agosto 05, 2012

La estupidez ciudadana

Luis Petersen Farah
Milenio

Se oye mal, ¿verdad? Pero, después de todo, es lo que están argumentando los políticos. Si hubo ilegalidad en las campañas y en las elecciones, espero con toda mi alma que se aplique la ley. Si hubo errores en las encuestas, que se acepten y se revisen los métodos. Si hubo compra de votos, que se pruebe y que se castigue. Y si hay carencias o errores en la ley, que se modifiquen lo más pronto posible.

Sin embargo, los partidos quieren ir más allá y eso significa juzgar que los mexicanos votantes somos una bola de estúpidos. Es la consecuencia inevitable (y absurda) de lo que plantean: que la falta de información objetiva nos llevó a los resultados del 1 de julio, que nos dejamos engañar mayoritariamente por los políticos (ingenuos de nosotros) y aunque nos decepcionen les creemos de nuevo, que no podemos distinguir la telenovela de la realidad, que no nos interesa la democracia y que somos un pueblo que ni con el paso de los años y los siglos ha superado el desinterés político... ¿Por quién nos toman?

Leí el artículo de María Marván publicado en estas páginas hace dos días (“Malas encuestas, ¿ciudadanos idiotas?”) y no puedo más que estar de acuerdo con ella: “El discurso que ha venido armándose alrededor de un ciudadano siempre víctima de la manipulación es verdaderamente preocupante. El ‘paternalismo’ de los partidos y, en ocasiones, de las propias autoridades electorales cuando hablan de la incapacidad de los ciudadanos para entender, analizar y decidir es, por decir lo menos, lamentable. Se expresan del ciudadano como un ser interdicto, alguien al que hay que proteger, tutelar, susceptible de ser confundido e incapaz de razonar”.

Como si la estupidez, esa perezosa negativa, muchas veces voluntaria, a utilizar nuestras capacidades, se hubiera adueñado de la política. Y claro, las visiones del ciudadano estúpido se aplican solo en aquellos lugares donde no ganaron quienes las promueven. Porque donde ganaron, bueno, ahí sí que no hay Soriana que valga. ¿Será que ahí la gente no es tan estúpida como en otras partes del país? ¿O esto se vuelve un pleito de regiones? Cuidado.

Es realmente difícil sostener la hipótesis de la estupidez ciudadana si la enfrentamos en directo. Es cierto que no somos un país con gran tradición democrática, nos falta un trecho por recorrer. A nuestro sistema de leyes electorales y a nuestras grandes decisiones políticas les faltan ajustes. Pero de ahí a decir que la democracia da pasos para atrás... Perdón, ¿pero por quién nos toman? En el pedazo de territorio que me toca ver más de cerca, Nuevo León, me queda claro que el votante ejerció su derecho: votó y castigó de manera cruzada a panistas y priistas que no han dado al ancho en sus gobiernos.

En todo caso hay que buscar por qué perdió AMLO, por qué perdió Vázquez Mota. Si se lo preguntan con ganas de entender, de seguro hallarán la respuesta. Más cerca de lo que se imaginan.