agosto 01, 2012

1,601 cuartillas

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

El PRI respondió a la impugnación del Movimiento Progresista con 1,601 cuartillas repletas de información, claves y pistas.

La prosa captura personalidad y forma de hacer política. En los acervos del PRI uno encuentra los cínicos escritos de Gonzalo N. Santos, la mesurada prosa de Lázaro Cárdenas, la agudeza intelectual de Jesús Reyes Heroles o la pomposidad de José López Portillo. El documento entregado por el PRI al Tribunal Electoral el pasado 16 de julio está cerca del estilo utilizado por Carlos Salinas en sus memorias: la modernidad tecnocrática encubre viejas mañas.

El alegato del PRI está bien escrito y se orienta a demostrar jurídica y de manera fáctica que la elección presidencial "fue válida" y a desprestigiar a quienes dudan de la presunta victoria de Enrique Peña Nieto. El menosprecio al Movimiento Progresista es evidente: describen la impugnación como "insulsas y extensas invocaciones del derecho, con escasas referencias a hechos" o como "expresiones subjetivas y dogmáticas, carentes de lógica y sustento jurídico" (pp. 937 y 1260, respectivamente).

Cuando la evidencia es demasiado incómoda el PRI la niega al mismo tiempo que se ampara en los resquicios proporcionados por la legalidad electoral mexicana. Las revelaciones divulgadas por Reforma, The Guardian y La Jornada sobre los acuerdos entre Televisa y Peña Nieto son desechados por no ser "ni pertinentes ni suficientes" y porque, de acuerdo con las leyes, las notas periodísticas pueden ser "atendidas sólo como indicios".

Mientras arman la defensa van exaltando las glorias de la democracia mexicana. Enrique Peña Nieto hace lo mismo. En una conversación de 40 minutos con Andrés Oppenheimer el mexiquense calificó a la elección como un ejercicio democrático "ejemplar e inédito", negó que su partido comprara votos y que en el caso de que hubiera sucedido fueron "casos aislados y casuísticos" y se presentó a sí mismo como parte de "una nueva generación de líderes del PRI formada en una cultura democrática" (The Miami Herald, 15 de julio de 2012).

En las 638 cuartillas que contienen la impugnación del PRD y en la respuesta priista de 1,601 aparecen dos visiones antagónicas sobre la elección y el sistema político. Si las instituciones funcionaran como debieran, en los próximas días o semanas los árbitros electorales pondrían a cada quien en su lugar con fallos sostenidos por investigaciones incontrovertibles. No sabemos si la Unidad de Fiscalización del IFE y el Tribunal Electoral nos darán certidumbre democrática esclareciendo dudas, asignando responsabilidades y castigando culpables o si se atrincherarán tras la verdad legal como en 2006. ¿Nos entregarán una canasta con ricas viandas o una generosa batea de babas? Los ciudadanos somos espectadores y a ellos propongo un par de reflexiones.

El texto presentado por el PRI también recuerda la prosa de Carlos Salinas -y otros priistas- por la distancia entre discurso y realidad. El PRI insiste en que nuestra vibrante democracia avanzará todavía más si el Tribunal ratifica su victoria y Peña Nieto se compromete una y otra vez a "profundizar y ampliar la transparencia de todos los órdenes de gobierno y de los Poderes de la Unión".

La promesa se evaporó 16 días después de la elección. Pese a la importancia del documento aquí comentado, el PRI sólo difundió un boletín de nueve cuartillas y le echó candado a las 1,601; en 10 ocasiones solicité el documento a la Dirección de Comunicación Social del PRI y a la representación del PRI ante el IFE. Aunque mi fracaso fue absoluto, México ha cambiado y la información ahora fluye por diferentes canales (el texto completo está disponible en www.sergioaguayo.org).

Pase lo que pase con la verdad legal, seguiremos discutiendo estas elecciones. Estoy entre quienes dudan de la limpieza de estos comicios pero considero indispensable que la investigación periodística y académica trascienda la denuncia y se oriente a detectar los patrones estructurales que hacen tan comunes las irregularidades. La evidencia abunda y las 1,601 cuartillas escritas por el PRI contienen información y pistas.

Para que ejercicios independientes de este tipo sirvan y mejoren la cultura democrática es indispensable que el PAN y las izquierdas partidistas se comprometan con reformar a fondo las condiciones que hacen posible las elecciones que ahora son de tan baja calidad o prefieran seguir compitiendo en desventaja con las reglas impuestas por el PRI. En el caso de la izquierda, es urgente que superen la retórica quejumbrosa y estridente e incorporen el conocimiento especializado a su trabajo. Una tarea inmediata es comparar su impugnación con la respuesta que recibieron del PRI. Las 1,601 cuartillas evaden inequidades pero también señalan realidades.

LA MISCELÁNEA

Las 1,601 cuartillas del PRI son de difícil manejo, no permiten la búsqueda de palabras o el copiado de frases, pero son útiles para la investigación.

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Colaboró Rodrigo Peña González.

López, el fraude, el remedio y la enfermedad

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

No tienen remedio. Siguen en las mismas aunque con un grado creciente de deterioro en el discurso y en la organización. En estos 15 días que estuvimos fuera, el movimiento de López Obrador, que cada vez parece alejarse del perredismo, o por lo menos de los verdaderos sectores de poder de ese partido, no ha podido avanzar absolutamente nada en su denuncia de un presunto fraude electoral. Ha mostrado irregularidades, ha insistido en la compra de votos, ha realizado, mediante el movimiento #YoSoy132 (que ya está copado por el SME, los atencos, los descendientes del CGH, la CNTE y otros grupos que nada tienen que ver con lo que supuestamente se planteó en sus orígenes), un minibloqueo en la ciudad con la coartada de bloquear Televisa. Y López anuncia que comenzará, como hace seis años, un recorrido por todos los municipios del país para explicar cómo ocurrió el “fraude”. Son 16 millones de votos, muchas posiciones en el Congreso, mucho dinero el que está en juego y nadie convencerá al tabasqueño que el 2018 no es una ruta viable.

En realidad lo que se está disputando en el PRD y sus aliados es el futuro de esa izquierda. Más allá de que se crean o no su historia del fraude y la compra de cinco millones de votos; más allá de que realmente crean que los millones de electores que preferimos otra opción diferente a López somos, como dice gentilmente el ex candidato, masoquistas que apoyamos la corrupción, lo cierto es que el show mediático-electoral montado tiene un objetivo muy claro: quiere copar el escenario para impedir que sus reales adversarios, que son Miguel Mancera, Marcelo Ebrard, Graco Ramírez, y la corriente de Nueva Izquierda, puedan, ahora sí, deshacerse del fardo que les significa un candidato permanente y con sentido de una “misión” que les impide actuar como una fuerza política seria en el teatro político nacional.

Debe resultar frustrante para un partido y sus candidatos ganadores que, a un mes de las elecciones, nadie esté hablando de sus triunfos arrolladores en el DF, en Morelos, en Tabasco; que nadie de ese partido esté en condiciones de negociar una agenda legislativa (como una poderosa segunda fuerza en la Cámara de Diputados) para un Congreso que comenzará a operar en apenas 30 días, porque su derrotado candidato Presidencial no lo permite. Y no lo permite porque no quiere perder protagonismo, porque sabe que para el futuro lo único a lo que puede aferrarse es a la victimización y a tener como rehén a su partido y a sus aliados. Lo que busca es dejar sin bases a sus rivales políticos internos y exhibirlos como supuestos traidores cuando quieran construir su respectiva ruta política.

Mientras tanto, atrapado también en la búsqueda de su futuro, ahí está el PAN. Con esta lucha extraña entre el calderonismo, los maderistas y El Yunque. La reunión del Consejo Nacional del día 11 deberá definir muchas cosas, pero el enfrentamiento interno va para largo. El término usado por Felipe Calderón, sin embargo, es el adecuado: el PAN debe refundarse, debe volver a ser construido sobre nuevas bases, nuevos objetivos, distintos liderazgos. El PAN, simplemente, no hizo campaña como tal: evidentemente se equivocó en muchas ocasiones el equipo de Josefina, se equivocaron en Los Pinos, se equivocaron los adversarios internos de ella, El Yunque se presenta como vencedor y perdió casi todo, pero la dirigencia del partido prácticamente desapareció y terminó con acciones ridículas como la conferencia de prensa conjunta entre Gustavo Madero y Jesús Zambrano: no fue suficiente con que la lógica de campaña panista en todo el primer tramo de la misma sirviera para quitarle votos a Josefina y fortalecer a López Obrador, sino que, según el presidente del PAN, pasada la elección, la apuesta es hacer eco a la denuncia de López para anular la elección. En la dirigencia actual panista parece que no tienen ni la menor idea de qué quieren hacer con su partido. Y, como decía Séneca, cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable.

En el PRI, mientras tanto, las luchas internas son más sordas, pero existen, son muchas las posiciones por distribuir, y fue lenta la capacidad de respuesta a la ofensiva lopezobradorista. Se ha apostado al tiempo y al Tribunal, pero tanto Peña Nieto como su equipo deben salir más, aparecer más, apostar más por el futuro y generar expectativas sobre el mismo: sólo responder a los ataques de sus adversarios parece ilógico en un candidato, y un partido, que ganó las elecciones por un margen menor al que ellos mismos esperaban pero, así y todo, con más de siete puntos de ventaja sobre sus adversarios. Se terminaron las vacaciones, es hora de hacer política de verdad.

La piñata olímpica

Víctor Gordoa (@victor_gordoa)
Rector del Colegio de Imagen Pública
Excélsior

Cuando apareció la delegación mexicana durante el desfile de presentación de los países participantes en los trigésimos Juegos Olímpicos, los televidentes testificamos un recibimiento más efusivo que el que había venido dándose a otros países. No sé si hayan sido los miles de aficionados mexicanos que se dan el tiempo y el presupuesto para asistir a este tipo de eventos y que siempre hacen mucha bola o si lo haya producido una especie de amor sincero que por nuestro país alberguen los corazones ingleses o el asombro ante la colorida sorpresa que representaron los atletas mexicanos al salir del túnel oscuro, pues de pronto vimos a un puñado de hombres y mujeres que iban vestidos como… como… como algo que bien a bien no sabría describir, pero que estaba ubicado en el camino del folclor, la originalidad o el último grito del diseño mexicano, pero que en su imagen grupal ofrecía un espectáculo multicolor que a mí me recordó a la tradicional y mexicanísima piñata.

Eres lo que pareces…

Es frecuente que aquellos que perciben una imagen física piensen que ésta por sí sola representa el concepto general de imagen, como si la simple apariencia de algo representara en su totalidad al concepto. Nada más alejado de la realidad y mucho menos cuando se habla de una imagen pública. La imagen es el resultado mental que se produce en el cerebro de un receptor, después de percibir un conjunto de estímulos verbales y no verbales que alguien está emitiendo y que rápidamente decodificará como la identidad de lo percibido. Dicho más fácil: cuando yo te percibo, voy a configurar en mi mente una idea clara de lo que yo creo que eres y opinaré al respecto a favor o en contra de ti, pero ese juicio de valor acabará convirtiéndose para mí en tu identidad. Es un juego muy cruel, pues tú serás para mí quien yo crea que eres, dependiendo de la forma en la que te haya percibido e independientemente de quien verdaderamente seas. Por eso, en el terreno de la imagen las cosas son lo que parecen ser.

Somos y parecemos piñata…

Ahora bien, la imagen debe fundamentarse en la esencia de tal manera que corresponda a la verdad de lo que realmente se es, pues de lo contrario, si se separa de ella, se corre el riesgo de convertirse en un absoluto engaño. Ante lo percibido en la inauguración de los Juegos, lo que procede es preguntarnos… ¿Los mexicanos somos la piñata que mostramos ahí?... ¿Corresponde la imagen de nuestra delegación a nuestra verdadera esencia? Creo firmemente que sí. Somos una nación multicolor, asimétrica, discordante, desordenada, uniforme pero sin uniforme, constituida por elementos tan diferentes entre sí como las prendas que los deportistas lucieron, pero por otro lado un país bullanguero, despreocupado, lleno de gente que convive aunque esté dividida por sus estereotipos, costumbres, fobias y filiaciones, pero que comparte el orgullo de ser mexicanos, aunque esa identidad nacional esté más ligada a la belleza de su tierra y a su espíritu ancestral, que con su productividad. Gente que en su mayoría prioriza el estar al ser, a la que no le importa tanto lograr resultados como estar presente, no importa que sea una manifestación, una junta o una fiesta olímpica. Así se vio nuestra delegación. Quién sabe qué resultados traerá al final de la contienda, pero eso no importa, lo que verdaderamente importa es que en la inauguración se nos brindó una ovación más ruidosa que a los demás, que sorprendimos, que destacamos por la imagen que dimos y que además coincidió de manera genuina con nuestra esencia: somos y parecimos una mexicanísima piñata, sólo falta que traiga dulces.

¿Qué pasa entre lo político y lo electoral…?

Marco Rascón (@MarcoRascon)
De monstruos y política
www.marcorascon.org
Milenio

El problema y el acceso al poder presidencial en México no es un tema electoral sino político.

Saber diferenciar entre lo político y electoral es una necesidad para entender el sistema político mexicano en su evolución y explicarnos el regreso del PRI a la Presidencia de la República. Nuestra imperfección política se aleja siempre de la tendencia hacia la perfección para sufragar; dicho de manera distinta: la urna, nada tiene qué ver con las reglas políticas.

Empezando por lo electoral, nuestro sistema para elegir legisladores y gobernantes, si bien ha cambiado y mejorado en cuanto al conteo de votos e imparcialidad de los órganos que organizan, cuentan y califican la elección, no ha logrado la equidad en las campañas previas de los partidos.

La primera desventaja a nivel municipal, distrital, estatal o federal, la establecen los que gobiernan: todo buen ejercicio gubernamental construye un voto duro, una clientela base y establece la ventaja de las alianzas, que por naturaleza surgen de la discrecionalidad del ejercicio del poder.

En la disputa presidencial, los grandes intereses económicos se mueven asegurando estar presentes con el ganador. Es común en nuestro sistema electoral los apoyos económicos diferenciados a todos los candidatos de manera secreta con el fin de que nadie proteste si todos recibieron, y que el donante esté protegido frente a todos los candidatos. ¿Qué sucedería si en vez de prohibir los apoyos, se estuviera obligado hacerlo públicamente, tanto en monto como al destinatario como sucede en Brasil o Estados Unidos? La cargada e inequidad en su caso sería evidente y, por tanto, las alianzas transparentes y de efecto limitado frente al poder.

El tema de falta de equidad no afectó técnicamente el sufragio ni el conteo de los votos. El problema electoral es la calidad de nuestra democracia, donde el voto de un empresario o banquero teóricamente cuenta igual que el de un pobre que recibe una despensa o una camiseta, pero esto políticamente no es cierto.

“Un ciudadano un voto”, es una abstracción de nuestra democracia. Es tener diseñada en el discurso una democracia de iguales para quiénes en la estructura del poder son desiguales. Esto nos lleva a que vivimos una democracia sustentada en votos, pero en la que unos tienen mayor poder que otros para elegir, y por ello mismo, todo resultado será siempre cuestionado, aunque suceda como diría un mago en la jornada electoral: “nada por aquí, nada por allá”.

En principio, por estas razones ganó el PRI la mayoría, aunque con su porcentaje obtenido en las urnas no le dé poder suficiente para ejercer su fantasía de presidencialismo absoluto. El PRI se impone también en lo electoral, no por sus méritos que son pocos, sino por la suma de errores de sus adversarios que fueron muchos y que fueron sembrados en un caso desde hace seis años.

En breve tiempo el Tribunal federal (TEPJF) dará por terminado el proceso electoral declarando válida la elección y a un ganador. El proceso electoral técnicamente quedará resuelto, pero no el problema político, que para todo el país sigue siendo un problema, pues no podemos, aún por la vía electoral, construir los acuerdos esenciales para avanzar nacionalmente en lo político, lo económico y lo social.

Lo presidencial es importante en la medida que expresa alianzas, acuerdos y un bloque de intereses decidiendo el país. El gran problema político de México es que el nuevo Presidente constituye la visión de intereses privados, parciales y de corto plazo, tomando las decisiones que deberían velar por el interés público, nacional y con visión de Estado soberano.

Para que hubiera un estadista, el próximo Presidente tendría que romper con los intereses que le apoyaron y eso México solo lo vivió con Lázaro Cárdenas, que en un sexenio y sin inmiscuirse en los gobiernos que le sucedieron, rompiendo, sentó las bases de 40 años de desarrollo económico y social del país que agotaron el autoritarismo, la corrupción, los desvíos y sumisión ante los intereses de corte oligárquico y monopólico.

Para esos intereses poderosos pero muy minoritarios, la simple posibilidad de construcción de consensos entre fuerzas políticas es una amenaza. Para ellos, la permanencia del poder de facto se apoya en la polarización; en los vacíos, falta de diálogo, en la incapacidad de la política para realizar reformas; en que los esfuerzos pierdan la perspectiva de los fines y autodestruyan los medios para llegar a ellos.

En el sentido de lo anterior, el problema es fundamentalmente político y si no se resuelve de fondo, regresará en cada elección en tres o seis años y ya sea en elecciones ordinarias o extraordinarias, de primera o segunda vuelta.

Por la supeditación a los intereses parciales que les apoyan, los nuevos candidatos y por ende los gobernantes de hoy, se ven mínimos. Su falta de palabras y pobreza en el discurso es por su ausencia de conceptos políticos y no tener libertad para decirlos.