julio 20, 2012

'Palos' por Paco Calderón




Piratería, ¿definición clara?

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

El gobierno mexicano firmó (falta que lo ratifique el Senado) el Acuerdo Comercial contra la Falsificación, ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement), cuyo fin es combatir la piratería vía internet, es decir, la violación del derecho de propiedad intelectual, lo cual puede llevarnos a aplaudir dicha adhesión, ya que su fin es luchar contra la violación de un derecho. Sin embargo la cosa no es tan sencilla, y para demostrarlo pongo el siguiente ejemplo.

Supongamos que un amigo suyo tiene que presentar un examen, y que para prepararlo tiene que estudiar del capítulo cinco al nueve del libro X, que él no tiene pero usted sí, motivo por el cual se lo presta. Al hacerlo, ¿usted viola el derecho de propiedad intelectual de la editorial? No, claro que no, porque el préstamo de libros no está definido como violación del derecho de propiedad intelectual. Supongamos, para continuar, que en vez de prestarle el mentado libro escanea usted los capítulos cinco, seis, siete, ocho y nueve y, vía internet, se los manda a su amigo. Al hacerlo, ¿viola usted el derecho de propiedad intelectual de la editorial? Para responder pongamos atención al artículo 27 del ACTA, que dice que cualquier gobierno firmante podrá facultar a sus autoridades “para ordenar a un proveedor de servicios en línea que divulgue de forma expedita, al titular de los derechos de autor, información suficiente para identificar a un suscriptor cuya cuenta se presume fue utilizada para cometer una infracción”, infracción que en este caso consistiría en la transmisión, vía internet, de los capítulos escaneados. ¿Existe una diferencia esencial entre prestar físicamente un libro y prestarlo escaneado? Y si no existe, ¡y no existe!, ¿por qué lo segundo es considerado infracción y lo primero no?

Desde el punto de vista del interés pecuniario del editor, ¿existe alguna diferencia entre prestar físicamente un libro y prestarlo escaneado? No: en ambos casos él deja de vender un ejemplar y de percibir un ingreso, de tal manera que si el fin del derecho de propiedad de intelectual, en este caso un copy right, es garantizarle al editor la venta de libros y la generación de ingresos, ¿por qué considerar violación de tal derecho a la segunda opción —prestar el libro escaneado–, y no también a la primera —prestarlo físicamente—?

Otro ejemplo. Yo quedo fascinado con la lectura del libro Y, lectura que quiero compartir con mis cinco mejores amigos. ¿Cómo le hago? Se me ocurren las siguientes opciones: 1) les presto físicamente, uno por uno, el libro; 2) le saco cinco fotocopias al libro y se las regalo; 3) escaneo el libro y se los mando por internet. En cualquiera de los tres casos el editor dejó de vender cinco ejemplares del libro y de percibir el ingreso correspondiente, pero sólo los dos últimos casos suponen una violación del derecho de propiedad intelectual, momento de preguntar si ese derecho está bien definido y, ¡lo más importante!, si se justifica. Al respecto véase, de Stephan Kinsella, Against Intellectual Property: http://mises.org/journals/jls/15_2/15_2_1.pdf

La farsa

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Tal vez sea la frase más citada de Marx, que aparece en el 18 Brumario: “Hegel afirma en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes históricos aparecen, por así decirlo, dos veces. Olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa.” Ya varios colegas la han recordado para referirse al conflicto poselectoral actual, que es, sin duda, una gran farsa.

Nuevamente un López Obrador derrotado hace lo que sabe hacer, aventar el tablero de juego, acusar trampas porque él no ganó. Así lo ha hecho siempre y así lo seguirá haciendo. Ya afirmó, como en 2006, que hubo trampas el día de la elección, y como en aquel entonces no pudo probarlo, porque no existieron. Hace seis años tuvo esa genial frase “voto por voto”, que usó en las plazas, pero no en los tribunales, a los que no solicitó ese recuento amplio, porque ni era posible legalmente, ni le servía. Se concentró en pedir que recontaran las casillas en las que había perdido, y en las que siguió perdiendo después de la revisión. Ahora le ocurre lo mismo, pero peor: en el recuento de la mitad de las casillas perdió medio punto porcentual. Fíjese qué curioso, el porcentaje por el que perdió hace seis años.

Como jurídicamente no hay nada que hacer, López Obrador lanza excrecencias al ventilador, total, su plumaje aguanta todo. Acusa a los demás de comprar votos; acusa a Peña Nieto de haber aparecido demasiado en televisión; acusa al PRI de haber gastado más dinero del permitido. Pero él hizo lo mismo: también entregaron dinero en eventos, adjunto a otros regalos; también presionaron votantes, amenazándolos con quitarles el agua o el permiso para trabajar; también apareció de forma ilegal López Obrador durante cinco años en televisión en los spots del PT, además de recibir apoyo de actores en ese mismo medio, también de forma irregular; y en eso del dinero, el gasto de su coalición es tan irregular como el de cualquier otro.

El problema que tiene López Obrador es él mismo. Lo dijimos hace seis años, y a cambio recibimos improperios. Después algunos lo aceptaron, pero hoy volvieron a caer en sus redes. Ahora los engañó con el cuento de que si el PRI ganaba la elección sería ilegítima y todos ellos incluso olvidaron que López Obrador no es más que el PRI con 40 años de atraso. Pero es que quieren creer, y no hay argumento ni evidencia que los convenza. Bien lo describe Perelló esta misma semana: es un asunto religioso.

Por lo mismo, ahora tampoco se puede desnudar la mentira, porque otra vez se desata el odio. Como hace seis años. La crítica a López Obrador no es más que la defensa del fraude, en sus nublados ojos. Una elección imperfecta (como todas, por cierto) se transforma mágicamente en un fraude, en una imposición. Y quien no lo vea así es un traidor, un reaccionario, un lacayo del neoliberalismo, por decirlo en ésa, su ya anquilosada jerga.

López Obrador sí es un peligro para México, porque no sólo no es un demócrata, sino porque ha sido capaz de enlodar la democracia con tal de mantenerse vigente. López Obrador sí es un mal perdedor, como lo ha calificado Baltasar Garzón, y sí es un lastre para la izquierda mexicana, como lo definió El País.

Pero votaron por él más de 15 millones, y eso requiere una explicación. Muchos lo hicieron porque entienden su discurso de libro de texto de cuarto año de primaria; muchos otros, porque creyeron que era preferible este PRI embozado que el descubierto; otros más porque sus intereses están encarrilados en esa línea política. No hay que menospreciar la concentración geográfica del voto por AMLO: dominante en el sur, competitivo en el sureste, muy limitado en el resto del país. El núcleo duro de sus seguidores ahora se agrupa en Atenco: profesionales del reclamo y la agresión, vividores del presupuesto, jóvenes ilusionados y uno que otro enlace con la guerrilla. Dicen que lucharán contra la imposición, como llaman a la decisión democrática de 50 millones de mexicanos. Es que no puede ser democrática, afirman, si Peña resultó elegido. Como hace seis años no podía ser legítimo el triunfo de Calderón.

Lamento mucho esta farsa, como lamento que un personaje autoritario sea capaz de engañar a tantos mexicanos, incluyendo a muchos colegas que olvidan la evidencia a favor de la creencia. Son los estertores de esa malhadada Revolución que tanto daño hizo y sigue haciendo. El pueblo que no quería crecer, como decía Antaki, y que sigue buscando a su padre, a su guía, a su líder, a su mesías. Sí, es lamentable.

Defender a la democracia, atacándola

José Rubinstein
Analista
jrubi80@hotmail.com
Excélsior

El crujido de una rama o un efusivo saludo con machete podrían causar que la resistencia civil pacífica emplazada por Andrés Manuel López Obrador se convierta en rebelión civil violenta.

El atropello electoral del cual nuevamente se dice objeto el candidato del Movimiento Progresista cunde en el ánimo de sus partidarios, alebresta a grupos inconformes con el régimen vigente e incita a jóvenes descontentos a conducirse airadamente en defensa del “despojado” candidato presidencial.

Cierto, López Obrador impugna dentro de los conductos legales, pero publicitando sospechas como hechos consumados. El TEPJF resolverá en aproximadamente 45 días, lamentablemente, palo dado ni Dios lo quita, para entonces el agua podría haberse ya desbordado.

Justamente en San Salvador Atenco, donde Enrique Peña es non grato, se verificó la primera Convención Nacional Contra la Imposición, con dos mil 600 delegados y representantes de 29 entidades. El acuerdo principal de dicha “Convención” consiste en impedir que Peña Nieto tome posesión como Presidente. “Que la intolerancia y la represión como forma de gobierno no se imponga al pueblo de México”.

El Plan de Lucha contra la Imposición pactado por los de Atenco, #YoSoy132, el SME —presuntos financiadores del evento—, la CNTE, Huesca, pobladores de Cherán y otras alianzas, coordinadoras, frentes y comités, estriba en realizar una marcha el 22 de julio; el 27 de julio tomar instalaciones de Televisa; el 8 de agosto convocar a un paro cívico nacional; el 11 de agosto marcha del SME; el 1 de septiembre realizar un cerco humano en torno a San Lázaro, para impedir la toma de protesta de los nuevos legisladores —¿también de los suyos?—; el 6 de septiembre la jornada de lucha con la toma simbólica de medios y la liberación de plumas en todas las casetas de carreteras del país; para el 15-16 del mes patrio tomarán todas las plazas centrales del país, al grito de “Viva México sin PRI” y, para culminar, el 2 de octubre mediante un paro nacional estudiantil con la participación de universidades públicas y privadas de todo el país.

En insustancial declaración, el líder nacional del PRD se deslindó de las acciones acordadas en Atenco, señalando “no ser apagafuegos para impedir que los jóvenes den otro cauce a su inconformidad, ellos son dueños de sus decisiones… el país está en una situación con demasiado material incendiable”. Coincido, son prende fuegos.

López Obrador, en el siguiente capítulo de la serie, acusa a Peña Nieto de haber pagado su campaña —¿toda?— con recursos procedentes del lavado de dinero vía empresas trianguladoras de fondos a favor de Monex. Interrogado sobre las pruebas al respecto, el abogado de AMLO ante el TEPJF declaró: “No, no hay ninguna prueba, pero queremos que se investigue”. O sea, soltar la de ocho columnas para que luego se investigue.

Hoy dentro del Plan de Defensa de la Democracia y la Dignidad de México, AMLO anticipó anunciar los pasos a seguir. Pregunto: ¿La democracia requiere ser defendida precisamente por quien se obstina en llevar cada elección en que participa a extrainnings? ¿Quienes no votaron a favor de AMLO, carecen de dignidad?

Al PRI le corresponde demostrar la procedencia y aplicación de sus recursos electorales. Los incólumes denunciantes, además de sujetarse a la misma exigencia habrían de aportar suficientes elementos comprobatorios, sin sacar tajada publicitaria de supuestas irregularidades.

Qué ironía defender a la democracia, atacándola.

Servicios públicos y datos

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Diariamente producimos infinidad de datos que nutren los servicios públicos que se usan de manera habitual. Si pudiéramos hacer una cartografía de un día cualquiera de nuestra conducta, nos daríamos cuenta de la gran cantidad de datos que generamos. Lo que para nosotros pueden ser actos rutinarios y sin valor, para otros son informaciones valiosas.

Cuando pagamos un servicio en línea, compramos un producto en el súper, retiramos dinero de un cajero electrónico, llamamos por teléfono, enviamos un mensaje SMS o tuiteamos, estamos generando datos que almacenados en una base de datos ofrecen una foto bastante precisa de lo que somos.

Muchas son las empresas que procuran explotar esos datos, tanto así que en las ciudades existen varios niveles de captación de los mismos gracias a numerosos filtros y herramientas, que constituyen el magma de sus estrategias de mercado. Pero la obtención de datos no únicamente satisface el apetito comercial y de servicios que nos ofrecen las empresas.

Un ejemplo práctico lo puso en marcha Fabien Girardin (www.girardin.org/fabien/), quien auxilió al Louvre a medir la congestión de visitantes en algunas zonas del museo y administrar de mejor manera los espacios de algunas de sus salas y mejorar su visita. El estudio detectó y recogió, gracias a los celulares de los visitantes, el nivel de uso de las distintas salas del museo. Con eso Girardin obtuvo una percepción cuantitativa de la congestión y, a partir de la información, se establecieron indicadores de tráfico por día, hora y época del año. Con los datos el museo aplicó una modificación flexible de su política de distribución de las obras y, sobre todo, mostró cómo la medición se puede hacer en tiempo real y reaccionar de inmediato al tráfico humano cerrando algunas áreas o modificando el desplazamiento de los visitantes.

Si bien es cierto que la extracción de datos en los tiempos que corren es una obligación para ayudar a mejorar la vida en común en las urbes, también lo es que se requieren políticas precisas para que la sistematización y análisis de los mismos sea efectuada por distintos expertos (ingenieros en telecomunicación, físicos, estadísticos, diseñadores, sociólogos, antropólogos, etcétera), y que la representación de tales datos no vulneren la intimidad de las personas.