agosto 03, 2012

Cambios

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La transformación de México en los últimos 15 años no ha sido reconocida a cabalidad. Aunque parte de los cambios iniciaron desde antes, el cambio cualitativo ocurrido a partir de 1997 es, me parece, de la mayor importancia.

En el tema económico, la transformación inicia 10 años antes, cuando México ingresa, finalmente, al GATT, ahora OMC. La competencia externa, acelerada durante el Pacto de Solidaridad, elimina a sectores profundamente improductivos y abre el espacio para nuevas actividades que generan mucho más valor agregado. Es la destrucción creativa. Carlos Salinas aprovecha el cambio de tendencia mundial de 1989 y promueve una mayor apertura, ahora negociada. El Tratado de Libre Comercio permitirá a México duplicar su participación del mercado estadounidense en menos de una década. Los excesos de Salinas, las fallas de Bush, y una profunda reacción del viejo sistema llevan a México a una crisis financiera en 1995, pero una vez salvado el escollo (que no era menor), a partir de 1997 la economía se mueve de forma muy diferente a como era previo a 1986. Mucho más orientada al exterior, pero también al consumidor, empieza a parecer una economía moderna en la que los viejos privilegios se hacen cada vez más evidentes y odiosos. Ahora, 15 años después, ya es una idea aceptada que son ellos, los empresarios, sindicatos y centrales creados por el Estado los que nos detienen.

En la política, se puede rastrear el origen del cambio tan atrás como se quiera, pero en mi opinión es también 1986 el año del cambio. En ese entonces se da el combate por la sucesión de De la Madrid, que para el otoño ya estaba claramente en manos de Carlos Salinas. La reacción al interior del PRI se convertirá dos años después en el (neo)cardenismo, y al año siguiente en el PRD. Pero en ese mismo 1986 hay otro gran desafío al PRI, en la elección de Chihuahua, que ganarán en contra del PAN de forma más que dudosa. A partir de 1986, la legitimidad del viejo sistema está en duda. Eso sólo se refuerza en 1988, en el trágico 1994, y en la gran reforma que libera definitivamente el sistema político, la de 1996. En 1997, el PRI pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, y desde entonces tenemos gobiernos divididos, competencia real en las elecciones (más en las federales que en las locales, pero la hay).

Algo en lo que no se ha reparado es que desde 1997 el viejo camino a la Presidencia no existe más. Desde la época de los sonorenses, en los años 20, para ser presidente había que estar en el gabinete. Desde 1997, al revés: estar en el gabinete descalifica. En 2000, gana la Presidencia un ex gobernador; en 2006 compiten por ella dos ex gobernadores y un legislador; en 2012, lo mismo. Ser secretario de Estado ya no es lo mismo que antes. Esta transformación es del nivel de la que registraba Smith en los Laberintos del poder: el centro político se movió de las direcciones de organismos en los años 20 a los senadores en la posguerra. Ahora, en el interregno, pareciera haberse movido hacia los gobernadores.

En materia social, la transformación es mucho más profunda, aunque sea en donde menos se reconoce, tal vez porque quienes reconocen no enfrentan carencias, y por lo mismo su visión de la política social es sesgada. Hasta 1997, todos los programas sociales del gobierno mexicano, con la posible excepción de la educación básica, eran regresivos, es decir, no redistribuían el dinero de los ricos hacia los pobres, sino al revés. Por eso, a pesar de los 80 años de gobiernos revolucionarios (1917-1997), la pobreza y la desigualdad en México continuaron prácticamente sin cambio, salvo el que la dinámica mundial produjo. A partir de 1997 aparecen programas verdaderamente sociales. El primero es Progresa, ahora llamado Oportunidades, seguido por el Seguro Popular y finalmente por Piso Firme. Se le puede sumar a esto la profunda transformación de Infonavit (y en casi la misma medida, de Fonacot). Si sumamos a esto las medidas impulsadas por México que lograron simplificar las transferencias de recursos de los migrantes, se podrá entender por qué hoy México tiene el menor nivel de pobreza y desigualdad de su historia.

La relación entre las tres esferas es, como se sabe, compleja. Sin embargo, la evidencia es contundente: México vive mejor desde 1997. En estos 15 años hemos logrado más que en los 80 previos, porque sólo en estos últimos hemos tenido dos elementos indispensables para el éxito: libertad y competencia.

Nuestro futuro depende de que conservemos y ampliemos esa libertad y esa competencia. Nada más de eso.

La honestidad de la ira

Juan Villoro (@juanvilloro56)
Reforma

Cuando Truman Capote murió, Gore Vidal alzó sus célebres cejas para decir: "Magnífica decisión profesional".

Conocido por los epigramas que la lengua inglesa no escuchaba desde Oscar Wilde, el autor de Mesías fue tan versátil que costaba asociarlo con un género y tan carismático que quienes lo oían pensaban que lo habían leído. En dos ocasiones se presentó al Senado con una agenda demasiado liberal para triunfar pero imposible de olvidar. Su campaña de 1982, registrada en el documental Gore Vidal: el hombre que dijo no, fue un despliegue de elocuencia satírica.

Vidal nació en 1925 en el cuartel de West Point, con el nombre de pila de Eugene. Su padre fue un piloto de guerra que fundaría tres aerolíneas, y su madre, una actriz de reparto con tendencia al alcohol y los matrimonios de alta sociedad (uno de sus maridos fue el padrastro de Jacqueline Kennedy).

Vidal prefirió la compañía de su abuelo Thomas Gore, que estaba ciego a causa de dos accidentes distintos y era senador por Oklahoma. En Washington, donde vivió desde el divorcio de sus padres, el futuro novelista le leía a su abuelo y escuchaba su potente oratoria en el Senado.

En la novela Washington, D. C., y en obras de teatro como El mejor hombre y Una velada con Richard Nixon, Vidal mostraría los bastidores del sistema político que conoció de primera mano.

A partir de los años sesenta se trasladó a Italia. "Vivo en las ruinas de un imperio para escribir sobre otro", comentó. Su pasión romana dio lugar a Juliano el apóstata, novela sobre el emperador que trató que su pueblo volviera al paganismo, y lo llevó a colaborar en la película Ben-Hur, donde urdió una subtrama gay. Quedó más satisfecho con ese trabajo que con Calígula, exceso fílmico producido por el editor de Penthouse, del que retiró su nombre.

Extrovertido como sólo puede serlo un dandy de sangre fría que nunca se pone nervioso, fue huésped asiduo de la televisión, se representó a sí mismo en Roma, de Fellini, y actuó en el futuro de diseño de Gattaca. Como guionista, su mayor logro fue la adaptación de De repente, en el verano, de Tennessee Williams.

Polemista impar, hizo que Norman Mailer perdiera los estribos y le diera un cabezazo antes de entrar al show de Dick Cavett. El columnista conservador William Buckley Jr. lo demandó por difamación pero Vidal ganó el pleito. Cuando le preguntaron qué opinaba de Inglaterra, respondió: "Esto no es un país: es un portaviones estadounidense".

"Flaqueas al ocuparte de mi obra", le dijo a Martin Amis. En el caso de Vidal, era más fácil escribir sobre el personaje que sobre el autor. En la mayoría de sus libros el tema supera a la ejecución. La ciudad y el pilar (1948) fue una de las primeras novelas sobre la homosexualidad, Mesías (1954) se ocupa del carisma en la era televisiva y Myra Breckinridge (1968) narra en clave cómica una historia transexual.

Pocos ensayistas han tenido una erudición tan amplia como la de Vidal. Estados Unidos, volumen que recoge cuarenta años de reflexiones, muestra a una de las mentes más sagaces, informadas y, sí, generosas del siglo XX. Con la misma solvencia con que escribe de Montaigne, indaga la obra de Italo Calvino. Admirador de la literatura europea, lamentaba que los escritores de su país se centraran en el realismo y sólo admitieran la fantasía en subgéneros como la ciencia ficción. En cierta forma, así explicaba su desencuentro con la crítica.

Aunque en novelas históricas como Lincoln o Juliano el apóstata investigó con minucia, Vidal tenía una voz demasiado fuerte para dejar vivir a sus personajes. El crítico del imperio era imperial.

En Palimpsesto, libro de memorias, narra su romance con un joven que murió en la batalla de Iwo Jima. Esa pérdida lo "curó" de volver a enamorarse. A partir de entonces, asumió una bisexualidad ajena a los sentimientos. "Todo hombre mata lo que ama", escribió Oscar Wilde. Su heredero norteamericano quiso matar sus afectos para pulir sus alfileres.

Los cínicas verdades de Vidal animaron el auténtico parlamento de época: la televisión. Ahí dijo: "Cuando un amigo triunfa, algo muere dentro de mí", "A medida que uno envejece, el litigio sustituye al sexo", "La televisión es una gran niveladora: acabas sonando como la gente que hace las preguntas".

De Estados Unidos comentó: "Esto no es una democracia: es una república militarizada" y "La mitad de los estadounidenses no leen periódico y la mitad no vota. Espero que pertenezcan a la misma mitad".

Una sentencia de Marco Aurelio se aplica al inconforme que nació en un cuartel: "La ira no puede ser deshonesta". Irónico, contradictorio, narcisista, corrosivo, Gore Vidal fue el sistema de alarma de un imperio. El niño que le leía al senador Thomas Gore no obtuvo un escaño en el Congreso, pero tomó la palabra con la honestidad de la ira.

Serenidad y paciencia…

Rafael Cardona (@cardonarafael)
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

Los ataques incendiarios, las clausuras y las aparentes compras de pánico con tarjetas tricolores, contra “Soriana”, cadena señalada por el presidente del Partido de la Revolución Democrática, Jesús Zambrano, como “instrumento” de maniobras mercantiles con repercusión electoral en favor de Enrique Peña Nieto, produjeron dos efectos insólitos.

El primero, la acusación directa contra Andrés Manuel, Ricardo Monreal y el mismo Zambrano por el hostigamiento a esa firma (con respaldo de todo ese sector comercial del país), y la segunda, la revelación del espíritu poderoso de Andrés, quien se ha comparado con Hidalgo, Morelos o Juárez (en cuanto a la justicia de sus redenciones políticas), pero nos había ocultado hasta ahora sus similitudes con Kalimán.

Ante los llamados de Soriana y la ANTAD a plana entera en los diarios, sobre los cuales abundaremos después, Andrés Manuel ha respondido con las mismas palabras de tranquilidad con las cuales moderaba los ímpetus juveniles de Solín, su joven compañero: serenidad.

“Serénense”, les dijo a los sorianos, quienes clamaban (por lo visto sin temperancia alguna) contra “la incitación a actos de violencia y división social”. “Serenidad y paciencia, mi querido Solín, mucha paciencia”.

Después de muchos estudios en diferentes bibliotecas esotéricas y centros de investigación paranormal (algunos de ellos en Macuspana), este redactor halló el compendio doctrinario de Kalimán. Y como diría el hispano, “¡Osú!, cómo se parece” al evangelio de la República Amorosa. Nada más lea usted:

“Kaliman sigue y predica una doctrina muy marcada y coherente. Misma que se puede resumir en: ‘El bien, ayudado del poder de la mente, siempre triunfará sobre el mal’”.

Quizá su doctrina sea más fácil de comprender con frases del propio Hombre Increíble:

“…No hay nada más poderoso que la mente humana y quién domina la mente lo domina todo. No siempre lo que ven los ojos es la realidad. Siempre hay un camino cuando se utilizan los ojos de la inteligencia. Aquel que no toma riesgos nunca gana. No se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del todopoderoso. “La mejor defensa es el ataque. La venganza es mala consejera. El hombre no nació para ser esclavo del hombre; nació libre y seguirá siendo libre. La libertad es la esencia de la vida. No busques falsos caminos; la verdad está dentro de ti mismo. A veces la realidad es increíble. La ambición insana de algunos hombres siempre ha puesto en peligro la paz del mundo

“Es mejor la habilidad que la fuerza bruta. Vengo en son de paz pero ustedes me obligan a pelear. No acepto órdenes ni me arredro contra las amenazas. Debo utilizar la astucia contra la fuerza bruta. Miserable aquel que no respeta su palabra. Soy amigo del amigo y enemigo del traidor. Dichoso aquel que comparte el pan con el amigo porque compartirá amistad sincera. La confianza excesiva es el peor enemigo del hombre. Mereces morir pero no me mancharé las manos con tu sangre. Ninguna cárcel puede detenerme”.

Todo esto cabe, enterito, en aquella presentación de hace algunos meses en el Museo de la Ciudad de México, como preludio de una república del amor:

“…Ser de izquierda es ser honesto y pensar y actuar en favor del prójimo… no son sólo buenos deseos, sino una revolución pacífica y ciudadana, un proyecto social que responde a la necesidad de construir democráticamente un futuro mejor… tenemos que buscar ser mejores humanos, con buenos modales, amar al prójimo, a nuestras familias, a la naturaleza, a la patria… (es) un error de la izquierda dejar el tema de la familia a la derecha”.

En esas condiciones es mucho más fácil comprender la habilidad de los malos y denunciar sus cochupos en la compra de la Presidencia dentro de un carrito de supermercado. ¡Llévelo, llévelo...!

Por eso, el señor Zambrano ya ha metido las manos ante estas acusaciones de los comerciantes y ha dicho: todo es un montaje. Han sido ellos mismos, en el viejo método del PRI, y lo han fingido para hacernos aparecer como culpables. Como de costumbre, diría Kalimán, no se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del todopoderoso.

“¡Qué casualidad! —dijo JZ— que entre el domingo y el lunes lanzan bombas molotov en Nuevo León y un día después sale Soriana a responsabilizarnos”.

Y en eso tiene razón el comandante Zambrano, a quien en sus años mozos (cuando combatía en la “Liga #yo soy23 de septiembre”) llamaban “Eduardo” o “El güero”. Los mercaderes de Soriana debieron acusarlos antes del estallido de las molotov, no después. Así cualquiera.

Pero nada nos debe sobresaltar. “Caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños, implacable con los malvados; así es... ¡Pejemán!”

Políticos que escupen para arriba

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Los políticos son los encargados de administrar el pleito de las pasiones y los intereses de una sociedad. Su trabajo es institucionalizar esas pasiones y esos intereses, someterlos a un cauce racional, impedir que desemboquen en lo que naturalmente desembocarían sin mediación de la política: en la discordia, la violencia, el estado de guerra permanente de que hablaba Hobbes.

Los políticos necesitan ellos mismos ser domados en sus pasiones e intereses. Esto solo puede lograrse por la vigencia de reglas externas que hagan más rentable para ellos conducirse de forma constructiva que de forma corsaria.

Los políticos profesionales son una tribu aparte que necesita inventar su propio lenguaje, un estilo, un repertorio de conductas que les permitan entenderse entre ellos, ser previsibles, manejables para ellos mismos.

Toda transición democrática descompone reglas que funcionaron para normar a los políticos y abre un interregno de relativa incertidumbre para construir una nueva etiqueta del comportamiento político.

Durante muchos años, las reglas del PRI permitieron a los políticos administrar sus pasiones con apego a reglas claras. No eran reglas democráticas pero eran transparentes para los miembros de la tribu, los políticos profesionales que eran en su mayoría abrumadora priistas.

La tribu ha crecido mucho en todas direcciones, hacia todos los partidos. El poder ha cambiado de manos. Las reglas del oficio político priista, eficaz durante tanto tiempo para mantener en orden a la clase política, son un código del pasado.

Destituido el manual de conducta, los políticos de la naciente democracia mexicana construyen sobre la marcha nuevas reglas de trato. Una nueva clase política profesional improvisa sus códigos.

Visto de conjunto, el espectáculo es el de una torre de Babel, un griterío de malentendidos más que el murmullo de una nueva civilidad.

A diferencia de los enanos inmortalizados por Augusto Monterroso, poseedores de un sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista, en la incipiente democracia mexicana los políticos no se reconocen entre sí. Tienden, por el contrario, a desconocerse.

Tratan de mejorar su imagen satanizando la de sus competidores, dan al adversario trato de enemigo, subrayan las diferencias más que las semejanzas. Hacen caricaturas y se las creen.

Esas son puras mentiras

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Uno de los documentos presentados parte del supuesto estado de cuenta de Videgaray, ¡está fechado en noviembre de este año!

La cadena de tiendas de autoservicio Soriana ha documentado cerca de 180 agresiones y protestas en algunas de sus sucursales en todo el país. Lo dijo así Humberto Fayad, director comercial de la cadena y quien ha salido a los medios para aclarar la serie de acusaciones que AMLO y su equipo han hecho con respecto al tema de la compra de votos, mismo asunto que espera el candidato de las izquierdas que baste para invalidar la elección presidencial que perdió. Soriana ha tenido que entrarle al lío político, pues sin querer han debido enfrentarse al escarnio público, y digo sin querer, porque El Peje y su gente no han exhibido pruebas contundentes de sus acusaciones.

Y tan no lo han hecho que ahora vemos a AMLO enamorando a sus fanáticos a base de mentiras. Ayer, en la enésima conferencia de prensa que dio junto a Ricardo Monreal, mostró documentos para culpar a Luis Videgaray, coordinador de la campaña de Enrique Peña Nieto, de haber sido una vía de triangulación de fondos.

¡Ah!, pero uno de los documentos presentados como parte del supuesto estado de cuenta de Videgaray, ¡está fechado en noviembre de este año! O sea, ¿cómo? ¿Ya también tienen el superpoder de viajar al futuro? Pues digamos que sus famosas pruebas presentan semejantes inconsistencias y aún así se atreven a exhibirlas y pretenden que con ellas se invalide la elección. Hasta la suspicacia entra y pensamos que los documentos presentados no son sino marca ACME, salidos de la Plaza de Santo Domingo, pues.

Tan al aventón han armado su archivo para lograr la invalidación que ni cuidado tienen de lo que presentan, pero aun así van con todas sus “razones” para defender a la democracia, aunque sea con puras mentiras. ¿O debemos entender, entonces, que el banco se equivocó para dañar su lucha? ¡Claro! Si siempre hay un nuevo “compló” en su contra.

La mentira en su forma más ruin y burda. El engaño en su forma más natural y simple. El eterno juego de decir una mentira y repetirla tantas veces hasta que se crea verdad y, lo peor, sustentar con ella un movimiento político cuya única finalidad es engordar esa biografía que se lee tan incendiaria, literal y metafóricamente, de Andrés Manuel López Obrador.

Mentiras, no son sino mentiras los argumentos con los que AMLO y su equipo justifican el conflicto poselectoral que han armado por segunda ocasión. ¿Con cuántas más de esas contundentes señales de mentira estarán armando el expediente que entregaron al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación? ¿Con tales mentiras esperan que salga a la luz lo que, ellos dicen, es verdad? Y es que absurdo es pensar en el juego de mentir para acusar al otro de mentiroso, pero ese es el nivel de los alegatos de Andrés Manuel, así han sido siempre, desde que se manifestaba en los alrededores de los pozos petroleros en Tabasco...