julio 31, 2012

PAN: la guerra contra el reloj

Julián Andrade (@jandradej)
julian.andrade@razon.com.mx
La Razón

En el PAN hay una carrera contra el tiempo. Cuando se reúna el Consejo Nacional el 10 y 11 de agosto, lo que estará en juego será el control del partido o cuando menos una de sus batallas más importantes para lograr este objetivo.

La clave radicará en el momento en que debe ser convocada la Asamblea Nacional que tiene las facultades de cambiar los estatutos del partido. El presidente de la República, Felipe Calderón, se inclina porque su realización sea a más tardar en noviembre, antes del relevo de gobierno y todavía con la fuerza que da tener el control del poder político en el país.

Gustavo Madero, el líder de los panistas, ve las cosas de otro modo y prefiere dejar las grandes discusiones y decisiones para el año próximo, cuando las fuerzas se puedan medir de otra forma y en otro terreno.

Por eso, entre otras cosas, es difícil, si no imposible, que Madero renuncie a la presidencia del partido.

Para el grupo del actual dirigente es importante el arreglar la casa antes de pensar en nuevos inquilinos y consideran que ello es un acto de responsabilidad y más aún luego de la catástrofe electoral que sufrieron.

Es más, en su análisis la salida del dirigente nacional está lejos de aliviar los problemas y en cambio existe el riesgo de profundizarlos.

Pero es en la lucha contra el tiempo en la que se abrió un flanco de crítica a la propia elección federal, y si bien reconocen el resultado de la elección y el triunfo de Enrique Peña Nieto, consideran que los gastos excesivos en los que pudo incurrir el PRI deben ser investigados.

Madero no ve contradicción alguna entre ambas situaciones y considera que inclusive son coherentes si se tiene en cuenta que fue el PAN quien “destapó” el asunto de la participación de Monex en la elección.

En Los Pinos, en cambio, requieren que las cosas se procesen rápido, ya que por ley de la política y por realismo puro, cada día que pase contarán con menos fuerza para imponer agendas y dirigencias.

En el PAN la voz del Presidente de la República es poderosa, pero está lejos de garantizar unanimidades, como sí ocurre en otros partidos políticos.

Además, no hay bálsamo que cure las heridas en la derrota y ello puede profundizar las diferencias.

Los panistas, no hay que olvidarlo, están acostumbrados a la discusión interna y nadie puede dar por hecho lo que ocurrirá en los próximos meses.

Vamos, ni siquiera se puede descartar que con el tiempo Javier Corral, uno de los más decididos impulsores de las alianzas con el PRD, no sólo pretenda la dirigencia nacional sino hasta que la logre, si en el entorno de Calderón no juegan muy bien sus cartas.

Una cosa es segura, vienen tiempos interesantes para el panismo y ya se sabe que ésos son los más inquietantes y complejos.

Compra del voto y pruebas jurídicas

José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com
Profesor del CIDE
El Universal

En su evaluación sobre la elección presidencial, el PRD incurre en puntos contradictorios; su candidato ha dicho que él ganó, pero que le robaron —una vez más— la elección. El PRD, al mismo tiempo, se pregunta sobre debilidades y fallos de la coalición que expliquen el resultado desfavorable. Esa pregunta no tiene sentido si se parte de que se ganó. Por otro lado, el PRD acepta que se no preparó adecuadamente la impugnación que vendría después de la elección al no haber recabado suficientes pruebas y evidencia del fraude que dice que le cometieron. Pero López Obrador sostiene que hay suficientes pruebas para invalidar la elección. ¿Cuál afirmación es la buena?

Más que creer en una u otra versión, cabe revisar las pruebas presentadas. Son frágiles, como dice el PRD. Habrá que ver, desde luego, hasta dónde llega el sobregasto de campaña de los partidos. Pero en lo demás, las pruebas son frágiles, tal como lo dice el PRD. Por ejemplo, López Obrador presentó dos boletas cruzadas por el PRI como prueba de los tres millones de boletas que, según él, fueron introducidas ilícitamente en las urnas. De haber existido ese fraude, la suma total de votos en la elección presidencial sería de tres millones más que en la de diputados o senadores. Pero las cifras entre las tres elecciones federales coinciden esencialmente (restando los votos de las casillas especiales, que son menos de medio millón).

También se han presentado miles de tarjetas de Soriana como pruebas de la compra, pero están lejos de los cinco millones de votos presumiblemente comprados. O más bien, del intento de haberlo hecho. Aquí hay se presenta un alegato dudoso: se supone que el secreto al voto previene que el intento de compra se traduzca en votos efectivamente comprados, pero la coalición lo plantea a la inversa; si se da una despensa entonces el secreto al voto ha sido violentado (¿?). Los bueyes delante de la carreta. Supongamos, con todo, que baste el intento de compra como causal de invalidación, como lo exige la coalición; se presentaron 33 videos como prueba de ello, que en su mayoría reflejan indicios o testimonios de compra de votos. Pero haría falta miles de videos semejantes como material probatorio de los cinco millones que se alegan comprados.

Más aun, varios de estos videos no prueban gran cosa. Hay por ejemplo un reportaje de la agencia Al Jazeera, en el que aparecen entrevistados analistas y activistas mexicanos que afirman que hubo una compra masiva de votos. Se trata de opiniones muy respetables, pero no prueban nada.

En otro video aparece una mujer que dice haber votado por el PRI pues recibió apoyos y, como no tiene trabajo, los necesita. Un voto comprado, sin duda, pero de ello la coalición infiere que “los ciudadanos que votaran por el PRI iban a recibir apoyo o despensas… con lo cual se vulnera la libertad y autenticidad del sufragio”. Es decir, de un voto claramente comprado se infiere que todos los demás cruzados por el PRI también lo fueron. En otro video aparecen camiones de la policía municipal de Coatzacoalcos con propaganda del PRI y se dirige a un mitin de Peña Nieto; un delito electoral cometido por algún funcionario de ese municipio que debiera castigarse, pero nada relacionado a la compra de votos. En otro video, un ciudadano dice a un policía municipal que hay un operativo de compra de voto, y le pide que vaya para allá. El policía dice que tiene otras tareas pendientes. Quizá haya habido una punible negligencia del policía, pero es todo lo que se puede probar. No aparece imagen alguna del operativo denunciado.

En otra videograbación, a militantes del PRI se les exhorta que busquen el voto de 10 familiares, amigos o vecinos para Peña. Pero, ¿no hacía eso también López Obrador en sus mítines? Yo mismo estuve en una reunión en que representantes de López Obrador pedían el voto a los asistentes, exhortándolos a promover cinco votos más entre amigos y familiares. Igual que ocurre en este video.

También se presentaron ante el IFE pruebas del tipo “tres jarras de plástico, siete mandiles, una lonchera, cuatro comales, 16 vasos de plástico, una gorra de plástico” y otros dos mil artículos semejantes, algunos (no todos) con el logotipo del PRI o la imagen de Peña Nieto. Se trata de utilitarios que todos los partidos reparten en sus actos y mítines y que, hasta donde se sabe, no hay prohibición legal para ello. Mucha paja, pues, pero poca sustancia probatoria.

AMLO®

Federico Reyes Heroles
Reforma

Compararse con Hidalgo, con Morelos, con Juárez, con Madero, cómo interpretarlo. Seguramente es otro lance demagógico más de los muchos que le hemos escuchado. Esa es una posibilidad, le damos al autor de esas notorias sinrazones -AMLO- el beneficio de la duda, de una astucia y arrojo asombrosos. En esta versión él sabe que sus dichos son una majadería al sentido común, pero los usa. Hay otra posibilidad, que en verdad lo crea, que esté convencido de ser un héroe llamado a fundar una nueva nación. Demasiadas novelas de caballería, quizá. Pero cómo explicar la actitud de sus incondicionales: o ya están también montados en la sinrazón o son unos timoratos incapaces de decirle a su líder que roza la locura.

Decir ante decenas de millones de televidentes que si no votan por él significa que son masoquistas y manipulados es de nuevo un lance tan osado que merece análisis. Ahora resulta que el 70% del electorado cae en esas categorías. Lo dijo en serio, colocándose de nuevo en ese umbral donde la sinrazón asoma. Nombrarse a sí mismo Apóstol requiere de una seguridad rayana en lo anormal. Ni Gandhi, ni la Madre Teresa de Calcuta pretendieron tanto. Sobre todo por la auto-erección, no dudo que en sus inacabables giras alguien le haya besado la mano y nombrado Apóstol, pero decirlo de sí mismo desnuda una faceta de la personalidad.

Fue él quien se vanaglorió de tener cinco millones de seguidores que cuidarían paso a paso la jornada electoral. Démoslos por buenos, ahora resulta que esos cinco millones fallaron, no vieron el macro fraude, que para él y sus comparsas es hoy -no antes- evidente. O quizá también los corrompieron con tarjetas de descuento, estrategia -la compra- que el PRD también hizo suya. Allí están las fotos de cubetas, relojes con las iniciales de AMLO, naranjas envueltas con dinero, regalitos que algo pretendían. O sea que AMLO en verdad piensa que México es un país de corruptos, lo del "pueblo bueno" era sólo de dientes para afuera. Cómo explicar la participación de un millón de ciudadanos como funcionarios de casilla y dos millones más como representantes de partido, todos capturados por la corrupción.

La otra explicación es igual de ofensiva: Televisa manipuló al 70% del electorado. Corruptos y manipulados los mexicanos no saben lo que hacen, claro, salvo en la capital de la República, en Tabasco, Morelos y en las otras cinco entidades donde él ganó. Parafraseando al clásico, odio las telenovelas, pero defenderé a muerte el derecho de cualquiera a verlas. Aflora de nuevo el ánimo mesiánico, de alguien que llegó a rescatarnos, de ahí la necesidad de una nueva organización que salve nuestra democracia. De ahí que el #YoSoy132 quiera "despertar" a los mexicanos atrapados en las redes invisibles de la idiotez televisiva. Esos engañados todavía tienen alguna esperanza, "despertar", no forman parte de la "mafia". Pero entonces cómo explicar ese México que usa cada vez más la alternancia para desplazar a los gobernantes que no le satisfacen, ese México que se inconforma, protesta y se manifiesta por las más diferentes causas: defender el derecho de formar pareja con una persona del mismo sexo o simplemente salvar un parque o denunciar la corrupción.

¿Cómo casar ese discurso moralista del rescate -autoritario en el sentido de que desean imponer una nueva moral- con el desfile de rostros emblemáticos de la corrupción en los altos mandos del PRD? En los hechos el mensaje es muy claro: la peor ralea de ese partido está de regreso o quizá nunca se fue. Se me dirá que también está esa otra izquierda, la nueva, la moderna que encabezan Ebrard y Mancera por citar a los más notorios. Sí, pero esa izquierda ha guardado sepulcral silencio frente al Apóstol. De verdad ejercen influencia o quizá no estamos leyendo la cruda realidad: son minoría y no tienen el poder. AMLO es una marca que vendió 16 millones de votos. Y esos votos representan mucho dinero. El PRD será, después del PRI, el partido más rico. Estamos hablando de cientos de millones de pesos, de muchas chambas, de prebendas, de privilegios. El Apóstol es un gran negocio, por eso se tragan su mesianismo, primero van los intereses y después los principios.

Sobre advertencia no hay engaño, ¿esperar al Tribunal? Con el tono sibilino de siempre AMLO ya anunció que va a la movilización, que su lucha por rescatar nuestra democracia apenas comienza, que podría estar en la boleta en el 18, así de sencillo. El divorcio que muchos desearíamos para que naciera una nueva izquierda no se ve en el horizonte. La razón es clara: se necesitan mutuamente. Para el 2018 habrán pasado tres décadas desde que Cuauhtémoc Cárdenas inició una ruptura y un movimiento clave para la democratización de México. Pero de seguir por donde van los avances doctrinales de la izquierda se podrían desvanecer en un mar nauseabundo de corruptelas de los muchos que se amparan en las siglas del PRD. Por eso no se preocupan, ya tienen su marca registrada: AMLO.

Expo fraude

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Sí, AMLO es un héroe perseguido y atacado, a pesar de ya tener harta a más de 50% de la población.

Nos lo anunció la semana pasada; aquí escribimos sobre su próximo “magno evento” en el Zócalo: una muestra itinerante que pretende repetirse en cada una de las capitales estatales del país, y donde enseñe cada uno de los elementos que han logrado recabar con la intención de invalidar la elección presidencial.

AMLO ha seguido con su estrategia de hablar, hablar y hablar de lo mismo, mientras está a la espera de lo que resuelva el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pero si ya sentíamos pasado su discurso, trasnochado, aburrido y sin sentido, se ha volado la barda cuando se comparó con los héroes patrios.

Ha sido (o es, según su percepción) demócrata timado, mártir, blanco de todos los complots imaginables, mesías y, ahora, héroe nacional, o al menos un personaje con cualidades y que vive en unas circunstancias que permitirían llamarlo así, en su República Amorosa, por supuesto. “Nada más piensen en lo que ha sido nuestra historia: nuestros héroes siempre fueron muy atacados. Hidalgo, Morelos, fueron excomulgados, asesinados por oponerse, por resistirse, por no aceptar las injusticias...”, dijo AMLO en una movilización en Ciudad Netzahualcóyotl el domingo pasado. A ese nivel ha llegado el speech de Andrés Manuel López Obrador. Ya una vez había dicho algo similar sobre la persecución que tanto él como el mismísimo Jesucristo han sufrido. Bajo esa mirada, entonces ya se había tardado en autoproclamarse héroe nacional.

Sí, héroe perseguido y atacado, a pesar de ya tener harta a más de 50% de la población, según la encuesta que ayer publicaron Excélsior y BGC Ulises Beltrán y Asociados, donde se preguntó sobre el sentir de la población con respecto al conflicto poselectoral patrocinado por AMLO y sus intentos de anular la elección. Y es que, según lo que arroja la encuesta, se percibe que por encima de las dudas que un importante porcentaje de la población encuestada tiene sobre el uso de los recursos de campaña (51% del total), está la inconformidad sobre el discurso y los últimos movimientos de Andrés Manuel. Algo parecido a lo sucedido en 2006, donde pudo más la molestia generada por el plantón de Reforma, cuando vio sus negativos crecer de manera exponencial. Y cómo no, si el Peje sigue en su postura de dudar y no escuchar ni a su sombra. Lo que él dice deberá entenderse como única verdad.

Tal vez por eso ha hecho oídos sordos al nuevo escándalo en su contra dado a conocer ayer por El Universal, donde se asegura que Honestidad Valiente, A. C., no ha realizado los pagos correspondientes al Impuesto Sobre la Renta desde el año 2006 y a la fecha. El reporte afirma que la asociación que ha pagado los últimos seis años los 50 mil pesos que, dicen, es el sueldo de AMLO, sólo declaró en dos de esos años las donaciones que recibió, las del año 2009 y 2010, respectivamente, y que juntas suman más de 20 millones de pesos. ¿Y los otros años? ¿De dónde venía el dinero? ¿Cuánto fue? Pues ni el SAT lo sabe...

Así que mientras él se llama héroe nacional y acusa a sus rivales de fraude electoral, vive y paga todo su numerito con fondos que vienen de una asociación que también vive en el fraude, aunque fiscal... vaya héroe.

El dilema de la izquierda mexicana

Roberto Blancarte
Milenio

¡La izquierda, unida, jamás será vencida!” Esa solía ser una de las consignas que se coreaban hace 30 o 35 años, cuando se hacían las primeras marchas permitidas al Partido Comunista y otras fuerzas progresistas. Me parece que sigue siendo un eslogan válido, aunque siempre ha tenido muchas dificultades para ponerse en práctica. La izquierda mexicana, como todas las otras agrupaciones políticas del país, no es homogénea ni monolítica. Está compuesta por innumerables tendencias, posiciones, corrientes, tribus, ideologías, facciones, individualidades, divas, personalidades, caudillos, agrupaciones, posturas, ambiciones, utopías, etcétera. Hasta ahora, muy pocos han logrado articularlas y nadie lo ha hecho completamente. Probablemente nadie lo hará, porque simple y sencillamente es una tarea imposible de realizar.

Sin embargo, en algunas ocasiones ha habido momentos en los que esta unidad se ha logrado; 1988 fue probablemente el momento en que esta unidad, que incluía desde el nacionalismo revolucionario hasta el socialismo unificado, tuvo su mejor momento. Luego, ha habido otros momentos en los que la izquierda ha tendido a unificarse, pero por una razón u otra o bien ésta no se ha logrado completamente o bien ha sido una unión ficticia. Es el caso, me parece de las campañas de 2006 y 2012.

En las elecciones de 2006 Andrés Manuel López Obrador no ganó la elección presidencial debido a su soberbia, que le impidió realmente aglutinar al conjunto de las fuerzas de izquierda. Según los conteos oficiales, el candidato de las izquierdas obtuvo 14,756,350 votos, es decir, 243,934 votos menos que los 15,000,284 obtenidos por Felipe Calderón. Lo que la historia olvida es que Patricia Mercado, candidata del Partido Social Demócrata (PSD), obtuvo 1,128,850 votos, es decir casi cinco veces la cantidad que López Obrador necesitaba para vencer a Calderón. En el fragor de la lucha postelectoral, ya nadie se acordó de esos votos y lo que hubieran significado. Lo cierto es que, asumiéndose un casi seguro ganador unos meses antes, López Obrador despreció los acercamientos e intentos de lucha unitaria que le ofreció el PSD. Nunca imaginó que necesitaría esos votos de esa izquierda y simplemente los desechó. En otras palabras, si López Obrador hubiera sido realmente el candidato de todas las izquierdas, hubiera triunfado y con cierta holgura, en las elecciones de 2006.

Pero López Obrador no aprendió la lección. Lejos de ello, a partir de 2006 comenzó a dividir al PRD, el partido que él mismo había dirigido y que lo había lanzado como candidato, retomando el membrete y la estructura del Partido del Trabajo (PT), desviando recursos materiales y humanos para la construcción de una plataforma propia. En las elecciones de 2009 fue evidente que López Obrador hizo campaña a favor del PT y en contra del PRD, sobre todo allí donde no los consideraba sus aliados incondicionales. Aún así, el PRD logró obtener más del 12 por ciento de los votos, los cuáles no eran muchos, pero sí más que el 3.7 por ciento del PT. El resultado fue que el PRD logró tener 71 diputados, mientras que el PT solo 13. De cualquier manera, la obra de división de la izquierda llevada a cabo por López Obrador, seguía adelante.

Solo la prudencia y un cálculo político (desde mi punto de vista equivocado), condujeron nuevamente al PRD a apoyar a López Obrador en su candidatura por la Presidencia de la República. Digamos que fue la unidad impuesta desde el exterior, porque la dirigencia perredista sabía que López Obrador de todas maneras se iba a lanzar apoyado por el PT y que sin esos votos era irrealista aspirar a la victoria en las elecciones presidenciales. Así que prefirió apoyar a aquel que los había dividido, en aras de un supuesto bien mayor, que era alcanzar la Presidencia de la República. Pero López Obrador no ganó, más allá de las irregularidades y vicios electorales, por la simple y sencilla razón de que muchos que votaron por el PRD y por las otras fuerzas de la coalición progresista, no quisieron votar por él. De hecho, como es bien sabido, el candidato de las izquierdas obtuvo en 2012 solo 31.64% de los votos, mientas que en 2006 había alcanzado 35.33%. En otras palabras, por las razones que usted quiera, pero fue a la baja.

Ahora, el Consejo Nacional del PRD, dentro del cual hay no pocos lopezobradoristas, comienza a hacer sus cuentas y comienza a tomar una cierta distancia de quien fue su candidato presidencial. La sentencia de que no basta con señalar únicamente que hubo fraude electoral, sino que, si se pretende invalidar la elección, se tienen que reunir elementos jurídicos y probatorios, es, quisiera creer, el principio de un deslinde necesario. La supuesta aceptación de que se necesitan mutuamente, que es más bien una frase del dirigente nacional del PRD, más allá de su validez, tendrá que ser probada con hechos en el futuro. Hasta ahora, López Obrador no ha hecho nada que vaya en esa dirección, más que cuando ha necesitado al partido. Sin embargo, para mi gusto, la pregunta permanece: ¿necesita el PRD seguir encadenado a un candidato que ha dividido a la izquierda y que nunca va a ganar? ¿Hay alguna razón por la que dicho candidato siga imponiendo su visión? Yo, francamente, creo que no.