando que sí hubo fallas.

Los asuntos del narcotráfico de nuestro país están tomando tintes casi hollywoodescos. En realidad se están asomando más como esa realidad que no vemos hasta que se revela y que nos da el tamaño verdadero de la dimensión del problema.

Lo publicado desde hace unos días por The Wall Street Journal, sobre la investigación que autoridades estadunidenses hacen a HSBC por presunta complicidad de algunos de sus directivos para lavar dinero del narcotráfico, nos dice exactamente eso. Esto a causa de una denuncia sobre un presunto uso de cuentas de ese banco para blanquear dinero y financiar a organizaciones criminales en nuestro país. Y fueron tomando más forma las sospechas cuando David Bagley, uno de los ejecutivos de alto rango de esa institución bancaria, renunció ayer argumentando que sí hubo fallas en su sistema que permitieron o pudieron permitir que tales operaciones se efectuaran.

En respuesta ante lo que se discute en el Senado de Estados Unidos, la institución bancaria con sede en Londres anunció que cerrarán todas las cuentas de clientes mexicanos que han mantenido en las Islas Caimán, sí, en aquel lugar referencia de la más ordinaria leyenda de dinero.

¿Y cuántas cuentas serían? Pues, según los registros del mismo banco, en 2002, cuando en México aún operaba Banca Bital y antes de ser absorbida por HSBC, en nuestro país el banco tenía una cartera de 50 mil clientes que, juntas, sumaban un valor total de dos mil 100 millones de dólares. Pero de esas cuentas, al menos mil 500 no aparecieron en los reportes de balances, ejercicio contable que demuestra el manejo operativo de la institución, según lo dijo Paul Thurston, quien hasta 2007 se desempañaba como jefe ejecutivo de la oficina de banca minoritaria de HSBC.

Asimismo, un informe del Senado de Estados Unidos reveló que, desde 2002, la institución bancaria era consciente de importantes problemas del cumplimiento en las operaciones relacionadas con lavado de dinero en nuestro país, las que ya dijo Bagley que sí tuvieron oportunidad de realizarse debido a las fallas en su sistema, como el seguimiento a las cuentas: cuánto entra, de dónde viene, a nombre de quién, cuánto sale y para qué. Y es que la información que se ha filtrado y de la que se habla hoy tanto en Estados Unidos como en nuestro país es que fue justamente mediante esas cuentas como las organizaciones criminales pudieron costear la compra de aviones y armas.

En nuestro país, HSBC tomó algunas medidas mientras las investigaciones terminan: la prohibición de compra-venta de dólares y la programación de cerrar cuentas bancarias, sobre todo las que manejen grandes capitales.

Y es que no pinta nada bien el asunto, menos cuando uno de sus directivos de mayor rango se va de la firma reconociendo que existía una alta probabilidad de que el dinero del narcotráfico se haya lavado a través de sus cuentas, tal como se asegura en documentos del Senado estadunidense. El escándalo financiero del año.

El PRI y su victoria decadente

Marco Rascón (@MarcoRascon)
www.marcorascon.org
De monstruos y política
Milenio

El PRI con sus recursos millonarios, sus apoyos mediáticos, su viejo sistema corporativo y el apoyo de 20 gobernadores, apenas obtuvo una primera minoría de 38 por ciento: gana gracias a los errores estratégicos de los contrarios, pero tiene a la expectativa nacional y la mayoría en contra.

Gracias a la falta de visión de progresistas y conservadores que tuvieron en 2006-2009 la mayoría política y del Congreso, gracias a la polarización de “izquierda contra derecha”, el PRI se reconstruyó como “centro” con dos características: no tiene ya posibilidad de unificar al país desde los intereses que lo dominan y el presidencialismo vetusto, pero sí tuvo fuerza suficiente para impedir que otros gobernaran, aunque ahora sea una minoría. Su inspiración no vino de Plutarco Elías Calles, sino de Maquiavelo.

Con su 38 por ciento de poder, con un sistema político agotado y decadente, el PRI se ha montado en un tigre, pues no representa internamente siquiera una unidad sólida en el priismo. Para conservar su raquítico poder, deberá resolver la disputa entre quienes quisieran reconstruir el viejo presidencialismo, o los que propusieron desde la oposición al gobierno panista, la necesidad de construir una mayoría basada en la reforma al sistema político y, en particular, la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.

Con esa pobre representatividad y de acuerdo con los métodos del esquema autoritario, solo se puede gobernar dividiendo al país, mediante las viejas herramientas del miedo y la corrupción. Es tan débil la fuerza que le sustenta, que esa alternativa solo llenará al país de conflictos e inauguraría una nueva etapa de paralización y estancamiento.

El PRI como aliado de la globalización tampoco es confiable por su debilidad congénita. No es una opción de largo plazo para pactar con ellos cambios estratégicos; se podría decir, que la victoria priista significa el punto de mayor debilidad del sistema político mexicano, y por tanto, su única opción es un golpe de timón contra su propia cultura e inaugurar una nueva incapacidad de cambio, restaurando visiones oligárquicas anacrónicas.

Bajo estas consideraciones, ¿cuál debería ser la posición de las fuerzas democráticas? Si la izquierda pretende rebasar el proceso legal después de la primera semana de septiembre, entraría al campo favorable de los peores intereses del priismo, al no entender la magnitud de la debilidad del PRI frente a la lucha legal que se debería dar en el Congreso, por un fisco equitativo, en la lucha social, la democratización de los medios, la cultura, los cambios al sistema educativo, de salud y la reconstrucción de la producción agrícola e industrial.

Hoy, la impugnación hasta el final de la decisión del Tribunal Federal Electoral es la base de las reformas necesarias para una reforma completa del sistema político, incluyendo poderes, partidos y clientelismo. Pero se necesita más.

México ya no soporta un sistema basado en la desconfianza. Es hora de que a un mexicano no se le puede confiar una urna o un presupuesto porque o defrauda el voto o se roba el recurso público. ¿Cuánto nos cuesta vigilarnos unos a los otros, por considerarnos irremediablemente rateros o defraudadores? El cambio debe ser muy profundo para avanzar y eso requiere dejar las trampas, la demagogia, el maniqueísmo, el enriquecimiento ilícito y la corrupción generalizada.

El PRI, en su soledad, es incapaz de situar a México frente al mundo, las crisis y las vanguardias de pensamiento. El PRI es un fruto más en esta larga noche de mediocridad política donde el país ha sido víctima de la demagogia, la utilización del hambre para ganar votos, de los mensajes sin contenido, de las ocurrencias y los cantos de victoria que no conducen a nada ni entusiasman a nadie.

Las fuerzas progresistas y democráticas en este período han jugado pésimamente en el esquema de los tercios y la inexistencia de una mayoría preclara. El punto de partida desde 2006 no era esperar el derrumbe del país para que ganara lo bueno, sino afinar los conceptos, las propuestas y ganar a lo más avanzado del país, en lo social, lo cultural y lo intelectual. Son millones de mexicanos que esperan y quieren ver el final del túnel y no quedar como espectadores en la lucha de víctimas y victimarios del fraude crónico.

Trascender el 1 de julio no es claudicación, es levantar la vista para transformar con el respaldo de millones que esperan el cambio y no la restauración, pues el PRI lo que ganó fue un sistema político en ruinas que hay que demoler con ideas, propuestas e imaginación.

Sin pecar de ingenuos, el PRI estará respaldado por la oligarquía, los monopolios y sus intereses. Este PRI que llegó no es nuevo ni viejo, es el que surge del fracaso y la decadencia de un sistema que agoniza. Su triunfo es su epitafio: haber regresado a la Presidencia es su funeral, y su victoria pírrica, la tumba de su cultura autoritaria.

Éste es el momento del diálogo, el cambio y la reforma de México.

Empujemos.